Categorías
Artículos

Combatir al fascismo no sólo en las urnas

Comprendo que es tranquilizador pensar que sólo los fascistas son fascistas y que somos capaces de distinguirlos, y que no nos parecemos en nada. El fascismo no ha llegado con Vox hace cuatro años. El fascismo político puede representarlo un partido y puede que no acabamos de verlo y asumirlo hasta que ha llegado a las instituciones, pero está aquí hace mucho y mucho más cerca de lo que muchos y muchas piensan. El fascismo necesita un caldo de cultivo, necesita que se extiendan determinados comportamientos, determinadas mentalidades; de lo contrario, no crece. Digamos que el fascismo político necesita del fascismo cultural.

Hay un cambio de paradigma evidente. Decía Esperanza Aguirre que, para ganar plenamente, había que acabar con la superioridad moral de la izquierda. Es evidente que esa llamada superioridad moral no lo es de la izquierda, sino de la sociedad en su conjunto desde, al menos, la Ilustración.  Y es cierto que eso puede resultar un hándicap para una determinada derecha, al menos la derecha neoliberal. Los principios morales que son aceptados mayoritariamente como más deseables por la sociedad en su conjunto, que se han universalizado, parecen -al menos hoy- más cerca de la izquierda que de la derecha.  Para la mayoría de la gente es mejor tener empatía con los otros/as, ser generoso, ser solidario; es mejor la igualdad que la desigualdad, la fraternidad que el odio, la convivencia que la guerra,  la escucha que el grito; es mejor que la mayoría viva bien a que lo hagan sólo unos pocos. La defensa de la igualdad y los derechos humanos tiene tal potencial que se han convertido en los principios básicos de cualquier democracia, el terreno común compartido. Ha habido momentos históricos en los que las derechas compartían una gran parte de ese terreno común. Sin embargo, esto ha cambiado radicalmente.  La deriva neoliberal del capitalismo ha acelerado de tal manera la rapiña que, ahora mismo, la derecha necesita no sólo gobernar, sino combatir ideológicamente los derechos sociales básicos. Necesita una sociedad que no crea ni defienda, por ejemplo, que tener acceso a la vivienda es un derecho, o que lo es  disponer de una buena sanidad. El neoliberalismo no es sólo un sistema económico, es también una racionalidad y, en su camino hacia el abismo, llega a sobrarle la democracia. Entonces la derecha tradicional se convierte en fascista.

Las derechas siempre han defendido (y esa es la base de todas sus políticas) sus privilegios de clase, pero excepto en determinados momentos históricos no se atrevían a negar abiertamente ese terreno común que es la base de cualquier democracia. Estamos en uno de esos momentos. Ya no sólo se hacen políticas contra los derechos humanos básicos, sino que se niegan abiertamente los principios en los que se basan esos derechos. Así, se defiende (primero tímidamente, luego abiertamente, como está ocurriendo) que la empatía humana es perjudicial, que las personas que no tienen para vivir se lo merecen, que los enfermos o pagan o que se mueran, que los migrantes mejor se ahogan, que los pobres son una lacra, que todos los derechos dependen del dinero que tengas, que no somos ciudadanos/as sino clientes, que el supremo derecho es el del consumo etc. Y para imponerse todo vale, la democracia sólo sirve si ganan, si pierden la democracia sobra. Eso es lo que hace el fascismo. El fascismo crea una identidad basada en el orgullo de atreverse a defender aquello que, hasta hace muy poco, resultaba indefendible. Crea el orgullo del que defiende su privilegio de raza, de clase, de sexo e incluso crea el orgullo del que no sabe muy bien que defiende porque no tiene gran cosa pero consigue un sentido en el odio a los otros/as y en hacer de ese odio la columna vertebral de su existencia.

Lo estamos viendo en una aceleración difícil de asimilar. De un año a otro vemos a políticos de un partido que se llama democrático decir que el fascismo es el lado bueno de la historia y le vemos reivindicando impúdicamente políticas antidemocráticas y de destrucción de derechos humanos básicos.  Y cuentan, además, con el apoyo de todo el aparato mediático. Es un momento fascista y un momento descarnado de defensa de la democracia. Escribe Enric Juliana que es evidente que la extrema derecha cuenta ya con fuertes apoyos mediáticos y que la pregunta es qué debe hacer el espíritu democrático para no acabar aislado.  

Creo que el espíritu democrático se defiende todos  los días y no sólo en las urnas. La destrucción de los valores democráticos es una operación que no se hace de un día para otro, hay que crear un estado de ánimo y exige la participación de mucha gente que no se definiría a sí misma como siquiera de derechas. Y es que no basta con refutar lo que dicen los fascistas, no basta con decir verdades como puños, ni con escribir tuits, hablar alto en las tertulias o escribir artículos. Todo eso no es depreciable, pero estamos viendo como es posible participar en un clima cultural fascista incluso para defender posiciones de izquierdas. Lo decía en mi artículo acerca de la  sociedad trol (https://ctxt.es/es/20181024/Firmas/22477/beatriz-gimeno-trolls-redes-amenazas-totalitarismo.htm, si nos convierten en trols, nos ganan. Está ocurriendo en muchos espacios políticos cercanos. Nos relacionamos entre nosotras manejando presupuestos totalitarios, de expulsión absoluta de las otras. No debatimos con los diferentes cercanos,  queremos borrarlas, que desaparezcan, matarlas simbólicamente, cualquier intento de matizar es acallado con insultos y gritos (siquiera sean virtuales), la expansión del odio en los espacios en los que podríamos convivir (y lo hemos hecho) es evidente. Utilizamos los bulos y las mentiras si nos vienen bien para defender posiciones, no hay argumentos, hay trincheras, sectarismo extremo. Se condena el intento de empatizar y la propia empatía como rasgo de debilidad y no como una virtud necesaria en la relación con los otros/as. Insultamos gravemente, utilizamos la deshumanización y negamos la palabra a otras con las que ayer compartíamos mucho. Esto es fascismo cultural. Las redes han exacerbado estas tendencias, pero, obviamente, no son las responsables. El fascismo no ha necesitado de las redes para imponerse antes. Las redes son sólo el instrumento actual que usan, si no hubiera redes utilizarían otro. En todo caso, perdemos siempre que aceptamos sus marcos y eso incluye el comportamiento público. Por eso, tomar la decisión, a veces dura, de no contestar a los insultos, no dejarse sectarizar, no tener miedo a la exclusión y luchar por construir, como sea, espacios de convivencia, es fundamental y es una decisión personal. El fascismo está llamando a las puertas y se nos llevará por delante si no le ponemos freno. Las urnas no son el único camino y, después de las urnas, habrá que seguir luchando.  

Categorías
Artículos

Las mujeres, a votar el 4 de mayo

El otro día, en Getafe, en un acto con el círculo feminista de Podemos, una cuidadora domiciliaria, militante de este partido, nos explicaba cómo era su día a día. Lo que significaba pasarte el día de casa en casa, de casa pobre en casa pobre habría que decir, para mover a las personas que las necesitan, para cambiarles el pañal, ya con muchas horas de retraso, para intentar que coman un poco. Nos contaba lo que significaba entrar en esas casas en las que huele a pis y a miseria, abrir la nevera y no ver nada, llegar en invierno y comprobar que dentro hace tanto frío como fuera y, sobre todo, saber que están ofreciendo a esas personas una hora cuando necesitarían una atención mucho más larga.

Seguir leyendo: Público

Categorías
Artículos

La verdad del documental sobre Rocío Carrasco

Hace años escribí un libro, La construcción de la lesbiana perversa, sobre cómo los medios de comunicación serios (entonces eran serios) construyeron a Dolores Vázquez como la asesina perfecta de Rocío Wanninkhof. Comienzo contando en el libro que, al principio, yo misma pensé que Dolores Vázquez era la asesina. Si la habían detenido, si la fiscalía la acusaba de algo tan grave como el asesinato de una menor, alguna prueba debían tener. No puse demasiada atención en aquella historia.

Seguir leyendo: Publico

Categorías
Artículos

Porque fueron, somos. Porque somos, serán.

Hoy, 14 de abril se cumplen 90 años de la proclamación de la República. Esta mañana he asistido a un acto emocionante en la tapia del cementerio de La Almudena, allí donde el fascismo asesinó a miles de luchadores y luchadoras por la libertad y la democracia, entre ellos Las 13 Rosas. Rescato aquí un texto que escribí para el prólogo del libro de Isabella Lorusso “Mujeres libres” publicado por La Tempestad en 2013

Categorías
Artículos

Von der Leyen somos todas

En el cuento de la criada hay una escena que a mí me impresionó particularmente. No es la típica escena escabrosa que abunda en la serie, sino una que pasó mucho más desapercibida pero que conectaba con algo que he pensado muchas veces. En realidad no es una escena concreta, sino una serie de ellas, un cierto desarrollo de la trama. Cuando las mujeres comienzan a perder de manera escandalosa sus derechos el marido de la protagonista, se supone que un compañero, un hombre igualitario, le dice algo así como…”no montes un escándalo por eso…no te preocupes porque te quiten el trabajo (o la tarjeta de crédito o la libertad de estar en la calle), no merece la pena, vente a casa, vive con mi dinero y ya vamos viendo. ¿Qué más da a nombre de quién esté la cuenta bancaria?”

Categorías
Artículos

Nomadland, una visión alternativa

Salí de ver Nomadland muy pensativa, necesitaba digerir la película. Es, sin duda, una película hermosa, pero había algo en ella que no acababa de gustarme. Quizá tenga que ver con las críticas que he leído, todas muy buenas; quizá no se debería ir a ver una película habiendo leído sobre ella. Pero había leído. Había leído que es una crítica al neoliberalismo, a los empleos “uberizados”, a la muerte de los lugares de pertenencia cuando la globalización impone la desertización de todo: pueblos, ciudades, paísajes, amores, amistades…; había leído que era una oda a la solidaridad entre los que tienen poco o nada, una alternativa para poder construir los vínculos que nos mantienen humanos aun en las peores condiciones posibles.

(Seguir leyendo)

Categorías
Artículos

Lo que está latiendo en el feminismo

El 8M de 2021 ha sido especial no solo por la cuestión de que nos lo hayan prohibido, de que fuera definitivamente señalado por el fascismo, sino por algunos de los debates que ha dejado tras sí.

Categorías
Artículos

El feminismo no se detiene

Estamos ante un 8 de marzo extraño y diferente, como lo ha sido todo en este año. Sin poder salir a la calle, como hacemos siempre, sin poder demostrar que seguimos ahí y con las mismas ganas, o más, de cambiarlo todo. Decía el otro día una amiga que habría que ver cuánto de los desacuerdos que a veces parecen separarnos tiene que ver con no poder vernos, con no poder discutir cara a cara, reírnos, irnos de cañas después de las reuniones; porque la militancia se hace en común y eso lleva más de un año detenido.

Categorías
Artículos

Sin perspectiva de género no hay justicia para las mujeres

Sin perspectiva de género no hay justicia para las mujeres. No obstante, la introducción de la perspectiva de género en el derecho penal levanta aun ampollas en los sectores más conservadores del poder judicial y de la sociedad, que siguen repitiendo ese mantra demostradamente falso de que el “derecho es igual para todos” obviando un conocimiento feminista aquilatado ya en prácticamente todas las instituciones, en la Academia y desde luego también en el derecho penal a través de diversas sentencias y de bastantes leyes. Pero, como sabemos, no importa cuántos convenios internacionales se firmen o cuantas sentencias se dicten, que la idea de que la perspectiva de género introduce desigualdad en lugar de igualdad, sigue siendo defendida por los sectores más renuentes al cambio social en lo que se refiere a la igualdad entre mujeres y hombres.

Categorías
Artículos

El movimiento sufragista y la violencia

Estos días, a cuenta de las manifestaciones en las que se pedía la libertad de Pablo Hasel y el eterno debate sobre la violencia de los manifestantes (o la policial) se desataba otra polémica en Twitter en la que se intentaba defender que los manifestantes pro libertad de expresión debieran aprender de las sufragistas, dado que este movimiento consiguió sus objetivos sin violencia. Este es un lugar común que merece ser desmentido por muchas razones. Frente a la imagen naif que se ha querido transmitir del movimiento sufragista como de un movimiento de mujeres de clase alta que consiguió sus objetivos pacíficamente, lo cierto es que se trató de un movimiento que sufrió muchísima violencia, una violencia que hoy sería muy duramente contestada en una democracia. Olvidar la violencia que sufrieron es borrar el sufrimiento que padecieron aquellas mujeres; es olvidar la lucha y lo que costó conseguir la igualdad ante el sufragio. Por su parte ellas, aunque desde luego no mataron a nadie, aprendieron a defenderse e hicieron uso de la violencia contra los bienes públicos y privados. Ningún objetivo importante se consigue sin lucha y cuando se lucha por objetivos radicalmente transformadores, el sistema siempre reacciona con violencia.