El PP ha decidido paralizar un poco la subida de la luz hasta que las cosas se calmen. Era de madrugada cuando la Comisión Nacional del Mercado de Valores invalidaba la escandalosa subida. Hace un par de días el Partido Popular tumbaba una proposición de la Izquierda Plural para que no se pudiera cortar la luz en los meses de más frío a aquellos que no puedan pagarla. No para que se les condone la deuda, no, sólo para que se les atrase el cobro. Lo que la izquierda proponía era una medida de caridad, no de justicia, pero menos es nada. Lo que el PP dijo es que intentar desde la política que las personas que menos tienen no paguen sus deudas (las de ellos, las de quienes ahora legislan, las de quienes han legislado antes y las de los financieros que sientan en el parlamento por delegación) es hacer demagogia. La razón es que dichas medidas no hacen falta porque, según ellos, el gobierno ya ha arbitrado medidas sociales para que todo el mundo pueda pagar sus recibos. Deben ser las mismas medidas invisibles que nos anunciaron que tomaban para que la gente no fuera desahuciada de su casa, o las que tomaron con la reforma laboral para que la gente no se fuera al paro, o las que toman para que las mujeres sean libres de ser más mujeres y más femeninas. Se ríen de nosotros y de nosotras.
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El momento Berlusconi
Es obvio que al PP ya no le preocupan sus escándalos, que se conozcan los delitos que han cometido muchos de sus más importantes dirigentes o los que ha cometido el propio partido; no le importa nada que esos dirigentes sean encontrados culpables, no le importa nada que sea evidente su reparto, entre ellos mismos, de todo lo público… Todo eso les da igual, lo dan por amortizado.
Ellos y nosotros
Los ataques a los parados son una constante desde el comienzo de la ofensiva destinada a acabar con el estado del medio-bienestar, una constante imprescindible para la imposición de este régimen neoliberal. Se pretende, por una parte, demonizar a los pobres, hacerles culpables de su situación de manera que sea más fácil justificar un nivel creciente y sin precedentes de desigualdad social. Se pretende que la gente se acostumbre a convivir con normalidad con un número escandaloso de parados y de pobres sin que eso se considere una anomalía social, sin que la situación de estas personas genere rabia o solidaridad. Se pretende afianzar la sensación de que hay un “ellos” y un “nosotros”, los que no estamos parados, los que no somos pobres.
Los timadores triunfantes
Hace un par de días estuve en Galicia y cuando paseaba por la calle de una de sus capitales escuché unos pitos y un barullo ante el que nadie se sorprendía. Después, ante cierta indiferencia general, presencié un desfile de personas la mayoría mayores y –no había más que verlas- trabajadoras, de las que se han dejado la vida en el trabajo. Los manifestantes eran gente de esa que hasta ahora no era habitual de las manifestaciones: señoras y señores mayores con aspecto de no meterse en política o, al menos, de no hacerlo de manera muy habitual. Pero allí estaban, denunciando con pitos que han sido víctimas del timo de la estampita versión bancos y Cajas: las preferentes. A estas personas los bancos les han robado sus ahorros. En total casi 30.000 millones de euros en preferentes y unos 16.000 en deuda subordinada. Y se lo han robado mediante una estafa perfectamente organizada por los dueños de estos bancos y cajas. Y además, a muchos de ellos no sólo no les van a devolver lo robado, sino que Europa ha puesto como una de sus condiciones inhumanas que no se lo devuelvan o que les devuelvan sólo una parte.
Según nos anuncian ha llegado la recuperación. El mes pasado encontraron trabajo 31 personas (mi hijo entre ellas) y todos nos alegramos, yo pensé que era como si a mi hijo le hubiera tocado la lotería. Recuperación es una palabra que suena a gloria a quienes hemos sido robados, esquilmados, expoliados. ¡Qué alegría! La crisis ha terminado, vamos a recuperar lo perdido. Todos los desahuciados van a recuperar sus casas y con ello sus vidas. Vamos a recuperar, es muy importante, nuestra condición de ciudadanos y ciudadanas libres en un país democrático y por ello, ahora, con esta recuperación, vamos a dar marcha atrás en ese Código Penal que se parece mucho a los códigos medievales donde robar una barra de pan puede llevarte a la cárcel pero robar en impuestos miles de millones, no. Un código penal hecho para asustar e impedir protestas y rebeliones. Espero que recuperemos también nuestra capacidad de recurrir a la justicia sin tener que pagar por ello. Ya no nos multarán por acudir a manifestaciones o por convocarlas, ni por apoyar en las redes una convocatoria pacífica, vamos a recuperar los derechos civiles y las libertades, qué bien.
La caridad televisada de la derecha
A la derecha la solidaridad y la organización popular le produce urticaria; a pocas cosas le tiene tanto miedo como a que la gente piense, imagine, se organice, conquiste espacios comunes y de solidaridad. Toda su estructura económica, política y social se basa en fomentar el individualismo y la competencia de todos contra todos. Para paliar la mala conciencia o para “luchar” (es un decir) contra las situaciones más terribles fomentan la caridad que tratan de hacer pasar como aquello a lo que la gente debe aspirar si quiere mejorar su situación. El neoliberalismo pretende que la gente se olvide de que tiene derechos. La ofensiva ideológica camina en este sentido, no se tiene derecho a nada, cada uno que se arregle como pueda y, con suerte, que espere que le caiga una limosna.
¡Qué despistados!
“Uy, que nos hemos equivocado”, ha dicho el FMI respecto a su diseño del plan de rescate a Gracia. “Uy, no sabíamos que esto iba a pasar” han dicho al reconocer que subestimaron los efectos negativos de las políticas de austeridad. A ver si es que van a ser tontos, incompetentes y muy malos profesionales… “Hubo notables fallos. La confianza de los mercados no se logró restaurar, el sistema bancario perdió el 30% de los depósitos, y la economía se enfrentó a una recesión mucho más profunda de lo previsto, con un desempleo excepcionalmente alto”, ha dicho el FMI. Casi casi lo mismo que decíamos todos los que no tenemos nada que ganar, sino mucho que perder, con esos planes de hundimiento a los países que, sarcásticamente, se llaman de rescate. ¡Qué locuelos! ¡Es que toman las decisiones a toda velocidad no dan abasto! Hambre, pobreza, destrucción de un sistema de vida decente, falta de democracia, recorte brutal en derechos sociales y en derechos humanos…desesperación, suicidios. Nada, no pasa nada, se han equivocado.
Para qué vivimos
No están equivocados, existe un plan
Se puede decir de formas complicadas pero también se puede decir de manera simple: si los partidos que ganan las elecciones hacen todo lo que dijeron que no harían para ganarlas, ¿qué legitimidad tienen después para aplicar sus mentiras? El programa electoral del PP era una mentira de arriba abajo y, como tal mentira, completamente intencionada. Los futuros gobernantes sí que sabían lo que iban a hacer en cuanto ganaran, como se le escapó al portavoz del PP en la Comisión de Sanidad del Senado Jesús Aguirre o al propio Rajoy (“haré lo que tenga que hacer aunque haya dicho lo contrario”). El hecho de que tuvieran que mentir indica que sabían de sobra que de decir la verdad puede que no hubieran ganado las elecciones, es decir, que se reconoce que la mayoría de la gente, si tuviéramos alguna capacidad de elegir, elegiríamos otra cosa distinta a ésta que se nos está imponiendo. Se nos hurta así la posibilidad real de elegir qué tipo de política queremos.
No olvidemos cómo y dónde estamos
Hay muchísima gente que no entiende lo que es el déficit, ni la prima de riesgo, ni el diferencial. Y sin embargo en los telediarios dedican una buena parte de la información a contarnos cosas relacionadas con eso. Sin saber lo que es el déficit–y aun sabiéndolo- lo que una aprende al ver cualquier telediario es que el déficit es casi como la propia constitución, más importante que cualquier principio, que cualquier derecho. Es eso que tiene que cumplirse, sí o sí.
