El discurso antitrans que crece a nuestro alrededor, y que se extiende por las redes, revela muchas coincidencias con la manera en que se construyen los discursos racistas o xenófobos. Muchas de las mujeres que lo comparten, y que se dicen feministas, constantemente aseguran que no son transfóbicas, de la misma manera que en Vox dicen que no son racistas, que solo tratan de impedir que los inmigrantes quiten derechos a los españoles. ¿Es o no un discurso tránsfobo? Analizo aquí los argumentos del discurso antitrans.
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El debate sobre la monarquía y la nueva república está de nuevo sobre la mesa y ganando espacio político y social. Parece que la bula que esta institución tenía entre la ciudadanía se ha acabado y así lo señalan las pocas encuestas que se han publicado, aunque el CIS prefiera seguir sin preguntar sobre este asunto. Las razones de la caída en el prestigio de la monarquía han sido ya desgranadas, así como también las razones políticas que explican por qué una nueva república supondría un horizonte de mayor justicia e igualdad. Pero más allá de la sociedad que nos traería una nueva constitución, las feministas tenemos que denunciar que la propia institución monárquica es incompatible con la democracia a la que aspiramos. ¿Qué supone para nosotras, feministas, la pervivencia de una institución como la monarquía en la jefatura del Estado? ¿Es la monarquía un asunto feminista?
La culpa es de las abolas
Decía ayer Gabriela Wiener en un artículo-exabrupto que la culpa de todo es de las abolas. Nunca dejará de sorprenderme la ira que se gastan algunas contra nosotras y que jamás vemos aflorar ante la noticia, casi cotidiana, de la policía rescatando a mujeres esclavizadas o ante las filas de puteros abriendo sus braguetas para que una mujer depauperada y con la mirada perdida les chupe la polla en una rotonda. Ni ante los negocios que se cierran en prostíbulos, ni ante los niñatos que acuden en manada a los puticlubs y que luego dejan en las páginas web sus calificaciones sobre las bocas y las vaginas de las «perras», ni ante los políticos que se premian unos a otros con volquetes de putas, por no hablar de los países cuyas mujeres y niñas pobres literalmente no tienen más opción vital que ser prostitutas. Eso nunca genera la misma ira en las regulacionistas que la que generamos las abolicionistas. Es, como poco, extraño.
Cuando publiqué mi libro sobre la lactancia materna recibí por las redes todo tipo de insultos y amenazas (no cuento aquí las opiniones legítimamente negativas). El maltrato se extendió a cualquier periodista que se atreviera a entrevistarme o a hacer una crítica medianamente positiva de mi libro; se impuso una especie de veto en algunos medios. La novedad es que no me insultaban trolls machistas, sino autodenominadas “feministas prolactancia”. En 2012 cuando publiqué mi anterior libro, la reacción que suscitó, con ser un tema muy polémico, no se pareció en nada. Hoy las redes se han convertido en campos de batalla en los que se libran cruentas guerras de guerrillas y en las que parece que la victoria se consuma cuando se logra subir un hashtag a trending topic. Y la guerra es más cruenta cuanto más cercanos ideológicamente se encuentran los/las contendientes. Los debates políticos se han convertido en una guerra que se desarrolla en modo troll.
El debate de los vientres de alquiler que ha saltado a la opinión pública en los últimos meses es, a la vez, simple y complejo. Es complejo porque no es unidireccional, sino que se puede abordar desde muchos diferentes aspectos: la ética, el feminismo, el neoliberalismo, la pobreza, las relaciones norte-sur, el consumismo, los derechos humanos, el aborto etc. es complicado explicar todos los matices a los que afectan los vientres de alquiler, pero al mismo tiempo es simple posicionarse en contra de esta práctica pues en definitiva, todo se reduce a una cuestión de poder y explotación sobre las mujeres más pobres y más vulnerables. Vamos a intentar, en este artículo, acercarnos a los vientres de alquiler desde diferentes ángulos sabiendo que, aun así, dejamos muchas cuestiones fuera.
Sigamos debatiendo de prostitución
Cuando comienzo el enésimo artículo sobre prostitución la sensación es de terrible tedio e impaciencia. No parece haber nada sobre este asunto que no se haya discutido, ni explicado hasta la saciedad. Lo que parece quedar es simplemente una batalla política sobre un debate irreductible en el que ya no queda nada que decir.
Los chistes de gitanos y la vergüenza
Lo de los chistes de Bodegas tiene varios planos que no es posible tratar aquí. Hay muchos debates implícitos en éste, y todos ellos importantes: sobre la discriminación, la libertad de expresión, la defensa de las minorías, el racismo, los límites del humor… y twitter, que daría para otro artículo en sí mismo. Por eso voy a delimitarlo partiendo de un recuerdo personal que se me vino a la cabeza (y a las tripas) cuando escuché el monólogo y leí el debate que suscitó.
¿Elogio al cuidado o elogio al vacío?
Tras las últimas movilizaciones feministas, especialmente después del 8M, pero ya antes, hemos visto como muchas de las reivindicaciones feministas han sido rápidamente objeto de mercadeo ideológico, asimiladas y utilizadas por todo el mundo, incluidas notorias personas o proyectos antifeministas. Por ejemplo vemos a Ciudadanos, el partido que exigía hace poco acabar con la ley contra la Violencia de Género a la que llamaba “violencia doméstica”, erigirse en adalid del feminismo. Ver a los machistas convertidos en feministas en dos días, es risible. Con todo, lo más preocupante no es que algunos de los conceptos feministas sean utilizados a izquierda y derecha acríticamente, como comodines sin contenido, sino que más peligroso es que dichos conceptos puedan servir como dique de contención a las verdaderas potencialidades transformadoras del feminismo, invisibilizando las opresiones, pervirtiendo su significado o, peor aún, haciendo pasar por transformadores contenidos claramente reaccionarios. Pensamos que esto puede estar ocurriendo con el término “cuidado”, que ha pasado a ser un término multiusos que se pretende que designe todo lo bueno del feminismo (en algunos casos lo único bueno), y casi cualquier virtud ética y moral, sin más.
Mi libro sobre la lactancia materna y el terremoto (al menos personal) que ha provocado ha coincidido con la aprobación en el Congreso de los Diputados de la propuesta de Ley de Permisos de Paternidad Iguales e Intransferibles y, a raíz de esta aprobación, se han publicado en diversos medios algunos artículos muy críticos con esta propuesta; artículos que exigen que los permisos no sean transferibles (es decir, que se los puedan coger solo las madres, tal como sucede ahora) así como que se alargue el permiso de maternidad (que es uno de los más cortos de Europa y que es cierto que hay que alargar).
