En los últimos días se han publicado varios artículos que tratan de explicar el auge de la extrema derecha en Europa. Después de las primeras elecciones en Holanda y Reino Unido, es posible que el crecimiento augurado no sea tan grande como se esperaba y que, afortunadamente, la gente no caiga en sus trampas con tanta facilidad como parecía; aun así es evidente que están ahí, que son muchos y que crecen. Esta semana, el primero en escribir sobre esta cuestión ha sido Ignacio Ramonet, que publicaba en Le Monde Diplomatique un artículo titulado “¿Por qué sube la extrema derecha en Europa?”. En este artículo Ramonet desgrana algunas de las razones de esta subida, razones que son bien conocidas para cualquier comentarista político. No se puede pasar por alto que una gran parte de este voto es un voto de clase trabajadora y que proviene de la izquierda, de una izquierda que ha abandonado a sus votantes. Y mientras la izquierda se iba, los partidos de extrema derecha, como bien señalan también todos los analistas, han ido ocultando convenientemente sus aspectos más brutales y más racistas, se han esforzado en presentar su cara más asumible, de manera que mucha gente puede ignorar o no sentirse concernida por aquellas cuestiones más incómodas.
Categoría: Artículos
Lo que oculta el chiste de la Yihad
Yo no sé si las redes están infestadas de yihadistas, yo no he conocido a ninguno. Tampoco sé si los yihadistas en cuestión tienen tales poderes mágicos que son capaces mediante un tuit de introducirse en la mente de dos militantes del PP de León hasta conseguir que maten a una alto cargo del mismo partido. A estas alturas tengo miedo de todo, incluso de llegar a creerme yo misma una peligrosa miembra de la Yihad. Nunca se sabe lo que pueden hacer con tu mente esos peligrosos terroristas.
Nos ha pasado a todas, nos pasa todo el tiempo y, algunas veces, todas hemos deseado que no nos pasara más. Hay veces en las que nos gustaría no llevar puestas esas gafas violeta que nos obligan a verlo todo bajo la luz del feminismo. Esas gafas nos hacen más conscientes, más sabias, nos permiten ver una parte de la vida y del mundo por lo general invisible para muchas personas, pero al mismo tiempo nos obligan a ver incluso cuando querríamos descansar, descansar de ver, descansar de saber. Ser permanentemente consciente es agotador, y en política es aún peor, porque si hay un ámbito en el que parece imprescindible introducir el feminismo, este es, claro, el de la política.
Hace un par de semanas un maltratador habitual degolló a sus dos hijos, uno de los cuales murió. Aún recordamos el caso Bretón y otros casos en los que los niños han sido víctimas de la violencia desatada por un maltratador machista. No estoy totalmente de acuerdo con Miguel Lorente (aunque sí con su argumento fundamental) cuando al defender la vigente ley contra la Violencia de Género asegura que ésta contiene ya suficientes medidas para proteger a los menores y los define como víctimas colaterales de la violencia machista. Es verdad que los maltratadores atacan a los menores para hacer daño a la madre, pero también es verdad que, a diferencia de otros adultos que sí pueden ser víctimas colaterales, los niños y niñas que viven en familias en las que existe un maltratador son siempre víctimas de ese maltrato; es decir, no hay manera de que no lo sean, incluso aunque el maltratador no les toque un pelo; aunque no les quiera usar para hacer daño a la madre. Eso introduce una diferencia muy importante respecto a otras posibles víctimas.
El País del 1 de mayo publicaba un artículo sobre los vientres de alquiler que es un claro ejemplo de periodismo tendencioso, de mal periodismo, y que más bien parece un publirreportaje financiado por cualquiera de los muchos negocios que van naciendo cerca de este nuevo nicho de mercado. En primer lugar, el artículo incumple una norma básica del periodismo al abordar una cuestión muy controvertida en la que numerosas voces, muchas, muy diferentes y muy cualificadas se manifiestan completamente en contra de la legalización de esta práctica…y no se da entrada a ninguna de ellas. No se menciona ni una sola de las objeciones que desde el punto de vista de la justicia, de la ética, de la política, de la igualdad etc. se manifiestan contrarias a que se abra otro mercado en el que se mercantilice (aun más) el cuerpo humano, en este caso de las mujeres, así como sus capacidades reproductivas.
Operación Araña y libertad de expresión
21 personas han sido detenidas la semana pasada acusadas de «enaltecimiento del terrorismo» por haber escrito algunos tuits bastante infames acerca de víctimas del terrorismo de ETA como Miguel Ángel Blanco e Irene Villa. En mi opinión, escribir tuits infames y ruines no debe ser delito. Burlarse de Miguel Angel Blanco o de Irene Villa es repugnante y deberíamos, como sociedad, ser capaces de establecer un cordón sanitario en torno a las personas que son capaces de escribir cosas semejantes. Sin embargo, la reacción de mucha gente, de mi gente (y ya escribí sobre ello en este mismo medio) sigue siendo comparar los tuits infames de unos y los de otros y pedir que se detenga por igual. Siempre he tenido la impresión de que en este país no se entiende la libertad de expresión, que es siempre la libertad de los otros y, casi siempre, para decir barbaridades; hasta ahora nadie propone (o casi nadie) detener a los que expresan opiniones razonables.
Ricos, porque ellos lo valen
El otro día me pasaron este vídeo que me pareció interesante y que puede hacernos reflexionar algunas cosas; y eso a pesar de las limitaciones que tiene un experimento de este tipo…
El rey y…¿qué república?
Cada año que pasa salen más manifestantes a la calle el 14 de abril; cada año hay más artículos sobre la República alrededor de ese día, el tema aparece más y más en las tertulias y las redes eran tricolores este año más que nunca. Es evidente que las cosas se mueven en ese sentido y yo me he ido moviendo también. Hasta hace relativamente poco tiempo la reivindicación de la República no era importante para mí. Como para mucha gente la II República es un importante referente afectivo y ético, un momento fundacional que siempre se añora. Sin embargo creo que cuando hablamos de la II República estamos añorando más el triunfo de las clases populares en las elecciones y el cambio que eso pudo suponer (el cambio que se intentó), la pérdida de la Guerra Civil y la victoria del fascismo, que una determinada forma de estado. A veces parece que olvidamos que el capitalismo, que el neoliberalismo más feroz, es (también) republicano. Reivindicar la república sin más, sin explicitar qué tipo de república queremos no tiene mucho sentido. Es más, si llegara el momento en que la monarquía fuese insostenible, el mismo régimen prepararía la transición mediante un referéndum bien controlado que abriera un proceso tan bien controlado como ésta falsa democracia en la que apenas podemos decidir nada de lo importante.
El gobierno odia a las ONG
Al Gobierno no le gustan las ONG y las ha convertido en otro de sus objetivos a batir. Eso es lo que trasluce en el borrador de la nueva Ley de Subvenciones que prepara. En lo que se conoce del borrador, ya sabemos que, si la ley entra en vigor, las ONG tendrán que cofinanciar obligatoriamente sus proyectos con entidades privadas, así como adelantar el dinero de las subvenciones, lo que muy pocas están en disposición de hacer si no es… exacto, pidiendo créditos, esa zanahoria perversa del capitalismo.
Mujeres y violencia
Al leer este título, la mayoría de la gente habrá pensado en la violencia que sufren las mujeres, que es mucha. Sin embargo, yo quiero referirme a la violencia que éstas ejercen o, más bien, a la que podrían ejercer en su propia defensa, una violencia casi inexistente, tanto la organizada, en grupos, como la ejercida de manera individual. La pregunta que siempre me hago es: ¿Por qué las mujeres no ejercen casi nunca violencia contra un sistema patriarcal que es tan violento contra ellas?
