El País, transmutado en periódico de referencia de la derecha, publicó la semana pasada un artículo cuanto menos llamativo: “El peligro mortal de la gramática feminista”. Aunque “peligro mortal” aparecía entrecomillado, nada hacía sospechar el por qué de esas comillas porque todo el artículo venía a incidir en que, efectivamente, publicar un libro con lenguaje inclusivo es algo muy grave. “La Academia alerta de la pérdida de poder del idioma”, gravísimo. Pero yo más bien veo, a lo largo del artículo, que los que pierden poder son los guardianes de la ortodoxia de la lengua; y la ortodoxia de la lengua es patriarcal. Esa pérdida de poder les duele y a El País, refugio de académicos antifeministas, también.
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