La nueva utilidad de la prostitución en el neoliberalismo


En este artículo se pretende explicar la transformación sufrida por la institución
de la prostitución desde que en los años 70 y 80 se convierte en una de las
industrias transnacionales más importantes del mundo.

Autor: Beatriz Gimeno

Nací en Madrid y dedico lo más importante de mi tiempo al activismo feminista y social. Hoy, sin embargo, soy un cargo público. Estoy en Podemos desde el principio y he ocupado diversos cargos en el partido. He sido Consejera Ciudadana Autonómica y Estatal. Del 2015 al 2020 fui diputada en la Asamblea de Madrid y ahora soy Directora del Instituto de la Mujer. Sigo prefiriendo Facebook a cualquier otra red. Será la edad. Tuve la inmensa suerte de ser la presidenta de la FELGTB en el periodo en que se aprobó el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género. He dado lo mejor de mí al activismo, pero el activismo me lo ha devuelto con creces. Estudié algo muy práctico, filología bíblica, así que me mido bien con la Iglesia Católica en su propio terreno, cosa que me ocurre muy a menudo porque soy atea y milito en la causa del laicismo. El tiempo que no milito en nada lo dedico a escribir. He publicado libros de relatos, novelas, ensayos y poemarios. Colaboro habitualmente con diarios como www.eldiario.es o www.publico.es entre otros. Además colaboro en la revista feminista www.pikaramagazine.com, así como en otros medios. Doy algunas clases de género, conferencias por aquí y por allá, cursos…El útimo que he publicado ha resultado polémico pero, sin embargo es el que más satisfacciones me ha dado. Este es “Lactancia materna: Política e Identidad” en la editorial Cátedra.

Un comentario en “La nueva utilidad de la prostitución en el neoliberalismo”

  1. De todas formas, ocurre, no pocas veces, que los hombres satisfacen sus necesidades sexuales mediante la prostitución, por otras razones más personales, tras las cuales hay una actitud muy egoísta por su parte, aunque seguramente, detrás de eso se oculte también el machismo, en último caso. Y es que se ve, en numerosas ocasiones, a hombres con alguna enfermedad hereditaria que, refugiados en la causa de no querer transmitirla a su posible descendencia, recurren a las prostitutas, puesto que a ellas les da igual que ellos sean flacos, tontos, mostruosamente feos; que les falte un ojo, los dos, y hasta un testículo, si el pene les funciona correctamente, pues su función no es precisamente discriminar a los clientes, sino satisfacerlos y cobrar, y a ellos no les importa pagar por un rato de compañía y un polvo, en lugar de complicarse la vida con una pareja estable, con la que tendrían que ser mucho más disciplinados en cualquier aspecto, de los cuales no sería el menos importante el uso continuo de anticonceptivos, problema que no tienen con las putas, pues ellas, según cuentan los mismos puteros, se previenen solas, o, en el mejor de los casos, a ellos no les importa llevar un preservativo, dado que se trata de una ocasión coyuntural.
    La citada disciplina de pareja, llegado un momento, les aburre, y optan, bien por cambiarla, en el caso de que la hayan formado, bien por la vía de la prostitución, de forma que, lo que es una actitud muy digna en principio (no querer transmitir enfermedades hereditarias de ningún tipo), se convierte así en una idea perversa, egoísta y deplorable.

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