Uno de los mitos más persistentes del patriarcado es aquel que describe la sexualidad masculina como una potente fuerza de la naturaleza, como un torrente que arrolla todo lo que se encuentre a su paso, como una fuerza que una vez puesta en marcha es difícil de detener. Según el mito, si una mujer no quiere mantener relaciones sexuales, lo mejor que puede hacer es no provocar al monstruo; no poner en marcha esa maquinaria, no abrir las compuertas del torrente. Es una sexualidad que algunas feministas han descrito usando la metáfora de “sexualidad hidráulica”. El patriarcado nos presenta a los hombres como a personas que, llegadas a un momento en la excitación sexual, ya no pueden parar. De ahí todos los mitos preventivos de la violación que siguen a la orden del día: no les provoques, no te expongas, no pongas en marcha la maquinaria. Lo que en definitiva quiere decir esto es que como un hombre tenga una erección y como la mujer haya colaborado en provocar esa erección…luego que no se queje. Llega un momento en el que él ya no tiene la culpa. Pero naturalmente que la tiene, la erección es una reacción involuntaria, lo que un hombre haga con su cuerpo es algo de lo que es enteramente responsable, en cualquier momento. Una erección no daña a nadie, es el violador o el abusador el que daña a la víctima.
Autor: Beatriz Gimeno
Nací en Madrid y dedico lo más importante de mi tiempo al activismo feminista y social. Del 2015 al 2020 fui diputada en la Asamblea de Madrid y después Directora del Instituto de la Mujer. Sigo prefiriendo Facebook a cualquier otra red. Será la edad. Tuve la inmensa suerte de ser la presidenta de la FELGTB en el periodo en que se aprobó el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género. He dado lo mejor de mí al activismo, pero el activismo me lo ha devuelto con creces.
Estudié algo muy práctico, filología bíblica, así que me mido bien con la Iglesia Católica en su propio terreno, cosa que me ocurre muy a menudo porque soy atea y milito en la causa del laicismo.
El tiempo que no milito en nada lo dedico a escribir. He publicado libros de relatos, novelas, ensayos y poemarios. He escrito en varios medios, hoy escribo en Infolibre. Además colaboro en la revista feminista www.pikaramagazine.com, así como en otros medios. Doy algunas clases de género, conferencias por aquí y por allá, cursos…Escribo libros y sueño con un mundo sin machismo y sin desigualdad social. Mi lema vital es uno de Samuel Beckett: “Lo intentaste. Fracasaste. No importa. Inténtalo de nuevo. Fracasa otra vez. Fracasa mejor” Hago lo que puedo y, total, para morir un día.
El Ministerio del Interior ofrece en su web unos consejos antiviolación a las mujeres que deben parecerse mucho a los que se daban a los posibles blancos de ETA para evitar que les mataran: «Cambie de itinerario cada cierto tiempo; cierre las ventanillas de su casa; no pasee de noche por calles solitarias, ni sola ni acompañada; antes de aparcar su coche mire alrededor por si ve personas sospechas…» . Aquel que recomendaba a concejales o políticos vascos que miraran los bajos de su coche antes de subirse al mismo, se parece mucho a este otro: «Antes de subir a su vehículo observe su interior. Podría encontrarse algún intruso agazapado en la parte trasera». La enorme diferencia entre aquellos consejos y estos es que en el caso de las personas amenazadas por el terrorismo todo el mundo percibía la situación como lo que era y el Ministerio del Interior, además de consejos, perseguía con todos los medios a su alcance al grupo terrorista. Era una amenaza cierta, real, y para salvar la vida las personas amenazadas tenían que renunciar a una parte muy importante de su libertad. Pero, además de estos consejos, todas las instituciones del Estado estaban volcadas en la lucha contra ETA.
Ezanga (solidaridad)
Dijo Marx que son las condiciones materiales las que determinan la conciencia, y no al revés. Y esta es una de las cosas más importantes de las muchas cosas importantes que dijo. He pensado en eso en estos dos días pasados leyendo las cosas que se han dicho sobre Miguel y Juliana, las dos personas retornadas a España para ser tratados de ébola. Me parece evidente que en una época de recortes brutales en servicios básicos y en derechos las conciencias se adecúan y se van acostumbrando a la situación. Según va pasando el tiempo el mayor peligro es que la mayoría de la gente termine por acostumbrarse a lo que hay y por ver normal lo que debería verse y vivirse como insoportable.
Una Omertá vomitiva
El presidente de la Generalitat durante 23 años supuestamente puso a toda su familia a cobrar comisiones de las obras públicas a la manera de una familia mafiosa. Y el negocio se les debió de dar muy bien, porque esta familia ha amasado –supuestamente– una enorme fortuna que ha ido poniendo a buen recaudo en paraísos fiscales. Este asunto escandaloso ha estado unos pocos días en la prensa y… ya. Ahora traen a un contagiado de ébola, montan un espectáculo completamente innecesario que roza lo ridículo, y consiguen llevarse todos los titulares además de ofrecer una imagen de eficacia que no se corresponde con la realidad. Es posible que hasta el PP haya considerado que lo de Pujol ya ha hecho el efecto deseado, tampoco hay que pasarse. Ahora a ver qué hace Mas, a quien en último caso va dirigida la andanada.
Después de las elecciones que se han celebrado en el PSOE no es necesario ser muy inteligente para darse cuenta de que el aparato ha entendido que la exigencia de “cambio”, supuestamente demandada por las bases tras la debacle electoral, se refería a un cambio de caras y a un relevo generacional. Hago referencia a “supuestas exigencias de cambio” porque los militantes tuvieron opción de votar y se decantaron, claramente, por la opción que menos significaba un cambio real —si es que alguna lo hacía— de las tres que se presentaban. Así que es posible que quizá, efectivamente, el cambio demandado por las bases se refería a esto. Ya podemos decir que se ha desinflado ese mantra que repetía, al parecer sin fundamento, que el PSOE es un partido que hace políticas de derechas pero cuya militancia es de izquierdas. Ha quedado comprobado que este es el PSOE que quieren al menos la mayoría de sus militantes, está por demostrar si los ciudadanos y ciudadanas le encuentran a este partido alguna utilidad. El nuevo secretario general ha concedido varias entrevistas esta semana en las que opina que luchar por la justicia social es populismo, demagogia y “engañar a los españoles”. Declaraciones políticamente banales, complejidad intelectual más bien escasa, apelaciones constantes al centro y a la clase media: discurso viejo, repetido, mascado y ya escupido por esos mismos españoles. Esta ha sido mi desesperanzada impresión.
No me gustó nada el supuesto debate entre Pablo Iglesias y Esperanza Aguirre el pasado sábado en La Sexta Noche. Afortunadamente, unos días después fue el propio Pablo Iglesias el que dijo en la misma cadena que a él tampoco le gustó. Creo que se enredó y que, aun así, salió vivo del envite. Aguirre también salió viva, eso es lo malo. Aunque no creo que ni Aguirre ni Pablo Iglesias atrajeran a su bando a nadie que no estuviera previamente convencido, lo cierto es que hay que romper ya, como sea, con estos debates en los que el PP consigue no debatir de nada de lo que interesa pero, en cambio, impone sus marcos morales e ideológicos. Por más sorprendente que nos parezca a estas alturas, sus marcos morales se reducen a ETA y Venezuela. Lo de ETA es más o menos esperable (al fin y al cabo, la hemos sufrido de manera dolorosa), pero lo de Venezuela espero que alguien en alguna universidad haga un estudio. Si George Lakoff conociera los argumentos del PP en lugar de su famoso libro No pienses en un elefante, escribiría “No cites a Venezuela”, o algo así. Por mi parte, tengo un amigo venezolano que no da crédito.
¿Democracia?
María Dolores de Cospedal acaba de perpetrar un golpecillo de estado en la comunidad que gobierna con la intención de asegurarse de que seguirá gobernándola mucho tiempo más. Ha cambiado la ley electoral de manera que ha barrido el pluralismo político que a los líderes del PP no se les cae de la boca. El PP amenaza con hacer algo así en toda España, cambiar la ley electoral para intentar asegurarse su continuar en el poder. Es decir, que nuestros votos cada vez valgan menos. Asegurarse, en definitiva, de que no se puedan cambiar las cosas de ninguna manera y desde luego, no con los votos.
Esperanza Aguirre lo ha puesto demasiado fácil al acusar a Podemos de usar las tácticas propagandísticas de Goebbel. No hacía falta remontarse al franquismo ideológico, padrino de los populares. En realidad, Goebbels es ella y es el partido popular, o lo intentan con suerte desigual. La campaña de Podemos para las elecciones europeas ha sido la mejor valorada porque ha conseguido centrar la política en la vida de las personas, en lo que debería ser siempre la política. Queremos que se nos explique por qué no se puede pagar la sanidad y sí rescatar bancos. Y esto no es hacer populismo ni demagogia. Queremos que se nos explique por qué no podemos ser la ciudadanía la que elija si prefiere una cosa o la otra. Porque, además, la política es eso, por eso votamos, para poder elegir las opciones que mejoren nuestras vidas y no a unos gestores de no se sabe qué políticas impuestas por instituciones o personas no elegidas por nadie. Esto tan simple, la razón de la política, había desaparecido del horizonte de la democracia y Podemos lo ha puesto en el centro. Por eso ha sacado más de un millón doscientos mil votos; porque ha puesto el foco en donde debe estar. Y ha conseguido, además, que otros partidos intenten hacer lo mismo: bienvenido sea.
¿Quién controla al controlador?
A los neoliberales les encanta referirse a eso que llaman «capitalismo popular» y que puso de moda Margaret Thatcher; la idea de que la gente corriente puede invertir en bolsa, tener valores, ser propietaria, accionista, beneficiarse del capitalismo, en definitiva… La realidad es que «capitalismo» y «popular» son términos antitéticos por más que muy a menudo se pretenda que vayan juntos. Al fin y al cabo todo esto trata de que el capitalismo, un sistema que está diseñado para que unos pocos se hagan ricos a costa de la mayoría, no sea contestado y, por el contrario, sea refrendado cada vez que pasamos por las urnas. Pero no, lo cierto es que la gente corriente, las clases trabajadoras, no pueden invertir porque las inversiones no están diseñadas para que ellos ganen dinero sino para que lo ganen los ricos; ni pueden ser propietarios de nada, sino sólo deudores de los bancos, ni tampoco pueden hacer que sus ahorros crezcan lo suficiente como para asegurarles una vejez digna; por el contrario es muy posible que al intentar invertir en algo los ahorros, al intentar asegurar una pensión, ocurra lo contrario: que los ahorros mengüen, cuando no desaparezcan directamente por culpa de una crisis, de una quiebra, de cualquier circunstancia que los volatilice. Lo único que podemos hacer las personas corrientes que no somos ricas es tratar de no creer nada de lo que nos venden y luchar porque se hagan políticas en beneficio de la mayoría, y no al revés.
El PSOE y el velo de la ignorancia
El velo de la ignorancia es un concepto que utiliza el filósofo John Rawls para explicar su teoría de la justicia. Pero es una expresión demasiado descriptiva y útil como para no darle nuevos significados. Yo podría decir que el velo de la ignorancia cubría hasta hace muy poco a gran parte de la ciudadanía, que pudiendo saber no sabía. La razón de que pudiendo saber no quisiéramos saber, o no del todo, tiene que ver con la parálisis que hasta la irrupción de Podemos hemos vivido en la política española. No queríamos saber del todo debido al cansancio, a la impotencia, a la sensación de inutilidad y también de cierta perplejidad. El velo de la ignorancia, translúcido a la medida de cada cual, nos permitía saber lo que queríamos e ignorar lo que preferíamos ignorar.
