Manolis Glezos tiene más de 80 años. Fue un resistente antifascista griego que en el año 1941 arrancó la cruz gamada, símbolo de la ocupación nazi, de la Acrópolis ateniense. Mikis Theodorakis tiene aproximadamente la misma edad y la misma afiliación nacional y política. Es autor de algunos de las más bellas composiciones musicales del siglo XX. Que estos dos ancianos antifascistas se hayan convertido en símbolo de la resistencia griega a la invasión neoliberal dice mucho. Ellos dos han publicado esta esta carta abierta que explica muy bien lo que está pasando en Grecia y que es una llamada a la resistencia europea. Merece la pena leerla.
Categoría: Artículos
La gran farsa
La realidad no está donde nos la están contando. Todo lo que estamos viendo, lo que se dice en la mayoría de los medios, lo que hablan los políticos y los sindicatos, esas notas que bajan las agencias de calificación…todo eso no es más que una parte sesgada de la realidad. La realidad es que estamos inmersos en una gran farsa. Lo de Grecia es una farsa, lo demás también. Incluso lo dice así el último editorial de ‘Der Spiegel’, pero su “revelación” no va a pasar de ser un artículo en una revista. El interés de casi todos está en seguir repitiendo y manteniendo las mentiras sobre las que se levanta este sistema absurdo e injusto. Todo el mundo sabe que Grecia, haga lo que haga, no podrá devolver los préstamos y que las exigencias que se le están haciendo no son para que el país se recupere; de hecho con estas exigencias no puede recuperarse. Todas esas idas y venidas, negociaciones, pseudovotaciones, llamadas a la responsabilidad y a los sacrificios… no son más que disimulos de lo que es, en realidad, una batalla en la ofensiva neoliberal contra los derechos adquiridos por los trabajadores en los últimos 100 años. Lo que se pretende es volver al siglo XIX en salarios y derechos. Lo que se pretende es que los trabajadores europeos vuelvan a ser seres humanos baratos que sacrifiquen sus vidas a la codicia de unos pocos.
Charlotte Perkins-Gilman
Su lucha feminista hizo a todas las mujeres un poco más libres. Beatriz Gimeno rememora la vida de la escritora estadounidense, una mujer libre que decidió ser dueña de su destino hasta el final.
Primera parte del artículo publicado en Diagonal.
Articulo publicado en Diagonal en Febrero 2011
Lee la segunda parte: 34diagonal141
El armario como coartada
Monique Wittig afirmó, de manera provocativa, que las lesbianas no tenían vagina. Muchas lesbianas afirmaron que no eran mujeres, aún ahora muchas lesbianas sentimos que no tenemos sitio en esa categoría política: “mujer”. De manera creciente, tengo la sensación de que “mujer” y “lesbiana” se excluyen, se alejan. Teniendo siempre presente que si no se garantizan los derechos de las mujeres las lesbianas no podemos siquiera existir, muchas hemos llegado también a la conclusión de que los derechos de las mujeres no garantizan la posibilidad de existencia de las lesbianas y, más aún, que muchas mujeres que se llaman a sí mismas feministas colaboran en el mantenimiento de esa exclusión. La exclusión se produce mediante una estructura social represiva e injusta que conocemos como el armario.
La Ley Integral contra la Violencia de Género
España se ha convertido en los últimos 10 años en un ejemplo mundial de sociedad concienciada y en lucha contra la violencia de género y por los derechos de las personas lgtb [1]. No sólo por la cantidad de leyes e iniciativas de todo rango que se han ido aprobando en este sentido desde hace ya tiempo [2] sino también, o quizá como consecuencia de lo anterior, porque muchas de estas normas son producto de una intensa movilización de la sociedad civil. Basta mirar las cifras de aceptación con que contaba la ley de matrimonio homosexual en el momento de su aprobación [3] o la repulsa que se produce cada vez que hay un asesinato o una agresión machista. El rechazo social que la violencia machista suscita es, en la sociedad española, casi unánime y tanto la derecha como la izquierda compiten en demostrar que son más eficientes en la lucha contra la misma. Asimismo, los medios de comunicación se han convertido también en un arma imprescindible que no deja pasar un sólo caso de violencia sin denunciarlo. La sociedad civil organizada (sindicatos, asociaciones, ONG’s…) está en su conjunto sensibilizada y se manifiesta activamente dispuesta a luchar por erradicar la violencia contra las mujeres. España se ha convertido en muchos sentidos en un laboratorio perfecto para estudiar la puesta en marcha o la eficacia de las medidas que se han ido tomando, algunas verdaderamente novedosas, en lo que se refiere a la violencia de género.
¿Qué feminismo?
Se ha dado la coincidencia de que últimamente he tenido ocasión de leer el llamado de algunas feministas a que surja una tercera ola de feminismo. Supongo que esos llamamientos tendrán que ver con la sensación de estancamiento que parece vivirse en el feminismo, con la sensación de que no estamos avanzando lo suficiente y que incluso en algunas cuestiones estamos retrocediendo. Predomina un cierto espíritu de frustración. Me preocupa que feministas informadas no sepan que esa tercera ola ya llegó (y quizá pasó); y me preocupa porque, precisamente esa es una de las quejas más repetidas del feminismo desde siempre: que los hombres, los académicos, los intelectuales, no se molestan en polemizar con el feminismo, que las aportaciones de éste no pasan a engrosar el canon, que sus trabajos pasan desapercibidos y que sólo son leídos y comentados por otras feministas.
El debate sobre el trabajo doméstico
Siempre me ha sorprendido la falta de debate que en España se observa alrededor del trabajo doméstico. La falta de reivindicación sobre la condición laboral de las trabajadoras domésticas, por una parte (aunque se va avanzando gracias a los sindicatos y a que algunas feministas han llamado la atención sobre el tema), pero sobre todo me sorprende la falta de debate ideológico sobre la consideración ética del trabajo doméstico, debate que sí se ha dado en otros países como Suecia o Estados Unidos [tomo como base de este artículo el aparecido en la revista Sings (Signs. Journal of women in culture and Society. Volume 35, number 1, Autumn 2009 pp 157-184), de John R. Bowman y Alyson M. Cole, “Do working mothers Oppress Other Women? The Swedish ‘Maid Debate” and the welfare State politics of gender Equality’. Todas las citas son de este artículo]. El debate que quiero plantear aquí, es el que debe responder a estas preguntas: ¿deben las mujeres contratar a otras mujeres para limpiar sus casas? ¿Es feminista? ¿Es socialmente ético? ¿Es de izquierdas?
Mercado de cuerpos
Sólo algunas feministas están dando la batalla o se han manifestado en contra de la regulación de los llamados vientres de alquiler que es la manera eufemística de referirnos a la compra/venta de un niño en cuanto nace. Pero sea del niño, del óvulo, o de cualquier otro órgano la cuestión va mucho más allá del caso concreto de los vientres de alquiler y es más compleja de lo que puede parecer a veces. Se trata de cómo nos posicionamos como sociedad respecto de la compra/venta de partes del cuerpo. Algunos economistas neoliberales defienden que el mercado es, en todo caso y para todas las cuestiones, el mejor regulador social y que nunca se equivoca, si hay demanda tiene que haber oferta y ambas partes se benefician de la transacción. Pero muchas personas nos oponemos a esa visión.
