Dijo Marx que son las condiciones materiales las que determinan la conciencia, y no al revés. Y esta es una de las cosas más importantes de las muchas cosas importantes que dijo. He pensado en eso en estos dos días pasados leyendo las cosas que se han dicho sobre Miguel y Juliana, las dos personas retornadas a España para ser tratados de ébola. Me parece evidente que en una época de recortes brutales en servicios básicos y en derechos las conciencias se adecúan y se van acostumbrando a la situación. Según va pasando el tiempo el mayor peligro es que la mayoría de la gente termine por acostumbrarse a lo que hay y por ver normal lo que debería verse y vivirse como insoportable.
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Una Omertá vomitiva
El presidente de la Generalitat durante 23 años supuestamente puso a toda su familia a cobrar comisiones de las obras públicas a la manera de una familia mafiosa. Y el negocio se les debió de dar muy bien, porque esta familia ha amasado –supuestamente– una enorme fortuna que ha ido poniendo a buen recaudo en paraísos fiscales. Este asunto escandaloso ha estado unos pocos días en la prensa y… ya. Ahora traen a un contagiado de ébola, montan un espectáculo completamente innecesario que roza lo ridículo, y consiguen llevarse todos los titulares además de ofrecer una imagen de eficacia que no se corresponde con la realidad. Es posible que hasta el PP haya considerado que lo de Pujol ya ha hecho el efecto deseado, tampoco hay que pasarse. Ahora a ver qué hace Mas, a quien en último caso va dirigida la andanada.
Después de las elecciones que se han celebrado en el PSOE no es necesario ser muy inteligente para darse cuenta de que el aparato ha entendido que la exigencia de “cambio”, supuestamente demandada por las bases tras la debacle electoral, se refería a un cambio de caras y a un relevo generacional. Hago referencia a “supuestas exigencias de cambio” porque los militantes tuvieron opción de votar y se decantaron, claramente, por la opción que menos significaba un cambio real —si es que alguna lo hacía— de las tres que se presentaban. Así que es posible que quizá, efectivamente, el cambio demandado por las bases se refería a esto. Ya podemos decir que se ha desinflado ese mantra que repetía, al parecer sin fundamento, que el PSOE es un partido que hace políticas de derechas pero cuya militancia es de izquierdas. Ha quedado comprobado que este es el PSOE que quieren al menos la mayoría de sus militantes, está por demostrar si los ciudadanos y ciudadanas le encuentran a este partido alguna utilidad. El nuevo secretario general ha concedido varias entrevistas esta semana en las que opina que luchar por la justicia social es populismo, demagogia y “engañar a los españoles”. Declaraciones políticamente banales, complejidad intelectual más bien escasa, apelaciones constantes al centro y a la clase media: discurso viejo, repetido, mascado y ya escupido por esos mismos españoles. Esta ha sido mi desesperanzada impresión.
No me gustó nada el supuesto debate entre Pablo Iglesias y Esperanza Aguirre el pasado sábado en La Sexta Noche. Afortunadamente, unos días después fue el propio Pablo Iglesias el que dijo en la misma cadena que a él tampoco le gustó. Creo que se enredó y que, aun así, salió vivo del envite. Aguirre también salió viva, eso es lo malo. Aunque no creo que ni Aguirre ni Pablo Iglesias atrajeran a su bando a nadie que no estuviera previamente convencido, lo cierto es que hay que romper ya, como sea, con estos debates en los que el PP consigue no debatir de nada de lo que interesa pero, en cambio, impone sus marcos morales e ideológicos. Por más sorprendente que nos parezca a estas alturas, sus marcos morales se reducen a ETA y Venezuela. Lo de ETA es más o menos esperable (al fin y al cabo, la hemos sufrido de manera dolorosa), pero lo de Venezuela espero que alguien en alguna universidad haga un estudio. Si George Lakoff conociera los argumentos del PP en lugar de su famoso libro No pienses en un elefante, escribiría “No cites a Venezuela”, o algo así. Por mi parte, tengo un amigo venezolano que no da crédito.
¿Democracia?
María Dolores de Cospedal acaba de perpetrar un golpecillo de estado en la comunidad que gobierna con la intención de asegurarse de que seguirá gobernándola mucho tiempo más. Ha cambiado la ley electoral de manera que ha barrido el pluralismo político que a los líderes del PP no se les cae de la boca. El PP amenaza con hacer algo así en toda España, cambiar la ley electoral para intentar asegurarse su continuar en el poder. Es decir, que nuestros votos cada vez valgan menos. Asegurarse, en definitiva, de que no se puedan cambiar las cosas de ninguna manera y desde luego, no con los votos.
Esperanza Aguirre lo ha puesto demasiado fácil al acusar a Podemos de usar las tácticas propagandísticas de Goebbel. No hacía falta remontarse al franquismo ideológico, padrino de los populares. En realidad, Goebbels es ella y es el partido popular, o lo intentan con suerte desigual. La campaña de Podemos para las elecciones europeas ha sido la mejor valorada porque ha conseguido centrar la política en la vida de las personas, en lo que debería ser siempre la política. Queremos que se nos explique por qué no se puede pagar la sanidad y sí rescatar bancos. Y esto no es hacer populismo ni demagogia. Queremos que se nos explique por qué no podemos ser la ciudadanía la que elija si prefiere una cosa o la otra. Porque, además, la política es eso, por eso votamos, para poder elegir las opciones que mejoren nuestras vidas y no a unos gestores de no se sabe qué políticas impuestas por instituciones o personas no elegidas por nadie. Esto tan simple, la razón de la política, había desaparecido del horizonte de la democracia y Podemos lo ha puesto en el centro. Por eso ha sacado más de un millón doscientos mil votos; porque ha puesto el foco en donde debe estar. Y ha conseguido, además, que otros partidos intenten hacer lo mismo: bienvenido sea.
El PSOE y el velo de la ignorancia
El velo de la ignorancia es un concepto que utiliza el filósofo John Rawls para explicar su teoría de la justicia. Pero es una expresión demasiado descriptiva y útil como para no darle nuevos significados. Yo podría decir que el velo de la ignorancia cubría hasta hace muy poco a gran parte de la ciudadanía, que pudiendo saber no sabía. La razón de que pudiendo saber no quisiéramos saber, o no del todo, tiene que ver con la parálisis que hasta la irrupción de Podemos hemos vivido en la política española. No queríamos saber del todo debido al cansancio, a la impotencia, a la sensación de inutilidad y también de cierta perplejidad. El velo de la ignorancia, translúcido a la medida de cada cual, nos permitía saber lo que queríamos e ignorar lo que preferíamos ignorar.
Antiabortistas en Madrid
Al parecer Ruiz Gallardón quiere celebrar en Madrid un congreso antiabortista en la que se pretende aprobar una declaración que se llamará “Declaración de Madrid”. Dicen que quieren darle al evento un tono científico. Me lo imagino; científico de la ciencia que negó que las mujeres tuvieran capacidad para estudiar hasta bien entrado el siglo XX. Científico no va a ser desde luego, va a ser un congreso ideológico, de la ideología de quemar a las mujeres por copular con los demonios (o con lo que sea), de esa ideología: de la ideología de la misoginia. Porque no se trata más que de eso. En el Congreso de los Diputados de un país democrático se va a escenificar, si no lo impedimos, la aprobación a una de las leyes más antidemocráticas que existen, la que restringe el derecho al aborto; la que impone a las mujeres (la mitad de la raza humana) el control de sus propios cuerpos por parte de un poder ajeno a ellas. Especialmente perverso es que esas intenciones pretendan apoyarse en la defensa de las mujeres. Es la misma táctica de declararse provida los que, en realidad, son contrarios a considerar a las mujeres como individuos con la misma capacidad para autodeterminarse que nadie les discute a ellos.
Aborto y Orgullo gay
Esta semana han ocurrido dos hechos que, aunque no lo parezca, están relacionados. El martes, la asociación de la que he sido presidenta muchos años, la FELGTB, fue recibida por el rey, y es posible que el viernes, presumiblemente cuando este post ya esté publicado, el Consejo de Ministros apruebe el mayor retroceso para los derechos de las mujeres vivido en democracia. Cuando Boti Gª Rodrigo, Presidenta de la FELGTB, le daba la mano a los reyes y ese hecho era portada de los diarios, yo sonreía para mis adentros y pensaba en La Razón y La Gaceta, en los obispos y arzobispos, en el Foro de la Familia y en las familias «normales» a las que el PP considera tales; pensaba en Intereconomía, en 13tv y en todos los idiotas que quieren curarnos. Pensaba en los comentaristas políticos de estos medios que la semana pasada peloteaban a la monarquía, y que son los mismos que muy a menudo escupen una repugnante homofobia, transfobia o misogina. Ayer, todos estos, se ahogaban en su propia rabia. Eso me produjo mucho placer.
