Celia Amorós ha explicado en muchas ocasiones su consideración de que el paradigma de la Ilustración que proclamó la igualdad universal mientras teorizaba al mismo tiempo la desigualdad de las mujeres, se configuró, sin embargo y es de suponer que a su pesar, como el marco teórico que permitió que el feminismo fuera pensable; porque esa teorización imperfecta de la igualdad puso la semilla de una voluntad y de un deseo que superó con mucho los límites que los propios ilustrados le impusieron. Eso ocurrió primero con el feminismo, que la filósofa Amelia Valcárcel llamó “hijo bastardo de la Ilustración”, hijo por tanto no querido, y ocurrió después con muchos otros grupos sociales excluidos de la Igualdad, de la Libertad y la Fraternidad revolucionarias. En ese sentido, la teorización de los derechos LGTB sería el hijo más ilegítimo de la Ilustración, pero uno de los que con más fuerza ha venido a exigir que le sea reconocida su filiación ilustrada. Es evidente que ni los derechos humanos ni los derechos civiles se teorizaron pensando en los que pronto serían llamados perversos sexuales, pero sin embargo han terminado siendo nuestro marco de referencia imprescindible.
Categoría: Artículos
Género, sexo, cuerpo, discapacidad
Soy mujer, lesbiana y discapactidada tres circuntancias que son en esta sociedad datos de discriminación. Tres conceptos, además fundamentales para la definición y autodefinición de una persona. Conceptos que remiten a género, sexualidad (orientación sexual) y cuerpo (sexo) y por eso cuando decimos “mujer, lesbiana y discapacitada”, tenemos que hacer referencia a los discursos sobre el género, sobre la sexualidad y sobre el cuerpo. Discursos que se articulan unos con otros y de los cuales ninguno es más o menos importante porque las opresiones no pueden compartirmentarse. Antes suponía que esos tres discursos de opresión y limitación se superponían de manera simple, sumándose. Pero con el tiempo he aprendido que no, que las cosas no son tan sencillas y que en determinadas situaciones, las multiples discriminaciones pueden tener el efecto de anularse unas a otras. Creo que en lo referente a la sexualidad las mujeres lesbianas con diversidad funcional puede ver atenúada esta circunstancia debido a su lesbianismo.
Todavía es relativamente extraño que alguien, incluidos activistas sociales o políticos, entienda que la discapacidad es un discurso y una práctica política de exclusión y de opresión y no una situación objetiva de enfermedad o de tragedia personal. Resulta muy difícil en un artículo de estas características desmontar dicha práctica discursiva porque es enormemente compleja y porque interactúa, además, con otros discursos igualmente opresivos y complejos. Es especialmente difícil porque mientras que los discursos y políticas de género, de raza, de clase o de sexualidad son viejos conocidos que llevan ya décadas siendo objeto de estudio y de crítica y, por tanto, casi todos nosotros manejamos las herramientas conceptuales que los conforman, eso no ocurre con el discurso sobre la discapacidad, que es relativamente nuevo y poco conocido en este país. La discapacidad como discurso resulta también muy difícil de aislar de otros discursos contemporáneos, especialmente los que se refieren al cuerpo y la salud y que tienen que ser leídos ambos en el marco de los discursos generales sobre la corporalidad propios del capitalismo tardío en los que el cuerpo se configura como una metáfora del sistema social.
Hace poco más de un año que se aprobó en el Congreso de los Diputados la Ley de modificación del Código Civil en materia de matrimonio que es como técnicamente se llama la ley a la que todo el mundo se refiere como la ley “de matrimonio homosexual”. Esta ley significa, en la práctica, acabar con la única discriminación legal que nos quedaba a gays y lesbianas para poder ejercer la ciudadanía plena. En esos días aparecieron en todos los diarios y revistas del país y de fuera de él multitud de reportajes, declaraciones, entrevistas, de distintas personalidades públicas y políticas que opinaban sobre la ley y sus consecuencias; sobre la enorme trascendencia social que tendría una medida de estas características. Los políticos profesionales se han convertido en los interlocutores para todo tipo de temas que, finalmente, tienen que pasar por el Parlamento lo cual, aunque previsible, implica una cierta injusticia con los verdaderos actores y actrices de cualquier proceso social.
Ciiencia y normatividad sexual
A estas alturas ya se ha escrito mucho acerca del carácter ideológico y de instrumento político que tiene la ciencia, pero lo cierto es que en los últimos años las explicaciones biologicistas de la conducta humana han vuelto a resurgir con fuerza inusitada hasta el punto de que estamos asistiendo a una ofensiva profundamente reaccionaria contra el carácter fundamentalmente construido de nuestra conducta. Una ofensiva que tiene que ver el resurgir de posiciones neoconservadoras en cuanto a asuntos tales como la igualdad entre los sexos o entre homo y heterosexuales.
Matrimonio: Historia de una lucha
En los últimos meses, desde que la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo salió definitivamente del Congreso de los Diputados he participado en muchos cursos y conferencias en las que se me ha pedido qué explique, en mi calidad de Presidenta de la FELGT cual ha sido el proceso que ha llevado a España ha conseguir una de las leyes más avanzadas del mundo en este terreno. En estos cursos he coincidido con otros activistas, con políticos de diversos partidos, profesores de derecho, profesionales de los medios de comunicación, líderes de la comunidad LGTB etc., que han ido dando cada uno su propia visión de la realidad. Con el tiempo se corre el peligro de que la realidad se desdibuje y que cualquiera pueda apropiársela. Lo cierto es que la historia ha sido como ha sido y, aunque el resultado nos pertenece a todos, la lucha la han encabezado sólo alguno@s. Por eso creo que, en espera de que se escriba una historia que hable con los protagonistas, los que estuvimos allí tenemos el deber de escribirlo para que no lo hagan otros por nosotros.
Diferencia y discapacidad
Como han hecho notar muchos investigadores la homosexualidad y la discapacidad, especialmente la sordera, tienen muchas cosas en común. Comparten una historia de persecución. A las personas que nacían con una discapacidad se las convertía en culpables; en muchas culturas, la discapacidad era considerada signo de pecado, pecado de los padres, de uno mismo, pecado en esta vida o en otra anterior; signo, en todo caso, de algo oscuro y pernicioso. No han sido pocos los que lo han pagado con su vida su diferencia. Después, la discapacidad fue considerada una enfermedad, al igual que la homosexualidad. Las personas con discapacidad fueron internadas en hospitales y asilos de por vida. Pero mientras que los homosexuales conseguimos organizarnos y dar cauce político a nuestra reivindicación fundamental a la igualdad, las personas con discapacidad estamos lejos de poder hacer lo mismo con nuestra diversidad funcional. Porque los prejuicios que se asocian a la discapacidad están más vivos que nunca.
El presente artículo es una aproximación a un tema que es central en las tesis de la llamada teoría feminista lesbiana: la posibilidad que las mujeres tienen, todas las mujeres, para optar por un estilo de vida y una sexualidad lesbiana. Defendiendo un construccionismo radical de la sexualidad, tal como defendía el feminismo en los años 60 y 70. La autora reflexiona sobre esta posibilidad, defiende que es algo que está al alcance de cualquier mujer, que es una opción que puede resultar liberadora y reflexiona también sobre las causas que han hecho que dicha posibilidad haya desaparecido del panorama interpretativo de la realidad que hace en la actualidad el feminismo.
Familias homoparentales
En relativamente poco tiempo hemos asistido en occidente a la desaparición del concepto de familia que se ha estado manejando durante siglos. Este concepto de familia ya no responde a la realidad pero sin embargo observamos como el reconocimiento de este cambio no se ha producido en la misma medida. Al contrario, observamos como algunas instituciones y sectores sociales han depositado en el no reconocimiento de las nuevas familias “las esencias” de una determinada ideología. Han hecho de este reconocimiento una especie de tabú. Algo que nos demuestra que es mucho lo que se está jugando en este tema. Es cierto que algunas familias no tradicionales van poco a poco incorporándose a lo que se entiende por familia, pero a pesar de esta lenta incorporación a la nueva definición la familia oficial continúa siendo una. Que se está jugando mucho lo podemos ver claramente en el debate que se está produciendo acerca del matrimonio homosexual y de la adopción de niños por parte de las parejas gays y lesbianas. Vemos que lo que se debate no es sólo la extensión de unos determinados derechos, que quizá podrían conseguirse por otra vía, sino que fundamentalmente nos encontramos debatiendo la propiedad del término familia, qué significa, a quién pertenece, quién y cómo se va a usar.
La iglesia y la nueva ciudadanía
El gobierno Zapatero ha puesto en marcha una serie de medidas de las llamadas “sociales” que se presentarán en otoño y que han puesto en pie de guerra a la Jerarquía de la Iglesia católica que, según muchos, se dispone a hacer de altavoz de la derecha política en estas cuestiones. Nosotros no lo creemos. Creemos, por el contrario, que la derecha tratará de sacar tajada de las feroces críticas que la Iglesia y otros sectores confesionales harán al gobierno, pero que no se implicará a fondo en el debate. En nuestra opinión, la derecha preferiría que este debate pasese lo más desapercibido posible y mostrará un perfil bajo y moderado. El Partido Popular ha pasado de negarse a discutir siquiera una ley de parejas en las legislaturas de Aznar a presentar una avanzada ley de parejas y a decir en el Parlamento (yo estaba allí) que siempre han estado a favor de nuestros derechos: de los derechos de lesbianas, gays y transxuales. El Partido Popular sabe de sobra que en estas cuestiones de los derechos civiles es la izquierda la impulsora de su regulación, pero es toda la sociedad la que da su aprobación.
