El libro de Nerea Pérez de las Heras, Fantasma, ha supuesto para mí algo así como abrir una puerta a una historia nunca contada. Su historia, su experiencia, no tiene nada que ver con la mía, pero sí que ha resonado dentro de mí hasta traerme a una cuestión con la que llevo toda la vida debatiéndome, y que tiene relación con la manera en que nos relacionamos con nuestros cuerpos pero, sobre todo, la manera en que nos permiten relacionarnos. Con el cuerpo involuntariamente ya no entero, y por tanto de alguna manera nuevo: el de Nerea. Con una parte de mi cuerpo, inútil y sobrante, en mi propio caso, obligatoriamente entero a mi pesar. Ella se vio obligada a ser otra, otro cuerpo. A mí no se me permitió pensar en la posibilidad de serlo.
ES la democracia, idiotas.
En mi artículo anterior mencionaba a unos activistas internacionales con los que coincidí en un congreso reciente, de esas personas que trabajan para agencias internacionales y que recorren el mundo monitoreando los derechos y libertades, las democracias, en los diferentes países. Mi conversación con ellos dio para mucho, pero una de las cosas que más me sorprendió fue cuando uno de ellos, que venía de Italia, me dijo que la democracia italiana había soportado mucho mejor que la española la presión del fascismo representado por Meloni. Porque lo que primero distingue a un régimen fascista de otro de derechas son los intentos de destruir el Estado. Y me contaron que, ante su sorpresa, la llegada de Meloni no había conseguido hundir las instituciones italianas e Italia está aguantando mejor que España el intento de destruir la democracia. Allí, con sus tensiones, la policía aguanta, los jueces aguantan, los funcionarios aguantan, la burocracia sigue aún funcionando con sus reglas de país democrático. Me dolió especialmente porque hasta hace poco, como activista LGTBI y feminista, he viajado hablando de un país que estaba a la cabeza del mundo en derechos y libertades.
Ha querido el destino, o lo que sea, que esta semana haya coincidido en Oviedo con activistas LGTBI y feministas de Argentina y EEUU que nos han podido contar durante las comidas cómo es la vida con Milei o bajo Trump, especialmente para las mujeres y personas LGTBI, y me voy a ahorrar contar lo que seguramente ya sabemos casi todos a estas alturas. Estamos ante la posibilidad muy cierta de encontrarnos dentro de muy poco con el Gobierno más derechista de la democracia que además contará, si es que gana, con más poder del que ha tenido ningún otro Gobierno: Gobierno central, Gobiernos autonómicos y locales, Congreso, Senado (ojalá lo evitemos), medios de comunicación, jueces, fiscales, sindicatos policiales, la mayoría del cuerpo policial (que más parece un cuerpo de escuadristas que una policía democrática) y, por si fuera poco, la posibilidad de cambiar la composición del Tribunal Constitucional… Sí, todo ello por culpa de la inacción del PSOE en todos estos años, por su complicidad incluso, pero eso ahora me da un poco igual. Ya pediremos cuentas. Antes tenemos que ponernos a salvo.
Aquí dejo el video de la presentación de mi libro en Santander, en el Ágora Luis Toca.
Fue una de las mejores presentaciones, aunque al final fueron casi dos horas. Y eso que no se grabó la parte del coloquio. Pero más que hablar de mi libro, lo interesante es que hablamos casi dos horas de prostitución.
Eso sí, paciencia, la grabación empieza en el minuto dos o así,
Me puse la foto de los siete violadores de la Universidad de Cornell durante un rato y los miré fijamente. Creo que intentaba ver en ellos algún rasgo que les delatara como monstruos, a pesar de saber de sobra que no lo voy a encontrar; que tengo ante mí los rostros de siete violadores, criminales, que son chicos normales. Miro esas fotos y veo a un asiático, varios negros y latinos. Seres humanos que son a menudo cosificados y agredidos por una cultura que es estructuralmente racista y que, sin embargo, viven su normalidad sexual en el pacto deshumanizador con otros hombres.
Aquí estamos de nuevo
Hace más o menos un año que me hackearon este blog. Hice de todo por recuperarlo. Para empezar porque aquí está el archivo de todo lo que he escrito en mi vida. Perderlo era como romperme en dos.
En segundo lugar porque tengo muchos seguidores para ser este un blog personal y porque he llegado a tener también muchas visitas al archivo. Incluso estando inactivo he seguido recibiendo visitas.
También tengo que decir que, de alguna manera extraña, este blog, que nació en 2011 es casi mi habitación propia. Tengo muchos artículos publicados, pero también escritos muy personales. En fin, una parte de mi vida.
Un año después, gracias a la IA, lo he recuperado. Como dice un amigo, la IA va a acabar con la humanidad pero, mientras, es útil.
Así que aquí estamos de nuevo. Con mis fardos a cuestas, con mis escritos.
Hasta que ya no tenga nada que decir, o no pueda…seguimos.
Cancelación, feminismo y más
Fecha original: 12 de febrero de 2026
Es difícil encontrar más palabras de las ya dichas acerca de los papeles de Epstein. Pocas veces he sentido tanto hartazgo y desesperación como en estas semanas. Los papeles de Epstein dejan al descubierto el sistema en su totalidad, cómo funcionan los dueños del mundo: sexismo, racismo, clasismo, crueldad, maldad. Y ya no hay casi nada que decir, muchas sentimos un estupor profundo, dolor, una cierta sensación de asfixia que nos impide incluso seguir comentando nada sobre el asunto. El presidente de EE.UU, financieros, ministros, actores, pensadores, autores, rectores de universidad, políticos, hombres de extrema derecha y también de izquierdas… ¿qué tienen en común?
Fecha original: 8 de febrero de 2026
«Feminista con una larga trayectoria que empezó en los ochenta, la autora apela en su último libro a la razón y a la emoción para exponer exhaustivamente los argumentos por los que cree que la prostitución contamina cualquier horizonte de igualdad entre hombres y mujeres.»
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Resistir dando un sentido al mundo
No me parece útil darle alas a ninguna supuesta guerra generacional en la que haga un recuento de aquello en lo que me parece que mi generación (la boomer) estaba significativamente peor que la generación actual. O al revés, en qué cosas estábamos mucho mejor. Hay de ambas. Se ha hecho un tabú mencionarlo, como si discutir siquiera qué se ha ganado y qué se ha perdido fuera de por sí un pecado de melancolía o, peor aún, de reaccionarismo.
