El Papa viene en 2011 al parecer. Sólo espero que durante su visita no se nos impongan restricciones a la libertad de expresión como ha sucedido en Australia y dispongamos, al menos, del derecho al pataleo, y podamos quejarnos tanto como nos pida el cuerpo, que será mucho. La visita en sí no es excesivamente molesta: apenas un par de días que se salen de lo cotidiano y que vienen a ser como cuando ganamos la Eurocopa: multitudes enfervorizadas llenando las calles por donde pasa ese señor; especialmente imagino, la Plaza de Colón. Lo que me ocurre cuando el Papa celebra actos multitudinarios es que éstos me producen angustia. Una angustia que me retrotrae a mi infancia.
Autor: Beatriz Gimeno
Nací en Madrid y dedico lo más importante de mi tiempo al activismo feminista y social. Del 2015 al 2020 fui diputada en la Asamblea de Madrid y después Directora del Instituto de la Mujer. Sigo prefiriendo Facebook a cualquier otra red. Será la edad. Tuve la inmensa suerte de ser la presidenta de la FELGTB en el periodo en que se aprobó el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género. He dado lo mejor de mí al activismo, pero el activismo me lo ha devuelto con creces.
Estudié algo muy práctico, filología bíblica, así que me mido bien con la Iglesia Católica en su propio terreno, cosa que me ocurre muy a menudo porque soy atea y milito en la causa del laicismo.
El tiempo que no milito en nada lo dedico a escribir. He publicado libros de relatos, novelas, ensayos y poemarios. He escrito en varios medios, hoy escribo en Infolibre. Además colaboro en la revista feminista www.pikaramagazine.com, así como en otros medios. Doy algunas clases de género, conferencias por aquí y por allá, cursos…Escribo libros y sueño con un mundo sin machismo y sin desigualdad social. Mi lema vital es uno de Samuel Beckett: “Lo intentaste. Fracasaste. No importa. Inténtalo de nuevo. Fracasa otra vez. Fracasa mejor” Hago lo que puedo y, total, para morir un día.
Derecho a la intimidad
El otro día me peleé con una amiga a cuenta del caso del magnate de la Fórmula Uno, Max Mosley, sorprendido por un medio de comunicación en plena orgía sadomasoquista. Desde todas partes se le pide su dimisión, pero Mosley no sólo no ha dimitido, sino que ha demandado a la revista y ha defendido su derecho a hacer lo que quiera en su vida sexual. Yo estoy de acuerdo con él y, es más, pienso que los que deberían ir a la cárcel son los de la revista. No puedo comprender cómo es posible que se considere normal que te fotografíen en tu casa, en plena actividad sexual y que después esas fotos se publiquen en una revista y nadie se escandalice por eso. Me parece muchísimo más grave eso que lo que Mosley hiciera o dejara de hacer en el ámbito de su privacidad.
Un descanso para Aído
Ahora que estoy tumbada en la playa me da por pensar en la ministra de Igualdad y se me ocurre que necesita unos días de descanso. Es cierto que no lleva mucho tiempo en el cargo, pero se los tiene más que merecidos. Si me pongo en su lugar soy capaz de imaginar cómo se debe sentir después de comprobar que no puede decir dos palabras seguidas sin que la mitad de los medios de comunicación se rían de ella y la otra mitad se escandalice.
Orgullo lésbico
El 5 de julio en Madrid es el día del orgullo de ser lesbiana. Orgullo por ser valiente, por no ocultarlo, por ser capaz de desafiar tantas cosas aprendidas y otras tantas obligadas; orgullo, por tanto, por ser desobedientes y rebeldes. Orgullo por echar abajo el armario, por no conformarse dentro de él, por arriesgar lo que haga falta con tal de vivir a la luz del día, como cualquiera. Los armarios son para la ropa.
El PSOE ha de recuperar el rumbo
En la vida tengo pocas certezas. En la política creo que tengo sólo dos:
1-Cuando los partidos que se dicen de izquierdas dejan de parecer de izquierdas, pierden las elecciones.
2-Los militantes de los partidos que se dicen de izquierdas suelen ser más de izquierdas que sus partidos.
Todas las personas de izquierdas hemos aprendido (algunos/as no nos hemos resignado) que a la política económica no hay partido que le meta mano desde una concepción económica de izquierdas. Por eso, lo que hace que un partido parezca de izquierdas es su política social. Eso es lo que hizo el PSOE en la pasada legislatura y por eso ganó. Por eso y porque el PP parecía muy de derechas.
Derecho al aborto
Lo he dicho varias veces en El Plural y lo diré las veces que haga falta. Los derechos de las mujeres no están completos si no se tiene derecho al aborto. Derecho al aborto es decir, nada más y nada menos, que derecho al propio cuerpo y derecho a elegir si se quiere o no ser madre. Por eso, más vale que no se presuma de feminista si no se está en condiciones de garantizar eso. Lo digo por Zapatero.
No puedo sino mirar con cierto pasmo lo que está ocurriendo con el aborto en este país. Todas sabemos que el derecho al aborto no es sólo el más importante de los derechos reproductivos, sino uno de los derechos más importantes para las mujeres. El aborto es la piedra de toque de muchos otros derechos y si éste se pone en cuestión o no es reconocido en absoluto, o sólo medio reconocido, lo que está en juego es el derecho de todas las mujeres a ser dueñas de sí mismas, a sus cuerpos, a ser libres en definitiva. Teníamos una ley con la que se iba funcionando mal que bien y parecía que, en todo caso, tarde o temprano se aprobaría una ley mejor, una ley de plazos. Pero no. El PSOE saca este derecho de su programa electoral y la iglesia y los reaccionarios inician una campaña en contra de la aplicación de la ley con el objetivo de hacerla más restrictiva. Hace unos meses pensaba que esta ley era inamovible y que sólo se podía mejorar, que la derecha nunca se atrevería a tocarla. Ahora no estoy tan segura y si la campaña en contra es fuerte y encima no parece haber oposición organizada, no parece imposible que en caso de que el PP gane las elecciones se desate una campaña aun más fuerte que termine por hacer la ley impracticable.
La regularización de la prostitución como un trabajo más o la lucha por su abolición se ha convertido en los últimos años en un asunto que ha dividido en dos mitades irreconciliables al movimiento feminista. El debate feminista ha alcanzado niveles de tal virulencia que es imposible llegar no ya a un acuerdo, sino siquiera a escuchar los argumentos de la otra parte. Intentar debatir, como yo misma he intentado a veces, con buena voluntad, reconociendo que algo de razón pueden tener incluso las oponentes, intentando no descalificar, reconociendo que feministas somos todas, es imposible. Es una discusión cerrada por ambas partes donde apenas es posible la reflexión. Y, sin embargo, este debate mucho más que otros necesita una buena dosis de reflexión. Y lo necesita porque pocos temas políticos e ideológicos son tan complejos y mezclan cuestiones tan diferentes, tan contradictorias y de tan difícil solución.
Lo peor de Berlusconi
Lo peor de la política de Berlusconi no es, con ser terrible, que sea una política racista y semifascista. Lo peor no es darte cuenta, por si a alguien le cabía alguna duda, de que la democracia permite que una ciudadanía libre y formada elija a un tipo ridículo, risible, de un machismo trasnochado y estúpido, como gobernante (¡qué pena Italia!). Lo peor de la política de Berlusconi ha sido que algunos nos hemos dado cuenta de que la idea que nos han vendido de la Unión Europea es falsa. Voté “Sí” en el referéndum para el proyecto de constitución europea e hice campaña en ese sentido. Ahora no se qué hubiera votado y empiezo a pensar que los que pedían el “No” desde la izquierda tenían razón.
La igualdad necesaria
Al fallo del Tribunal Supremo californiano declarando inconstitucional las leyes que prohíben el matrimonio entre personas del mismo sexo se suma ahora Nueva York, que va a casar y a reconocer el matrimonio contraído en otros estados. El fallo de California era esperable. Una cosa es que no existan leyes que reconozcan ciertos derechos, puesto que éstos son históricos y producto de largas batallas, y otra muy distinta que sea factible restringir legalmente el acceso a esos derechos, es decir, excluir explícitamente de su disfrute a un grupo de ciudadanos/as y hacerlo, además, en base a una conducta o a una orientación personal perfectamente legal, legítima y considerada igual a otra. Ninguna constitución moderna que tenga como base la igualdad puede dar cabida, hoy día, a ese tipo de exclusiones. Por eso la batalla por el reconocimiento de la igualdad legal, esto es, del acceso a las leyes matrimoniales (única legislación que en los países occidentales aun consagra la discriminación) está ganada incluso aunque la igualdad no se haya conseguido formalmente en todos los países. No es más que cuestión de tiempo.
