¿Que Tomás Gómez iba mal en las encuestas? Pues qué novedad, Pedro Sánchez no es que vaya muy bien. Hace tres días el PSOE aparecía hundido en el peor resultado de su historia. ¿Que dicen que iban a salir unas corruptelas a cuenta de un tranvía? Pues, seguramente, en este país no hay obra pública en la que no se meta la mano, pero, vamos a ser serios… ¿Me estáis diciendo de verdad que han cesado a un dirigente político porque una obra pública tiene un sobrecoste por el que él no está imputado (y no está claro que lo llegue a estar)? Basta con mirar alrededor para darse cuenta que la corrupción, aquí, no es motivo para cesar a nadie hasta que la cosa ya está en los tribunales. Seguramente si Tomás Gomez estuviera impoluto hubiera resultado más difícil hacer colar esta operación, pero esta destitución no es sólo por el tranvía.
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Pacto entre estadistas
Ya puede ahora Pedro Sánchez pedir el fin de la troika (llega tarde) o la toma de la Bastilla porque es inútil. El pacto antiterrorista que ha firmado con el PP sólo sirve para situar ideológicamente al PSOE. Sirve para delimitar su espacio. Voy a salirme de las consideraciones que se están haciendo en estos días sobre si el PSOE apoya o no la cadena perpetua porque creo que ya está todo dicho sobre el asunto. Resumiendo: si no la apoya, desde luego no la combate. Y aunque la cadena perpetua «revisable» es anticonstitucional e inhumana, recordemos que nuestras penas máximas se parecen mucho a una cadena perpetua. Me temo que esa línea roja la traspasamos hace tiempo gracias a la utilización que en este país se viene haciendo del terrorismo como arma electoral.
Reconozco que duele. La decepción duele, la frustración duele, la desilusión, el hartazgo. Y duele la desesperanza y el cansancio; y duele volver a animarse y esforzarse por seguir considerando que el domingo hemos ganado una batalla muy importante en Grecia, que nosotras también hemos ganado. Duele que un gobierno como el griego, recién nombrado y preparado para un combate titánico contra la Troika y en definitiva contra el neoliberalismo; nombrado en realidad para cambiar las cosas en profundidad, para cambiar Europa, se presente sin una sola mujer ministra.
Querida Carolina Bescansa: Yo protesto
He escuchado el otro día tu declaración de que hay un Podemos para protestar y otro para gobernar y, aunque seguro que no era tu intención, he percibido cierto tonillo de suficiencia respecto a las personas que protestan. Las protestas están bien, dijiste, pero nosotros… (¿quiénes?, ¿los que no protestan? ¿los que protestan menos?) nosotros estamos aquí para ganar.
25 de enero, democracia…o no
Tiene razón el eurodiputado de Podemos, Pablo Echenique, cuando dice que las primeras elecciones de España se celebran a finales de enero en Grecia. En realidad, a finales de enero se celebran en Grecia unas elecciones que van a determinar no sólo el futuro de los griegos, sino el futuro de Europa entera y, sobre todo, de la democracia. Lo que está en juego no es sólo si los griegos van a vivir mejor o van a seguir hundidos en la pobreza; lo que está en juego no es si eligen a un partido o a otro. Lo que está en juego es si en el futuro podremos seguir hablando de democracia o no.
No habéis matado a Charlie Hebdo
Los fanatismos, cualquier fanatismo, aguanta mucho mejor un sesudo ensayo que un chiste. Eso es porque el fanatismo, el integrismo, no se mide en las mismas coordenadas que la razón. Una reflexión inteligente, seria, profunda, puede ser muy importante y necesaria, pero también puede ocurrir que confrontada al fanatismo, a este le resbale. Los fanáticos son inmunes a la inteligencia sin aditamentos, pero no tanto a la inteligencia con humor. El fanatismo, el integrismo religioso, son trágicos porque nunca son pacíficos, porque cuestan vidas y porque, en todo caso, acarrean mucho dolor. Pero si pudiéramos por un momento hacer abstracción de sus consecuencias terribles, veríamos que sus planteamientos son risibles, ridículos, que lo sorprendente es que nadie medianamente normal se los tome en serio. Eso es lo que hace el humor, despojar a cualquier ideología, a cualquier planteamiento, o a cualquier creencia de todos sus aditamentos sagrados, serios, o siquiera importantes, y así mostrarlos en su, a veces ridícula, desnudez. Por eso el fanatismo se revuelve ante el humor que lo deja inerme y que lo muestra ante el mundo tal como es, y que lo hace, además, en un idioma fácil de entender. No todo el mundo entiende un tratado laicista, pero todo el mundo puede reírse con La vida de Brian.
Feliz año de cambio
La semana pasada volvía a Madrid en avión y, por la razón que fuera, tuvimos que dar unas vueltas antes de tomar tierra. Mirando por la ventanilla, a esa altura en la que se ven los huesos y las venas de las ciudades, e incluso se distinguen los coches, lo que se distinguía muy claramente era una línea de cemento que como un río tranquilo se delineaba al lado de las autopistas atestadas. Una línea larga, ancha y completamente vacía que discurría en muchos tramos paralela a la otra vía llena de coches. Y al final de ambas esperaba el atasco de entrada a Madrid en hora punta. Era evidente que nadie iba a pagar por llegar un poco antes al atasco de entrada, era evidente que las radiales de pago iban a ser un fracaso, era evidente que se hicieron no por necesidad, sino por la razón por la que en España se vienen haciendo las obras públicas desde hace mucho, por dinero: dinero que se va distribuyendo por medio de comisiones entre muchos actores opacos, dinero de sobreprecios, dinero del rescate con intereses que se pacta desde el comienzo de la obra. El final es ya conocido: la obra es un inmenso fiasco, pero no importa porque los que hacen negocio se han enriquecido un poco más y porque al final el fiasco lo pagamos nosotros y nosotras.
Hay frases que se repiten como un mantra para resultar consoladoras. Y hay frases también que son eslóganes políticos que, de tanto repetirlas y aunque no se convierten en verdad, acabamos por creerlas y construimos la realidad a partir de esa creencia. Una de estas “frase-consuelo o frase eslogan es esta, que repiten muchos políticos del PP y del PSOE: “Tenemos la mejor sanidad del mundo”. Eso pudo acercarse en algún momento a ser una realidad, pero hace mucho que ha dejado de ser cierto. El PSOE lo sigue repitiendo para tratar de ocultar que fue el partido que comenzó a privatizar servicios y que aprobó las leyes que abrieron las puertas a la privatización. También porque entre sus planes no está el de revertir las privatizaciones.
Ahora o nunca
Estoy de vacaciones y llevo unos días sin ver los informativos ni leer la prensa. Pero no me puedo desligar de la realidad del país, es imposible. Estoy viajando por diversas ciudades y allí donde me detengo y quedo con amigas el eterno tema de conversación no es otro que el descenso radical en la calidad de vida de las personas. En todas partes me cuentan que no hay guarderías infantiles, que la sanidad se ha deteriorado hasta límites insoportables, que los colegios públicos no disponen de nada, que los niños y niñas pasan frío o calor, que están hacinados; desaparecen los lugares comunitarios donde se reunían las asociaciones , apenas hay actividades culturales… Todo está así. Y no estoy refiriéndome ahora a situaciones dramáticas de desempleo o incluso de hambre. La gente está harta y desesperada.
¿Quién teme a estos nazis?
Basta que 20 personas pretendan concentrarse para pedir una medicina para la hepatitis C, por ejemplo, o que 250 ancianos se manifiesten para pedir que les devuelvan sus ahorros para que la calle sea tomada por cientos de policías. Basta con que cuatro personas convoquen por las redes una manifestación o concentración pacífica para que toda la calle aparezca llena de “lecheras” intimidantes. Cada vez que yo acudo, ejerciendo un derecho fundamental, a una concentración o manifestación pacífica, me siento intimidada por la policía, que nos acosa, no nos deja movernos y nos rodea. Desde hace años, cada vez que voy a una manifestación siento miedo de la policía.
