Ha llegado la recuperación, pero no la nuestra


Según nos anuncian ha llegado la recuperación. El mes pasado encontraron trabajo 31 personas (mi hijo entre ellas) y todos nos alegramos, yo pensé que era como si a mi hijo le hubiera tocado la lotería. Recuperación es una palabra que suena a gloria a quienes hemos sido robados, esquilmados, expoliados. ¡Qué alegría! La crisis ha terminado, vamos a recuperar lo perdido. Todos los desahuciados van a recuperar sus casas y con ello sus vidas. Vamos a recuperar, es muy importante, nuestra condición de ciudadanos y ciudadanas libres en un país democrático y por ello, ahora, con esta recuperación, vamos a dar marcha atrás en ese Código Penal que se parece mucho a los códigos medievales donde robar una barra de pan puede llevarte a la cárcel pero robar en impuestos miles de millones, no. Un código penal hecho para asustar e impedir protestas y rebeliones. Espero que recuperemos también nuestra capacidad de recurrir a la justicia sin tener que pagar por ello. Ya no nos multarán por acudir a manifestaciones o por convocarlas, ni por apoyar en las redes una convocatoria pacífica, vamos a recuperar los derechos civiles y las libertades, qué bien.

Desde luego de las cosas más importantes de entre las que vamos a recuperar ahora que llega la recuperación son la sanidad y la educación. Una sanidad pública, verdaderamente universal y de verdad gratuita que no convierta la atención sanitaria en una mercancía que sólo puedan pagarse los ricos; y lo mismo con la educación, que será de nuevo un derechos de todos y todas. Los pensionistas van a recuperar también el poder adquisitivo de sus pensiones, los trabajadores/as el de sus salarios. Pero también vamos a recuperar la ciencia, la cultura, la dignidad de país, el medio ambiente, todo, vamos a recuperar lo robado, vamos a recuperar nuestros derechos laborales, sindicales, sociales, individuales.

Pero hay cosas que no tendremos que recuperar porque aun estamos a tiempo de que no nos las quiten. Por ejemplo, si yo fuera Gallardón el derecho al aborto no lo tocaba porque la recuperación ya está aquí y con lo deprisa que viene, (en el 2014 al parecer) entre que nos quita el derecho y después lo recuperamos, casi no hay tiempo. Quizá Gallardón no se haya enterado de que la recuperación está llegando. Así es, las mujeres vamos a recuperar nuestra condición de ciudadanas de pleno derecho dueñas de nuestros cuerpos y de nuestro propio destino.

No se refieren a esa recuperación, claro. Mariano Rajoy lo ha dejado claro en Japón, que lo que se ha recuperado aquí son los beneficios empresariales, recuperados a costa de los salarios de y los derechos de los trabajadores/as. También hemos asistido a una potente recuperación de los símbolos franquistas y fascistas, que florecen en el microcosmos popular. Ellos dicen “recuperación” en el mismo sentido que decían “rescate”, ese que rescató a los bancos hundiendo a las personas; ese que rescató a los altos cargos cesantes para ponerles de consejeros de las grandes empresas; ese que rescató a los gestores inútiles para nombrarles gestores con más sueldo y mayor importancia. No queremos esta recuperación, sino una que nos devuelva lo robado. El robo ha sido de tal magnitud que no es posible que de las mismas manos que lo han llevado a cabo nos llegue ni esta recuperación ni ninguna otra. Los ladrones no suelen devolver de buen grado el botín. Cuando llegue la recuperación que la inmensa mayoría deseamos seguro que nos enteramos porque la habremos traído nosotros para nosotros y nosotras; la habrá construido la gente para la gente y no nos la tendrá que anunciar por decimocuarta vez el gobierno más mentiroso de la historia; y entonces podremos salir a la calle a celebrarlo. Habremos recuperado nuestras vidas. Y por cierto que este mes de la recuperación mi hijo ha perdido su recién estrenado trabajo.

Publicado en: El Plural

Una respuesta

  1. Saldremos de la crisis, sí, pero a costa de peores condiciones laborales, menores salarios, inferiores derechos. Las cifras macroeconómicas se recuperarán a costa de hundir los datos micro: el bienestar de la ciudadanía. El vínculo entre progreso económico y progreso social se ha roto, ya no existe. Sólo democratizando la economía saldremos de ésta pero de verdad: las y los ciudadanos, no el 1%.

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