Leyendo en los últimos días los medios de comunicación, tanto de derechas como de izquierdas (con alguna excepción aquí) se podía llegar a la siguiente conclusión: está la economía y está la ideología; está el buen gobierno y está la ideología; está la solución de los problemas y la ideología (Ahora sólo nos falta que nos digan que está la justicia y la ideología). El mismo Rubalcaba ha hecho unas declaraciones en las que dice: “la derecha nos está metiendo ideología por un tubo”. Pues eso yo lo encuentro esperable incluso, nos están metiendo ideología de derechas porque para eso se han presentado a las elecciones. Parece que con “lo ideológico” se hace referencia únicamente a las medidas que el PP anuncia en el ámbito de lo que Foucault llamó la biopolítica, el ámbito de la vida. Algunos medios progresistas han explicado, incluso editorializado, que como los dos grandes partidos hacen la misma política económica (la buena) sólo les queda la posibilidad de diferenciarse en ese ámbito ideológico de la igualdad de género y la sexualidad. Zapatero avanzó en ese camino y ahora Rajoy hace exactamente lo contrario, desandar lo andado.
Autor: Beatriz Gimeno
Nací en Madrid y dedico lo más importante de mi tiempo al activismo feminista y social. Del 2015 al 2020 fui diputada en la Asamblea de Madrid y después Directora del Instituto de la Mujer. Sigo prefiriendo Facebook a cualquier otra red. Será la edad. Tuve la inmensa suerte de ser la presidenta de la FELGTB en el periodo en que se aprobó el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género. He dado lo mejor de mí al activismo, pero el activismo me lo ha devuelto con creces.
Estudié algo muy práctico, filología bíblica, así que me mido bien con la Iglesia Católica en su propio terreno, cosa que me ocurre muy a menudo porque soy atea y milito en la causa del laicismo.
El tiempo que no milito en nada lo dedico a escribir. He publicado libros de relatos, novelas, ensayos y poemarios. He escrito en varios medios, hoy escribo en Infolibre. Además colaboro en la revista feminista www.pikaramagazine.com, así como en otros medios. Doy algunas clases de género, conferencias por aquí y por allá, cursos…Escribo libros y sueño con un mundo sin machismo y sin desigualdad social. Mi lema vital es uno de Samuel Beckett: “Lo intentaste. Fracasaste. No importa. Inténtalo de nuevo. Fracasa otra vez. Fracasa mejor” Hago lo que puedo y, total, para morir un día.
A Chacón la perdió su discurso.
De Chacón enseguida supimos que tenía un marido y varios asesores peligrosos; todo su entorno salió a colación detalladamente. Ella siempre fue ella y los hombres que la enseñan, dirigen y protegen. No se contempló la posibilidad de que fuera ella la que dirigiera a esos hombres, la que dirigiera su propia campaña, la que ejerciera su autoridad sobre ellos. La candidata era ella, pero ella, en el momento en que intentó ser número uno, pasó a ser considerada un peón en la ambición de su marido y en las tácticas de los asesores. Aun así, paradójicamente, ella no dejó de ser considerada ambiciosa, muy ambiciosa, lo que también es malo.
Marea Violeta
Desde el comienzo de la llamada crisis, esa que es más bien un desfalco financiero muy bien planificado, los poderes económicos han aprovechado para lanzar una ofensiva contra los derechos económicos, laborales y sociales que se consiguieron después de décadas de lucha y sacrificio, sacrificio de vidas incluidas, por parte de los y las trabajadoras. Pero ahora, aprovechando que estamos en estado shock y parece que todo es aceptable con tal de no perder el trabajo, las fuerzas conservadoras están también aprovechando para hacer retroceder en décadas la igualdad y los derechos de las mujeres. Esta era una causa a la que le tenían muchas ganas y contra la que llevan años armándose ideológicamente. Todo el antifeminismo larvado (de derechas y de izquierda) quiere ganar ahora que el río está revuelto.
El debate sobre la prostitución
Acaba de salir a la calle el libro sobre la prostitución en el que he estado trabajando los últimos cuatro años. Comencé a leer sobre la misma después de participar o de asistir a varios debates que me dejaron muy impactada debido a la violencia verbal, a la agresividad, y al dogmatismo que claramente se imponían sobre cualquier intento de debatir de verdad. Una agresividad que finalmente se terminaba siempre por imponer a las participantes de uno y otro bando por más que, algunas de ellas, quisieran mantener un tono de reflexión y auténtico intercambio de ideas. En seguida resultaba evidente que si alguien quería mantener un cierto tono de mesura y buscaba confrontar de verdad sus argumentos resultaba engullida por el tono general de un debate que, tal como está planteado, excluye cualquier matiz. Sobre la prostitución en España sólo se puede estar furiosa y dogmáticamente en uno de los dos únicos bandos en los que se ha dividido la cuestión. Y estar en uno de esos bandos implica, demasiado a menudo, descalificar a las otras, verlas como enemigas del feminismo, aguantar también de su parte insultos y descalificaciones personales, etc. Cualquiera que haya asistido o participado en uno de esos debates sabe perfectamente de qué hablo. Y sin embargo, cualquiera que lleve en esto del feminismo muchos años sabe también que hay feministas en ambos lados, entre las pro y anti prostitución; o abolicionistas y regulacionistas.
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Simplezas para recordar
Las personas de izquierdas nos empeñamos en argumentar mucho lo que pensamos; tenemos la infantil manía de creer que si demostramos que tenemos razón, que los argumentos que damos son ciertos, si presentamos datos incontestables, convenceremos a quienes nos escuchen. Esto no es exactamente así porque, entre otras cosas, la política, al menos la actual, no es un debate. Se puede debatir entre sectores del mismo espectro ideológico; se pude debatir cuando se tiene algo en común, cuando se comparte cierto imaginario ideológico, pero cuando no se comparte ni el vocabulario, ni el imaginario cultural, ni se maneja el mismo significado para los conceptos, ni se tiene una idea siquiera parecida del mundo…entonces no hay debate posible. Entre la izquierda y la derecha no puede haber debate: hay una guerra cultural y cuanto antes lo comprendamos mejor. Luchamos por imponer, democráticamente, visiones antitéticas del mundo.
Semana horribilis
De naufragio en naufragio
Ante lo que es un evidente y brutal retroceso civilizatorio la sensación que tengo es la de que estamos inermes, cansados, desanimados, vacíos. Seguro que existe una explicación sociológica al hecho de que la gente pareciera ser capaz de enfrentarse más al último PSOE que a este PP. Podemos aventurar razones y seguro que todas influyen en este desánimo, pero me parece a mí que es más difícil protestar contra quienes hacen lo que todo el mundo sabe que van a hacer; contra los que se comportan o gobiernan como se espera de ellos. Está, además, el cansancio, la sensación de inutilidad y está, creo que es importante, la pérdida completa de referentes ideológicos. La mayoría de la gente sabe si es de izquierdas o de derechas, pero mucha de ella lo sabe de una manera intuitiva. Cada vez más me encuentro a gente que dice que es de izquierdas pero que tiene discursos claramente neoliberales o de derecha moderada. Basan su adscripción ideológica en cuestiones tangenciales como ser creyentes o no, llevar vidas “de orden” o más desordenadas, ser de orientación sexual no mayoritaria etc.
Comentario sobre la lactancia materna.
Nuria Navarro ha enviado este comentario a mi post sobre la lactancia. Me parece que resume perfectamente la situación, que es conciso y muy clarificador, así que lo resalto aquí:
Crisis económica y crisis ecológica
En comparación con Kyoto, Durban ha pasado sin pena ni gloria por los medios de comunicación, agobiados como estamos por la crisis. La crisis ha borrado cualquier atisbo del discurso ecologista que se estaba incorporando, muy lentamente, al discurso político general. La crisis se ha llevado por delante no sólo derechos y bienestar, sino que, de nuevo, ha hecho aparecer los discursos economicistas, productivistas, desarrollistas, como los únicos posibles. La derecha y la izquierda, PP, PSOE, IU y nacionalistas, economistas de derechas o izquierdas tienen como palabra fetiche “crecimiento”. Se discute cómo crecer, pero no cómo hacer para detener el crecimiento hasta hacerlo sostenible y desde ahí cómo organizar otra manera de vivir. Parece que sin crecimiento no hay salida ni salvación posible. Sin embargo, el “crecimiento” no es la salvación, sino la destrucción. Parece fácil de entender, no se puede crecer indefinidamente sobre algo que es limitado, y ya estamos a punto de alcanzar el punto de no retorno. Esta obviedad, que entendería hasta un niño, ha desaparecido sin embargo, del discurso político general y no parece que esté entrando en el imaginario político cultural; no al ritmo necesario.
Desconcierto ideológico
Nos hemos pasado años diciendo que bajar los impuestos no es de izquierdas y que había que subirlos. Lo que la socialdemocracia ha venido haciendo en los últimos años ha sido bajar los impuestos en general, pero especialmente a los ricos y a las empresas, de manera que estos pagan mucho menos que hace 30 años. Pero no sólo ha hecho esto, sino que ha mantenido un discurso en contra de los impuestos, así en general, que era y es propio de la derecha. Ese discurso ha calado de manera que ahora se ha extendido la entre los votantes de todos los partidos la idea de que respecto a los impuestos lo bueno es bajarlos y lo malo es subirlos. Este es el discurso que hay que cambiar si la izquierda quiere volver a serlo.
