Levantarse e irse


Todos y todas tenemos nuestra cuota de responsabilidad en lo que está ocurriendo. Lo estamos viendo, lo estamos sabiendo y lo estamos aceptando, a ragañadientes, pero lo estamos aceptando. Desde una oposición inane que protesta a medio gas y a la que casi no se la escucha,  no se atreve a romper con nada y que, al contrario, corre a aceptar cualquier pacto que se le proponga, hasta cada uno de nosotros que no estamos respondiendo con la firmeza que sería necesaria. Ya no hablo de actitudes heroicas (que las hay) ni de jugarse la vida o la integridad física; hablo, simplemente, de lo básico; ni siquiera acudimos masivamente a las manifestaciones. Por miedo, comodidad, porque todo lo que pasa es algo que les pasa a los otros (aún)…por dejadez y sobre todo por cansancio, porque este régimen se nos ha caído encima como una losa que parece superior a nuestras fuerzas.

Cada uno y cada una en su ámbito tiene la responsabilidad de ser firme ante la avalancha antidemocrática que sufrimos. El jueves pasado Rajoy decidió que tampoco contesta a las preguntas de los periodistas en las ruedas de prensa internacionales (las únicas ocasiones en las que lo hacía, y por obligación). Parece ser que ahora pacta la pregunta con algún medio afín y que repetida la misma por el periodista-loro, él se saca un papel y la contesta. Y dado que los medios, cada vez más, recogen las declaraciones de cualquier miembro del Gobierno como si la mera declaración en sí fuera una enorme noticia con la que abrir ediciones, nos encontramos con que la propaganda gubernamental nos inunda. Si tampoco se puede preguntar, si va a ser el Gobierno el que fije lo que se transmite en los periódicos afines, y eso lo recogen los demás medios como si en realidad fuera la respuesta a una pregunta real… entonces el derecho a la información se convertirá, como tantos derechos que nos están arrebatando, en una carcasa vacía de contenido.

Por eso, los periodistas, cada uno de ellos y ellas, y los medios de comunicación en los que trabajan, tienen la obligación de plantarse ante unas ruedas de prensa que no son tales y de negarse a colaborar en la degradación de su propia profesión y su papel social. Al día siguiente de que Moncloa convirtiera las ruedas de prensa en algo parecido a lo que hace cualquier dictador de mala muerte, no eran muchos los medios de comunicación (algunos sí, desde el principio) que dedicaban un espacio a este asunto, y aun menos (alguno sí, también) los que anunciaban que no pensaban contribuir a la farsa. Así que si la ciudadanía ya tiene la sensación de que la política se ha convertido en un teatrillo pactado de antemano por muchos de sus actores, ahora el presidente del gobierno ni siquiera se molesta en disimular.

Cuando el presidente y su invitado internacional terminen una reunión y entren en la sala de prensa esta debería estar vacía y los periodistas que piensan que su profesión merece la pena, incluidos los de los periódicos escogidos por el régimen, deberían levantarse y marcharse y hacerlo a la vista del invitado, además. En cuanto a la información, o más bien a la propaganda gubernamental, no pasaría nada porque Moncloa podría mandar su nota de prensa a los medios que decidirían si la reproducen o no pero, al menos, no participarían en la farsa y dejarían en evidencia ante el mundo la profunda degradación democrática en la que estamos sumidos. Denunciar que Rajoy no tiene respeto por la libertad de expresión está bien pero es una obviedad. Lo que tienen que hacer los periodistas es levantarse e irse.

Publicado en: el Plural

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