La prostitución: ¿Abolir o regular? Un giro en el debate


España, Madrid – Hace un año que publiqué mi libro sobre la prostitución. Como he explicado en varias ocasiones, lo publiqué preocupada por lo que yo entendía necesidad de algún tipo de pacto de mínimos entre las llamadas abolicionistas y regulacionistas en aquellos asuntos en los que ambos sectores del feminismo pudieran tener en común: lucha contra la trata, o reconocimiento de derechos humanos a las mujeres que se dedican a la prostitución.

Pensaba que  la incomprensión entre las dos partes se debía a un debate mal planteado en el que siempre terminaban imponiéndose soluciones antifeministas.

Me preocupaba mucho también que por lo que yo considero argumentos erróneos del discurso abolicionista, éste no llegue a la gente con toda su potencia emancipadora, especialmente a las feministas radicales más jóvenes. Desde mi punto de vista, hay críticas fundadas que hacerle: sobre todo que al menos en su parte institucional no parece haber recogido nada de las aportaciones que a la teoría feminista ha hecho la teoría queer. Yo misma no me reconozco como una abolicionista clásica y tampoco me identifico con lo que suele presentarse como el discurso abolicionista tradicional. Así que cuando comencé a escribir el libro esperaba ser capaz de aportar una nueva manera de debatir la cuestión, que entre todas las feministas fuéramos capaces de abordar la enorme complejidad del asunto y que fuéramos capaces también de hablar de cuestiones que a veces permanecen ocultas, que fuéramos capaces de hablar de sexualidad, de poder, de desigualdad, de libertad, de dolor humano, de pobreza o de injusticia; que pudiéramos matizar algunas opiniones o de asumir que según cambia la sociedad los debates que se dan en su seno tienen que cambiar también.

Esperaba que el debate posterior a la publicación de  mi libro me ayudase a definir mejor mi propia posición puesto que yo  misma estaba llena de dudas.

Durante los cuatro años que duró el  estudio previo a la redacción del libro leí casi todo lo escrito sobre  prostitución y después de la publicación, en este año, he dado charlas,  conferencias, cursos; he escrito artículos, he participado en debates  con todo tipo de personas relacionadas con la prostitución de una manera  u otra.

Finalmente es verdad que el debate  suscitado por la publicación del libro me ha ayudado a matizar algunas  posiciones y a fijar otras, pero lo ha hecho al contrario de lo que  esperaba y, en contra de lo que escribí antes de estudiar a fondo la  cuestión, ahora pienso que el debate entre las posiciones  regulacionistas y abolicionistas sí es irreductible y me temo que lo va a  seguir siendo. No es posible acercar posiciones, ni debatir, ni  encontrar ningún terreno común porque no lo hay, pero es el sector  regulacionista  -en contra de lo que pensaba- el que se ha mostrado más  impermeable a entablar un debate sosegado y abierto a la posibilidad de  escuchar los argumentos contrarios y a reflexionar sobre ellos sin  prejuicios. Yo estoy más que dispuesta a cuestionar los míos siempre que  la discusión se produzca entre personas con las que comparto algún  planteamiento de partida o llegada.

Asumiendo de principio que estoy  generalizando y que he encontrado, por supuesto, regulacionistas  abiertas a un debate franco y abolicionistas maniqueas y rígidas, tengo  que decir que desde el lado abolicionista han surgido voces que han  discutido muchas de mis afirmaciones con dureza, pero que las han  debatido abierta y francamente; desde este lado siempre me he encontrado  con personas dispuestas a debatir todo lo relacionado con la  prostitución como parte de un proceso que no está cerrado y cuya  complejidad admiten. En cambio, por el lado regulacionista me he  encontrado con que el argumento fuerte es un discurso insultante contra  toda la que mantenga posturas contrarias. No hay matices, ni sombras, ni  duda de ningún tipo. No hay artículo o libro regulacionista que no  comience con una descalificación completa de un discurso adscrito al  abolicionismo y que ya no es mayoritario pero que intentan a toda costa  hacer pasar por tal; quizá este haya sido su mayor éxito.

Gracias a la publicación de mi libro he  tenido ocasión de conocer a muchas personas, hombres y mujeres, que  desde lo que se conoce como abolicionismo, trabajan y militan en  asociaciones que a su vez trabajan directamente con prostitutas. Lo  cierto es que el discurso y las opiniones de la inmensa mayoría de estos  grupos y de las personas que trabajan en ellos no es en absoluto  moralista, no juzgan a las prostitutas, no intentan apartarlas de la  prostitución, no creen que ésta deba prohibirse ni perseguirse y se  oponen a cualquier ordenanza, ley o reglamento que intente  criminalizarlas, como las cada vez más frecuentes ordenanzas  antiprostitución que emanan de muchos ayuntamientos. La mayoría ni  siquiera están de acuerdo tampoco en que se multe al cliente porque  piensan que eso va a redundar en una mayor vulnerabilidad de las  prostitutas. Estos grupos trabajan activamente porque estas mujeres vean  reconocidos sus derechos, uno de los cuales es prostituirse si esa es,  por las razones que sean, su elección; aunque sí, se oponen a la  regulación con argumentos razonables que todas las feministas deberíamos  ser capaces de discutir. Estos grupos o personas, además, se esfuerzan  en visibilizar, denunciar y combatir la trata. Estas personas, estas  asociaciones conocen de cerca la trata de mujeres, las condiciones en  las que estas mujeres son traídas a España o a Europa, las violaciones  de sus más básicos derechos humanos que sufren cada día, y se enfrentan a  la policía que las persigue, a los políticos que no hacen nada, a los  proxenetas, delincuentes, violadores y torturadores de estas mujeres,  sabiendo que aquí, de lo que se trata es de una cuestión de desigualdad  estructural de género, de pobreza femenina, de injusticia económica  global. Defienden a estas mujeres y sus derechos, y están convencidos de  que regular una institución destinada a reasegurar el patriarcado no  haría sino legitimar éste y, además, no redundaría en ningún beneficio  para las propias mujeres.

La imagen del abolicionismo como un sector del  feminismo moralmente conservador, que pretende criminalizar a las  prostitutas, que no habla con ellas ni las respeta, es una imagen  interesadamente sesgada y que no es cierta. Es cierto que existe  este abolicionismo que no ha cambiado su discurso en décadas y hace un  flaco favor a su causa cuando se empeña en seguir centrando el debate en  la cuestión del consentimiento, si es o no un trabajo o si la  prostitución  es siempre violencia. Esas no son las cuestiones  fundamentales, a mi entender. Pero lo cierto es que ni las asociaciones  que trabajan con prostitutas, ni muchas investigadoras o teóricas,  siguen ya por ese camino. Cualquier crítica a la prostitución tiene que  trascender los motivos personales de estas mujeres para centrarse en la  institución prostitucional, pasa por historizarla y por señalar qué  papel juega hoy en el patriarcado y el capitalismo contemporáneo, a qué  intereses sirve.

Cualquiera que haya hablado con prostitutas sabe que  la prostitución puede ser elegida entre otras opciones; que dicha  elección no siempre es producto de la violencia ni se mantiene con  violencia, y que algunas personas que se dedican a dicha actividad la  consideran su trabajo. Estas mujeres merecen respeto y el pleno disfrute  de sus derechos. Y dicho esto, ahora debemos pensar en la prostitución  como institución política. Para ello hay que politizar la sexualidad, la  construcción del deseo, la subjetividad sexual, las prácticas sexuales  hegemónicas, la sexualidad binaria y jerarquizada, la construcción  ideológica de lo que se conoce como necesidades sexuales masculinas… ;  vamos a debatir acerca de su función como institución encargada de  disciplinar el deseo y los cuerpos masculinos, vamos a estudiar las  consecuencias que tiene en la idea de la igualdad, vamos a problematizar  incluso la definición de “libertad” que estamos usando  (porque estamos  usando una definición completamente liberal de la misma); vamos a  discutir qué función juega la institución prostitucional en el  mantenimiento del orden de género; qué papel juega en la ideología  patriarcal. Vamos a historizar la prostitución y así  sabremos que en  contra de lo que se suele decir, la prostitución ha estado regulada casi siempre; que los sectores más conservadores no sólo no la han criticado, sino  que la han apoyado, mantenido y promocionado; que la prostitución es una  institución fuertemente cohesionadora del orden social establecido y  como tal ha sido siempre utilizada por el poder, que jamás ha sido una  institución cuestionadora de este orden, como pretenden hacernos creer.  Sabiendo esto vamos a debatir las consecuencias para las mujeres (para  las prostitutas y para las no prostitutas) de la regulación, vamos a  estudiar las consecuencias que ha tenido históricamente estas  regulaciones, vamos a estudiar sin prejuicios las diferentes  regulaciones que ya existen y también vamos a plantear alternativas a la  legitimación de una institución creada por el patriarcado para  contribuir a la dominación de las mujeres. Y vamos a debatir también  cómo mejorar las vidas de estas mujeres, cómo defender sus derechos,  como luchar contra el estigma.

La prostitución es una institución fundamental en el  orden de género y, como tal, afecta a todas las mujeres por lo que como  feministas es una cuestión que nos importa y nos tiene que importar.  Pero el debate, sea cual sea, tiene que hacerse con ellas, por supuesto,  con las mujeres que se dedican o que se han dedicado a esta actividad. El regulacionismo nos acusa de no escuchar a las prostitutas, lo cual  tampoco es verdad, como he tenido ocasión de comprobar en este año.  Aunque es cierto que cada sector del debate tiende a ignorar las voces  de aquellas prostitutas que no les dan la razón, lo cierto es que es una  gran parte del sector abolicionista ha ido variando y matizando su  postura inicial desde la defensa de la criminalización de la actividad  hasta las posturas actuales de no intervención legal en la propia  transacción económica (aunque sí en la cultura de la prostitución); este  cambio de postura se ha producido debido en gran medida al trabajo con  prostitutas que no quieren abandonar su actividad. El regulacionismo no  quiere escuchar a ninguna prostituta que no diga lo que quieren escuchar  y desprecia así muchas experiencias de sufrimiento. ¿Pueden hablar las  sometidas?; preguntan, ¿las subalternas? Pues al parecer sólo si éstas  dicen lo que las regulacionistas quieren oír porque si son mujeres que  manifiestan haber sido raptadas, violadas, torturadas, golpeadas y  obligadas a prostituirse contra su voluntad, entonces el regulacionismo  suele manifestar cierto desdén hacia estos testimonios; hace lo posible  por minimizarlos. Cuando las abolicionistas abandonaron la cuestión del  consentimiento y comenzaron a centrarse en la trata, entonces el  regulacionismo comenzó a denominar a los nuevos argumentos “el enfoque  trafiquista” y se embarcó en un proceso en el que es bastante  perceptible la banalización y minusvaloración de aquella. Fue muy  importante para mí conocer a activistas prostitutas fuertemente  contrarias a cualquier regulación con argumentos ofrecidos desde su  experiencia y que tampoco escucha el regulacionismo.  Así que  finalmente. ¿Hay que dar la voz a las prostitutas? Obviamente sí, pero a todas.

Deberíamos debatir también sobre el papel que juega la mega industria de la prostitución en el capitalismo global; sobre qué significa que la mercantilización de todo haya llegado plenamente al cuerpo: no sólo sexo, sino también semen, sangre, órganos, úteros… ¿Podemos hablar sobre eso o todo en esta mercantilización es, sin más discusión, un magnífico avance de la libertad y de los derechos humanos? ¿Hay que aceptar que todo es susceptible de ser convertido en mercancía sin poner ningún límite? ¿Por qué es un avance que el cuerpo sea mercancía? Se nos dice, al más puro estilo liberal, que las mujeres deben poder beneficiarse de la consideración de sus cuerpos como un bien en el mercado de trabajo. No sólo estamos de acuerdo en que es algo que las mujeres pueden vender, sino que el problema es que, muy a menudo, es lo único que pueden vender y, a menudo también, lo que se ven obligadas a vender. No entiendo cómo puede cuestionar el orden social lo que ha sido creado por este mismo orden para asegurarse y afirmarse y no veo que sea progresista defender como un derecho lo que, en realidad, es una obligación patriarcal ya que ha sido el patriarcado el que ha condenado históricamente a las mujeres a no disponer más que de su propio cuerpo para venderlo en el mercado de trabajo o bien para enajenarlo en el matrimonio, únicas manera de supervivencia para las mujeres hasta prácticamente el XIX.

En las últimas décadas la prostitución ha cambiado de comercio particular a industria global. Mi convicción es que hoy es una institución muy distinta a la que era hace 50, 100 o 500 años porque es una institución con un gran poder de adaptación. Creo que hoy se configura como un ámbito de resistencia patriarcal a los avances del feminismo. La prostitución es necesaria cuando hoy el feminismo está cercando ciertos aspectos, al menos los más evidentes, de la masculinidad tradicional y patriarcal, y a ésta sólo le queda este espacio como refugio en el que poder desarrollar su irrenunciable performance de las relaciones de género jerarquizadas; en el que poder reforzar una masculinidad que ya no es fácil encarnar en otros ámbitos sociales, familiares o políticos. Por eso, para el patriarcado, la prostitución es hoy más necesaria que nunca y por eso no es posible pensar/hablar/debatir sobre ella sin plantearse a quién sirve, para qué es funcional, para qué se creó, quién está interesado en mantenerla, que desafía realmente y qué mantiene, cómo se construye, etc. Y esto no desdice ni contradice el derecho de cada una a hacer lo que quiera, a intentar huir de la pobreza como pueda, a ganarse la vida como quiera o pueda. La crítica a las instituciones sociales o políticas no es incompatible con respetar la libertad personal; el trabajo para el cambio social no pasa por reprimir, ni vulnerabilizar a personas vulnerables. De todo eso es de lo que yo quería hablar. Y eso es lo que quería hacer con mi libro y lo que he podido hacer sólo en parte.

Publicado en: Feminicidio.net

55 comentarios

  1. No he leído tu libro. Comprendo que quieras acercar posiciones entre las feministas. Sí hay un punto en común entre ambas posiciones (y sus vertientes) y no es la mujer. Ni sólo su cuerpo. Te comparto mi perspectiva para el debate: para comprender el fenómeno de la prostitución hay que caracterizar los actores que intervienen en el fenómeno que son: las mujeres convertidas en prostitutas, los hombres convertidos en compradores, la mujer o el grupo de mujeres que no aceptan ser compradas por este tipo de hombres (qué hacen ellas que ellos no aceptan y se miran obligados a buscar por otro lado), el intercambio de “servicios” no sólo el sexual, sino además el espacio, el tiempo, el rol (que ellos asumen y que ellas asumen), el contexto, la empresa (individual u organizada) y la solución al fenómeno. Son 7 actores. Las relaciones que se establecen entre estos actores ofrecen distintas informaciones sobre la prostitución. Mi pregunta es ¿qué intercambian?
    He entrevistado a mujeres dedicadas a la prostitución (en Centroamérica) y ninguna eligió ese camino por decisión propia, sino “empujada por las circunstancias”. Esas circunstancias no eran sólo las relacionadas a la pobreza, ni a la falta de oportunidades, que sí, pero además se sumaban otros fenómenos que me llamaron la atención y aislé dos: 1. la “aspiración a una vida mejor” marcada por el afán de consumo. Un hombre empujó a su mujer a la prostitución para comprarse un coche de lujo y una madre vendió a su hija para comprarse una televisión de plasma. Esos dos casos ninguno era “pobre”. De esos casos extraje al actor “intercambio”. Y 2. “La marca cultural”. Una mujer etiquetada por su familia y su barrio por haber sido violada no tuvo más remedio que continuar por el camino “de lo sucio”. De este caso extraje al actor “contexto cultural: impronta familia”. (De un caso de trata de personas, con una niña violada en un prostíbulo por un sacerdote evangélico extraje el actor: espacio).
    Que te vaya bien en la charla. Y cuenta después.

  2. Me ha encantado la exposicion de Milred Largaespada. Aunque no somos desconocedores del tema. Pero está bien refrescarlo. Una realidad delante del retablo social, y seguro que tiene mas perfiles que contarnos, que denunciar, a juzgar por la redacción y su conocimiento en pocas lineas en este comentario. Sin duda no es excluyente de lo que B.Gimeno trabaja. Sin embargo, los movimiento feministas en este aspecto, aquí en la España del PP,del PSOE, no son luciernagas de continuo debate que brillen por las calles, por las plazas, por los ateneos, por los grupos del 15 M, por las Agrupaciones locales politicas ni sindicales, por ejemplo, desde lo que yo conozco y vivo, pues el tema de la PROSTITUCIÓn, como lo vemos por nuestras calles de Madrid, con la que está cayendo, es algo que no ocupa mucho, ni tiempo ni atención. Beatriz habla del mundo de la mujeres feministas. Yo tampoco he leido el libro ¡Beatriz disculpame! pero a buen seguro que el feminismo no lo componen solo las mujeres, sino nosotros los hombres, con quien debeis contar, pues muchos no están en lo que M.Largaespada denomina ” compradores”. El feminismo es tan válido para las mujeres como los hombres, como el machismo es un concepto que muchas mujeres son fervientes defensoras del macho ( aunque el concepto lo tengan desintegrado en sus meninges, o no) El problema es, la bestial agresión que existe desde algunos lados ideologicos, donde la ortodoxia no tanto social, sino mas religiosa, han hecho del ser humano, en los respetos al ser humano, una bestia, la agresividad personificada en cuanto al respeto de vida. así mismo los gobiernos, nacen de estos mismos manantiales. La cultura es la mórula del devenir, pero si ese mórula tiene una sola infecion de ADN integrista, moralista, apologético en cuanto a las castas humanas….Ni feminismo, ni INTEGRACION a una prostitucion como “profesión” . Y voy hacer otro apunte para Milred Largaespada. Me horroriza, y hablo como hombre, y como persona laica, que ahí en centroamerica, la religion, (que no la espiritulidad de cada uno, que debe ser respetada) se tome como pócima para los problemas de los pueblos centro americanos. Sigan bebiendo religión, y a buen seguro, tanta droga no le dejará ver la cultura y por ende, una sumision que lleva a todo lo que nos relatas Milred.

    1. De acuerdo con todo Luis María.

  3. Tema complejo este sin duda, desde la historia mas reciente de nuestro pais, no me remonto ya a la era “antes de Franco” el raciocinio esgrimido ha sido de lo más cutre y manido (que si es una labor social, que si es necesario) puesto que el “uso y disfrute” de las llamadas señoritacompañia era utilizado por los machitos para “desperta” a sus vástagos a la sexualidad y los usuarios mas promiscuos eran los “niños bien” de la sociedad española y por supuesto la iglesia. La opinión de la mujer en este tema no ha contado nunca y aunque no he leido tu libro me parece del todo interesante e importante agitar las conciencias de unas y otras para opinar y posicionarse sobre el tema pero tambien estoy de acuerdo con Mildred en que hay mas vertientes y mas actores en esta historia.
    Prometo leer tu libro!

  4. -Es cierto que existe este abolicionismo que no ha cambiado su discurso en décadas y hace un flaco favor a su causa cuando se empeña en seguir centrando el debate en la cuestión del consentimiento, si es o no un trabajo o si la prostitución es siempre violencia.-

    -Cuando las abolicionistas abandonaron la cuestión del consentimiento y comenzaron a centrarse en la trata-

    Estoy en contra de lo que dices, el consentimiento fue un avance feminista (y siempre fue unido al de la trata) y de las posturas menos moralistas y propias de un feminismo radical que va a la raíz del problema y que ve a las putas como mujeres y seres humanos igual que ellas, no como “otras“ que aguantan lo que ellas no aguantarían. No veo diferente lo que se considera abuso sexual con lo que se vive en la prostitución, ni veo sexo consentido en la mayor parte de los casos, al menos. Creo que entra dentro del mismo termino, así mismo pienso que debes pensar y reflexionar acerca de lo que tu entiendes por violencia, porque aguantar que te follen 8 desconocidos al día es ultra violento (eso sí es acoso y no los piropos callejeros, que lógicamente también son criticables). Cuando escuchas a prostitutas (generalmente no asociadas) descubres y te reafirmas en esta postura, es más hay testimonios de prostitutas que se reconocen como mujeres violadas sistémicas y entraron por necesidad, no por trata. Para mí esto no es una ideología sino una realidad, por tanto no puede pasar de moda ni intento que cale en las nuevas cátedras de feministas o dejar de pensarlo sólo para que a ellas no les encaje.

    Asimismo, yo debo mencionar que vi la rabia de una feminista pro-legalización que colabora con una asociación de este tipo cuando hablaba la madre de Marita Veron, insinúo incluso que era mentira lo que contaba y que como era posible que no llevara una foto de su hija. Otra de las cosas que me han sorprendido es leer a Raquel Osborne que ser un niño es una contracción cultural y que la prostitución de menores esta prohibida por miedo a la autonomía juvenil, esto es lo que tiene la mentirijillas esa de que prostiuirse es para las mujeres (puede que para un pequeño porcentaje no para la mayoría) es como otro trabajo precario, cuando sabemos que en la mayor parte de los casos cuando se tiene otra opción no se suele eligir prostituirse, así que no nos montemos películas.

    Con respecto a multar al cliente sólo estoy deacuerdo si se ofrecen ayudas a las mujeres para dejarlo, y se destina todo ese dinero a eso, además de ir acompañado de educación a la sociedad en todos los niveles. Evidentemente también prohibir el proxenetismo.

    Evidentemen las teorías más alucinadas vienen de la teoría queer, que no es que esten a favor de legalizarla sino que lo en como una forma de liberación de la mujer.

    1. Yo no digo que el tema del consentimiento no sea importante. En realidad es fundamental pero para distinguirlo de la trata. Es decir, el consentimiento puede darse o no darse, si hacemos como que nunca se da, entonces no podremos luchar eficazmente contra la trata. En todo caso, como dice Nancy Fraser, las teorías del consentimiento parece que las aplicamos sólo a la prostitución y en el resto del universo laboral o social “hacemos” como que el consentimiento existe. Partimos de la base de que en el capitalismo todo consentimiento está viciado porque nunca puede consentirse libremente si partimos de una situación de desigualdad y de pobreza, pero no cuestionamos constantemente el consentimiento de un trabajador para aceptar trabajar 12 horas por 600 euros al mes, por ejemplo. Al contrario, luchamos por mejorar sus condiciones de trabajo. Como esto cada día es más obvio (porque cada vez son más evidentes las condiciones de explotación en todos los ámbistos) el consentimiento en la prostitución es similar al que pueda darse en cualquier otro trabajo sujeto a explotación.
      Prostituirse es una opción mala, muy mala, pero posible entre otras muy malas o peores. Que no se suele elegir prostituirse no es cierto. Hay millones de mujeres dedicadas a eso. Quizá sea una de las últimas opciones pero cuando no queda mucho más o lo que queda es tan malo sí, hay mujeres que lo “eligen”. Como digo siempre de una manera constreñida, pero eso le pasa a cualquier consentimiento cuando las condicioens son muy malas.
      Centrarnos en eso, sólo da argumentos a las prolegalización porque hay que acabar con la prostitución no porque todas estén esclavizadas, que lo están en una gran parte sino porque la institución en sí simplemente hace imposible conseguir la igualdad, es un espacio para reconstruir permanentemente la desigualdad entre hombres y mujeres. Para enseñar a los hombres a ejercer la masculinidad ejemónica, para poner a las mujeres en su lugar, para dejarles sólo ese lugar.
      En realidad, no es aceptar el consentimiento, es que va más allá. Es decir que el consentimiento me da igual porque como la institución va contra la igualdad entre hombres y mujeres el consentimiento no se tiene en cuenta porque el bien común y el valor superior de la igualdad está por encima. Eso sí pasa con otros muchos “consentimientos” individuales. Es poner lo social por encima de lo individual y sacarlo del consentimiento liberal que es donde las regulacionistas lo han metido y donde nos hemos líado al entrar a discutirlo. Hay que sacarlo de ahí.
      El proxenetismo hay que prohibirlo y las multas, efectivamente, no son nada efectivas. La único efectivo es la educación en igualdad, humanizadora.

  5. Voy argumentarte eso que dices porque me parece interesante, ahora te aclaro que para mi el contrato libre no existe, tampoco respecto a lo laboral pero hay niveles, si mezclamos todo no ha diferencia entre el acoso sexual en el trabajo y ser de depedienta de Pinki, seria lo mismo que una madre le dijera a su hija adolescente “oye si quieres pagarte los caprichos trabaja cuidando niños” a “si quieres pagarte los caprichos prostituyete”. No, es horrible, lleva la prostitución a lo cotidiano.

    Si estiramos tanto el chicle vamos a lo absurdo, no es lo mismo ser puta que ser trabajadora asalariada en condiciones “normales“ (aunque el trabajo asalariado sea causante de la prostitución, es más nunca teóricos anarquistas y comunistas importantes lo analizaron así).Tampoco hace menos efectivo reconocer esto la lucha contra la trata, las personas abolicionistas si ya les parece un abuso la prostitución por necesidad la trata nos lo parece mucho más, desde luego somos las que más hablamos contra la trata. Fíjate en la madre de Marita Veron, ella es abolicionistas, y la mayoría de las prostitutas victimas de trata son abolicionistas, Somali Man y tantas otras, nunca veras una victima de trata en una organización pro legalización, ¿por qué?

    El que no es consentido es algo para mí bastante innegable, por lo menos en la mayoría de los casos, es un abuso a quién esta en una situación más vulnerable, generalmente mucho más joven, etc.

    La mayoría de las mujeres si tienen otra elección no eligen la prostitucion la mayor parte de las veces, creo que de esto puedo recoger datos si me das tiempo y argumentarlo con bastante solvencia (creo que es peligroso ese argumento y contribuye a crear un mito falso del “dinero fácil“), de hecho que sea una elección como un trabajo más no se corresponde con la realidad o con lo mayoritario. ¿Además te has preguntado o les has preguntado cuando es así por qué lo eligen? Porque no es “aquí gano más” suele haber cosas más profundas detrás de esas opciones.
    La mayoría de las putas son personas con más dificultades para trabajar y personas en situación de exclusión social, las jóvenes, casi todas (reconocido por Hetaira, pero para ellas esto es diferente a la trata) son traídas por redes y tienen que pagar un deuda, y si encima tienen que manda dinero a su familia sólo les queda prostituirse.

    Las multas no son efectivas (tampoco son tan pocas, los proxenetas las aborrecen) sino van unidas a la educación y dar ayudas y papeles a las mujeres en esa situación, si no es así es prohibicionismo y no abolicionismo. Pero buena esta parte sí creo que es la más abierta al debate y revisable.

    1. Y precisamente porque no es lo mismo ser acosada en el trabajo que dependienta en Pinky es por lo que no es lo mismo ser prostituta por elección y autónoma (con todos los constreñimientos económicos y sociales) que ser violada, golpeada, encerrada y obligada a prostituirse. Si lo mezclamos todo, es cuando no podremos luchar contra la esclavitud. Si es lo mismo ser esclavo que asalariado mal pagado, no podremos luchar contra la esclavitud, lo que no quiere decir que no luchemos contra los salarios bajos.

  6. Vamos de la misma forma que no veo que pinta el trabajo consentimiento en la esclavitud infantil, o que pinta en la venta de órganos, ni reconocerlo sea más efectivo para “luchas contras los traficantes de órganos”. Y siento si alguien le molesta la comparación.
    ……. no sé como se sostiene que en la prostitución no hay abuso sexual remunerado pero los piropos son “acoso callejero”, que un jefe le toque al culo a una empleada “acoso sexual”, ¿entonces en la prostitución ya no? …no comprendo la diferencia que haceís….no es insolidaridad en realidad? y las que se sienten así que les decimos que no lo son en realidad? …..

  7. — consentimiento en la prostitución es similar al que pueda darse en cualquier otro trabajo sujeto a explotación.–
    (Claro, por eso no deja de ser explotación laboral, aunque sea “·consentido”igual que la prostitucion consentida no deja de ser explotación sexual)

    Ahora si pretendes decir que ser puta es lo mismo que ser…..limpiadora, pos nó.. No de coña, a no ser que sea trabajos muy precarios. Lo siento por no caer en lo políticamente izquierda gafa pasta súper guay, todo es iguaaaaá. No, a mi no me parece lo mismo que una madre decida montar un burdel y prostituir a sus hijas, que decida montar una ferretería y colocar dentro a sus hijas. No es lo mismo porque a una madre que prostituye a su hija de 16 años la llamaría delincuente y si una madre recomienda a su hija trabajar de niñera co 16 años si no quiere estudiar me parece de lo más normal.
    No, no es lo mismo ser una mileurista que estar en la calle a que te follen 8 desconocidos, ni de su experiencia he sacado que sean lo mismo, y hablando con ellas y su concepción de la sociedad se vea que sea lo mismo.

    Es más, propongo un estudio social mediante una encuesta a los trabajadores a ver que estos opinan, vamos a preguntar a las limpiadoras, mineros y demás si piensan que sea lo mismo que su hija trabaje de lo que ellos o que sea puta, si piensan que son cosas equiparables, por ejemplo, que un hombre le pague a una adolescente de 16 años por follar que que le pague porque le haga las uñas (í, también se las hacen)o le fregué la casa. Vamó a vé un pquito de realidad socialllll,

    1. No, es que no creo que me entiendas. Yo no creo que sea lo mismo ser puta que limpiadora, eso puede que lo piensen las regulacionistas, y yo estoy en contra de cualquier regulación. En realidad, con mis respetos, tus opiniones me parecen una muestra de lo dificil que es introducir matices en este debate y lo complicado que resulta escuchar, o leer. Tu repites tus argumentos sin leer los míos. Yo no digo nada de lo que dices que digo. Yo soy abolicionista, simplemente argumento desde otra posición porque desde tu posición el debate se está perdiendo. No es lo mismo ser puta que limpiadora pero entre estar en una maquila, por ejemplo, 12 horas diarias ganando 4 dólares al día, y ser puta en una esquina de Madrid ganando 2000 euros, es posible que muchas lo prefieran. Es decir, prefieran pasar por eso y ahorrar para pagarle a su hija, por ejemplo, la universidad. Eso es posible. Ahora, lo que yo digo es que ni siquiera en ese caso debe regularse. Debe escucharse a esa persona, debe garantizársele todos sus derechos, debe apoyársela en lo que necesite y respetar su decisión, pero desde una concepción de la libertad no liberal debe entenderse que ella está en ese lugar porque el patriarcado sólo abre determinados lugares a las mujeres y que la existencia de esos espacios es un freno muy importante para la igualdad y por eso hay que combatir para cerrarlos o cambiarlos.

  8. No, sí te entiendo Beatriz pero hay una diferencia fundamental entre tú planteamiento y en mío, y una forma patriarcal tuya de ver las relaciones sexuales (y quizás un poco fruto de tener tan normalizado algo que nos acompañas desde hace milenios como la prostitución)

    Para mí y creo que es algo objetivo, la prostitucion es en esencia acoso sexual remunerado y violencia, el hecho de poder manosear o tener acceso sexual a alguien que no lo quiere por dinero no es voluntario, ni las chicas lo viven así. Es más claro que no todas las situaciones son lo mismo, y hay matices y grises pero no dejar de ser así en general, más o menos leve, mas o menos sórdida, etc. Tampoco es lo mismo una “autónoma” (el 80% de las prostitutas ejercen con intermediarios), que una victima de trata, del mismo modo que no es lo mismo una chica callejera de 18 años por 20 e, que una de prostitucion media que se mete con 35, y no dejan todas al mismo tiempo de recibir violencia sexual remunerada a distintos niveles, y no deja de ser esa la esencia de la actividad. Profundiza un poco.
    Hace tiempo PaulaVip contaba en su Blogger sobre una prostituta que cuando se la follaba se acordaba de sus hijos y lloraba, mientras disimulaba el lloro con gemidos, yo siento que tu hay vea sexo consensito, porque yo lo que veo es abuso sexual y relaciones desiguales. No comprendo porque y tengo que decirle a las mujeres que cuentan que se siente invadidas, que sienten asco, que se siente violadas, que han perdido la apatía en el sexo…que lo suyo son “relaciones consentidas” y que si no piensan así perjudican a la lucha contra la trata.

    Si vosotras con 50 años o más os alteráis por un piropo de un desconocido, una chica de 21 que lleva aguanto lo mismo y peor de varios desconocidos por dinero ¿qué concepción tendrá de si misma, de los hombres y de las relaciones humanas, que secuelas? Por favor, más solidaridad.

    Luego no mencionar el razonamiento sobre el trabajo y la prostitución que me hace porque ya te lo comente más arriba, y porque todos sabemos que esta actividad suele ser la última opción, y que no es libre.

    No sé, es que yo nunca he tenido problemas con mis argumentos y cuando no estoy malhumorada como hoy suelo hacer pensar y convencer a la mayor parte de gente, sin ningún problema-y puedo darte testimonios de chicas si lo deseas-, peor es y cala menos negar la legalización de la actividad SÓLO con argumentos sobre la igualdad, olvidando un millón de temas que tocar. Que el discurso abolicionista no encaje en círculos queer no es mi problema (que es por lo que tú crees que pierde, como si fuese una batalla), ni siquiera me interesa, lo queer es para los niñxs pijos de universidad.

  9. Y espero que la cosa no sea estar trabajando todo el día por una minseria, esclavitud, o estar en calle tirada, lo mismo, ni que una cosa justifique la otra. Porque esos ejemplos extremos que me pones me parecen aborrecibles y no voluntario, espero que sepas que la callejers .Es más es bastante triste que alguien tenga esas opciones en la vida…no sé tampoco me convence eso de dejarla sin legislación. Supongo que sabes que la prostitución de calle es lo mas sordido y que ellas mismas prefieren trabajar dentro de los club, que no estan ahì autogestionandose como se piedan algunas. Porque entoces vamos mal.

  10. es que me parece fenomenal que quieras abolir la explotación sexual, pero que no defiendas la lucha por los derechos de personas que deciden libremente dedicarse al trabajo sexual, es un tema que jamás se entenderá desde ese sector de “feministas radicales más jóvenes”.

    1. No te creas, muchas lo entienden. En el curso que acabo de dar, muchas entraron siendo partidarias de esa libertad y salieron siendo partidarias de esa libertad -yo también lo soy- pero matizando mucho las cosas. Entre otras que la libertad no es absoluta, que entender la libertad como individual y no conectada al bien común no es más que un concepto liberal de libertad que mucha gente no comparte. Es curioso que sean los empresarios los partidarios de mantener a toda costa las libertades puramente individuales, en la prostitución y en cualquier otro trabajo.

      1. Era para feminista insisiva, no veo pq te cabreas, no estamos deacuerdo y punto, no es lo mismo lo q comparas

  11. No tengas tanta paciencia que no merece. Mira, yo ya no la tengo contigo. El contexto es el patriarcado capitalista, ninguna opción que tomen las mujeres, o muy pocas, es completamente libre en ese contexto social/histórico y mucho menos si la opción es una creada, mantenida, reforzada, promocionada por el mismo patriarcado para que se construya como una opción posible para las mujeres pobres de manera que las que no quieran dedicarse a la prostitución si son pobres, por ejemplo, en indonesia no puedan ejercer su libertad de no dedicarse a ello. La libertad que no existe en la prostitución es la de no serlo, en determinados contextos. En otros hay más opciones y se elige, sí, pero en ese caso esa opción nos perjudica a todas porque refuerza la construcción sexual patriarcal, la masculinidad hegemoníca etc. Se acabó, discuto, pero no con prepotentes con mucha paciencia.

  12. La libertad, la libertad derecho de la humanidad, y es más fácil encontrar.... |Responder

    Ni en Indonesia ni en ninguna parte, en todos los países desarrollados se prostituyen inmigrante, es algo temporal para ellas y cuento pueden lo dejan. Este colectivo lleva tiempo trabajando con las chicas:

    -En los 80 encontrábamos en la prostitución de calle a mujeres españolas o portuguesas, con bajo nivel educativo y económico, procedentes de familias desestructuradas , viviendo situaciones de marginalidad social o exclusión, en muchos casos drogodependientes. A partir de los 90, ya apartadas a clubes de carretera o pisos, nos encontramos con un 90-95 % de mujeres inmigrantes, procedentes de países en vías de desarrollo, con hijos y otros familiares a cargo en origen, frecuentemente en situación irregular, sin conocimiento de los recursos ni de la cultura del país de acogida, en ocasiones con formación y capacitación profesional, pero no homologada en España. Ahora la prostitución se presenta como una estrategia migratoria, como la única vía para salir de su país en busca del sueño de occidente, eso sí, a cambio de una importante suma de dinero, pues es bien sabido que a las mafias la crisis nunca les afecta.Son estas mujeres quienes hablan de CRISIS, con mayúsculas, cuando viven las consecuencias del ejercicio de la prostitución -algunos lo llamarían efectos colaterales-: deterioro de su salud física y emocional, transtornos del sueño y en la alimentación, aislamiento social, estigmatización, ansiedad, problemas ginecológicos, riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados…-

    -Beatriz
    febrero 15th, 2012 a las 11:12
    Agradezco tu intervención, que valoro muy positiva para aclarar cuestiones.Se ha hecho referencia al documento “Las trabajadoras del sexo como sujeto de derecho”de Hetaira, con el fin de proporcionar más información a las personas que quieran profundizar sobre el tema, de facilitar distintos puntos de vista sobre la prostitución, y sin la intención de categorizar pensamientos o corrientes ideológicas.
    A título personal, decir que estoy en el Centro Vagalume desde hace 7 años, durante los cuales he tenido la oportunidad de conocer a muchas mujeres que ejercen o han ejercido la protitución, y en sus historias de vida, relatan situaciones de desigualdad y de falta de oportunidades, motivo principal por el cual no estoy a favor de la “normalización” de la prostitución-

    “febrero 20th, 2012 a las 13:37
    es difícil en pocas palabras formular una opinión a un tema tan controvertido, con lo cual, lo único que si tengo claro es que a las mujeres que tuve el placer de conocer que se dedican o dedicaron a la prostitución, ni están llenas de dinero, ni les gusta (como muchos creen, tal vez para sentirse menos culpables), sufren muchísimo, son víctimas de abusos y maltratos como todos sabemos y no se lo desean a nadie. Obviamente es un gran “negocio” como muchos otros, con la diferencia y salvedad que lo que esta en juego es la dignidad de las personas, su salud tanto física como mental y con secuelas que deberán arrastrar de por vida…Normalizarla o no, quién ganaría con esa normalización…, se dejaría de explotar a las mujeres? se terminaría con el engaño con las cuales son traídas desde los países mas pobres o menos desarrollados? que estaríamos “normalizando”…. todo el negocio que envuelve la prostitución??? se igualarían las oportunidades para todas? se las protegería realmente? pues tal vez sea mi ignorancia al respecto, pero lo dudo….todo el texto y como mujer lo digo, me parece escrito con la seriedad y respeto que el tema amerita y rescato el relato de Renata…con eso no hay mucho mas que se pueda agregar ni decir, cuenta por si solo…y también como mujer lo digo, me llena de tristeza e impotencia…”

    Así que por favor, dejemos de hablar de elecciones, lo importante es escucharlas a ellas, ayudarlas en lo que se pueda y no hacerle campaña a quién quiere poner la prostitución como cualquier forma normal de ganarse la vida, porque no lo es. También nuestro respeto a las personas que son prostituidas, y sabemos de su sufrimiento, por esto mismo abogamos para que se les ponga a su alcance las posibilidades que le permitan salir de esa situación y vivir de acuerdo a su dignidad-.

  13. Lo más interesante y preocupante que yo veo, es lo que mencionas sobre la trata, hay gente que la niega totalmente (y según leo hablan de ella como mito)… y se banalizan los testimonios que hay al respecto, no sé si esto responderá a algún interés extraño o simple confusión, aunque me incluso por lo primero, no sé que pensarás pero me interesa=). Yo por mi parte, no sé que medida es la más apropiada para mejorar las condiciones de vida de las mujeres, creo que lo más efectivo por ahora es pedir la prohibición total del proxenetismo (cerrando todos los burdeles y locales, y no permitiendo licencias para estos negocios, asimismo creo que los anuncios de contacto también deben ser prohibidos) además de promover relaciones basadas en el consentimiento, el deseo mutuo y la igualdad de sexos. Si a todo eso le sumanos una lucha por la igualdad de salarios, renta social básica e igual acceso al trabajo para hombres, mujeres y transexuales …ceo que puede mejorar mucho la cosa, no sé que pensarás.

    Con respecto a las mujeres de zonas rurales y que sufren explotaciones laborales inimaginables en muchas zonas de Europa aún, hay un problema muy gordo, quiero decir, hay redes y captadores que van a esas zonas concretas y le ofrecen a esas mujeres venir a prostituirse a Europa por un tiempo y ganando mucho dinero, y algunas de ellas acceden… pero al llegar es todo mentira, se las ha engañado en las condiciones, además para colmo tienen que pagar además una deuda que incrementa con el tiempo, al final se ven aquí atascadas, sufriendo la violencia de esas mafias, desprecio social y con la familia lejos. Otras muchas veces se les ofrece un trabajo y al venir las obligan a prostituirse. No denunciar por miedo, porque se sienten culpables, algunos por no decir que venían a prostituirse.

    Bien, pues todo esto que te cuento es negado completamente por algunos investigadores, incluso se nos acusa de que somos unos victimistas…¿qué podemos hacer ante estas situaciones? ¿debemos considerar a esas personas feministas o luchadoras por el bienestar de las chicas?

    1. En el tiempo en el que he estado dando conferencias y cursos me he dado cuenta de que hay de las dos. Es decir, estoy convencida de que los empresarios del sexo están pagando campañas de legalización, lo cual es lo esperable en cualquier lobby. No sé quién sabe y quién no. Pero también sé que hay gente que niega la trata porque los lobbys regulacionistas están consiguiendo banalizar el problema. Pero yo insisto, la única manera de que la trata sea visible y se la pueda combatir es centrarse en ella, y dejar de hablar de consentimiento. Es decir, asumir que hay un porcentaje de personas que elige dedicarse a la prostitución. Me he dado cuenta de que si nos centramos en la trata las regulacionistas se quedan sin argumentos porque, en realidad, es cierto que están negando la trata.

  14. creo que son dañinas para el feminismo las posturas abolicionistas, llegan a ser tan “paternalistas” con las trabajadoras del sexo como los sectores más ultraconservadores de la sociedad.

    la libertad… claro. la libertad dentro de un contexto. yo no elijo mi precariedad laboral libremente. elijo ganarme la vida, y las opciones son las que son, mientras intentamos exigir derechos.

    no veo diferencia entre el trabajo sexual y el trabajo que te obliga a ir maquillada como una puerta y muy “femenina”, y parecer perfecta 10 horas al día por un salario-basura.

    es una discusión algo gastada ya. pero me pregunto si no es hora de avanzar, de replantearse las teorías.

    ¿cuantas abolicionistas se plantan en Hetaira y les dice a las prostitutas que no, que hay que acabar con su forma de ganarse la vida porque no es ¿digno? para la mujer…?

    ¿por qué las feministas de la vieja guardia no pueden llamar compañeras a las putas? ¿por qué estar en contra de una regulación que daría mejores condiciones y más derechos a mujeres como tú y como yo?

    1. no veo diferencia entre el trabajo sexual y el trabajo que te obliga a ir maquillada como una puerta y muy “femenina”, y parecer perfecta 10 horas al día por un salario-basura.
      ***
      Pues yo sí la veo, y me parece que son comparaciones absurdas que simplemente te leen en ciertos círculos intelectuales, de verdad, que podamos entender que ante una situación laboral de extrema explotación una mujer pueda optar por prostiuirse para dar una vida mejor a sus hijos (y no sé si lo conseguirá porque ellas no son ricas, ni ganan tanto) es una cosa, y otra muy distinta es hacer comparaciones absurdas como ser puta con ser limpiadora, ir ala oficina bien vestida y otras cosas, creo que esto es banalizar, relativizar demasiado, y que esta lejos de la realidad. En realidad me dala impreción de que son vosotros las que las ve´s como las otras, y que estís lejos de lo humano.

      1. para mí no es una comparación absurda. no hablo para “círculos intelectuales” como tú dices. me manifiesto con las putas de hetaira porque quieren dignidad en su TRABAJO. es trabajo si ellas lo consideran así. Estoy cansada de moralinas y de feminismos arcaicos.

        yo este debate lo quiero tener con trabajadoras sexuales. no con teóricas del feminismo.

  15. Beatriz, las mujeres lo eligen por necesidad, por tanto no hay consentimiento (¿has leído la información que hay más arriba, son personas que trabajan con ellas), es un abuso del que tiene sobre la que no puede negarse, algunas ni siquiera pueden negociar el ponerse condón, no sé en que se diferencia de la mujer que aguanta el acoso sexual de su jefe por dinero, ¿te has puesto en su lugar alguna vez? . Claro que hay quién tiene más capacidad de decisión, pues entonces ellos pagan otra más necesitada que tenga menos margen, y hay podemos hablar perfectamente de violación. No creo que el tema del consentimiento sea un impedimento para hablar del trata, ni que negarlo mejore la lucha contra la trata, ¿qué piensan entonces de testimonios como el de Sonia Sánchez o los que había hace poco en la web de Médicos del Mundo, o los que se pueden oir en algunos reportajes fiables? ¿debemos ignorarlos porque nos hacen cuestionarnos el concepto de consentimiento? Yo creo que no.

    Pero lo que a mi me preocupa de verdad actualmente, es esa negación y banalización de la trata y el trafico de personas, tanto es así que ya gente conocida y habitual de la izquierda hace propio ese discurso y me lo discute, vamos que no me cabe la duda de que existan feministas bien intencionadas que se lo crean sin ningún tipo de interés extraño pero me gustaría ir al fondo del asunto…y saber a quién le interesa promover esto, quién sabe y quién no. La única manera de que la trata sea visible es investigar esto…(lo que más dicen es que son inventos de las abolionistas para resibir subvenciones)

    1. Estoy harta del tema del consentimiento. Soy abolicionista, estoy concencida de que la prostitución es una institución que mientras exista imposibilita la igualdad, pero si no distinguimos entre las que consienten y las que no, no podremos luchar contra la trata y, además, perderemos el debate social. Yo conozco mujeres que se dedican a la prostitución, mujeres normales que lo han elegido entre otras opciones quizá peores, y en el momento en que cualquiera de ellas aparece en un debate público ya lo hemos perdido. Lo han elegido constreñidas por las circunstancias, obviamente, pero como cualquier trabajo malo y de esos hay muchos. Nadie elige trabajar limpando báteres o en una maquila, nadie elige un trabajo mal pagado, explotador, sucio, sin consideración social etc. El problema de la prostitución no es ese, mientras sigamos así, perderemos el debate social. Hay que centrarse en la trata. Si no hubiera trata habría muy poca prostitución.

      1. Es lo que n entiendo de ti, puesto que mis mayores logros en el debate han sido mediante el cuestionamiento del consentimiento, no sé trata de ganar y perder, se trata de que estamos negando realidades y testimonios de mujeres (¿qué piensas de esos testimonios?), se trata que del mismo modo que entiendes que quién elige esos trabajos no es libre y esta siendo explotada laboralmente, ellas no están siendo sexualmente, porque lo es Beatriz, es violencia sexual, no sé como explicártelo porque no sé me da la expresión escrita y ni plasmar mis pensamientos y experiencia por aquí.

        Yo no he sentido que tenga ese problema, normalmente mi relación (yo tengo 21 años) es con jóvenes comunistas, y los hecho cuestionarse este tema bastante, han cambiado su opinión sobre la sexualidad y han comprendido que tienen que ser por mutuo acuerdo, no aprovechándose de nadie, porque eso es abuso, es una violación en realidad. Piénsalo.

        No es comparable limpiar vatares -normalmente piensa que elegirían las mujeres reales, piensa en la sociedad- con que te follen Beatriz, yo conozco mujeres que reconocen que no es así, y cuanto ahorrar lo sufriente y consiguen salir vuelven a trabajos que tú considerar equiparables a prostiuirse. Tampoco niego que existan niveles, mujeres que atienden un cliente a la semana y que tienen poder de decisión y pueden negar practicas, pero otra son lo tienen, no pueden negociar el uso del condón, sienten asco por las practicas que te tienen que realizar porque hay que capar clientes, porque lo necesitan más que otras, esto no lo puedes obviar, de hecho a mi me hace daño que lo obvies o que digas que esto perjudica la lucha contra la trata, ¿por qué? No le veo sentido.

        Y si, también hay que centrase en la trata, sin olvidar esta cuestiones, pero cada vez que lo intento no me hechan en cara lo del concentimiento, lo que me hechan en cara es que sonmentiras para que me den subvenciones, ¿qué hago? es una frustación total, me siento tan abandonada por el feminismo que lo he llegado a odiar, no sé, he llegado a aislarme de is compañeras feministas.

    2. Todos los trabajos malos se eligen por necesidad y no por eso decimos que una maquiladora o una limpiadora no puede decidir. Ningún consentimiento es libre en el capitalismo.

  16. Me tendrían que explicar muchísimo cómo es eso de que una mujer “elige libremente” ser prostituta, y conversarlo largamente, no para comprender por qué sí, sino para comprender cómo ese discurso está estructurado, para desestructurarlo y desmontarlo desde algún error de interpretación, que seguro hay al inicio. Tengo claro que una mujer no elige libremente ser prostituta. O me leeré el libro de Beatriz. Me preguntaba mientras seguía el debate estos días, si el error son las etiquetas “abolicionistas”, y “regulacioanistas”. Como con todo, no deberíamos intervenir en los espacios donde las mujeres actúan (de la manera que sea), sino ofrecerles más opciones. Y si a una mujer desde la infancia le ofreces más oportunidades y espacios, sabrá lo que conviene y lo que no, y comprenderá la herida síquica de ser invadida por varios hombres en un día, y que mejor no, gracias. Quiero decir, que hay que seguir trabajando por ampliar las oportunidades para las mujeres. Y sobre la trata, ese fenómeno está relacionado con la prostitución en alguna de sus variantes, porque la trata lleva a varios caminos: a trabajo esclavo, a limpieza doméstica esclava, a prostitución, a obligarlas a embarazarse para después vender niños y niñas, o sus órganos, entre otras. En la trata primero hubo un rapto o un engaño, y después la prostitución (porque estamos hablando de esto). Y no hay consentimiento, en ninguno de los casos, en ninguno. Y ya por último, una lectura queer de la prostitución podría llevarnos a un interesante camino de reflexión sobre el “cuerpo invadido”, pero no sé qué lectura le vas a dar en el curso.

    1. Gracias por tu comentario Mildred Largaespada, estoy totalmente deacuerdo:)

  17. Intromición en el debate, que pensaís de estas cosas:

    “Aquí otra PUTA, orgullosa y que gustosamente ha elegido serlo y lo lleva siendo hace 5 años.
    Yo me lo guiso y yo me lo como, nunca mejor dicho.
    Soy tan humana, tan normal, tan mujer y tan libre como las que osan hablar de esos mismos límites de mi libertad, … de la libertad de decir claro y alto que soy PUTA, que lo hago pq quiero y pq puedo, que disfruto y me corro y tengo orgasmos con mis clientes pq el SEXO es sexo y si se hace consentido y abriéndose a la posibilidad de disfrutarlo, se consigue y se consigue tanto, que creo que mis mejores orgasmos han sido trabajando.
    Ningún trabajo me hizo sentir más útil, más humana, más válida, más halagada, más recompensada… y encima con orgasmos.
    Digan lo que digan… nadie puede callar mi voz, mi verdad y dudar sobre ella o peor, opinar e incluso asegurar y dar por supuesto que su razón y su opinión es la válida.
    Menos consejos, abrid la mente, no somos iguales, nos gustan cosas distintas y tenemos formas de vivir nuestra libertad, nuestra sexualidad, nuestra vida y nuestro trabajo como nos de la real gana y yo, soy una PUTA MUY ORGULLOSA.
    Vivan las putas, grandes señoras, grandes mujeres, libres luchadoras de su cuerpo y de sus voces vetadas.”

    “Claro, y como las pobrecitas putas son imbéciles (no como las feministas “de verdá”, echas y derechas, con gran capacidad para defenderse en su día a día, como tu) si viene un tipo diciéndole de metersela sin condón, son incapaces de negarse. Total, todo se soluciona con ducha con lejía y con la banda sonora de Titanic de fondo. Por dios, que las putas saben decidir, guapa, que tienen MUCHÍSIMA más capacidad de decisión que cualquier esposa dentro de su “hogar”. Deja de tratarnos como si fuésemos tontas del culo o niñas de 3 años”

    “Yo no he dicho que sea un trabajo como cualquier otro otro. Tienes que ser fuerte para que el estigma social no te afecte, pero por todo lo demás, para mi y para las que yo he ido conociendo, es el mejor trabajo que he tenido. Y anoser que me toque la lotería, no tengo intención de dejarlo. No se hace por placer puro y duro, se hace por dinero, por eso mismo se llama TRABAJO sexual. Pero es que un trabajo te puede gustar, y punto.”

    “Que significa para ti disfrutar de tu trabajo? ¿Tener 4 orgasmos seguidos? Aveces pasa, no siempre pero pasa, pero es que aunque no pasara nunca, el simple hecho de que lo que cobres esté nivelado a las horas de trabajo que haces ya convierte un trabajo en un curro agradable”

    “Sandra, muchas putas voluntarias, trabajadoras del sexo, afrontan su profesión como una parte más de sus vidas, a veces como una identidad subersiva que desafía los roles impuestos, a veces como una estrategia política y de resistencia,”

    1. ¿Beatriz Gimeno, que opinas de esto, yo no melo creí y me dijero que por no creer que las putas gozaran y se diviertieran era patriarcal y machista y estaba imponiendo mi opinión a otras? ¿cómo se si los testimonios de esas cuentas son ciertos? No sé si te estaran molestando estas cuestiones que te planteo, si es así no me publiques, pero estoy bastante perdida con respecto al feminismo, no entiendo nada.

    2. Pues ese es el problema de centrase en el consentimiento. claro que habrá gente que lo elija, hay gente de todo y todo tipo de situaciones.Que les guste, no lo creo, eso es propaganda. He hablado con muchas que lo eligieron y tienen mucho cuidado en distinguir entre su trabajo y su propia vida sexual. No es posible disfrutar del sexo todo el tiempo con todo el mundo. Si lo que quiere decir es que le gusta follar con un cliente que le guste mucho, eso no es ser puta, eso es follar con un tío que te gusta. Pero sí, hay quien prefiere ese trabajo a otros. Pero es que esa no es la cuestión, a mí me da igual que les guste, también les gusta a ellos y eso no quiere decir que las feministas tengamos que apoyarlo. Estamos en contra porque, lo elijan ellas o no, esa institución sirve para fortalecer el patriarcado y, por tanto, como feministas estamos porque desaparezca; porque la sexualidad, el deseo, las relaciones…se construyan de otra manera. ¿Qué algunas quieren hacerlo? ¿Qué muchos hombres quieren que siga existiendo? Pues la igualdad es una valor superior a la libertad individual y más si esa libertad individual lo que hace es ser un freno a la igualdad.

      1. Beatriz, estás obsesionada con lo del consentimiento, en ningún momento se hablo de eso, sólo se rebatió que la prostitución no es subversiva ni destruye los roles como se esta afirmando desde el feminismo queer, ¿no te parece que le están dando a las a la industria sexual? ¿desde que perspectiva feminista se entiende eso? Estoy replanteándome que yo no lo soy, porque mira que he debatido con otras feministas pro-legalización, pero ellas porque creían que esto mejoraba la vida de las mujeres, no porque las hiciera libres y revolucionarias como se esta diciendo. Quizás sea en esos círculos que te mueves donde no cala ese discurso, claro, pero veo difícil incluso que cale tú forma de ver el abolionismo, sólo se ríen del tema. En fin.

        1) No creo que conozcan tantas prostitutas como dices, por tu concepción de los sueldos, lo que pueden ganar mujeres según edad, etc. Tampoco se eligen, en MAYORIA, si hay otras opciones, esas son muy pocas.
        2) No hay consentimiento cuando hay necesidad, por eso hay que luchar porque las relaciones sexuales se entiendan de otra forma, te he mencionado testimonios de prostitutas que se sintieron bejadas y los has dado le lado.
        3) No es un trabajo, eso es fundamental, sino ¿de qué lo diferencias de otros trabajos feminizados?

        Saludos, que te estoy dando mucha la lata.

      2. “pueda ser tan diferente a la mía.
        La prostitución no favorece las relaciones igualitarias, y no se ejerce en condiciones de igualdad. Es el cliente quién elige, de entre la oferta disponible, a la chica con la que quiere “subir” (y no a la inversa), y en ocasiones la chica ni siquiera puede negociar el uso del preservativo (la capacidad de negociación sobre su salud estará limitada en función de sus necesidades económicas), ¿estamos ante una “relación sexual plenamente democrática”? La existencia de la prostitución perjudica a la igualdad, no a una moral particular. Para que no se perjudicara a nadie habría que partir de una situación en la que hombres y mujeres negociasen en condiciones de igualdad, entonces quizás no hubiera perjudicados.”

  18. Las rumanas explotadas sexualmente en Agullana vuelven a ejercer

    Publicado el 28 febrero 2013 por PaulaVip

    La policía estatal confirma que ninguna de las treinta chicas pidió protección o ayuda para retornar a su país

    Prostíbulo en el que fue desarticulada una banda de explotación sexual acn

    Agullana. (Agencias).- Las prostitutas rumanas que trabajaban en el club ‘Dallas’, en Agullana (Alt Empordà), cuando la policía estatal desarticuló la semana pasada una red de proxenetas que las explotaban han vuelto al trabajo. Según ha explicado el jefe de la unidad de Extranjería en Girona de la Policía Nacional, Antonio Bragado, ninguna de las treinta chicas pidió protección ni se ha acogido a los programas de ayuda que permiten el retorno al país de origen.

    Bragado asegura que la mayoría de las chicas sabían qué venían a hacer pero que las engañaron en las condiciones económicas y, por ello, están “presionadas” -incluso con palizas- para seguir ganando dinero. “Para los proxenetas son como máquinas a explotar ” manifiesta.

    La semana pasada, la policía estatal desarticuló dos grupos criminales que explotaban sexualmente chicas de nacionalidad rumana al club ‘Dallas’. La operación se cerró con 19 detenidos -entre los que se encontraban los dos jefes de las organizaciones- y siete ingresaron en prisión.

    Durante la investigación, que ha durado un año, la policía llegó a identificar a 215 víctimas directas que habían trabajado en el prostíbulo ampurdanés. Una semana después de que se destapara la operación contra este grupo de proxenetas, la treintena de chicas que trabajan en el club han retornado al trabajo. El jefe de la unidad de Extranjería de la policía estatal en Girona, el inspector Antonio Bragado, confirmó que ninguna de las chicas se ha acogido a los diferentes programas de protección

    El inspector ha explicado que en los casos en que realmente una chica ha venido engañada y ha acabado ejerciendo la prostitución “siempre encuentra la manera de denunciar”, ya sea a través de la embajada o de la policía. “Los captadores les dicen que ganarán mucho dinero pero luego llegan aquí y han contraído una deuda y, además, hay que pagar incluso el papel higiénico o los preservativos, cuando ellas pensaban que se harían ricas en tres meses” , relata el inspector.

  19. Esquizofrenia catatónica |Responder

    De la premisa de voluntariedad no se sigue una conclusión de legitimidad, como yan han apuntado: yo no puedo firmar un contrato vitalicio de prestación laboral, ni de esclavitud, ni puedo voluntariamente vender mis órganos, ni voluntariamente hacer lo que me dé la gana ni vender lo que me dé la gana. Por mucha voluntariedad y libre albedrío que se presuponga, aunque siempre hay una determinación más o menos fuerte, la prostitución no es ningún trabajo digno ni equiparable a cualquier otra labor no exenta de penosidad, pues atenta contra la dignidad de la persona en su ámbito más íntimo y personal ¿ Por qué un contrato de prostitución y no uno de esclavitud ?

    Ser basurero, minero, pocero, o asistente social es un trabajo digno e INDISPENSABLE, que alguien tiene que realizar en función de como organicemos nuestra sociedad. Lo que puede ser indigno es la RETRIBUCIÓN y las condiciones en que se realice este trabajo, que son causas que pueden llevar a algunas personas a ejercer la prostitución, como hay quien se dedica a rebuscar comida en contenedores, se presta a humillaciones o vive en la calle. Porque la posición abolicionista no consiste sólo en prohibir la prostitución y sancionar a los clientes y proxenetas sino que viene acompañada de un plan integral de erradicación de la pobreza, de medidas y estímulos sociales, de mejora de las condiciones laborales y de erradicación del desempleo.

    Para los posmodernos, para los que es igual la pobreza que la riqueza, la prostitución que la albañilería, la dignidad que la indignidad, todo se reduce a meras cuestiones subjetivas,( ¿ Por qué juzgas a aquellos niños que rebuscan entre los despojos de los manteles algo que llevarse a la boca si ellos son felices y lo han elegido así en su propia libertad? venía a decir más o menos el Don Juan de Castaneda ), DESAPARECE CUALQUIER ATISBO DE OBJETIVIDAD, Y POR LO TANTO A ESTABLECER NINGÚN DIAGNÓSTICO SOCIAL Y LAS HERRAMIENTAS PERTINENTES PARA SOLUCIONARLO, todo queda circunscrito a asuntos individuales, particulares, de mera libertad e inciativa individual, esterilizados de cualquier contexto social y económico, que no deja de ser en definitiva más que otro gran relato pero esta vez legitimador del sistema vigente y todas sus injusticias.

    1. Bien, más o menos de acuerdo. Del consentimiento no se sigue la legitimidad, sólo si manejamos una noción de consentimiento liberal e individualista. El consentimiento nos tiene que ser indiferente a la hora de enfrentarnos a la institución en sí; ahora bien, el consentimiento sí cuenta a la hora de distinguir entre la trata y lo que no es trata o, de otra forma, no podremos combatirla eficazmente, entre otras cosas, por la dificultad de apartar de una actividad a quien no quiere ser apartada. Eso es complicado. Es imperativo hablar con ellas, no tratarlas como menores de edad aunque estemos en profundo desacuerdo con ellas. El otro problema es que tu discuros no tiene en cuenta nada de los cambios acaecidos en las últimas décadas en la consideración social y personal del sexo, por ejemplo. La prostitución si se elige, si se controlan las condiciones (algunas pueden) no es tanto una indignidad como un factor de desigualdad, como un reaseguro de la desigualdad y una escuela de la misma también. De acuerdo -en parte- en lo del posmodernismo, pero los cambios sociales no tienen que ver sólo con eso, sino con la sociedad de consumo, el capitalismo globalizado etc. Y no cambiar el discurso, que siga sonando años 80 hace que se pierda y, aunque a alguna gente le da igual porque pone el discurso por encima de los logros prácticos, yo creo que ganar socialmente el debate es imprescindible.

      1. Esquizofrenia catatónica

        Quizás no debí hacer una distinción desde la dignidad, es denigrante porque se cosifica a la mujer, su propio cuerpo es la mercancía, lo que se consume, ya no es su fuerza de trabajo siquiera ( la famosa paradoja de las mercancías y el trabajo: si las mercancías son determinadas por el trabajo, si tomamos el trabajo como mercancía entonces esto nos conduce a contradicciones tautológicas como que el trabajo es determinado por el trabajo. Por esto la distinción entre trabajo y fuerza de trabajo)

        Tampoco me refiero del consentimiento con respecto a las mafias, sino con respecto al señor que paga, no es consentido, son relaciones de desigualdad en que uno abusa de la vulnerabilidad (sí ya esta casi prohibida esa palabra) del otro, como ya han dicho por arriba. Por tanto, puede haber mujeres, minorías, que lo elijan aun teniendo otras muchas opciones, pero eso perjudica a quien no tiene esas opciones y ven eso como una de las pocas salidas que tienen. Si una prostituta de lujo le niega una practica a un cliente, ese te busca otra más necesitada que no se la pueda negar, ahí no podemos hablar de voluntariedad, porque no la hay, esta condicionada por múltiples factores. No creo que esta distinción perjudique la lucha contra la trata, ¿o acaso perjudica la lucha contra las mafias que trafican con órganos reconocer que si un señor X vende un órgano es por necesidad y no voluntariamente? ¿Crees que si las escuchamos a ellas (no a las asociaciones) nos van a decir que creen que “el estado las tata como menores de edad”?…yo pienso que no, que eso es un discurso prefabricado que no viene precisamente de ellas.

        Con respecto a los años 80, así sonará el discurso posmoderno, que es en esa época cuando toma fuerza y entra en España, tampoco se puede desligar este del capitalismo, porque precisamente es la lógica cultural del capitalismo avanzado, no hace más que darle un empujoncito al orden social, pues eso es lo que hay que combatir para devolver al análisis sociológico (y con esto no me refiero solamente a la sociología) la virtud transformadora de nuestra realidad objetiva, de lo contrario es realmente imposible establecer ningún diálogo (sobre la prostitución o cualquier otra cosa) ante este pensamiento desestructurado, idealista, que elude toda la argumentación lógica expuesta y se dedica a soltar su disco rayado.

      2. Esquizofrenia catatónica

        “El otro problema es que tu discuros no tiene en cuenta nada de los cambios acaecidos en las últimas décadas en la consideración social y personal del sexo, por ejemplo”

        Esto es interesante si fuese que la prostitución se ejerciera mayoritariamente por mujeres de las sociedades donde a cambia esa noción que tenemos del sexo, pero las mujeres que ejercen vienen de otras sociedades donde el sexo quizás sea mucho más tabú que en la nuestra, sociedades que incluso sean aún más patriarcales y reprimidas, por tanto no se puede considerar que ejerzan porque sean “más libres en el sexo” o ellas le den menos importancia. Curiosamente cuando las sociedades tienen una concepción más abierta del sexo las mujeres eligen menos la prostitución, entonces no hay relación posible.

  20. Mientras quienes publicaban en el rubro 59 o similares se reciclan en otras secciones de los clasificados como anuncios para “solos y solas” y algunos diarios del interior presentan amparos para seguir con el negocio, hay un debate de fondo sobre la prostitución que ahora está en la superficie y se tensa entre dos puntas irreconciliables: quienes consideran que es un trabajo como cualquier otro y quienes entienden que es una situación de explotación de la que principalmente se busca salida. Sobre estas posturas, además, aparece el discurso de la trata que homologa todas las situaciones en la figura única de la víctima.

    Por Veronica Gago

    El debate sobre la prostitución no deja de hacerse presente. Vuelve, una y otra vez, para mostrar la complejidad de un mapa de recorridos y posiciones diversas. Las voces y las experiencias puestas en juego hablan lenguas distintas, muestran trayectorias y combates diferentes. Sin embargo, hay ejes –o, más bien, líneas divisorias– que cada vez se hacen más fuertes. Están quienes consideran el trabajo sexual como una opción, incluso como una posibilidad de autonomía, y quienes se oponen enfáticamente a calificarlo de trabajo. A su vez, al interior de esta posición de rechazo, se despliegan también diferencias a la hora de argumentar, nombrar, discutir. Están quienes acentúan la perspectiva de la trata, con sus corolarios de esclavitud y sometimiento y quienes prefieren hablar de explotación a secas. Quienes reclaman al Estado y quienes lo responsabilizan. ¿El impulso al discurso (global) del trabajo sexual es parte de la lógica neoliberal, como dice el reciente libro de Sheila Jeffreys (La industria de la vagina, Paidós), de convertir a las prostitutas en fuerza de trabajo legítima a la vez que limitar el papel del Estado sobre el tema a campañas contra el HIV? Tras la polémica por el decreto presidencial que prohibió el rubro 59, una nueva ocasión para que esa conversación entre muchas –ni amable ni reconciliada– se escuche en alta voz.

    UN MAPA POSIBLE

    En Argentina, en la última década, la discusión sobre la prostitución –¿cómo llamarla?, ¿qué hacer con ella?, ¿qué significa como experiencia?– ha sido fuerte. De ella se derivan varias rupturas de la asociación Ammar, la pionera y más importante, nacida al calor de la lucha contra los edictos policiales en la década del 90. Hoy pueden rastrearse al menos tres posiciones: Ammar-CTA y su perspectiva de sindicalización de la prostitución en tanto reivindican su carácter de ¿trabajo?; la Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos (Ammar-Capital), que se opone al trabajo sexual y que focaliza su trabajo en el reclamo de políticas públicas con la perspectiva de conquistar una opción de inclusión social diferente para las mujeres en situación de prostitución y la que quedó plasmada en el libro Ninguna mujer nace para puta, escrito entre Sonia Sánchez (ex Ammar-Capital) y la feminista boliviana María Galindo, que rechaza tanto la noción de trabajo como la idea de lograr autonomía partiendo de los reclamos al Estado (actualmente sin espacio organizativo). Sin embargo, hay que complejizar aún más la cuestión y ampliar el universo del debate más allá de las mujeres, incluyendo la perspectiva trans y travesti.

    Además, se suman, o se superponen, algunas cuestiones a tener en cuenta. Por un lado, el vínculo entre prostitución y migración (interna y de países limítrofes). Esta es una perspectiva que se conecta tanto con las redes transfronterizas de trata como con la perspectiva de muchas migrantes jóvenes que llegan a la prostitución en desesperantes condiciones de desarraigo y soledad. Luego, el lenguaje de la trata, hoy ya queriendo correrse hacia la noción de esclavitud, como formas de habla que conquistan financiamiento internacional y legitimidad para las oenegés dedicadas al tema. Por otro lado, la no siempre fácil relación con los grupos feministas que, con un mapa aparte, también despliegan posiciones y alianzas diversas sobre el tema (se pueden ver, por ejemplo, los dos últimos números de la revista feminista académica Mora dedicados, en gran parte, a la prostitución).

    LA DEFINICION DEL LENGUAJE

    “En primer lugar hay que mantener la palabra prostitución para hablar. Creo que es un error decir trabajo sexual. Esa es ya una posición que no comparto. Una vez aclarado esto, diría que el problema es hablar de una única sujeta mujer como víctima, de manera tal que se invisibilizan otras víctimas como somos las travestis, algunos hombres y niños y niñas. Hay que abarcar un universo más amplio cuando hablamos de prostitución. Porque aunque a primera vista pueden parecer similares, la situación de las mujeres y de las travestis no es la misma”, puntualiza Lohana Berkins, presidenta de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti Transexual (Alitt) y de la cooperativa de trabajo textil Nadia Echazú. Y agrega: “Por supuesto que hay paralelismos: el primero es la explotación, porque explotadas somos todas. De nuestra comunidad, el 96 por ciento se ve condicionada a la prostitución. El otro punto que me parece importante para el debate es que hay que empezar a dejar de nombrar la pobreza como única variable. Es una dimensión, pero hay otras, que forman una coyuntura para que las mujeres, y sobre todo las travestis, nos veamos empujadas a la prostitución”.

    En defensa del reconocimiento del trabajo sexual, Elena Reynaga, secretaria general de Ammar-CTA, explica: “¿Sabés por qué no nos gusta la palabra prostituta? Porque tiene mucha carga de estigma y discriminación. Cuando hablamos de esa manera o ‘puteamos’ nosotras mismas nos descalificamos a nosotras mismas. Además, primero soy mujer y después ejerzo la prostitución. No es que primero soy prostituta. Por otro lado, hay diferentes maneras de prostituirse. Quiero decir que a veces la gente hace cosas que ideológicamente no quisiera hacer. Conozco periodistas que trabajan en lugares con los que ideológicamente no están de acuerdo, pero se dice que lo hacen por necesidad, no que se prostituyen”.

    Admitirse como trabajadora, en la explicación de Ammar-CTA, supondría incorporarse a los dilemas y contradicciones de todx trabajador/a. De modo que la prostitución se diluye como forma de explotación, para inscribirse en las tensiones del mundo del trabajo en general: el problema de la necesidad, una voluntad que nunca es libre, la cuestión de lo elegido/obligado, del cuerpo enajenado, etcétera.

    “Pero en ese lenguaje ya está la trampa”, dice Sonia Sánchez: “Por eso me opongo a hablar de trabajadoras y de víctimas, pero también de nosotras solamente como mujeres en situación de vulnerabilidad. Esa es una palabra vacía, que les encanta a las oenegés”.

    Definirse siempre está al borde de encasillarse. La cuestión es si eso es una ventaja –de reconocimiento, de identidad– o un límite. Especialmente cuando es tan claro que nombrar –sea como puta, prostituta, esclava, trabajadora– implica ya una política. Dice Graciela Collantes, de la Asociación de Mujeres Argentinas por los Derechos Humanos (Ammar-Capital): “Necesitamos ser nosotras, fortalecernos, para ser mujeres sin encasillamientos ni señalamientos ni rotulamientos. No queremos quedar presas de un rótulo del que muchas se quieren ocultar. Apostamos al empoderamiento, a la posibilidad de tener otras opciones, de estudiar. En este sentido, hay que seguir trabajando en la desnaturalización y en las causas que llevan a la prostitución. Ambas son cuestiones muy profundas”.

    Marlene Wayar, directora de El Teje, el primer periódico travesti de América latina y coordinadora de Futuro Transgenérico descree también de la identidad de trabajadora. Pone más bien el eje en cierta fragilidad, casi –dirá después– un no lugar identitario a pesar de los clichés que pesan sobre ellas: “Los medios de comunicación y el imaginario popular nos cree libertinas, medio decadentes, indecentes, que por pura lujuria vamos a la prostitución. Esto no es así. La cuestión es que somos niñas abandonadas, no contenidas por el Estado en la escuela, abandonadas también por un Estado que no ha podido trabajar con nuestros padres y madres para que sepan cómo y desde dónde albergar nuestros deseos. Entonces, no somos trabajadoras, somos niñas en situación de calle que para negociar nuestra sobrevivencia hemos debido llegar a prostituirnos”.

    INTERPELAR AL ESTADO: ¿DESDE DONDE?

    Sánchez, alejada de Ammar-Capital desde 2006, puntualiza las diferencias: “Las dos Ammar se hacen cargo de la situación de negligencia de nuestros políticos. Una trabaja el orgullo, otra la victimización. Yo no. Yo devuelvo la culpa al Estado, lo responsabilizo por su modo de construcción de arriba hacia abajo, por la forma de vaciar los reclamos sociales”.

    ¿Cuál es la relación que se plantea con el Estado cuando se lo convoca? Collantes sostiene que es un actor clave para la salida de la situación de prostitución: “No hay políticas públicas integrales para las personas que tuvieron que recurrir a la prostitución por falta de oportunidades como muchos otros sectores. Lo único que brinda el Estado para resolver esta problemática social son códigos contravencionales que persiguen, reprimen y discriminan, con fuertes arrestos que van de 15 hasta 30 días a lo largo de todo el país. ¿Entonces de qué elección podemos hablar si no se nos respeta un derecho fundamental como es la libertad de cada persona?”, señala. Esto no es impedimento para trabajar con distintas instituciones gubernamentales y organizaciones civiles: “En nuestra sede tenemos programas para la prevención de la explotación sexual y trabajo específico con adolescentes. También funciona un centro de adultas para terminar la primaria en convenio con el Ministerio de Educación. Además, tenemos un programa de capacitación en comunicación porque es fundamental para nuestra organización”.

    Reynaga rechaza el lugar actual que el Estado les asigna por considerarlo insuficiente: “Es necesario que el Estado reconozca el trabajo sexual como trabajo autónomo. En este sentido, pedimos que se nos reconozca como sindicato legalmente constituido para, en tanto trabajadoras, tener derechos a jubilación, a vivienda, etc. Hasta ahora el único lugar que nos reconoce es el Ministerio de Salud, y específicamente en el programa dedicado a HIV-sida. No tenemos nada que decir contra ese programa, por el cual se nos consulta permanentemente. Pero eso no alcanza. Me hace suponer que nos siguen tratando como si fuésemos objeto de investigación y no sujetas de derechos”.

    Berkins deja ver que el reclamo al Estado es diferente si se considera que se es trabajadora sexual o si se rechaza esa condición: “Quienes hablan de trabajo sexual hablan de autonomía y para mí no existe. También me parece confuso que dicen que quieren esa legalización para recién entonces formar cooperativas. Hoy se puede formar una cooperativa fácilmente. Nosotras lo hicimos para forjar herramientas que nos sirvan para dejar la prostitución. Otro argumento confuso: cuando se defiende un derecho humano es para aumentar la calidad de vida de todxs. ¿Se defiende el derecho de ser trabajadora sexual para todas? ¿Enseñarían a especializarse en eso? Además, piden políticas públicas. Pero una cosa es pedirlas para dejar la prostitución y otra cosa para sostenerla. Ahí veo una contradicción. Además, en la prostitución nunca las condiciones pueden ser condiciones laborales: ¿cómo puedo negarme o bajo qué figura legal o convenio laboral podría decir no a un cliente? Además hay algo fundamental: se invisibiliza la cuestión de la violencia. ¿Por qué no contamos sinceramente todo lo que una pasa en el sistema prostitucional?”

    SER O NO SER TRABAJADORA SEXUAL

    “El trabajo es digno. Lo que es indigno son las condiciones en que lo realizamos. La dignidad es de las personal, no del trabajo. Hay mandatarios o médicos que son indignos. En nuestro caso, indigno es el maltrato, la represión policial, la clandestinidad a la que nos vemos obligadas”, explica Reynaga. De este modo, Reynaga apuesta a la legalización como forma de combatir las intermediaciones.

    Collantes llega a otras conclusiones: “Hace más de 16 años venimos haciendo visible la problemática de la prostitución. Hicimos nuestro propio proceso, así pudimos darnos cuenta de que no queríamos ni necesitamos un rótulo como el de trabajadora sexual para hacer escuchar nuestros reclamos. Que ante todo somos mujeres y queremos que se nos vea como tales mujeres con derechos básicos, a la educación, al trabajo, a la salud. La prostitución es una actividad que nos ayuda a sobrevivir y en muchos casos caíste en ella hasta para cumplir tu sueño de tener tu vivienda propia”.

    “El condicionamiento es que no podemos escoger, sino que somos puestas en condiciones de prostitución. Tenemos hijas e hijos por los que llenar la olla. Por lo tanto, abordar la prostitución como trabajo me parece cuestionable. Es contradictorio además que se hable de dignificar el trabajo sexual porque es obvio que nadie quiere hacer un posgrado en sexo oral o especializarse en cómo tratar clientes. Nadie se quiere profesionalizar en eso, todas quieren encontrar puentes para salir de la prostitución. Además, es un mundo que te va dejando afuera porque la marea de gente que entra te elimina porque sos vieja, porque te ves obligada a ocultar la edad y muchas otras cosas. Si somos honestas políticamente no podemos hablar de trabajo sexual, porque la dignidad de ese trabajo no la veo. Es estar en la misma indigencia que estamos hoy”, argumenta Wayar.

    Sánchez, por su lado, denuncia la maquinaria de responsabilidades que la noción de trabajo sexual exculpa: “La idea de trabajo sexual deja intocados a los proxenetas y a los prostituyentes. No podemos conformarnos con organizar la puta esquina, lamiéndonos las heridas entre nosotras. Aun con mis derechos violados yo me siento con la fortaleza de poner en cuestión el Estado y el sistema que nos obliga a prostituirnos”. Berkins también subraya la cuestión del proxenetismo como figura intocada: “Para mí no es un trabajo. Y además no se entiende quiénes piden la legalización de algo que no está prohibido. Me parece muy raro ese argumento. Además, ¿cuál sería el límite entre quienes regentean la actividad para que no se conviertan en proxenetas? ¿No se promovería un proxenetismo legal?”

    “El problema –retruca Reynaga– es que no está prohibido el trabajo sexual pero tampoco está permitido. Es ese vacío legal el que da espacio al proxenetismo, a la corrupción y al tráfico. Por eso es importante legalizarlo como trabajo”, insiste.

    ¿POR QUE PARECE VOLVERSE HEGEMONICO EL ENFOQUE DE LA TRATA?

    Considerar a la prostitución un trabajo o no hacerlo es un parteaguas. Más que algo a resolverse, es una bisagra que organiza formas de vivir y pensar la prostitución de maneras muy diferentes. La figura de la trata de personas evita situar la discusión en el plano del trabajo para abordar el tema según el encuadre jurídico que permite la legislación existente sobre el tema. Esto –y no es casual– sucede en el caso de los talleres textiles clandestinos y en los prostíbulos (no es menor el hecho que ambos comparten una fuerte presencia migrante). Tales situaciones ponen el foco en formas que si se consideran como trabajo se piensan teniendo en cuenta la libertad y la elección (aun –de nuevo– siempre relativizada por un contexto ni libre ni elegido) y si se caracterizan como trata supone un nivel de sometimiento que requiere intervenciones de otro tipo.

    A pesar de que muchas de quienes están en situación de prostitución no se sienten eligiendo un trabajo, la palabra trata tampoco explica siempre lo que allí sucede. Y esto porque tales situaciones abarcan trayectorias y cálculos muy diversos, expectativas, estrategias y plazos divergentes, que se trazan desde racionalidades no siempre compatibles. Por esto es también casi imposible generalizar y hablar sin incorporar una cantidad de matices a cada afirmación. Tal vez lo que queda aún sin nombrar sea una posición que vaya más allá del binomio víctima vs. trabajadora.

    PERO ENTONCES, ¿POR QUE IMPERA EL LENGUAJE Y LA PERSPECTIVA DE LA TRATA?

    “La trata divide a las mujeres entre aquellas encerradas y las que supuestamente están libres en la calle. Unas serían más víctimas que otras. ¿Pero prostituirte en Plaza Once no es estar encerrada a cielo abierto? Además, no me parece que la cuestión pase por hacer un ranking de quién es más víctima. Esa palabra no nos sirve. Hablemos de las diferentes y complicadas situaciones de violencia, sin derechos, en las que vivimos todas”, señala Sánchez.

    Por otro lado, está el cuestionamiento al discurso (global) de la trata como forma de generalizar la idea de mujer pobre=víctima. Vuelve a remarcar Sánchez: “El discurso de la trata recibe millones de dólares y euros. Y divide a las mujeres entre ‘rescatadas’ y toda una burocracia que son las supuestas ‘rescatistas’, que yo siento que siguen viviendo de esos cuerpos que dicen salvar. Hay chicas que pasan meses en hoteles aquí en Buenos Aires, luego de ser ‘rescatadas’ de algún lugar del interior. ¿Por qué no van directo a sus casas? Porque siguen dependiendo de toda una red de funcionarias que decide por ellas”.

    Desde su perspectiva también Reynaga impugna fuertemente los condicionamientos del financiamiento internacional que implica este discurso: “Me parece que el discurso de la trata es música para algunos oídos. Sobre todo para quienes se ocupan del tema detrás de un escritorio o sin hacer trabajo de campo. Esto les viene como anillo al dedo por el financiamiento que llega del norte. Muchas pasaron de trabajar sobre HIV a trabajar sobre trata, lo cual trae corrupción en varias organizaciones porque es un cambio que sigue el cambio en el financiamiento, nada más. Además, algunas feministas aprovechan el tema para salir a decir que todo es lo mismo”.

    Cuerpo-valor

    La socióloga británica Jeffreys sostiene que el aumento de la prostitución se debe, en parte, a que muchas mujeres “pueden decir que no a prácticas sexuales humillantes”, frente a lo cual los varones recurren a la prostitución como modo de prolongar sus privilegios tradicionales. Berkins despliega un argumento similar: “La prostitución sostiene una sexualidad paralela. Si no, ¿por qué nuestros cuerpos adquieren valor en zonas como Palermo o Constitución?, ¿qué es lo que nosotras se supone que sabemos y hacemos y no las esposas o novias o amantes de los varones? Con nosotras se ve el extremo del machismo de ir y tener una relación en la que sólo se satisface el varón. Otra división tajante es la que hace el varón consumidor, que divide entre la buena y la mala. Hay una sexualidad lícita en términos públicos y otra cloacalizante, oculta o marginal que encarnamos nosotras. Ahí converge también toda la hipocresía de la sociedad. Por eso, cuando se insulta, la prostituta es la portadora del mal”.

    Collantes remarca: “El largo recorrido nos hace estar cada día más seguras de lo que queremos, que ninguna mujer tenga que salir a prostituirse para llevar alimentos a su casa. Nuestros objetivos son trabajar en el empoderamiento de la mujer, en la prevención de la prostitución para romper con los estereotipos y la naturalización que dice que si tu mamá es prostituta tu hija también tiene que serlo”. “Lo nuestro no es una opción. Como trans, estamos en un no lugar desde el cual no tenemos autonomía para decidir a qué sitio social acceder. La calle fue la forma en la que comunitariamente, de manera oral, nos hemos ido acompañando y enseñando, emparchando una familia, dando herramientas para pararnos y conseguir nuestro dinero para la comida, las siliconas y todo lo que necesitamos. El alcohol palia parte del sufrimiento. Lo concreto es que tenemos como promedio de vida 36 años, lo cual habla de un fracaso importante de nuestra forma de vida. ¿Por qué reivindicarla?”, concluye Wayar.

    Sobre la opción, Reynaga expande la pregunta: “La clase obrera no elige. Esa es la cuestión. No sólo somos nosotras. Pero quiero aclarar que cuando se trabaja contra el patriarcado, no hay que reproducirlo. No escuchar a una organización tan grande como es Ammar-CTA significa reproducir el patriarcado porque significa no tomar en cuenta que nosotras como mujeres hablamos por nosotras mismas”. En este punto, su posición cierra el debate: “No pensamos discutir más si es trabajo o no porque nosotras ya lo decidimos. Yo respeto las posiciones de cada una. Pero las únicas que estamos organizadas en todo el país somos nosotras”. Pero, a pesar de la ventaja organizativa, el debate no se cierra.

    1. Muy interesante, para estudir y reflexionar. Me lo llevo, no es para contestar rapìdamente.

  21. uno que ya se cansó del debate (después de casi 15 años) |Responder

    Sobre el fenómeno de la prostitución parece que es muy difícil establecer verdades con un cierto grado de generalidad. Emitir juicios valorativos o desarrollar políticas en torno a él nos vamos dando cuenta de que es por lo tanto bastante difícil.

    Para posicionarse críticamente en relación a la prostitución en mi opinión es necesario: a) conocer empíricamente dicho fenómeno de un modo suficiente, y b) tener conocimientos de disciplinas generales como son: la historia, la sociología, la psicología social; la ética y no sólo el feminismo, etc. con el objetivo de poder alcanzar una cierta distancia que nos permita el análisis objetivo y crítico del asunto.

    Mientras no se asuma lo anterior no se avanzará.

    Dejo a continuación un ejemplo de lo que pueden ser datos empíricos relevantes que permiten posicionarse en relación al fenómeno de la prostitución. Se trata de los motivos por los que los hombres recurren a la prostitución, según una joven ‘prostituta’ que desarrolla la actividad en una sociedad tan poco igualitaria (en ciertos aspectos), tan anómica (supongo) y tan machista como la mejicana.
    [NOTA: Los comentarios de algunos de los hombres que comentan algo sobre la exposición de ella creo que no tienen desperdicio…]

    http://textosueltos.blogspot.com.es/2013/02/por-que-los-un-hombre-contrata.html

  22. uno que ya se cansó del debate (después de casi 15 años) dice |Responder
    1. Cuando hablabas de datos emprícos pensé que habías encontrado un súper estudio fiable y pegas un programa súper sensacionalista y que cae en los típicos tópicos sobre la prostitución sin representar para nada su realidad, ya se que es dificil que este tema se toque sin morbo pero ese programa en concreto es demasiado amarillista y fantástico, es decir, además de hacer incapié en el típico mito de “ganar un montón de dinero en una noche” …van al de “mujeres ninfomanas que lo hacen por placer” y al de “escuchar a un proxeneta que dice libre que son las mujeres que “trabajan” en la actividad” …vamos que para adolescentes esta bien pero no representa ninguna realidad empirica:)… haber si hablamos con un poquito más de rigurosidad.

  23. …..Resulta difícil encontrar cifras y datos fiables de un fenómeno global muy complejo. Sin embargo, algunas fuentes estiman que en España, unas 50.000 personas son víctimas de trata…..

    Yo no tengo nada claro en este tema Beatriz, y me parece súper interesante lo que dices, sobre todo lo de que hay que recuperar el discurso de la trata que se esta negando cuando según los datos España es uno de los países con más situación de trata, bien como país de destino o país de tránsito, pasamos de el clásico chulo individual a redes de trata muy bien organizadas que las rotan por toda la España. Vamos, como bien apuntas “Si no hubiera trata habría muy poca prostitución”, es más un dato: las víctimas oscilan entre los 18 y 25 años, y cada vez son más jóvenes.

    Hay algo que me llama la atención de este discurso negador, y es la crítica a las subvencioenscomo “eje del mal”, según algunas personas la trata es un invento feminista para recivir subvenciones. A la misma vez se culpa al estado, no desde un punto de vista de izquierda o por la represión que ejerce contra las víctimas sino desde una perspectiva de “no intervención en ese mercado”. Esas mismas personas insisten en que todo esto es un “mito cultural de Occidente”. No sé que pensarás de todo esto.

    Salud.

  24. uno que ya se cansó del debate (después de casi 15 años) dice |Responder

    Beatriz, creo que puedo estar muy de acuerdo con lo siguiente que expones en esta entrevista:

    “Cualquiera que haya hablado con prostitutas sabe que la prostitución puede ser elegida entre otras opciones; que dicha elección no siempre es producto de la violencia ni se mantiene con violencia, y que algunas personas que se dedican a dicha actividad la consideran su trabajo. Estas mujeres merecen respeto y el pleno disfrute de sus derechos. Y dicho esto, ahora debemos pensar en la prostitución como institución política. Para ello hay que politizar la sexualidad, la construcción del deseo, la subjetividad sexual, las prácticas sexuales hegemónicas, la sexualidad binaria y jerarquizada, la construcción ideológica de lo que se conoce como necesidades sexuales masculinas… ; vamos a debatir acerca de su función como institución encargada de disciplinar el deseo y los cuerpos masculinos, vamos a estudiar las consecuencias que tiene en la idea de la igualdad, vamos a problematizar incluso la definición de “libertad” que estamos usando (porque estamos usando una definición completamente liberal de la misma); vamos a discutir qué función juega la institución prostitucional en el mantenimiento del orden de género; qué papel juega en la ideología patriarcal. Vamos a historizar la prostitución y así sabremos que en contra de lo que se suele decir, la prostitución ha estado regulada casi siempre; que los sectores más conservadores no sólo no la han criticado, sino que la han apoyado, mantenido y promocionado; que la prostitución es una institución fuertemente cohesionadora del orden social establecido y como tal ha sido siempre utilizada por el poder, que jamás ha sido una institución cuestionadora de este orden, como pretenden hacernos creer. Sabiendo esto vamos a debatir las consecuencias para las mujeres (para las prostitutas y para las no prostitutas) de la regulación, vamos a estudiar las consecuencias que ha tenido históricamente estas regulaciones, vamos a estudiar sin prejuicios las diferentes regulaciones que ya existen y también vamos a plantear alternativas a la legitimación de una institución creada por el patriarcado para contribuir a la dominación de las mujeres. Y vamos a debatir también cómo mejorar las vidas de estas mujeres, cómo defender sus derechos, como luchar contra el estigma.

    […]

    Así que finalmente. ¿Hay que dar la voz a las prostitutas? Obviamente sí, pero a todas.

    […]

    No entiendo cómo puede cuestionar el orden social lo que ha sido creado por este mismo orden para asegurarse y afirmarse y no veo que sea progresista defender como un derecho lo que, en realidad, es una obligación patriarcal ya que ha sido el patriarcado el que ha condenado históricamente a las mujeres a no disponer más que de su propio cuerpo para venderlo en el mercado de trabajo o bien para enajenarlo en el matrimonio, únicas manera de supervivencia para las mujeres hasta prácticamente el XIX.

    En las últimas décadas la prostitución ha cambiado de comercio particular a industria global. Mi convicción es que hoy es una institución muy distinta a la que era hace 50, 100 o 500 años porque es una institución con un gran poder de adaptación. Creo que hoy se configura como un ámbito de resistencia patriarcal a los avances del feminismo. La prostitución es necesaria cuando hoy el feminismo está cercando ciertos aspectos, al menos los más evidentes, de la masculinidad tradicional y patriarcal, y a ésta sólo le queda este espacio como refugio en el que poder desarrollar su irrenunciable performance de las relaciones de género jerarquizadas; en el que poder reforzar una masculinidad que ya no es fácil encarnar en otros ámbitos sociales, familiares o políticos. Por eso, para el patriarcado, la prostitución es hoy más necesaria que nunca y por eso no es posible pensar/hablar/debatir sobre ella sin plantearse a quién sirve, para qué es funcional, para qué se creó, quién está interesado en mantenerla, que desafía realmente y qué mantiene, cómo se construye, etc.”

    Pero creo que en relación a esto último que apuntas:

    “Y esto no desdice ni contradice el derecho de cada una a hacer lo que quiera, a intentar huir de la pobreza como pueda, a ganarse la vida como quiera o pueda. La crítica a las instituciones sociales o políticas no es incompatible con respetar la libertad personal; el trabajo para el cambio social no pasa por reprimir, ni vulnerabilizar a personas vulnerables. De todo eso es de lo que yo quería hablar. Y eso es lo que quería hacer con mi libro y lo que he podido hacer sólo en parte.”

    Es necesario matizar algunas cosas; no es posible aceptar esta generalización de que cada mujer

    “tiene el derecho a hacer lo que quiera o a ganarse la vida como […] o quiera”.

    Si asumimos esto creo que caemos en el error de “infantilizar” a una parte de las mujeres que se mantienen en el ejercicio de la prostitución; que hacen de dar sexo o sexo-afecto prostitucional su vida. Por “infantilizar” a una parte de esas mujeres entiendo aquí liberarlas a ellas de toda responsabilidad de sus actos, Me explico:

    Me he encontrado a lo largo de estos años con unos cuantos testimonios de mujeres en prostitución que eran bastante conscientes de aspectos de la prostitución tales como: lo cínico y falso de la sexualidad que se desarrolla en las relaciones prostituta-cliente, o del privilegio inherente al hecho de que los hombres puedan obtener sexo cuando quieran, como quieran y con quien quieran, de una manera institucionalizada en la prostitución, muchas veces hombres en situaciones de relación de pareja (noviazgo, matrimonio…), o de algunas otras miserias sexuales masculinas (el consumismo de sexo, la sexualidad egoísta que una gran parte de los hombres que son clientes desarrollan)…
    Así pues, en aquellos casos en que tales mujeres en situación de prostitución tuviesen alguna otra alternativa a esta práctica, en mi opinión no es razonable ni éticamente legítimo plantear el que tales mujeres “puedan hacer lo que quieran” o “ganarse la vida como quieran”, puesto que si aceptamos esta clase de planteamientos estamos nosotras liberando a esas mujeres de toda responsabilidad individual.
    En este sentido si efectivamente hay mujeres que están en prostitución y que son bastante conscientes de lo poco igualitaria que es dicha práctica social que llevan a cabo los hombres, pero se mantienen ejerciéndola por criterios de utilidad relacionados con la obtención de beneficios económicos (aunque tengan otras alternativas laborales), tales personas están contribuyendo al mantenimiento del patriarcado por el hecho mismo de consentirnos a nosotros (atendiendo al propio beneficio de ellas) el desarrollo de unas sexualidades y unas afectividades que son machistas. En mi opinión tales mujeres actúan de una manera tan ilegítima y errónea como aquellas mujeres en situación de desahogo económico, (frecuentemente tienen estatus socio-económicos medios o medios-altos) que son madres y esposas “tradicionales”, esto es: educan a sus hijos varones en ciertos privilegios, con determinadas deferencias y de ciertas maneras machistas en relación a sus hijas (hembras).

    Esta es mi opinión.

  25. Después de leer el texto y los comentarios…
    no creo que nadie de izquierdas pueda defender coherentemente la prostitución como forma de vida. Algun@s o han malentendido lo que es ser de izquierdas y feminista o lo he malentendido yo. Para mi, desde luego, no consiste en eso.

  26. Sinceramente, el posfeminismo es basura ideologica, es peor que el feminismo burgués porque es directamente reaccionario. ¿Alguién se ha leído Devenir Perra, por ejemplo? es basura, basura, no os entiendo, ¿quereís arruinar la ética, la cultura y el arte con vuestras bobadas de señoritas aburridas? La dictadura de los mediocres sobre la sociedad.

    1. Sí, de acuerdo. Y lo peor es que mucha gente lo sabe(mos) pero no nos atrevemos a decirlo, que es una mierda desde cualquier punto de vista. En ese sentido el último libro de Gerad coll-Planas es valioso porque se atreve a decir lo que por ahora nadie decía publicamente. Que las tonterías de B. Preciado son reaccionarias. Lo díce tímidamente pero lo dice y creo (espero) que ahora la gente vea a la emperatriz desnuda.

  27. La prostitución es un asco, yo hago esto para salir adelante, pero no sirve para nada… a los tipos los exacerba más… todos desesperados por sexo, mirando foros de puteros, viendo porno, webs de escort, tienen la mente fundida ya.
    Encima casados o con pareja… no tienen otras inquietudes en la vida que no sean prostitución.

    A mi me ayuda a salir adelante mientras veo que hago con mi vida, soy transexual, otra no me queda, no tengo apoyo familiar y me fui de casa siendo adolescente.

    No soporto a los clientes que se violentan cuando les pones un preservativo para hacerles una felación. A los viejos que te buscan porque tienes 20 años y te exigen que seas “caliente”…. son unos degenerados, pueden tener hijos de la misma edad, les da igual que sean unos viejos horribles y te den asco. No se dan cuenta que son horrendos.

    A mi me parece que hay mucho pseudo violador por las actitudes que veo, querer forzar, obligar a hacer algo que no has pactado, enojarse si usas condón.

    Te tratan como si fueras una porquería algunos, no todos, por suerte son los menos.

    Pero que asco tener novia, o esposa, hijos, o tu mujer recién acabada de parir y ya puteando… no solo con mujeres si no con trans… un riesgo de salud para sus hijos y esposa, ya que muchas trans tienen SIDA.

    Se los regalo a los hombres, en mi vida voy a tener un novio viendo lo basuras que son… los veo con las novias y no saben donde meterse, por qué no se quedan solos y dejan de engañar y joder a otra persona? Eso es lo que no entiendo!

    1. En cambio tu testimonio sería despreciado y minimizado. Creo que describes bien lo que es la prostitución. Defiendo tu derecho a ejercerla, defiendo que tengas todos los derechos que cualquier otra persona, faltaría más pero como feminista no creo que nadie puede defender una institución semejante.

  28. uno que ya se cansó del debate (después de casi 15 años) |Responder

    Para Beatriz Gimeno y Jaume 1960:

    Por favor, no os olvidéis de que la prostitución, además de puede ser analizada como una institución social (patriarcal) o un “trabajo” posible para algunas mujeres y otras personas pertenecientes a colectivos fuertemente discriminados (personas transexuales o transgenéricas, algunos varones homosexuales), también puede analizarse como una forma de relación entre las personas… Digo esto porque es necesario plantear que en determinados casos algunas mujeres en situación de prostitución que tienen alternativas también pueden tener su parte de responsabilidad individual en el mantenimiento de dicha institución cuando deciden permanecer ejerciendo sexo o sexoafecto de pago con hombres, teniendo otras alternativas o modos de obtener los ingresos suficientes para poder vivir.
    Y soy consciente cuando digo esto del problema añadido de la estigmatización que pueden sentir y padecer algunas de esas mujeres que deciden permanecer en la actividad.

    Lo anterior no quita el que -posiblemente- la mayoría de los hombres que son clientes -sobre todo los que se hacen clientes habituales o recurrentes- tengan una responsabilidad fundamental en la pervivencia de dicho fenómeno.

  29. Uno que pasaba por aquí |Responder

    Hola Beatriz. No sé si has visto este documental alguna vez:

    No sabía que existía hasta hace unos días. Creo que está bastante bien: que no es tendencioso o lo es muy poco: ni cae en el melodramatismo o en la hipervictimización de las prostitutas, ni tampoco banaliza ni hace sensacionalismo del hecho prostitucional.

    En este reportaje se atiende de manera importante al aspecto de la demanda (masculina) de prostitución, a la figura de los clientes.
    Me parece que es un documento bastante rico en material empírico (testimonios de diferentes actores implicados en el hecho prostitucional y algún dato socioestadístico) y poco “ideológico”.No tiene desperdicio a mi entender. Creo además, que este material da para bastante: para conjeturar o “hipotetizar” una serie de aspectos relativos a las institución prostitucional en el momento presente y en una sociedad como la española y la ‘función social’ de esta.

    1. No lo había visto y no he podido verlo todavía. Gracias por enviármelo, en todo caso, porque este tipo de materiales me son muy útiles.

      Un abrazo

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