El 27 de julio pasado el Consejo de Ministros aprobó el proyecto de Ley de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local (LRSAL) que ahora se presenta en el Congreso. En dicha ley y con la excusa del infame artículo 135 de la Constitución pactado por PP y PSOE, se da un paso más allá en el empobrecimiento material y social de la población. En esta ocasión el objetivo es vaciar de competencias al 95% de los ayuntamientos (todos los de menos de 20.000 habitantes) se supone que para ahorrar. El resultado final será la desaparición o privatización de todos los servicios que ahora se prestan desde los municipios y que dan servicio a más de siete millones de personas. Millones de euros que hasta ahora se invertían en políticas sociales, en sanidad, educación, igualdad, dependencia… se van a evaporar desde lo público seguramente al negocio privado de amiguetes. Pero además de desmantelar los servicios sociales municipales esta ley busca clausurar la instancia democrática más cercana a la ciudadanía, aquella en la que la democracia y el pluralismo tienen más sentido, donde los vecinos y vecinas tienen más capacidad de decisión acerca del bien común. Se trata no sólo de degradar los servicios públicos, sino también de degradar la política y la democracia, alejando aún más las decisiones políticas de quienes son objeto, y cada vez menos sujeto, de la mismas.
Aunque sea por molestar: ¡Gracias Femen!
Cuando las Femen saltaron en tetas en las tribunas del Congreso de los Diputados yo me puse de lo más contenta. Por una parte porque nada nos puede gustar más a estas alturas que desconcertar a esas señorías que viven en su mundo paralelo legislando acerca de nosotros y nosotras pero sin nosotros. Señorías del Partido Popular que viven ahí metidos tomando decisiones que nos van hundiendo en la pobreza, en la incultura y la desigualdad, pero sin que ellos lleguen nunca a oler esta mugre que se está amontonando fuera. Me puse contenta porque tuvieron que oírnos a las mujeres y porque tuve ocasión de contemplar sus caras. Unos tenían cara de asustados, otros de desconcertados, muchos de cabreo puro y duro cuando no de asco, y Wert tenía cara de…¡hay que ver la cara que se le puso a Wert!
Los timadores triunfantes
Hace un par de días estuve en Galicia y cuando paseaba por la calle de una de sus capitales escuché unos pitos y un barullo ante el que nadie se sorprendía. Después, ante cierta indiferencia general, presencié un desfile de personas la mayoría mayores y –no había más que verlas- trabajadoras, de las que se han dejado la vida en el trabajo. Los manifestantes eran gente de esa que hasta ahora no era habitual de las manifestaciones: señoras y señores mayores con aspecto de no meterse en política o, al menos, de no hacerlo de manera muy habitual. Pero allí estaban, denunciando con pitos que han sido víctimas del timo de la estampita versión bancos y Cajas: las preferentes. A estas personas los bancos les han robado sus ahorros. En total casi 30.000 millones de euros en preferentes y unos 16.000 en deuda subordinada. Y se lo han robado mediante una estafa perfectamente organizada por los dueños de estos bancos y cajas. Y además, a muchos de ellos no sólo no les van a devolver lo robado, sino que Europa ha puesto como una de sus condiciones inhumanas que no se lo devuelvan o que les devuelvan sólo una parte.
Según nos anuncian ha llegado la recuperación. El mes pasado encontraron trabajo 31 personas (mi hijo entre ellas) y todos nos alegramos, yo pensé que era como si a mi hijo le hubiera tocado la lotería. Recuperación es una palabra que suena a gloria a quienes hemos sido robados, esquilmados, expoliados. ¡Qué alegría! La crisis ha terminado, vamos a recuperar lo perdido. Todos los desahuciados van a recuperar sus casas y con ello sus vidas. Vamos a recuperar, es muy importante, nuestra condición de ciudadanos y ciudadanas libres en un país democrático y por ello, ahora, con esta recuperación, vamos a dar marcha atrás en ese Código Penal que se parece mucho a los códigos medievales donde robar una barra de pan puede llevarte a la cárcel pero robar en impuestos miles de millones, no. Un código penal hecho para asustar e impedir protestas y rebeliones. Espero que recuperemos también nuestra capacidad de recurrir a la justicia sin tener que pagar por ello. Ya no nos multarán por acudir a manifestaciones o por convocarlas, ni por apoyar en las redes una convocatoria pacífica, vamos a recuperar los derechos civiles y las libertades, qué bien.
Sembrando resistencias
Las acciones de resistencia que han ido naciendo a medida que la estafa-crisis se hacía más profunda y dolorosa han cambiado muchas cosas. Una de las más importantes es, precisamente, la percepción que ahora se tiene acerca de la legitimidad de la resistencia. La simpatía y la solidaridad que estas huelgas y todas las demás que han tenido lugar durante este tiempo han despertado en la gente. Y esto implica un cambio importante respecto a la situación precrisis.
Si yo fuera rey…
Hasta hace relativamente poco tiempo reconozco que aunque republicana por historia familiar, convicción y corazón, el tema me daba un poco igual. La monarquía no tiene ningún sentido, pero como tantas otras cosas. Es injusta y anacrónica, pero como tantas cosas. Se heredan privilegios, sí, pero los hijos de los ricos no merecen más su herencia que los hijos de los reyes que, además, heredan también ciertas obligaciones. Reconozco que la monarquía era, hasta hace poco, una de mis últimas preocupaciones. Incluso, lo reconozco, no seré la única que he leído revistas del corazón -y no sólo del corazón- en las que contaban cotilleos de esas familias raras y me he entretenido un rato mirando vestidos, peinados, ceremonias y haciendo chistes. Las familias reales hasta ahora eran fuente inagotable de entretenimiento, cotilleo y diversión.
El necesario pacto entre mujeres
Cuando algunas personas, yo entre ellas, decidimos fundar la Federación Estatal de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (FELGTB) con el más que humilde objetivo de conseguir ser iguales ante la ley teníamos claro que por ser este un objetivo políticamente modesto (aunque impensable entonces) y por tratarse de derechos básicos, era, al mismo tiempo un objetivo que seguramente compartirían personas lgtb de derechas. Yo, que fui presidenta de esa organización, lo tenía y lo tengo claro: la igualdad legal (en este caso el matrimonio y una ley de identidad de género) no va a acabar con la lgtbfobia, pero si la ley no nos reconoce como iguales no se puede afrontar ningún otro cambio más profundo. El voto para las mujeres no acabó con el sexismo, con el patriarcado ni con el capitalismo, pero que las mujeres pudieran votar era imprescindible para poder pensar en todas esas cosas. Y podríamos hacer muchas comparaciones de este tipo: conducir no parece un derecho fundamental…hasta que se convierte en un derecho sólo para los hombres. En Arabia Saudí una mujer lucha por su vida cuando conduce un coche, aquí luchábamos por la nuestra al pretender que se nos reconociera el derecho al matrimonio; en Afganistán las niñas luchan yendo a la escuela o, simplemente jugando en la calle… No hace falta explicar que no se trata del matrimonio, ni de conducir, o de ir al colegio, se trata de Igualdad.
Abramos los ojos de una vez
«No tocaré la sanidad, la educación, las pensiones», eso es sagrado, dijeron. Y las tres cosas están en liquidación. La sanidad pública se privatiza, se trocea, se degrada; se regala a empresas privadas para que hagan negocio con ella. La educación pública se degrada también hasta niveles inimaginables. Miles de niños y niñas no tienen libros, cientos de miles de estudiantes universitarios tienen que abandonar la carrera que estudiaban por no poder pagarla; se reduce el número de profesores, la educación que se ofrece es de mucha peor calidad y mientras, los colegios concertados reciben más dinero, terrenos, prebendas de todo tipo. El sistema público de pensiones comienza también su liquidación y no se hace por ahorrar, sino porque es un negocio enorme en el que todavía no han metido mano las financieras. Los bancos que han quebrado por su mala gestión, que han timado, estafado y especulado reciben subvenciones de cientos de miles de millones a fondo perdido y sus responsables, lejos de ir a la cárcel, son contratados como «asesores» de no sé sabe qué por cientos de miles de euros. El paro crece, el despido se abarata y se facilita. La vivienda sigue siendo un bien inalcanzable para la mayoría y los que no pueden hacer frente a las deudas contraídas con engaños son expulsados de sus casas. La pobreza se extiende por millones de hogares.
Dice Lastquetty
Dice Lasquetty que dimitir no se le ha pasado por la cabeza y estoy segura de que es así. Dice que los madrileños apoyan la privatización de la sanidad y seguramente lo sabe porque ha leído una encuesta encargada a la misma empresa que decía que el 91% apoyaban la candidatura olímpica; dice Lasquetty que AFEM, la asociación de médicos que ha conseguido paralizar la privatización sanitaria es un sindicato del PSOE, ignorando a tantos asociados que dicen haber votado al PP. En fin, Lasquetty dice que todo se ha hecho bien y que la decisión del juez que paraliza la privatización sanitaria es “política”. Yo diría más bien que es higiénica. Tenían tanta prisa, tanta ansiedad, por rapiñar la sanidad pública madrileña que ni siquiera se molestaron en que la cosa pareciera más o menos legal. Se sienten hasta tal punto con derecho a robar lo público que no se detienen en tecnicismos ni legalismos como cuidarse de que el proceso parezca mínimamente ajustado a derecho, ni se molestan tampoco en explicarlo o en que lo que dicen parezca creíble, para qué, deben pensar; porque dice Lasquetty que convocar un referéndum sobre la cuestión sería antidemocrático.
La caridad televisada de la derecha
A la derecha la solidaridad y la organización popular le produce urticaria; a pocas cosas le tiene tanto miedo como a que la gente piense, imagine, se organice, conquiste espacios comunes y de solidaridad. Toda su estructura económica, política y social se basa en fomentar el individualismo y la competencia de todos contra todos. Para paliar la mala conciencia o para “luchar” (es un decir) contra las situaciones más terribles fomentan la caridad que tratan de hacer pasar como aquello a lo que la gente debe aspirar si quiere mejorar su situación. El neoliberalismo pretende que la gente se olvide de que tiene derechos. La ofensiva ideológica camina en este sentido, no se tiene derecho a nada, cada uno que se arregle como pueda y, con suerte, que espere que le caiga una limosna.
