Todos y todas tenemos nuestra cuota de responsabilidad en lo que está ocurriendo. Lo estamos viendo, lo estamos sabiendo y lo estamos aceptando, a ragañadientes, pero lo estamos aceptando. Desde una oposición inane que protesta a medio gas y a la que casi no se la escucha, no se atreve a romper con nada y que, al contrario, corre a aceptar cualquier pacto que se le proponga, hasta cada uno de nosotros que no estamos respondiendo con la firmeza que sería necesaria. Ya no hablo de actitudes heroicas (que las hay) ni de jugarse la vida o la integridad física; hablo, simplemente, de lo básico; ni siquiera acudimos masivamente a las manifestaciones. Por miedo, comodidad, porque todo lo que pasa es algo que les pasa a los otros (aún)…por dejadez y sobre todo por cansancio, porque este régimen se nos ha caído encima como una losa que parece superior a nuestras fuerzas.
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La indignidad de los corruptos
El momento Berlusconi
Es obvio que al PP ya no le preocupan sus escándalos, que se conozcan los delitos que han cometido muchos de sus más importantes dirigentes o los que ha cometido el propio partido; no le importa nada que esos dirigentes sean encontrados culpables, no le importa nada que sea evidente su reparto, entre ellos mismos, de todo lo público… Todo eso les da igual, lo dan por amortizado.
Repitiendo obviedades
Algunas cosas parecen tan obvias que da un poco de pudor recordarlas, pero lo cierto es que estamos viviendo un tiempo tan brutal que lo evidente ha dejado de serlo. Esta semana no ha sido posible escaparse del video antiaborto que ha publicado Duarte Falcó y de la Cierva, nada menos. En otro tiempo este video provocaría risa, ahora provoca un enorme cabreo. Un señorito bodeguero de 19 años decide por su cuenta implicar a una serie de pijos y pijas infumables en una campaña que quiere recortar derechos a las mujeres. Hay quien dice que este video no se puede tomar en serio; es posible. Pero vivimos un tiempo en el que las agresiones a nuestros derechos básicos son tan salvajes que hasta los pijos descerebrados se animan a sumarse a la rapiña. Si se lo podemos quitar todo, habrá ¿pensado? ese Duarte, ¿por qué no voy a participar? Así que él, desde la altura de los barriles de vino de su padre y de su apellido compuesto, se atreve a opinar sobre los derechos de las mujeres. Mujeres, las que necesitan de la ley para abortar en buenas condiciones, que en nada se parecen a Tamara Falcó que si necesitara abortar no habría ley que la detuviera; las ricas han abortado toda la vida de dios. De dios precisamente nos habla Tamara Falcó entre mohines. Estas personas que se preocupan tanto por los fetos tienen la costumbre de amar mucho a dios.
Aunque esto no sea muy políticamente correcto estoy convencida de que en el mundo hay gente y gentuza. Ahora que vemos entre los políticos mucha gentuza (y también mucha gente normal) hay que recordar que la gentuza se distribuye por igual en todas partes, en todas las profesiones, en todos los países, en todas las ideologías, en todos los niveles de renta. Es difícil definir a la gentuza porque nadie es absolutamente bueno, absolutamente generoso, absolutamente solidario; todos tenemos zonas oscuras; pero hay grados.
La basura no está en la calle
Apoyo la huelga de los trabajadores y trabajadoras de limpieza de Madrid. Por supuesto que me asquea la suciedad, me repugna el mal olor y reconozco que cada mañana llego a la puerta de mi trabajo conteniendo las náuseas, que sólo se me pasan cuando traspaso la puerta. Y sin embargo no estoy deseando que la huelga acabe sin más, estoy deseando que acabe con una vitoria para los trabajadores; si la empresa no cede, entonces prefiero que la basura nos ahogue hasta que tengan que ceder. Cuanto más insoportable sea la situación, más posibilidades hay de que el conflicto se resuelva de manera más justa para los trabajadores. Las huelgas tienen que ser así, se hacen para eso, para obligar a la empresa a negociar y a ceder al menos en parte. Las pretensiones de la empresa son las de ganar más dinero a costa de bajar los salarios y recortar derechos; salarios que nunca se bajan, derechos que nunca se recortan –como bien sabemos- a las personas con salarios altos (que cada vez son más altos) sino a los que ganan menos. Cuando los trabajadores/as de cualquier sector hacen una huelga y la ganan ganamos todos y todas los que vivimos exclusivamente de nuestro trabajo; por tanto solidarizarnos con las huelgas debería ser lo normal.
El problema de los Mossos
Los catalanes y catalanas partidarios de la protesta, de salir a la calle y protestar, tienen un problema añadido al de la situación actual que tantos motivos nos da para salir a la calle: los Mossos. No es que haya ninguna policía en el mundo que no vaya a utilizarse para reprimir a los disidentes, ya lo sé, pero las hay que matan más y que matan menos. Parece ser una cosa de profesionalidad. Cuando me veo ante un tipo (o tipa) vestido de Mazinger y con una porra en las manos, (que seguramente es mucho más que una porra, es una porra eléctrica que te deja frito o bien una porra extensible que hace más daño); cuando estoy en esa situación, sólo pido que el que me da porrazos sea muy profesional y no me mate.
La iglesia, otra vuelta de tuerca
La Iglesia en España ha sido siempre uno de los principales aliados del poder económico y un poder económico en sí misma. Fue colaboradora necesaria de la dictadura pero antes de eso era parte imprescindible de un sistema de poder casi feudal. Aquí, la Iglesia ha puesto siempre todo su empeño en mantener la desigualdad social, el atraso endémico, la incultura, la falta de libertades, los privilegios de unos cuantos y la opresión de muchos y, sobre todo, muchas. Era una institución tan odiada por la clase trabajadora, por el campesinado, por la mayoría de los intelectuales que, en cuanto se prendió una chispa, la gente corrió a quemar iglesias.
Los gitanos no tienen cara de ángel
El racismo contra los gitanos está estallando ante nuestras narices sin que nadie mueva un dedo para evitarlo. El racismo es una manifestación más del fascismo y como tal debería ser enfrentado y contestado por la opinión pública y por las instituciones democráticas – o por lo que quede de ellas-. El racismo que ha señalado a los gitanos como el chivo expiatorio de sus delirios está instalado en todo el continente y lo mismo da que se trate de un gobierno supuestamente socialista o de un gobierno semiautoritario o nacional- católico. Ante este asunto lo mismo nos da el gobierno de Hollande que los gobiernos ultras de los países del este. Todos contra los perversos gitanos que van de un lado a otro; poco importa que se mueven huyendo de la persecución, la discriminación y la miseria; son culpables. En estas descubren a una niña rubia viviendo en una familia gitana a la que los medios enseguida llaman “cara de angel” y se arma la marimorena porque ya sabemos que los gitanos no son rubios, sus hijos no parecen ángeles ni mucho menos tienen aspecto nórdico; luego tiene que ser robada. Aunque la familia explica cómo y por qué han criado a esa niña, aunque aparecen videos en los que la niña corretea feliz, aunque los vecinos explican que siempre ha sido bien tratada y querida, los medios nos informan de que, en realidad, la niña ha sido comprada (¿con qué?) y que estaba destinada a sufrir los peores destinos, entre los que no se incluye ser pobre, discriminada o perseguida, no. Lo que le espera a esa niña criada por una familia gitana es ser carne de tráfico de órganos o de prostitución.
Por un puñado de votos
Por un puñado de votos un ministro socialista francés vende su alma y el alma laica (si es que quedaba algo digno de tal nombre) del socialismo francés. El alma, es decir, el conjunto de valores morales y éticos que diferencia(ban) a la derecha de la izquierda. Ya hace tiempo que la socialdemocracia europea rindió sus valores al mercado pero, aunque parezca mentira, aún puede caerse más bajo. Por un puñado de votos fascistas, xenófobos, racistas, Manuel Valls lleva tiempo empeñado en demostrar que su implacable persecución contra los gitanos es capaz de competir en crueldad e inhumanidad con cualquier política que pusiera en marcha la extrema derecha. Su objetivo suponemos que es la búsqueda de los votos del Frente Nacional. Pero si los votos del Frente Nacional se trasladan al PSF porque éste se comporta como aquel, ¿qué más nos da quién gobierne o cómo se llamen?
