El domingo pasado Elena Valenciano escribió un texto en Facebook sobre la invisibilidad de la violencia de género. El texto es una queja profunda que se aleja de lo puramente partidario e institucional, casi no parece proceder de una persona que es un altísimo cargo en el PSOE, personas éstas siempre cuidadosas con sus palabras. El texto no admite apostillas…y sin embargo la apostilla llega al día siguiente en forma de carta que le dirige Stéphane M. Grueso a Elena Valenciano en eldiario.es. La carta/respuesta se produce por el siguiente párrafo de Valenciano “31 mujeres asesinadas y no hay manifestaciones, ni movimientos 15emes, ni misas, ni programas de televisión. Muertes silenciadas…” Es aquí donde salta Grueso, integrante del 15M; es aquí donde se siente aludido y dolido y sale a reprochar a Valenciano varias cosas, fundamentalmente dos: lo que el PSOE no ha hecho en general y que se queje en lugar de actuar. “Coja un teléfono y haga algo”, le dice a la líder socialista.
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No es la economía, es el capitalismo
El otro día, en la cafetería de mi empresa, la gente comentaba indignada los últimos despidos y la manera en que han bajado nuestros salarios y nuestros derechos laborales y sociales. Se despide a personas que ganan 700 euros al tiempo que se contrata a varios “super ejecutivos” a razón de 10000 euros al mes, por ejemplo. En fin, nada que no sepamos todos a estas alturas. Las quejas se prolongaron hasta que yo pronuncie, sin intención, la siguiente frase: “bueno, así es como funciona el capitalismo”. Fue como si hubiera hablado de poner una bomba en una estación de metro. A mí alrededor se produjo un silencio, hubo risitas y gente que me llamó “radical”. Algunas personas, de las que un momento antes protestaban, manifestaron su desacuerdo; según ellos, una cosa es quejarse de cómo estamos ahora por culpa de unos mangantes, y otra muy distinta meternos en radicalismos. Yo no había dicho qué es lo que hay que hacer con el capitalismo, si hay que acabar con él, reformarlo, conformarse o procurar enriquecerse. Sólo manifesté que “esto” tiene un nombre que es el que yo había pronunciado. Pero para la mayoría de la gente “esto”, el capitalismo (simplificando mucho ya que hay muchos tipos de organización capitalista) es como el oxígeno, vivimos en él pero no lo percibimos. Así, el capitalismo no es percibido como un sistema concreto, sino como la realidad, la única posible. No se nombra porque no es necesario, se puede reformar, se puede ajustar aquí o allá, pero no hay alternativa, lo es todo. Naturalmente que esa invisibilidad es, quizá, su mayor éxito.
El decreto andaluz antidesahucios es una medida modesta e insuficiente para la gravedad del problema al que se supone que se enfrenta, como denunció en su día la plataforma Stop-desahucios. Es una medida que en la mayoría de los casos sólo va a retrasar el problema, que no acoge a todas las familias que lo necesitan sino únicamente a aquellas que están en una situación ya desesperada, que fija un plazo temporal demasiado breve para garantizar la estabilidad vital necesaria en esta situación de paro masivo y que, además, no supone una mejora sobre lo más importante: la existencia de cientos de miles de familias atrapadas por deudas que no van a poder pagar, con vivienda o sin ella, ya que estamos en un contexto no sólo de paro, sino también de importantes rebajas salariales.
Resistir y no olvidar
En una pareja heterosexual es raro que los dos sean estériles, seguramente que o él o ella pueden concebir si se buscan a una persona fértil, del otro sexo naturalmente. Si el criterio que se quiere imponer para acceder a los tratamientos de reproducción asistida es la fertilidad, ¿por qué asistir a una mujer fértil con compañero infértil? ¡Que se busque un varón que sea fértil! ¿O es que el criterio no es la esterilidad, como se dice sino, en realidad, tener una pareja heterosexual estable? Eso parece, porque el acceso a los tratamientos que pretende el Ministerio de Sanidad define la esterilidad como la incapacidad de concebir después de 12 meses de practicar sexo coital (se supone que con el mismo hombre). Se excluye así a las mujeres que, por la razón que sea, no mantengan relaciones sexuales con hombres o no las mantengan permanentemente. ¿Es posible imponer ese criterio legalmente?
El modelo de Orgullo
Como todos los años después y antes del Orgullo, se alzan voces en contra de la mercantilización del mismo. Hay voces que critican a la organización por el simple hecho de que criticar es siempre una posición políticamente muy agradecida; hay voces que se suman a las críticas desde cierta homofobia vergonzante, aprovechando argumentos respetables; y hay personas también que critican legítimamente y desde la buena fe.
Hemos vivido una semana negra en la que la violencia machista ha asesinado a cuatro mujeres. Sabemos que la lucha contra esta violencia no forma parte de las preocupaciones del PP, que seguramente cree que no merece la pena dedicar dinero a esto. Cuando la ministra llamó a estos asesinatos «violencia doméstica», estaba formulando toda una declaración de principios y marcando el camino a seguir: es una violencia que debe volver a formar parte de lo privado y como tal dejar de ser objeto del debate y la preocupación pública. En el mismo sentido va el anteproyecto de reforma del Código Penal diseñado por el ministro de Justicia, que parece que elimina el concepto de violencia de género.
El derecho al aborto de Letizia
En estos últimos tiempos se ha ido desmontando el tabú que existía en torno a los miembros de la monarquía, y estamos leyendo casi todo sobre ellos y ellas. De sus amantes, de su riqueza en Suiza, de sus limitaciones intelectuales… Hace un par de meses salió un libro sobre Letizia Ortiz e, inmediatamente, se hizo un pesado silencio propio de otras épocas. Una periodista del corazón, Paloma Barrientos, fue despedida de su programa por hacer alusión a él y ningún periódico de izquierdas hizo la más mínima referencia al libro, ni a favor ni en contra, nada, como si no existiera. Yo escribí un artículo –que es más o menos este- y ningún diario me lo quiso publicar. ¿Por qué? Porque yo comentaba algo que se dice en ese libro: que Letizia se sometió a un aborto legal en la clínica Dator.
Las razones «eugenésicas» de Gallardón
En todas las declaraciones sobre la futura ley de aborto que prepara el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, insiste en que va a eliminar el supuesto de aborto por malformación, el llamado aborto eugenésico, y que eliminar ese supuesto es uno de los motivos para hacer este cambio en la Ley. Así en su reciente entrevista en El País, Gallardón explica que a pesar de que el Tribunal Constitucional avaló la constitucionalidad de la posibilidad de abortar por motivo de malformaciones en el feto, hay que retomar el asunto porque España suscribió después, en 2008, el convenio de la ONU para la protección de los derechos de personas con discapacidad, y parecería, tal como lo utiliza Ruiz Gallardón, que este convenio prohíbe el aborto en el supuesto de fetos con malformaciones.
Violencia que no es de género
¿Tenemos que ser las activistas lesbianas las que visibilicemos la violencia que se pueda dar –esporádicamente- en las parejas formadas por mujeres? Yo creo que no y, por eso, que no cuenten conmigo para dar pábulo a estas cuestiones.
Cada cierto tiempo el asunto de la violencia en las parejas de lesbianas se discute o bien en los medios generalistas o bien también –y especialmente- en el ámbito del propio activismo lesbiano. Tengo que reconocer que a veces ese tipo de estudios o de discusiones me sacan de quicio hasta el punto de que yo misma tengo que preguntarme por qué me gusta tan poco que se discuta de eso o se dé visibilidad a la violencia que existe en algunas parejas de lesbianas. Creo que hay dos razones de que el tema me guste tan poco. La primera y más importante tiene que ver con el uso que el neomachismo pretende hacer de cualquier tipo de violencia intrafamiliar para deslegitimar y desdibujar la lucha contra la violencia de género como un tipo de violencia sistémica particular y anclada en el patriarcado. Si todo es violencia y, sobre todo, si todo es el mismo tipo de violencia, entonces no hay razones para establecer medidas concretas de lucha contra la violencia machista. Naturalmente que esa es la manera tradicional de negar e invisibilizar que la violencia machista es diferente a cualquier otra porque se produce en un contexto de desigualdad de poder estructural (desigualdad real y simbólica) en el que los hombres creen tener derechos de propiedad sobre “sus” mujeres.
Feminismo y partitocracia
A raíz del voto del PSOE en Ponferrada, coincidente en el tiempo con las declaraciones de Cospedal sobre que las cuotas son machistas, y todo ello en un contexto en el que la crisis se está cebando con derechos básicos de las mujeres, leía el otro día un artículo en el que Kerman Calvo nos explicaba por qué parece que en España las políticas que se hacen respecto a la igualdad de género no condicionan el voto de las mujeres. Como contrapunto ponía el ejemplo de EE.UU, donde los analistas coinciden en que Obama fue elegido gracias al voto femenino en las mismas elecciones en las que varios políticos republicanos pagaron en las urnas sus declaraciones antifeministas. ¿Por qué aquí no ocurre lo mismo y el PSOE no recogió votos de las mujeres después de sus políticas feministas?
