Cuando escribo este post no sé exactamente si el joven gay Daniel Zamudio ha muerto efectivamente o sigue conectado a una máquina que le mantiene muerto en vida. Es lo mismo. Lo que sí es seguro es que fue torturado y finalmente asesinado por una jauría de bárbaros. Hoy mismo, el día en que me entero de la muerte de Daniel, ha finalizado el congreso de la FELGTB, la principal organización lgtb de mi país y hemos dedicado algunas palabras a Daniel.
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Cuidado con el cuidado
Hace un tiempo que los cuidados se han convertido en un tema central de análisis y discusión en el feminismo. Generalmente, se entienden por “cuidados”, esas actividades que realizan las mujeres de manera gratuita para mantenimiento de la vida y la salud; todo el trabajo para la sostenibilidad de la vida, tal y como se dice ahora. Sin embargo, tengo que reconocer que siempre he sentido cierto rechazo por este concepto aunque sólo últimamente he podido comenzar a concretar mi descontento, gracias a enfoques feministas que han comenzado a poner en cuestión el término, al menos en su sentido más amplio. Ciertamente que visibilizar en su momento el trabajo inmaterial y gratuito que realizan las mujeres resultó de gran efectividad política, pero sin embargo creo que haber dado a todas estas actividades el nombre de “cuidado” sin cuestionar algunas de sus definiciones, no es lo más acertado.
No es lo mismo
No es lo mismo no haber alcanzado un derecho que perderlo. Cuando no se ha llegado todavía pero se está luchando, cada día que pasa es posible sentirlo como un día menos; se ve el final del camino, se ven las mejoras, los avances. En la lucha por la igualdad social ningún día es un día perdido, sino que cada uno de ellos significa experiencia, actividad, alegría, solidaridad, porque cuando una lucha social deja de ser una idea de unos pocos para organizarse en la cabeza y en la actividad de muchas personas, entonces se empieza a caminar y se hace posible.
No olvidemos cómo y dónde estamos
Hay muchísima gente que no entiende lo que es el déficit, ni la prima de riesgo, ni el diferencial. Y sin embargo en los telediarios dedican una buena parte de la información a contarnos cosas relacionadas con eso. Sin saber lo que es el déficit–y aun sabiéndolo- lo que una aprende al ver cualquier telediario es que el déficit es casi como la propia constitución, más importante que cualquier principio, que cualquier derecho. Es eso que tiene que cumplirse, sí o sí.
¿Golpe de Estado en Europa?
En toda Europa se está produciendo un golpe de estado protagonizado por las élites económicas y financieras que tiene como objetivo imponer sus políticas neoliberales por medio de, primero, hundir a los países y después, cuando cunda el pánico, colocar a sus hombres como salvadores y gobernantes de dichos países, y colocarlos además sin celebrar elecciones. Y después expoliar lo más posible a esos países su riqueza y los derechos sociales y económicos de la ciudadanía. Lo estamos viendo, está ocurriendo ante nuestras narices.
El semiarmario de Elena Anaya
Ha levantado mucha polémica el hecho de que Elena Anaya dedicara su Goya recién conseguido a “su amor”, así sin sexo. Y si ha levantado polémica es porque a estas alturas todo el mundo parece saber que el amor de Anaya es una mujer y puesto que esto es ya público, parecería que visibilizarlo como tal hubiera significado un apoyo importante en la lucha contra la homolesbotransfobia y más aún en este momento, cuando los avances legales de los últimos años están en peligro por culpa de la política del PP. Ante la avalancha de críticas a Anaya, inmediatamente salieron otras personas afirmando lo que se dice siempre en estos casos: que no se puede exigir a nadie que salga del armario, que eso es una cuestión privada, que ella decidirá cuándo y dónde hacerlo público y si quiere hacerlo.
Manolis Glezos tiene más de 80 años. Fue un resistente antifascista griego que en el año 1941 arrancó la cruz gamada, símbolo de la ocupación nazi, de la Acrópolis ateniense. Mikis Theodorakis tiene aproximadamente la misma edad y la misma afiliación nacional y política. Es autor de algunos de las más bellas composiciones musicales del siglo XX. Que estos dos ancianos antifascistas se hayan convertido en símbolo de la resistencia griega a la invasión neoliberal dice mucho. Ellos dos han publicado esta esta carta abierta que explica muy bien lo que está pasando en Grecia y que es una llamada a la resistencia europea. Merece la pena leerla.
La gran farsa
La realidad no está donde nos la están contando. Todo lo que estamos viendo, lo que se dice en la mayoría de los medios, lo que hablan los políticos y los sindicatos, esas notas que bajan las agencias de calificación…todo eso no es más que una parte sesgada de la realidad. La realidad es que estamos inmersos en una gran farsa. Lo de Grecia es una farsa, lo demás también. Incluso lo dice así el último editorial de ‘Der Spiegel’, pero su “revelación” no va a pasar de ser un artículo en una revista. El interés de casi todos está en seguir repitiendo y manteniendo las mentiras sobre las que se levanta este sistema absurdo e injusto. Todo el mundo sabe que Grecia, haga lo que haga, no podrá devolver los préstamos y que las exigencias que se le están haciendo no son para que el país se recupere; de hecho con estas exigencias no puede recuperarse. Todas esas idas y venidas, negociaciones, pseudovotaciones, llamadas a la responsabilidad y a los sacrificios… no son más que disimulos de lo que es, en realidad, una batalla en la ofensiva neoliberal contra los derechos adquiridos por los trabajadores en los últimos 100 años. Lo que se pretende es volver al siglo XIX en salarios y derechos. Lo que se pretende es que los trabajadores europeos vuelvan a ser seres humanos baratos que sacrifiquen sus vidas a la codicia de unos pocos.
Charlotte Perkins-Gilman
Su lucha feminista hizo a todas las mujeres un poco más libres. Beatriz Gimeno rememora la vida de la escritora estadounidense, una mujer libre que decidió ser dueña de su destino hasta el final.
Primera parte del artículo publicado en Diagonal.
