¿Se puede? No lo sé

Voy a ser muy incorrecta, voy a decir algo que es casi un tabú político, pero quiero defender el derecho al pesimismo. Confieso que estoy cansada de ese optimismo que la izquierda ha convertido en un eslogan, en parte de su patrimonio ideológico hasta llegar a ser, en algunas ocasiones, obligatorio. Ya sé que las arengas son necesarias para animar a la tropa ante el combate o el sacrificio, pero a mí no me gusta la tropa, sino la gente que se lo cuestiona todo. La culpa de mi pesimismo inveterado la tiene mi abuelo que siempre que escuchaba ese lema que la República transmitió al mundo en español, el “No pasarán”,  decía por lo bajo: “pero pasaron”. Y vaya sí pasaron. Pasaron, se quedaron y siguen aquí.  Así que yo soy de las que piensa que casi siempre pasan, por mucho que cantemos canciones de esperanza y tengamos de nuestro lado a la poesía. Sigue leyendo

Respuesta a Stéphane M. Grueso (sin acritud)

El domingo pasado Elena Valenciano escribió un texto en Facebook sobre la invisibilidad de la violencia de género.  El texto es una queja profunda que se aleja de lo puramente partidario e institucional, casi no parece proceder de una persona que es un altísimo cargo en el PSOE, personas éstas siempre cuidadosas con sus palabras. El texto no admite apostillas…y sin embargo la apostilla llega al día siguiente en forma de carta que le dirige Stéphane M. Grueso a Elena Valenciano en eldiario.es. La carta/respuesta se produce por el siguiente párrafo de Valenciano “31 mujeres asesinadas y no hay manifestaciones, ni movimientos 15emes, ni misas, ni programas de televisión. Muertes silenciadas…” Es aquí donde salta Grueso, integrante del 15M; es aquí donde se siente aludido y dolido y sale a reprochar a Valenciano varias cosas, fundamentalmente dos: lo que el PSOE no ha hecho en general y que se queje en lugar de actuar. “Coja un teléfono y haga algo”, le dice a la líder socialista. Sigue leyendo

Ahora a por los estudiantes

Entre la vorágine de recortes en derechos laborales, económicos y sociales están pasando un poco desapercibidas, aunque no para los afectados y sus familias, la subida de las tasas universitarias en todas las universidades públicas que junto con la radical disminución de las becas están expulsando del campus a miles de estudiantes. Esta subida no es exclusiva de España sino que se está produciendo en todo el mundo. No tiene misterio: están privatizando la universidad. En poco tiempo estudiar en España ya no estará al alcance de muchas familias corrientes y menos aun si son varios los hijos que querrían hacerlo. Sigue leyendo

Antisistema

Digámoslo claramente, lo cierto es que nuestra constitución y nuestro sistema democrático están sufriendo un ataque sin precedentes por parte de este gobierno, que a su vez es correa de transmisión entusiasta de un ataque de quien gobierna realmente la Unión Europea y que no son personas ni partidos elegidos por nadie, sino élites financieras y económicas que se han apropiado de la democracia. La verdad es que nuestra constitución, que define nuestro estado como social y de derecho y que en principio fijaba un suelo de derechos básicos, no cabe en esta Europa neoliberal. Las leyes que se están aprobando entran claramente en contradicción con el espíritu de la Constitución, pero en muchas ocasiones también con su letra, como han denunciado algunos constitucionalistas. El golpe de timón se fraguó con el inicuo acuerdo entre PP y PSOE para constitucionalizar el techo de déficit. Un artículo que en su cumplimiento viene a certificar la vulneración del carácter social de la constitución; es decir, con la introducción de ese artículo se produjo un cambio completo en nuestro sistema social, y al aprobarse sin referéndum y sin debate político serio supuso también la certificación de la entrega de la democracia al poder económico y financiero. Esto se hace claramente visible en la entrada de personas procedentes de las élites financieras en todos los gobiernos y, en algunos casos, incluso, en la sustitución de gobiernos elegidos democráticamente por gobiernos de tecnócratas que no han pasado siquiera por las urnas. Sigue leyendo

Ejerciendo la democracia

Llevo un tiempo discutiendo con amigas y amigos sobre las manifestaciones y protestas que están teniendo lugar y especialmente las que se han producido esta misma semana. Discutimos no sólo por las manifestaciones que se han producido en la calle, sino también las protestas que se suceden en forma de manifiestos de todo tipo y que circulan por las redes sociales. Tanto en unas como en otros, es obvio el hartazgo y la crítica a la clase política en general a la que parece culparse de la situación que estamos viviendo. Algunos de mis amigos se indignan con lo que consideran una generalización injusta y abusiva, además de peligrosa. Suelen decir que atacar a los políticos despejará el campo para que manden los mercados. La respuesta que surge sin pensar es: “¿más?” Sigue leyendo

Ciudades para hacer ciudadanía

En mi opinión una de las cosas más interesantes que ha traído el 15M ha sido la recuperación de los espacios públicos para la discusión política entre los ciudadanos; me refiero a las asambleas populares, tanto la que se celebra en Sol casi permanentemente como en distintos lugares de la ciudad, por los barrios. Como respuesta a esta pacífica ocupación, cada vez  con mayor fuerza y arbitrariedad  -y lo veremos más aun según crezcan las protestas-, el estado intenta controlar/reprimir esta explosión cívica; en España desde luego y en el resto del mundo también.  El otro día la policía prohibía incluso repartir información acerca de la huelga del profesorado y hemos visto como, por momentos, se ha prohibido de manera arbitraria pasar por Sol o por distintos puntos de la ciudad, según le pareciera a los poderes públicos que ese lugar en concreto no debía ser ocupado y ni siquiera transitado: la Bolsa, las cercanías del Congreso etc.    Sigue leyendo

Madrid Indignada

Vamos a dejar de lado la indignación para centrarnos en el estupor que me han  producido los sucesos pseudopoliciales de los últimos días en Madrid. Una supone (ya veo que sin razón) que hay cabezas pensantes detrás de los comportamientos, se supone que profesionales, de la policía. Ya lo dudo. Estuve por el centro los tres días últimos. Lo primero que llamaba la atención era lo rídiculo de la situación, (además de antidemocrática, pero eso ya he dicho que lo voy a dejar de lado). La policía no protegía nada, no pretendía impedir ninguna acción, se supone que violenta o ilegal, por parte de los Indignados. Se limitaban a correr tras ellos. Así, como suena. ¿Para qué? Pues no se sabe. ¿Por qué no se les dejaba sentarse en el suelo y reunirse en asamblea? , ¿el objetivo era hacerles recorrer el centro de un lado a otro? ¿O quizá el objetivo era simplemente que sintieran en sus cogotes el aliento del poder? Sigue leyendo