Libros en papel

Los libros son muy importantes en mi vida. No sólo por los que leo o que he leído, sino por los libros mismos como objeto. Las paredes de todas mis casas, de mis casas de niña, con mis padres, o de mis casas de adulta, están llenas de libros. No digo que sea fácil, las mudanzas son terribles, pero son parte de mi vida. Sigue leyendo

La burbuja del absurdo

Para que la cultura neoliberal triunfe es necesario haber colonizado antes las mentes. El miedo, terror, a quedar excluido del mundo laboral, lo que te convierte en un desecho  por una parte pero, al mismo tiempo,  el uso del ámbito laboral para adoctrinar, acostumbrar, provocar la adaptación completa de las personas a ese mundo invivible ya ha sido denunciado sobradamente. La sociedad neoliberal exige trabajadores con mentalidad neoliberal preparados para aceptar métodos de trabajo inhumanos y valores neoliberales: competencia extrema, terror al despido, aceptación de reglas absurdas sin protestar, criterios de eficiencia dictados arbitrariamente por la empresa, rentabilidad a costa de lo que sea, cosificación del trabajador/a, individualismo extremo, desaparición o minusvaloración de cualquier valor que no se adecúe a las exigencias empresariales, saber venderse, sea eso lo que sea…La locura neoliberal conduce al aumento exponencial de los suicidios en el lugar de trabajo. Eso en lo que se refiere a los seres humanos. Sigue leyendo

No sabemos vivir.

Domingo por la tarde, después de una semana horrible de mucha tensión. Tumbada en el sillón de mi salón, mirando los árboles y pensando en lo mal que vivimos. A mi me gustan mucho los árboles. Sí, ya se que no hay nadie que odie a los árboles, pero es que a mi me gustan especialmente, reparo en ellos, los miro, me dan paz y alegría, soy consciente de cuándo hay árboles y cuándo no y qué tipo de árboles son. Vivo en un barrio lleno de árboles, en una calle llena de árboles. Desde el  sillón de mi salón, si miro hacia la ventana,  no veo más que el cielo y árboles. Veo cómo cambian según la estación, los veo cambiar de color y de aspecto, llenarse de hojas o frutos (tengo un níspero y una higuera justo debajo) o quedarse con las ramas peladas. Luego, en cuanto llega la primavera, me encanta ver como esas ramas desnudas se van llenando de unas pequeñas yemas verdes que lo terminan cubriendo por completo. Cuando estoy tumbada en el sillón tapada con una manta, ahora en otoño o en invierno, miro a la ventana,  veo caer las hojas y puedo quedarme horas mirando; cuando llueve veo cómo las hojas brillan y veo también el agua deslizarse sobre ellas; de noche la visión de los árboles iluminados en primer plano, con nada más que la oscuridad detrás, me parece un paisaje casi mágico, un privilegio. Sigue leyendo

Despilfarro grande, pero también pequeño

Venía escuchando esta mañana en la radio un recuento de esas obras inmensas que durante años hemos padecido en España, que han saqueado (esa es la palabra) las arcas públicas sin que nadie haya pagado por ello, ni haya hecho siquiera una declaración reconociendo el error. Aquí no hay propósito de enmienda por ningún sitio. Somos un país de nuevos ricos y nos resistimos a admitir que el gasto público deba usarse en cosas que a lo mejor no brillan tanto pero que son necesarias y no en fastos, edificios o infraestructuras inútiles. Es posible que muchas de esas construcciones y obras no sean delito, pero el despilfarro público debería estar castigado de alguna manera. Sigue leyendo

La derecha y el sexo

Hace un par de días fui a Málaga a dar una charla y por coincidir con el puente de mayo no encontré billete normal así que fui en Preferente. Como yo soy un poco gafe, en lugar de poder disfrutar de un viaje en el que te dan de todo, tuve la desgracia de que se me sentó enfrente Ignacio González, Vicepresidente de Esperanza Aguirre;  como nos conocemos pero no nos queremos,  estuvimos todo el viaje mirándonos de reojo y con cara de malas pulgas. Y como no tenía nada más que mirar aproveché para observar, con ojo de entomóloga, a un especimen de la más pura derecha en estado de descanso vacacional. Sigue leyendo

Mierda patriarcal en la oficina

Trabajo en una redacción abierta, no hay despachos cerrados para nadie, todos compartimos el mismo espacio aunque distribuidos por “islas”, mesas de cuatro u ocho puestos, según los departamentos: Contenidos, Tecnología, Jurídico, Recursos Humanos, Revista, Videos, Marketing etc. Me siento en la “isla” de Contenidos, cerca de la “isla” de Tecnología y cerca también de la puerta que lleva al bar/comedor, una puerta que cruzamos todos varias veces al día. En la isla de Tecnología se sientan sólo hombres, técnicos de mantenimiento de ordenadores.  Son sin duda las personas más tontas de la empresa, ese tipo de hombre que sólo habla de futbol y chicas. No están muy bien pagados, casi todas las mujeres de esta empresa ganamos más que ellos, quizá eso no les guste. Así que han encontrado otra manera de empoderarse. Sigue leyendo