«En aquellos años parecía que el dinero era infinito», explica un analista de El País sobre cómo se pudo producir el caso de las tarjetas opacas. Al principio parece una frase ajustada a lo que pasó. Tal y como dice Íñigo de Barrón podríamos tener la sensación de que, efectivamente, hubo unos años en los que parecía que el dinero era infinito. Pero esa es una imagen trampa de la realidad. Es una idea que se repite para que esa repetición termine construyendo una realidad que no ha existido nunca. Al leer esa frase yo me detuve a pensar: ¿Ha existido algún momento en el que yo pensara que el dinero era infinito? ¿Tengo algún conocido o amigo que pensara que el dinero era infinito? ¿Hemos hecho nosotros uso del dinero como si fuera infinito? Esa idea del dinero infinito que ahora muchos utilizan como explicación de tantas cosas es el equivalente del «hemos vivido por encima de nuestras posibilidades».
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El ébola como metáfora
Para defenderse de las acusaciones de ineficacia y las peticiones de dimisión realizadas a Ana Mato, Rajoy exclamó: “¡Dejen trabajar a los expertos!”, como si esta crisis hubiera dependido en algún momento de los expertos. Como no ha sido así, como nunca ha dependido de los expertos, sino sólo de los malos políticos, esta crisis es claramente política. Y es, además, una metáfora perfecta de lo que ocurre.
El derecho al aborto a la Constitución
La semana pasada fue la de la alegría. Las mujeres celebramos la victoria sobre la infame “ley Gallardón” el mismo día que se celebraba en todo el mundo el Día Internacional por el Derecho al aborto. Aquí hemos conseguido por el momento parar la ley. En muchos países las mujeres pobres –jamás las ricas- pagan con sus vidas cualquier intento de hacerse dueñas de sus propios cuerpos, de su sexualidad, de su dignidad y libertad. Sabemos, no obstante, que el peligro no ha pasado porque la ley sigue en un Tribunal Constitucional nada objetivo y en manos del PP. También sabemos que la derecha moral ha convertido el derecho al aborto, en todo el mundo, en el enemigo a batir. Esto es así porque en el derecho al aborto se dirime la (des)igual ciudadanía de las mujeres. El empeño mundial contra este derecho no tiene que ver con ningún asesinato, sino con el control del cuerpo y la sexualidad de las mujeres, con el poder de los hombres, con los roles de género dentro y fuera de la familia, asuntos estos que generan una enorme tensión política, no hay más que ver lo que ocurre con la violencia de género o con la desconfianza hacia el feminismo.
Todo era Marbella
Cuando en los años 90 Jesús Gil llegó a la alcaldía de Marbella y hacía política metido en una bañera con unas chicas en bikini, aquello parecía un episodio de una saga de gangsters. Y vaya si lo fue. Al alcalde de la bañera le siguió Julián Muñoz con el pantalón por las axilas, un secretario de ayuntamiento con un Van Gogh en el cuarto de baño y varias folclóricas. Durante años seguimos sus andanzas, sus líos, sus amoríos y, al final, les vimos entrar a (casi) todos ellos en la cárcel. Era evidente que en Marbella todo estaba podrido y era evidente que todos aquellos personajes que durante años nos entretuvieron por los programas de televisión eran, en realidad, delincuentes. Aun así, los veíamos como algo exótico, lejano, algo que tenía que ver con una España de pandereta en retirada o con el carácter de Jesús Gil, un mafioso sin complejos. Lo que no sabíamos es que, en realidad, aquello no era una España en retirada, sino una avanzadilla de lo que venía. No es que Marbella no fuera España, es que toda España era Marbella.
Teresa de Calcuta iba de pobre y austera, pero sus funerales se llenaron de gente de dinero y de poder. Sólo con ver el plantel de plañideros/as estaba claro que esa monja no podía ser más que una farsante. Los poderosos arropan a los suyos en la muerte y no es posible que alguien que de verdad haya estado con los pobres, con los explotados, sea llorado por los ricos; simplemente es una imposibilidad lógica. Aunque entonces no sabíamos hasta qué punto Teresa de Calcuta era más mala que la quina, no tardamos en enterarnos de todo y hoy sabemos que era una sádica que hacía sufrir a los enfermos, pobres de solemnidad, para que llegaran limpios de pecado al cielo, pero que cuando a ella le toco sufrir un poco se fue a un hospital carísimo de EE UU. El sufrimiento no iba con ella.
No olvidemos
El lunes de esta misma semana se han cumplido dos años de una de las leyes más crueles, injustas y repugnantes de todas las que ha aprobado el PP. El Real Decreto 6/2012 que dejó sin tarjeta sanitaria a unas 800.000 personas, la mayoría inmigrantes sin permiso de residencia, pero no sólo a estos.
Rosa Díez, UPyD y el populismo
Rosa Díez, líder de UPyD pronunció sobre Podemos la siguiente frase: «La alternativa a la democracia de baja calidad no es el POPULISMO. Es la democracia de alta calidad.» Esa frase, que ella dirigía a Podemos, sólo demuestra el impudor de una de las políticas más groseramente populistas del espectro político. Una política cuya suerte podría estar acabándose gracias al cambio regenerador –este sí- que viene gestándose en la política española. También demuestra (por si quedaba alguna duda) cómo la palabra “populismo” sólo es un arma dialéctica que se usa siempre desde el poder y siempre contra los que desafían ese poder, lo que no es el caso de Rosa Diez, firmemente establecida en el establishment por mucho que ella se presente como outsider.
No es No. También en Málaga
Uno de los mitos más persistentes del patriarcado es aquel que describe la sexualidad masculina como una potente fuerza de la naturaleza, como un torrente que arrolla todo lo que se encuentre a su paso, como una fuerza que una vez puesta en marcha es difícil de detener. Según el mito, si una mujer no quiere mantener relaciones sexuales, lo mejor que puede hacer es no provocar al monstruo; no poner en marcha esa maquinaria, no abrir las compuertas del torrente. Es una sexualidad que algunas feministas han descrito usando la metáfora de “sexualidad hidráulica”. El patriarcado nos presenta a los hombres como a personas que, llegadas a un momento en la excitación sexual, ya no pueden parar. De ahí todos los mitos preventivos de la violación que siguen a la orden del día: no les provoques, no te expongas, no pongas en marcha la maquinaria. Lo que en definitiva quiere decir esto es que como un hombre tenga una erección y como la mujer haya colaborado en provocar esa erección…luego que no se queje. Llega un momento en el que él ya no tiene la culpa. Pero naturalmente que la tiene, la erección es una reacción involuntaria, lo que un hombre haga con su cuerpo es algo de lo que es enteramente responsable, en cualquier momento. Una erección no daña a nadie, es el violador o el abusador el que daña a la víctima.
El Ministerio del Interior ofrece en su web unos consejos antiviolación a las mujeres que deben parecerse mucho a los que se daban a los posibles blancos de ETA para evitar que les mataran: «Cambie de itinerario cada cierto tiempo; cierre las ventanillas de su casa; no pasee de noche por calles solitarias, ni sola ni acompañada; antes de aparcar su coche mire alrededor por si ve personas sospechas…» . Aquel que recomendaba a concejales o políticos vascos que miraran los bajos de su coche antes de subirse al mismo, se parece mucho a este otro: «Antes de subir a su vehículo observe su interior. Podría encontrarse algún intruso agazapado en la parte trasera». La enorme diferencia entre aquellos consejos y estos es que en el caso de las personas amenazadas por el terrorismo todo el mundo percibía la situación como lo que era y el Ministerio del Interior, además de consejos, perseguía con todos los medios a su alcance al grupo terrorista. Era una amenaza cierta, real, y para salvar la vida las personas amenazadas tenían que renunciar a una parte muy importante de su libertad. Pero, además de estos consejos, todas las instituciones del Estado estaban volcadas en la lucha contra ETA.
