Pacto entre estadistas

Ya puede ahora Pedro Sánchez pedir el fin de la troika (llega tarde) o la toma de la Bastilla porque es inútil. El pacto antiterrorista que ha firmado con el PP sólo sirve para situar ideológicamente al PSOE. Sirve para delimitar su espacio. Voy a salirme de las consideraciones que se están haciendo en estos días sobre si el PSOE apoya o no la cadena perpetua porque creo que ya está todo dicho sobre el asunto. Resumiendo: si no la apoya, desde luego no la combate. Y aunque la cadena perpetua “revisable” es anticonstitucional e inhumana, recordemos que nuestras penas máximas se parecen mucho a una cadena perpetua. Me temo que esa línea roja la traspasamos hace tiempo gracias a la utilización que en este país se viene haciendo del terrorismo como arma electoral.

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No habéis matado a Charlie Hebdo

 

Los fanatismos, cualquier fanatismo, aguanta mucho mejor un sesudo ensayo que un chiste. Eso es porque el fanatismo, el integrismo, no se mide en las mismas coordenadas que la razón. Una reflexión inteligente, seria, profunda, puede ser muy importante y necesaria, pero también puede ocurrir que confrontada al fanatismo, a este le resbale. Los fanáticos son inmunes a la inteligencia sin aditamentos, pero no tanto a la inteligencia con humor. El fanatismo, el integrismo religioso, son trágicos porque nunca son pacíficos, porque cuestan vidas y porque, en todo caso, acarrean mucho dolor. Pero si pudiéramos por un momento hacer abstracción de sus consecuencias terribles, veríamos que sus planteamientos son risibles, ridículos, que lo sorprendente es que nadie medianamente normal se los tome en serio. Eso es lo que hace el humor, despojar a cualquier ideología, a cualquier planteamiento, o a cualquier creencia de todos sus aditamentos sagrados, serios,  o siquiera importantes, y así mostrarlos en su, a veces ridícula, desnudez. Por eso el fanatismo se revuelve ante el humor que lo deja inerme y que lo muestra ante el mundo tal como es, y que lo hace, además, en un idioma fácil de entender. No todo el mundo entiende un tratado laicista, pero todo el mundo puede reírse con La vida de Brian. Sigue leyendo

El espíritu del 45 y el espíritu del nuevo PSOE

Después de las elecciones que se han celebrado en el PSOE no es necesario ser muy inteligente para darse cuenta  de que el aparato ha entendido que la exigencia de “cambio”, supuestamente demandada por las bases tras la debacle electoral, se refería a un cambio de caras y a un relevo generacional. Hago referencia a “supuestas exigencias de cambio” porque los militantes tuvieron opción de votar y se decantaron, claramente, por la opción que menos significaba un cambio real —si es que alguna lo hacía— de las tres que se presentaban. Así que es posible que quizá, efectivamente, el cambio demandado por las bases se refería a esto. Ya podemos decir que se ha desinflado ese mantra que repetía, al parecer sin fundamento, que el PSOE es un partido que hace políticas de derechas pero cuya militancia es de izquierdas. Ha quedado comprobado que este es el PSOE que quieren al menos la mayoría de sus militantes, está por demostrar si los ciudadanos y ciudadanas le encuentran a este partido alguna utilidad. El nuevo secretario general ha concedido varias entrevistas esta semana en las que opina que luchar por la justicia social es populismo, demagogia y “engañar a los españoles”. Declaraciones políticamente banales, complejidad intelectual más bien escasa, apelaciones constantes al centro y a la clase media: discurso viejo, repetido,  mascado y ya escupido por esos mismos españoles. Esta ha sido mi desesperanzada impresión.

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Justicia medieval para peligrosos sociales

El título XV del Código Penal (artículos 311-318) dice: “De los delitos contra los derechos de los trabajadores” y se supone que está para proteger a estos de los abusos de los empresarios. Los artículos que desarrollan este título dejan claro que se trata de proteger a la parte más débil de la más fuerte, de los empresarios. Especialmente el artículo 315 protege a trabajadores y trabajadoras de las presiones, coacciones y limitaciones que los empresarios puedan ejercer contra un derecho fundamental en una democracia, el derecho de huelga. Sin embargo, la situación que vivimos es tal que el título XV, y en particular el artículo 315, se ha convertido en un instrumento para castigar a los trabajadores en lugar de defenderlos. Una ley que se hizo para proteger el derecho de los débiles (como es lo normal en democracia) se está usando para lo contrario, para castigarlos y reprimirlos; y con extraordinaria brutalidad, además. Hay pocos ejemplos de una perversión legal semejante. Sigue leyendo