Con toda sinceridad…

(Por una vez y sin que sirva de precedente comparto por aquí lo que he escrito en mi página de Diputada para darle toda la visibilidad posible):

 

Estoy pensando…Estoy pensando en cosas que cuesta escribir, que no sé si escribir pero que escribo finalmente porque hay demasiado en juego. Cosas muy queridas para mí, que tienen que ver con mi historia, mi bagaje personal, nuestra historia de lucha y resistencia a las políticas destructoras de vidas. Estoy pensando en los compas de IU, algunas personas muy queridas y muy cercanas. Y estoy pensando en la propia IU como mi casa que fue durante muchos años. Veo como algunas de las cosas que le (nos) hemos reprochado desde siempre están ahí todavía, para desgracia suya, que es también desgracia nuestra y de toda la gente que lucha. Sigue leyendo

Una habitación propia

No es que venga de una familia sin dinero o que en mi casa viviéramos todos apelotonados, pero nunca tuve una mesa propia. Ni de niña, ni para estudiar. Mi hermano, en cambio, sí que la tuvo; mesa y habitación para que estudiara, leyera, escribiera…para lo que fuera. Pero mi hermano, la verdad, nunca estudió mucho. Prefería oir música… hoy es músico. Tener una habitación propia le permitía escuchar la música que quería en cada momento que deseaba. Las niñas, en cambio, dormíamos juntas, la habitación no daba para poner una mesa con tanto armario, cómoda y las dos camas. Las niñas éramos mucho mejor estudiantes que el niño pero estudiábamos en la cocina, a veces en el comedor. Sigue leyendo

Libros en papel

Los libros son muy importantes en mi vida. No sólo por los que leo o que he leído, sino por los libros mismos como objeto. Las paredes de todas mis casas, de mis casas de niña, con mis padres, o de mis casas de adulta, están llenas de libros. No digo que sea fácil, las mudanzas son terribles, pero son parte de mi vida. Sigue leyendo

Project Management

He terminado mi curso de Project Management mucho más asombrada que cuando lo empecé porque al menos antes yo ignoraba que existieran estas cosas y ahora me he dado de bruces con ellas. No puedo hacer aquí ni siquiera un somero resumen de las más de diez horas que ha durado el espanto. Pero trataré de señalar los puntos clave. No repetiré lo absurdo que resulta decir obviedad tras obviedad usando una jerga específica casi siempre en inglés, cuando casi todas las palabras se pueden decir en castellano. Pero naturalmente que eso es lo de menos. Sigue leyendo

Llegando lejos

Llevaba un tiempo queriendo tener otro blog mucho más personal. Quería hablar de la vida cotidiana y de las cosas que me pasan (y que me pesan) . Mucha gente me decía que lo hiciera, muchas lesbianas me han escrito en ese sentido. Y sí, quería escribir de cuestiones que no tienen cabida en mi blog más serio, el otro. Quería escribir de relaciones, de sexo, de amor, de familia, de trabajo, de la vida. Hacerlo me relaja, me divierte, me alivia, me conforta, me paso la vida escribiendo de todo. He tenido incluso alguna oferta profesional en ese sentido; he tenido ofertas para escribir un diario sobre  sobre relaciones afectivas y sexuales y publicarlo en forma de libro e incluso una vez me ofrecieron llevar un blog sobre sexo (o algo parecido)  en un medio de comunicación. Me encanta escribir sobre sexo, pero a mi aire. Si lo hiciera en un medio de comunicación terminaría escribiendo lo que no quiero. El exibicionismo que implica escribir de una misma (o en primera persona, aunque sea mentira) es más liviano cuando al menos no se hace para vender, sino como ejercicio propio, para lo que sea: para compartir, para confesar, para ejercitarse literariamente, para combatir neurosis, depresiones…e incluo para ligar. Sigue leyendo

No sabemos vivir.

Domingo por la tarde, después de una semana horrible de mucha tensión. Tumbada en el sillón de mi salón, mirando los árboles y pensando en lo mal que vivimos. A mi me gustan mucho los árboles. Sí, ya se que no hay nadie que odie a los árboles, pero es que a mi me gustan especialmente, reparo en ellos, los miro, me dan paz y alegría, soy consciente de cuándo hay árboles y cuándo no y qué tipo de árboles son. Vivo en un barrio lleno de árboles, en una calle llena de árboles. Desde el  sillón de mi salón, si miro hacia la ventana,  no veo más que el cielo y árboles. Veo cómo cambian según la estación, los veo cambiar de color y de aspecto, llenarse de hojas o frutos (tengo un níspero y una higuera justo debajo) o quedarse con las ramas peladas. Luego, en cuanto llega la primavera, me encanta ver como esas ramas desnudas se van llenando de unas pequeñas yemas verdes que lo terminan cubriendo por completo. Cuando estoy tumbada en el sillón tapada con una manta, ahora en otoño o en invierno, miro a la ventana,  veo caer las hojas y puedo quedarme horas mirando; cuando llueve veo cómo las hojas brillan y veo también el agua deslizarse sobre ellas; de noche la visión de los árboles iluminados en primer plano, con nada más que la oscuridad detrás, me parece un paisaje casi mágico, un privilegio. Sigue leyendo