Acaba de salir a la calle el libro sobre la prostitución en el que he estado trabajando los últimos cuatro años. Comencé a leer sobre la misma después de participar o de asistir a varios debates que me dejaron muy impactada debido a la violencia verbal, a la agresividad, y al dogmatismo que claramente se imponían sobre cualquier intento de debatir de verdad. Una agresividad que finalmente se terminaba siempre por imponer a las participantes de uno y otro bando por más que, algunas de ellas, quisieran mantener un tono de reflexión y auténtico intercambio de ideas. En seguida resultaba evidente que si alguien quería mantener un cierto tono de mesura y buscaba confrontar de verdad sus argumentos resultaba engullida por el tono general de un debate que, tal como está planteado, excluye cualquier matiz. Sobre la prostitución en España sólo se puede estar furiosa y dogmáticamente en uno de los dos únicos bandos en los que se ha dividido la cuestión. Y estar en uno de esos bandos implica, demasiado a menudo, descalificar a las otras, verlas como enemigas del feminismo, aguantar también de su parte insultos y descalificaciones personales, etc. Cualquiera que haya asistido o participado en uno de esos debates sabe perfectamente de qué hablo. Y sin embargo, cualquiera que lleve en esto del feminismo muchos años sabe también que hay feministas en ambos lados, entre las pro y anti prostitución; o abolicionistas y regulacionistas.
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