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El espíritu del 45 y el espíritu del nuevo PSOE

Después de las elecciones que se han celebrado en el PSOE no es necesario ser muy inteligente para darse cuenta  de que el aparato ha entendido que la exigencia de “cambio”, supuestamente demandada por las bases tras la debacle electoral, se refería a un cambio de caras y a un relevo generacional. Hago referencia a “supuestas exigencias de cambio” porque los militantes tuvieron opción de votar y se decantaron, claramente, por la opción que menos significaba un cambio real —si es que alguna lo hacía— de las tres que se presentaban. Así que es posible que quizá, efectivamente, el cambio demandado por las bases se refería a esto. Ya podemos decir que se ha desinflado ese mantra que repetía, al parecer sin fundamento, que el PSOE es un partido que hace políticas de derechas pero cuya militancia es de izquierdas. Ha quedado comprobado que este es el PSOE que quieren al menos la mayoría de sus militantes, está por demostrar si los ciudadanos y ciudadanas le encuentran a este partido alguna utilidad. El nuevo secretario general ha concedido varias entrevistas esta semana en las que opina que luchar por la justicia social es populismo, demagogia y “engañar a los españoles”. Declaraciones políticamente banales, complejidad intelectual más bien escasa, apelaciones constantes al centro y a la clase media: discurso viejo, repetido,  mascado y ya escupido por esos mismos españoles. Esta ha sido mi desesperanzada impresión.

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Repita conmigo señora Aguirre: ustedes violan derechos humanos

No me gustó nada el supuesto debate entre Pablo Iglesias y Esperanza Aguirre el pasado sábado en La Sexta Noche. Afortunadamente, unos días después fue el propio Pablo Iglesias el que dijo en la misma cadena que a él tampoco le gustó. Creo que se enredó y que, aun así, salió vivo del envite. Aguirre también salió viva, eso es lo malo. Aunque no creo que ni Aguirre ni Pablo Iglesias atrajeran a su bando a nadie que no estuviera previamente convencido, lo cierto es que hay que romper ya, como sea, con estos debates en los que el PP consigue no debatir de nada de lo que interesa pero, en cambio, impone sus marcos morales e ideológicos. Por más sorprendente que nos parezca a estas alturas, sus marcos morales se reducen a ETA y Venezuela. Lo de ETA es más o menos esperable (al fin y al cabo, la hemos sufrido de manera dolorosa), pero lo de Venezuela espero que alguien en alguna universidad haga un estudio. Si George Lakoff conociera los argumentos del PP en lugar de su famoso libro No pienses en un elefante, escribiría “No cites a Venezuela”, o algo así. Por mi parte, tengo un amigo venezolano que no da crédito.

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Esperanza Aguirre, mediocre alumna de Goebbels

Esperanza Aguirre lo ha puesto demasiado fácil al acusar a Podemos de usar las tácticas propagandísticas de Goebbel. No hacía falta remontarse al franquismo ideológico, padrino de los populares. En realidad, Goebbels es ella y es el partido popular, o lo intentan con suerte desigual. La campaña de Podemos para las elecciones europeas ha sido la mejor valorada porque ha conseguido centrar la política en la vida de las personas, en lo que debería ser siempre la política. Queremos que se nos explique por qué no se puede pagar la sanidad y sí rescatar bancos. Y esto no es hacer populismo ni demagogia. Queremos que se nos explique por qué no podemos ser la ciudadanía la que elija si prefiere una cosa o la otra. Porque, además, la política es eso, por eso votamos, para poder elegir las opciones que mejoren nuestras vidas y no a unos gestores de no se sabe qué políticas impuestas por instituciones o personas no elegidas por nadie. Esto tan simple, la razón de la política, había desaparecido del horizonte de la democracia y Podemos lo ha puesto en el centro. Por eso ha sacado más de un millón doscientos mil votos; porque ha puesto el foco en donde debe estar. Y ha conseguido, además, que otros partidos intenten hacer lo mismo: bienvenido sea.

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El PSOE y el velo de la ignorancia

El velo de la ignorancia es un concepto que utiliza el filósofo John Rawls para explicar su teoría de la justicia. Pero es una expresión demasiado descriptiva y útil como para no darle nuevos significados. Yo podría decir que el velo de la ignorancia cubría hasta hace muy poco a gran parte de la ciudadanía, que pudiendo saber no sabía. La razón de que pudiendo saber no quisiéramos saber, o no del todo, tiene que ver con la parálisis que hasta la irrupción de Podemos hemos vivido en la política española. No queríamos saber del todo debido al cansancio, a la impotencia, a la sensación de inutilidad y también de cierta perplejidad. El velo de la ignorancia, translúcido a la medida de cada cual, nos permitía saber lo que queríamos e ignorar lo que preferíamos ignorar.

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La (nueva) política y las redes

Hermann Tertsch, Maruhenda, Fátima Báñez o Carlos Floriano se deben tomar muy en serio a sí mismos, pero el resto del mundo se ríe de ellos en las redes. Da exactamente igual que dirijan un periódico o un Ministerio. Nos reímos de ellos no sólo por razones ideológicas sino porque su discurso está completamente fuera de la realidad. Hace 50 años nadie se hubiera reído al ver a un ministro invocando a una virgen, ahora esa invocación parece un chiste. La sociedad ha cambiado y mucha de esta gente no se ha enterado.

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Lo que oculta el chiste de la Yihad

Yo no sé si las redes están infestadas de yihadistas, yo no he conocido a ninguno. Tampoco sé si los yihadistas en cuestión tienen tales poderes mágicos que son capaces mediante un tuit de introducirse en la mente de dos militantes del PP de León hasta conseguir que maten a una alto cargo del mismo partido. A estas alturas tengo miedo de todo, incluso de llegar a creerme yo misma una peligrosa miembra de la Yihad. Nunca se sabe lo que pueden hacer con tu mente esos peligrosos terroristas.

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Cambiar Europa haciendo otra política

Ya sabemos dónde estamos: en un momento en el que se ha producido un cambio radical en las condiciones del contrato social simbólico que ciudadanía europea, élites económicas y poder político habían firmado después de la II Gran Guerra.