En estos últimos tiempos se ha ido desmontando el tabú que existía en torno a los miembros de la monarquía, y estamos leyendo casi todo sobre ellos y ellas. De sus amantes, de su riqueza en Suiza, de sus limitaciones intelectuales… Hace un par de meses salió un libro sobre Letizia Ortiz e, inmediatamente, se hizo un pesado silencio propio de otras épocas. Una periodista del corazón, Paloma Barrientos, fue despedida de su programa por hacer alusión a él y ningún periódico de izquierdas hizo la más mínima referencia al libro, ni a favor ni en contra, nada, como si no existiera. Yo escribí un artículo –que es más o menos este- y ningún diario me lo quiso publicar. ¿Por qué? Porque yo comentaba algo que se dice en ese libro: que Letizia se sometió a un aborto legal en la clínica Dator.
Categoría: Artículos
Las razones «eugenésicas» de Gallardón
En todas las declaraciones sobre la futura ley de aborto que prepara el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, insiste en que va a eliminar el supuesto de aborto por malformación, el llamado aborto eugenésico, y que eliminar ese supuesto es uno de los motivos para hacer este cambio en la Ley. Así en su reciente entrevista en El País, Gallardón explica que a pesar de que el Tribunal Constitucional avaló la constitucionalidad de la posibilidad de abortar por motivo de malformaciones en el feto, hay que retomar el asunto porque España suscribió después, en 2008, el convenio de la ONU para la protección de los derechos de personas con discapacidad, y parecería, tal como lo utiliza Ruiz Gallardón, que este convenio prohíbe el aborto en el supuesto de fetos con malformaciones.
Violencia que no es de género
¿Tenemos que ser las activistas lesbianas las que visibilicemos la violencia que se pueda dar –esporádicamente- en las parejas formadas por mujeres? Yo creo que no y, por eso, que no cuenten conmigo para dar pábulo a estas cuestiones.
Cada cierto tiempo el asunto de la violencia en las parejas de lesbianas se discute o bien en los medios generalistas o bien también –y especialmente- en el ámbito del propio activismo lesbiano. Tengo que reconocer que a veces ese tipo de estudios o de discusiones me sacan de quicio hasta el punto de que yo misma tengo que preguntarme por qué me gusta tan poco que se discuta de eso o se dé visibilidad a la violencia que existe en algunas parejas de lesbianas. Creo que hay dos razones de que el tema me guste tan poco. La primera y más importante tiene que ver con el uso que el neomachismo pretende hacer de cualquier tipo de violencia intrafamiliar para deslegitimar y desdibujar la lucha contra la violencia de género como un tipo de violencia sistémica particular y anclada en el patriarcado. Si todo es violencia y, sobre todo, si todo es el mismo tipo de violencia, entonces no hay razones para establecer medidas concretas de lucha contra la violencia machista. Naturalmente que esa es la manera tradicional de negar e invisibilizar que la violencia machista es diferente a cualquier otra porque se produce en un contexto de desigualdad de poder estructural (desigualdad real y simbólica) en el que los hombres creen tener derechos de propiedad sobre “sus” mujeres.
Feminismo y partitocracia
A raíz del voto del PSOE en Ponferrada, coincidente en el tiempo con las declaraciones de Cospedal sobre que las cuotas son machistas, y todo ello en un contexto en el que la crisis se está cebando con derechos básicos de las mujeres, leía el otro día un artículo en el que Kerman Calvo nos explicaba por qué parece que en España las políticas que se hacen respecto a la igualdad de género no condicionan el voto de las mujeres. Como contrapunto ponía el ejemplo de EE.UU, donde los analistas coinciden en que Obama fue elegido gracias al voto femenino en las mismas elecciones en las que varios políticos republicanos pagaron en las urnas sus declaraciones antifeministas. ¿Por qué aquí no ocurre lo mismo y el PSOE no recogió votos de las mujeres después de sus políticas feministas?
España, Madrid – Hace un año que publiqué mi libro sobre la prostitución. Como he explicado en varias ocasiones, lo publiqué preocupada por lo que yo entendía necesidad de algún tipo de pacto de mínimos entre las llamadas abolicionistas y regulacionistas en aquellos asuntos en los que ambos sectores del feminismo pudieran tener en común: lucha contra la trata, o reconocimiento de derechos humanos a las mujeres que se dedican a la prostitución.
El partido Popular parece que ha decidido excluir la inseminación artificial de las lesbianas del catálogo de prestaciones gratuitas que se ofrecen en los hospitales públicos. Una medida congruente con la ideologización que está sufriendo la sanidad, como todos los derechos básicos, en donde se dificulta el aborto y también la inseminación de mujeres solteras. Así que la ideología matrimonial heterosexual que ha recibido un duro golpe por parte del Constitucional, puede ahora negarse a colaborar en que mujeres solas y lesbianas tengan el hijo o la hija que desean.
Entrada completa: Mirales
Porno para mamás y porno sin más
Cuando me pidieron que escribiera sobre ‘Cincuenta sombras de Grey’, en principio me pareció bien porque es de lo que hablan todas mis compañeras de oficina desde el verano, así que se lo pedí prestado a una de ellas. Me vino con tres tomos, miles de páginas, un poco más breve que ‘En busca del tiempo perdido’, pero poco. La verdad es que leer leer sólo he aguantado la mitad del primer tomo, después ha sido un ojear por encima y listo. Se trata de una cursilada imposible de tragar, mal escrita e insoportablemente sexista. Una novelita rosa remozada de sexo explícito para la era postporno.
Entrada completa: Píkara Magazine
No fue el feto quien mató a la madre
Que la vida de una mujer vale menos que la de un hombre es una realidad empírica, fácilmente comprobable en las cifras de feminicidio, de malos tratos, de infanticidios de niñas y en las de la diferencia de trato en cuanto a alimentación, atención médica, seguridad, inviolabilidad corporal etc., entre hombres y mujeres. Pero la vida de una mujer no sólo vale menos que la de un hombre, vale menos también que la de un feto, incluso que la de un feto inviable. Es tanto como decir que la vida de una mujer no vale nada.
Una lectura queer de la prostitución
Es hora de que las feministas críticas con la institución prostitucional cambiemos completamente de paradigma argumentativo en relación con uno de los debates más antiguos, más enconados, más crispados y, quizá, más confusos que se vienen manteniendo dentro del feminismo. Nunca he podido entender cómo es posible que uno de los ejemplos más claros de mercantilización del ser humano pudiera ser defendido por personas que se dicen profundamente anticapitalistas, ni entiendo tampoco cómo es posible que uno de los negocios más lucrativos del mundo y más explotadores, uno de los que genera más dinero a las mafias, no sea ardorosamente atacado por personas que se dicen de izquierdas. También me cuesta entender cómo una institución creada por el patriarcado como uno de sus pilares, una institución que juega un papel fundamental en determinada construcción sexual y de los géneros, ha terminado siendo defendida por feministas. A estas alturas del debate ya sabemos que las posturas favorables a la prostitución son mayoritarias en los ambientes más radicales, de izquierdas, alternativos o queer. Las personas que las defienden, radicales en todo y con voluntad rupturista en la política, no sólo no se manifiestan en contra de la prostitución como institución, sino que suelen entenderla como inevitable (y de aquí parece derivarse que es aceptable): su acercamiento a ella es opuesto a su acercamiento a otras instituciones políticas que, a pesar de parecer también inevitables, son, en cambio, combatidas con convicción. Por el contrario, parecen estar furiosamente en contra de la prostitución las meapilas, las feministas aburridas, institucionales y conservadoras, la gente conservadora en general y nuestros padres y abuelos. Con estos adversarios, si una quiere ser moderna o políticamente radical, no parece quedar otra opción que estar a favor de la prostitución.
Entrada completa: SaraMago Fanzine
Muchos países de América Latina se encuentran inmersos en el debate sobre el aborto; algunos de ellos tienen leyes que despenalizan el aborto en determinados supuestos, otros lo prohíben absolutamente -incluso si peligra la vida de la madre- la mayoría presentan numerosas restricciones legales a esta práctica. En ellos, el debate está abierto. Sin embargo, éste es un antiguo debate que lleva décadas produciéndose casi en los mismos términos en distintos lugares del mundo. Mientras que los argumentos de los proelección[1] suelen adecuarse a las realidades sociales de sus respectivos países, los argumentos de los antiabortistas responden a un plan global determinado por una especie de “multinacional” ideológica que fabrica argumentos y los distribuye por el mundo[2]. Fundamentalmente, los grupos antiabortistas se agrupan en torno a la Iglesia Católica y a los grupos los ultraconservadores de los EE.UU, muy activos ideológicamente en todo el mundo, auténticos think tank del conservadurismo político. A pesar de que el aborto legal va avanzando e imponiéndose en algunos países, los grupos antiabortistas están venciendo en cuánto a que están imponiendo los términos del debate. Están ganando en cuánto a que están consiguiendo que el debate del aborto gire, casi absolutamente, alrededor de lo que ellos llaman derecho a la vida (primero del feto, después incluso del zigoto) Están consiguiendo que el debate sobre el aborto sea visto siempre como un debate moral y enmascarando que se trata de un debate político e ideológico. Desde nuestra postura de defensoras del aborto libre, queremos ofrecer nuevos argumentos a este debate antiguo. Después de décadas de discusión pensamos que mientras que las feministas han aceptado algunas de las premisas de los antiabortistas [3], aquellos se han movido hacia posiciones cada vez más reaccionarias y no tienen ningún interés en negociar nada. El eslogan con el que en los años ochenta se reivindicaba el aborto en España “Aborto libre y gratuito ya” ahora sería imposible de defender públicamente.
