Ciudades para hacer ciudadanía


En mi opinión una de las cosas más interesantes que ha traído el M15M ha sido la recuperación de los espacios públicos para la discusión política entre los ciudadanos; me refiero a las asambleas populares, tanto la que se celebra en Sol casi permanentemente como en distintos lugares de la ciudad, por los barrios. Como respuesta a esta pacífica ocupación, cada vez  con mayor fuerza y arbitrariedad  -y lo veremos más aun según crezcan las protestas-, el estado intenta controlar/reprimir esta explosión cívica; en España desde luego y en el resto del mundo también.  El otro día la policía prohibía incluso repartir información acerca de la huelga del profesorado y hemos visto como, por momentos, se ha prohibido de manera arbitraria pasar por Sol o por distintos puntos de la ciudad, según le pareciera a los poderes públicos que ese lugar en concreto no debía ser ocupado y ni siquiera transitado: la Bolsa, las cercanías del Congreso etc.   

La ciudad debería ser un espacio abierto al ejercicio de la ciudadanía y “ciudadanía” es un concepto político que sólo se entiende en el espacio físico de la ciudad. Y sin embargo contamos con cada vez menos espacios para hablar, para discutir, para vernos, para interrelacionar políticamente con otros y otras, para escuchar opiniones distintas y valiosas; vivimos inmersos en micromundos en los que sólo nos relacionamos con los que son muy afines. En las modernas ciudades no sabemos dónde está la gente, qué opina, no es fácil hacer propuestas conjuntas, vernos.  No hay espacios para el debate político que hemos dejado en manos de partidos e instituciones, no hay medios, no hay facilidades para hablar, debatir, escuchar…la propia estructura de la ciudad nos va alejando, cada vez más, del ejercicio de la ciudadanía activa.

El hecho de que no haya espacios para la política en su sentido más primegenio, ciudadanos que se reunen y debaten, no es inocente. Al poder no le gusta que andemos discutiendo sobre lo que el poder hace. Por eso el urbanismo actual ha convertido las ciudades en espacios en los que es muy difícil comunicarse. Son espacios que garantizan ciudadanos ensimismados en sus propias vidas y las de sus pequeñas familias, son ciudades “de uno en uno” que tienen como fin último individualizar en lo posible la convivencia, meter a los ciudadanos/as en compartimentos estancos que se relacionen entre ellos lo menos posible: de casa al trabajo, del trabajo a casa, el ocio en el centro comercial y las únicas relaciones, si acaso, con el vecino de al lado que será, seguramente, muy parecido  a nosotros. Los centros urbanos, los tradicionales lugares de convivencia ciudadana,  se vacían para ser ocupados por empresas y por transeúntes que compran o trabajan y a los que se supone que les molesta cualquier otro uso de ese espacio. Y los barrios se vacían también de los tradicionales espacios de vida para que cada uno se refugie en su espacio individual, jardín privado o comunitario incluidos, del que sólo se sale al centro comercial o a espacios de ocio previamente codificados.

Estas ciudades dormitorio o esta proliferación de viviendas unifamiliares hasta el infinito, además de destrozar el paisaje,  son espacios sin voluntad cívica de ninguna clase y una muestra de la ideología neoliberal del individualismo reflejado en el urbanismo. Por eso, volver a la ciudad, sentarse en el suelo y escuchar lo que otra mucha gente tiene que decir, es un ejercicio de ciudadanía insólito pero que lleva en sí mismo la semilla del cambio. Aunque sólo sea porque es devolver a la ciudad la función para la que la ciudad fue creada: hacer ciudadanía.

3 comentarios

  1. Buenas,

    Me ha parecido una artículo muy interesante. Reflexionar sobre el concepto de ciudadanía en estos términos amplia la concepción que tenemos sobre éste, no somos sujetos pasivos que manifiestan su voluntad un día cada cuatro años (el día de las elecciones), sino todo lo contrario somos sujetos activos con voz. Voz que debemos empezar a difundir en espacios que como comentas nos han sido restringidos y limitados a lo largo del tiempo.
    Las ciudades tienen sentido en cuanto a espacios de interrelación de la vida social, por ello coincido contigo en destacar la importancia del 15M como un movimiento de cambio en la vida social de las ciudades en cuanto a “la recuperación de los espacios públicos para la discusión política entre la ciudadanía”.

    Un saludo

  2. Ricard Gomà, durante la campaña municipal, señaló que – para el caso de Barcelona- los coches suponían el 30% de los traslados pero tenían el 70% del suelo urbano dedicados a ellos, si bien este % había ido bajando los últimos años.

    Esto es un problema, a parte de ser una excusa/justificación para no dejar proliferar la vida cívica y social en las calles, impedir hacer público algo que no debiera ser privado y que, sin embargo, se intenta retirar para la intimidad.

    Ahora, con la nueva censura de RTVE, hay un espacio menos de libertad. Y suma y sigue.

  3. También es una forma de que volvamos a sentirnos partícipes de algo que antes se veía como ajeno ; los espectadores hemos salido de la pecera , aunque sea para poquito efecto, es mejor así que el aborregamiento anterior.
    Los acristalados deberían alegrarse porque supone una mejora de la especie ciudadana.
    Ah , lo olvidaba , que eso les da lo mismo.
    Perdón .

    Buena reflexión , Beatriz; me hace bien leer cosas así en medio del derrotismo y la crítica fácil de demasiada gente .

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