No hace falta saber de economía, de la que, por otra parte cada vez estoy más convencida de que hay poco que saber. Si en el pasado fue una ciencia, que no lo sé, ahora es más bien una doctrina, casi una teología que hay que creer y, además, obedecer. Y hay que obedecerla aunque sus mandamientos sean contraintuitivos o repugnen a la razón. La realidad nos muestra cada día, imperturbable, que la realidad económica es la que es a pesar de que sus sacerdotes (los financieros y los políticos) repiten el mantra aprendido tratando de que, a base de mucho repetirlo como ocurre con cualquier oración, el mal se calme por fin. Pero el mal no se calma.
Muchos países de América Latina se encuentran inmersos en el debate sobre el aborto; algunos de ellos tienen leyes que despenalizan el aborto en determinados supuestos, otros lo prohíben absolutamente -incluso si peligra la vida de la madre- la mayoría presentan numerosas restricciones legales a esta práctica. En ellos, el debate está abierto. Sin embargo, éste es un antiguo debate que lleva décadas produciéndose casi en los mismos términos en distintos lugares del mundo. Mientras que los argumentos de los proelección[1] suelen adecuarse a las realidades sociales de sus respectivos países, los argumentos de los antiabortistas responden a un plan global determinado por una especie de “multinacional” ideológica que fabrica argumentos y los distribuye por el mundo[2]. Fundamentalmente, los grupos antiabortistas se agrupan en torno a la Iglesia Católica y a los grupos los ultraconservadores de los EE.UU, muy activos ideológicamente en todo el mundo, auténticos think tank del conservadurismo político. A pesar de que el aborto legal va avanzando e imponiéndose en algunos países, los grupos antiabortistas están venciendo en cuánto a que están imponiendo los términos del debate. Están ganando en cuánto a que están consiguiendo que el debate del aborto gire, casi absolutamente, alrededor de lo que ellos llaman derecho a la vida (primero del feto, después incluso del zigoto) Están consiguiendo que el debate sobre el aborto sea visto siempre como un debate moral y enmascarando que se trata de un debate político e ideológico. Desde nuestra postura de defensoras del aborto libre, queremos ofrecer nuevos argumentos a este debate antiguo. Después de décadas de discusión pensamos que mientras que las feministas han aceptado algunas de las premisas de los antiabortistas [3], aquellos se han movido hacia posiciones cada vez más reaccionarias y no tienen ningún interés en negociar nada. El eslogan con el que en los años ochenta se reivindicaba el aborto en España “Aborto libre y gratuito ya” ahora sería imposible de defender públicamente.
Durante años nos hicieron creer que todos éramos clase media. Es cierto que vivíamos mucho mejor que nuestros padres y no digamos que nuestros abuelos, es cierto que vivíamos instalados en cierta prosperidad (aunque jamás alcanzo a todos), pero el aumento del consumo funcionó como un cebo que hizo creer a prácticamente todo el mundo que tenían control sobre sus vidas, característica de la clase media. Casi parecía no existir la clase trabajadora. Convencer a la gente de que pertenece a la deseada clase media tiene el objetivo de enmascarar sus verdaderos intereses para que así puedan apoyar políticas que, en realidad, les perjudican; al perder la conciencia del lugar social al que se pertenece se reduce o se hace desaparecer el antagonismo de clase y así, los trabajadores más acomodados, en lugar de sentirse explotados por los poderosos se sienten amenazados por los que aun son más pobres que ellos. Se trata de enmascarar en lo posible las diferencias sociales, la desigualdad, sus causas y consecuencias. Si uno no sabe dónde está mal puede entender nada.
La situación
A Rajoy no le han dejado ponerse más tiempo de lado, su manera preferida de estar en el mundo, y le han obligado a ponerse de frente y a explicarnos, de una vez, lo que era su programa “oculto”, que no por ello menos sabido, al menos imaginado. Esa hoja de ruta que estaba claramente dibujada desde el principio pero cuyas medidas ni una sola venía en el programa electoral. Estaba diseñado: hay una crisis provocada por los especuladores, alguien tiene que pagarla, pues que la paguen los pobres porque para eso ellos, los poderosos, tienen la fuerza, el poder y los medios para obligar a otros a pagar por sus desmanes. Y de paso aprovechamos el momento para desmantelar el estado social porque ese desmantelamiento abre numerosos oportunidades de negocio y porque ha empoderado a los trabajadores y trabajadoras demasiado, según ellos; así que matan varios pájaros de un tiro.
Sólo madres
Hagamos lo que hagamos no dejamos de ser, sobre todo, madres. Las mujeres seguimos definiéndonos en cuánto madres, por serlo o no serlo y cuando lo somos tenemos que ser siempre una madre amantísima, amamantadora, y que encuentra en esta maternidad “su mejor papel”. Nada de una madre harta, cansada, una que prefiere no dar de mamar porque elige descansar o que está deseando que venga alguien y se lleve al niño/a un rato o siempre (me niego a considerar que no haya mujeres que se arrepientan secretamente de una decisión irreversible y, además, me niego a juzgarlas). No importa nada lo que la mujer haga en su vida, lo que sea o diga; si ha parido, será únicamente madre. No será diputada, actriz, minera, será madre. Su trabajo, su vida familiar, sexual, social, estarán condicionadas por esa maternidad.
¿En qué váter entramos?
Los baños, los servicios, los váteres públicos y yo nunca hemos tenido una buena relación; al menos no una relación fácil. Desde siempre me han dado qué pensar, siempre los he problematizado y ahora que tengo un novio transgénero esto me ocurre mucho más. Siempre me costó entender que los baños públicos estuvieran rígidamente separados en masculinos y femeninos. Sé que hay razones a favor de esa separación, pero lo cierto es que la solución de la división radical y rígida de esos dos espacios no me convence, parece más bien una división ideológica que práctica y, además, puede ser discriminatoria y crear situaciones incómodas e incluso dolorosas. Es un asunto mucho más complejo de lo que parece para resumirlo en un post, pero quiero abrir un pequeño debate.
Entrada completa: Píkara Magazine
Progresivamente la información sobre el clima va copando más y más tiempo en los informativos. Entre el deporte y el clima pueden llegar a ocupar más de un tercio del tiempo del telediario. Si estamos en invierno la noticia es que hace frío y si estamos en verano que hace calor. Al calor del verano se le llama ya siempre “ola de calor” y lo mismo al frío invernal. No importa que en España, por ejemplo, haga ahora mucho menos frío del que hacía hace años, en cuanto nieva un poquito, lo llaman “ola de frío” y hacen de ello una noticia. Siempre es el día más frío o el más caluroso de las últimas décadas.
Bienvenido Mr. Adelson
Perdón por el título de este post, por lo obvio y lo fácil, perdón. Pero me está ocurriendo una cosa muy curiosa en estos días y es que cada vez que veo a Esperanza Aguirre sonrío. Que yo sonría viendo a la presidenta de mi comunidad era hasta ahora algo impensable…hasta que llegó Mr. Adelson (cuya cara de por sí es para sonreír) y a la presidenta se le puso cara de Pepe Isbert, y no me digan que no es gracioso. Al principio daba un poco de vergüenza todo el asunto, pero en cuanto se desinhibe una y, sobre todo, en cuanto se recuerda a Manolo Morán y a Pepe Isbert en ‘Bienvenido Mr. Marshall’, se acabaron las penas. Porque sí, somos pobres, pero a reírnos de nosotros mismos no nos gana nadie. Al principio dolía un poco darse cuanta de que aquella España que refleja el film de Berlanga, aquella España pobre, cutre, inculta y humillada, era algo que habíamos superado. Pero enseguida aparece la sonrisa y se van las penas. Esa España ha vuelto y se acabó el alicatado hasta el techo, el AVE a mil por hora, los auditorios de Moneo en un pueblo de 500 habitantes o los aeropuertos para que paseen los viandantes.¡Ala, Adelson nos ha devuelto a la realidad!
Entrada completa: El Plural
Las cumbres sobre cambio climático pasan cada vez más inadvertidas ante la urgencia de lo inmediato y, en este momento, lo inmediato es la crisis económica que está asolando a los países ricos. Sin embargo, nada debería ser más urgente que la justicia ambiental, porque sin ella no hay futuro y porque sólo con el cambio a un nuevo modelo productivo, reproductivo y de consumo será posible el cambio que es necesario para asegurar el futuro del planeta y de la especie humana. Estamos haciendo lo contrario. El desastre climático que padecemos y que padeceremos más en el futuro, el agotamiento de los recursos naturales, la mercantilización de lo que debería ser de todos, será causa de injusticias aun más sangrantes que las que ya sufrimos; esas que, por afectar todavía a los más pobres del planeta, creemos que no nos llegarán a nosotros.
Los recortes matan de verdad
Decimos que los recortes matan, pero normalmente no nos damos cuenta de hasta qué punto es cierta esa frase. Los recortes en sanidad que ha adoptado el PP matan de verdad a personas que están aquí, entre nosotros; dichos recortes son, para algunas personas, una condena de muerte lenta. Los recortes que dejan sin acceso a la sanidad a las personas que están en situación irregular son, además, recortes que no tienen otro objetivo que el de distraer la atención con argumentos demagógicos, populistas y xenófobos; son completamente inútiles y no sólo no ahorran nada, sino que resultarán en más gasto en poco tiempo.
