El rey y…¿qué república?

Cada año que pasa salen más manifestantes a la calle el 14 de abril; cada año hay más artículos sobre la República alrededor de ese día, el tema aparece más y más en las tertulias y las redes eran tricolores este año más que nunca.  Es evidente que las cosas se mueven en ese sentido y yo me he ido moviendo también. Hasta hace relativamente poco tiempo la reivindicación de la República no era importante para mí. Como para mucha gente la II República es un importante referente afectivo y ético, un momento fundacional que siempre se añora. Sin embargo creo que cuando hablamos de la II República estamos añorando más el triunfo de las clases populares en las elecciones y el cambio que eso pudo suponer (el cambio que se intentó), la pérdida de la Guerra Civil y la victoria del fascismo,  que una determinada forma de estado.  A veces parece que olvidamos que el capitalismo, que el neoliberalismo más feroz, es (también) republicano. Reivindicar la república sin más, sin explicitar qué tipo de república queremos no tiene mucho sentido. Es más, si  llegara el momento en que la monarquía fuese insostenible, el mismo régimen prepararía la transición mediante un referéndum bien controlado que abriera un proceso tan bien controlado como ésta falsa democracia en la que apenas podemos decidir nada de lo importante.

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¡Viva la República!

Las palabras del portavoz adjunto del PP en el Congreso, Rafael Hernando, equiparando la República y la dictadura pueden deberse a varias cosas. Una, que el hombre sea un ignorante palmario. Dos, que el hombre sea un fascista él mismo y tres que se trate de una estrategia calculada. Yo creo que habrá un poco de todo. Casi todos los líderes del Partido Popular son un ejemplo de ignorancia y de mediocridad intelectual; además, el partido es sentimentalmente franquista, en absoluto demócrata. Pero por último, estoy convencida de que el Partido Popular tiene interés político en “desdramatizar” el franquismo como parte de su estrategia política y social amoral. Acabar con cualquier planteamiento ético es parte de su ideología. Al neoliberalismo, profundamente inmoral, le interesa, naturalmente, que la gente deje de pensar en términos de ética social, política o simplemente personal.  Para el PP nada es intrínsecamente bueno o malo: malo es aquello contrario a sus intereses y bueno todo aquello que los favorece. Y  les importa que la sociedad piense y actúe en estos términos. No olvidemos que siempre han sido enemigos de cualquier asignatura que trate de enseñar a los alumnos ciudadanía o ética y que siempre han querido sustituirlas por cualquier cosa que hable de ganar dinero. Leer más “¡Viva la República!”