La semana pasada volvía a Madrid en avión y, por la razón que fuera, tuvimos que dar unas vueltas antes de tomar tierra. Mirando por la ventanilla, a esa altura en la que se ven los huesos y las venas de las ciudades, e incluso se distinguen los coches, lo que se distinguía muy claramente era una línea de cemento que como un río tranquilo se delineaba al lado de las autopistas atestadas. Una línea larga, ancha y completamente vacía que discurría en muchos tramos paralela a la otra vía llena de coches. Y al final de ambas esperaba el atasco de entrada a Madrid en hora punta. Era evidente que nadie iba a pagar por llegar un poco antes al atasco de entrada, era evidente que las radiales de pago iban a ser un fracaso, era evidente que se hicieron no por necesidad, sino por la razón por la que en España se vienen haciendo las obras públicas desde hace mucho, por dinero: dinero que se va distribuyendo por medio de comisiones entre muchos actores opacos, dinero de sobreprecios, dinero del rescate con intereses que se pacta desde el comienzo de la obra. El final es ya conocido: la obra es un inmenso fiasco, pero no importa porque los que hacen negocio se han enriquecido un poco más y porque al final el fiasco lo pagamos nosotros y nosotras.
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Hay frases que se repiten como un mantra para resultar consoladoras. Y hay frases también que son eslóganes políticos que, de tanto repetirlas y aunque no se convierten en verdad, acabamos por creerlas y construimos la realidad a partir de esa creencia. Una de estas “frase-consuelo o frase eslogan es esta, que repiten muchos políticos del PP y del PSOE: “Tenemos la mejor sanidad del mundo”. Eso pudo acercarse en algún momento a ser una realidad, pero hace mucho que ha dejado de ser cierto. El PSOE lo sigue repitiendo para tratar de ocultar que fue el partido que comenzó a privatizar servicios y que aprobó las leyes que abrieron las puertas a la privatización. También porque entre sus planes no está el de revertir las privatizaciones.
Ahora o nunca
Estoy de vacaciones y llevo unos días sin ver los informativos ni leer la prensa. Pero no me puedo desligar de la realidad del país, es imposible. Estoy viajando por diversas ciudades y allí donde me detengo y quedo con amigas el eterno tema de conversación no es otro que el descenso radical en la calidad de vida de las personas. En todas partes me cuentan que no hay guarderías infantiles, que la sanidad se ha deteriorado hasta límites insoportables, que los colegios públicos no disponen de nada, que los niños y niñas pasan frío o calor, que están hacinados; desaparecen los lugares comunitarios donde se reunían las asociaciones , apenas hay actividades culturales… Todo está así. Y no estoy refiriéndome ahora a situaciones dramáticas de desempleo o incluso de hambre. La gente está harta y desesperada.
¿Quién teme a estos nazis?
Basta que 20 personas pretendan concentrarse para pedir una medicina para la hepatitis C, por ejemplo, o que 250 ancianos se manifiesten para pedir que les devuelvan sus ahorros para que la calle sea tomada por cientos de policías. Basta con que cuatro personas convoquen por las redes una manifestación o concentración pacífica para que toda la calle aparezca llena de “lecheras” intimidantes. Cada vez que yo acudo, ejerciendo un derecho fundamental, a una concentración o manifestación pacífica, me siento intimidada por la policía, que nos acosa, no nos deja movernos y nos rodea. Desde hace años, cada vez que voy a una manifestación siento miedo de la policía.
No nos engañemos, nos gobierna Nicolás
Debo ser de las pocas personas que cree que algo hay de verdad en lo que dice Nicolás. Su historia es delirante sí, pero es que así de delirante es la política que hace el partido Popular. Nicolás exagera, claro; o quizá se le ha ido la cabeza: demasiado joven para tanta influencia. Por supuesto que se da a sí mismo mucho más importancia de la que realmente tiene o tenía pero lo cierto es que las reuniones, los conocidos, los contactos, la posibilidad de hacer negocio, todo eso es verdad.
Lo que no mata engorda
Hay corrupciones grandes, tramas de miles de millones; hay corrupciones famosas, hay corrupciones medianas y corrupciones pequeñas. Hay corrupciones llamativas y corruptelas que pasan sin pena ni gloria por los medios de comunicación porque ese día ha aparecido una corrupción grande que implica a un miembro de la familia real o a un ministro. Hay corrupciones que además de por dinero, que siempre es un elemento imprescindible, se dan también por clasismo. Porque la corrupción española se sustenta sobre esos dos pilares: afán de lucro personal y profundo desprecio por lo público, que aquí se identifica como cosa de pobres. Y ya sabemos lo que la derecha piensa de los pobres, que se jodan.
Pederastia y poder
No nos cuenten cuentos. Váyanse
Ahora salen Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy pidiendo excusas y diciéndose muy avergonzados. Ahora los partidos entran en pánico y se disputan las declaraciones públicas más taxativas y la manera más rápida de dar de baja a sus militantes sospechosos. Todas esas cautelas que guardaban hace dos días, que si la imputación es una garantía para el imputado, que si tiene que haber comenzado el juicio oral, que si tiene que haber condena, que si ésta tiene que ser firme… Todo eso ha desaparecido tragado por el miedo a que la marea suba tanto que termine por ahogarles a ellos.
Entre risas y aplausos
Al PP le hace falta un director de escena. Si yo fuera Soraya, que es la que lo hace todo, contrataba a un director que pusiera firmes a los diputados/as y que les enseñara a mantener un rictus de grave preocupación por la situación de tanta gente que sufre. Ahora mismo están asilvestrados y en cuanto se relajan un poco se les escapa un “que se jodan los parados” o una carcajada ante un niño hambriento. No queda bien, hasta ellos deben saberlo. Lo que pasa es que no tienen disciplina ni saben nada del método Stanislavski.
Ganar es fundamental: Sumando Podemos
Este pasado fin de semana he asistido a la Asamblea de Podemos como militante que soy desde el principio de esta formación. En su momento, además, decidí apoyar con mi firma el documento organizativo que presentaba Pablo Echenique. De entre los dos documentos con posibilidades de salir elegidos, el de Echenique, Sumando Podemos, y el de Iglesias, Claro que Podemos aposté por Sumando Podemos, porque coincido con él en los aspectos clave, pero eso no quiere decir que el de Iglesias no contenga, en mi opinión, algunos aspectos importantes con los que estoy de acuerdo. Digamos que en las cuestiones que considero más importantes coincido más con Sumando Podemos que con el documento de Iglesias, aunque hay cosas que también me gustan de este último.
