Todavía no me he recuperado de la impresión que me produjo que una amiga latinoamericana, lesbiana ella, me dijera el otro día que no estaba a favor de la lucha a favor del aborto y que dijera, además, que las lesbianas no tenemos que inmiscuirnos en esa lucha porque no nos afecta. Para empezar ya es absurdo decir que hay algo referente a la condición femenina, como la maternidad o la ausencia de ella, que a las lesbianas no nos afecta, siendo como somos mujeres exactamente igual que las demás. Y más aún ahora, que las lesbianas tienen hijos y son madres casi en la misma medida que las mujeres heterosexuales.
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¿Quién teme a la revolución?
Me temo que la teme todo el mundo. Y si es cierto que sigo teniendo mis dudas respecto a la intervención armada en Libia, también tengo la borrosa sensación de que la izquierda, en la que creo y a la que espero, ha dejado pasar una buena oportunidad de ponerse al frente de la defensa de las revoluciones árabes, sin matices, y que ha dejado pasar también la oportunidad de demostrar que se ha librado de viejos lastres que son propios de otro mundo -no de este- y que ha llevado a mucha gente a la desafección, justo ahora, cuando la izquierda es más necesaria que nunca.
Nuestras viñetas de Mahoma
Aunque obviamente el asunto de las viñetas de Mahoma era más grave porque pendía una amenaza de muerte sobre el autor de las mismas, el fondo del asunto es el mismo que ahora pende sobre Leo Bassi o sobre las chicas que irrumpieron en la capilla de la Complutense. No sólo el fondo del asunto es el mismo sino que contradiciendo lo que acabo de decir, algún aprendiz de terrorista puso una bomba en un espectáculo de Leo Bassi sin que aquí pasara nada. Y digo nada porque nadie fue detenido y quien lo hiciera sigue libre, como recordó el mismo Leo Bassi en el acto laicista del viernes pasado en la Universidad Complutense La diligencia que se mostró en detener a las presuntas autoras de la presunta profanación en la capilla no se ha mostrado en detener a quien puso aquella bomba.
Por un futuro sin nucleares
La presidenta del golf
A la presidenta de la comunidad de Madrid le encanta el golf y se muestra especialmente preocupada por conseguir que los madrileños terminemos jugando a ese deporte. Para que esto sea una realidad ella misma ha regalado a una empresa privada unos terrenos de la Comunidad de Madrid. La empresa construye el campo de golf, cobra altísimos precios por la entrada, se forra y nosotros nos quedamos sin darle a ese terreno un uso social. Y además en la inauguración, rodeada de empresarios, pronuncia una frase para la historia: “Los poderes públicos tienen la obligación de impulsar la práctica del golf”.
Dudas ante Libia
Ante la intervención militar en Libia tengo, como mucha gente, muchas dudas, pero también tengo algunas cosas claras. La primera es que esta intervención no es como la de Irak y creo que una parte de la izquierda hace mal en compararlas. Si asumimos que ambas situaciones son la misma entonces estamos deslegitimando nuestros propios argumentos en contra de aquella intervención. Estuvimos en contra (al menos la mayoría) de la guerra de Irak porque era ilegal y estaba basada en mentiras, y no porque el asesino de Sadam Hussein no se mereciera que lo depusieran y juzgaran. Si aquella intervención fue ilegal, ésta es legal. Si las dos guerras son iguales estamos dando razones a quienes apoyaron aquella guerra al dejar sin efecto la ilegalidad de entonces y el hecho cierto de que los que la apoyaron podrían (en teoría) ser juzgados. Si no reconocemos ninguna legalidad internacional entonces tampoco podemos exigir que se juzgue a los criminales de delitos contra los derechos humanos, ni a los genocidas, liberticidas etc. Creo que hay que perfeccionar y ampliar los instrumentos jurídicos internacionales y no acabar con ellos.
Yo no les respeto
Cuando me enteré de la provocadora acción de unas estudiantes lesbianas y feministas en una capilla que por lo visto existe en el campus de la universidad complutense, lo primero que sentí fue una punzada de nostalgia por la juventud perdida. Después me di cuenta de que gracias a este acto me he enterado de varias cosas. La primera es que convivimos con capillas católicas en las universidades públicas, la segunda que hay estudiantes (sobre todo de económicas) que rezan por las mañanas y la tercera y, para mí la más grave, que se puede cometer un delito contra el sentimiento religioso. Acabáramos, por eso están tan chulos.
Las mujeres árabes y la revolución
Aprovechando la coincidencia la semana pasada de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer con las revoluciones que están sacudiendo los países árabes, casi todos los medios de comunicación han dedicado espacio a la participación de las mujeres en dichos acontecimientos y han discutido si estas revueltas iban a significar o no avances en su situación. Desde que EE.UU. utilizara la situación de las mujeres afganas como excusa para invadir aquel país, la situación de las mujeres se ha convertido en un tema del que siempre hay algo que comentar cuando se informa de la situación social o política en cualquier país. Es un gran avance porque hasta hace poco eso daba igual. Por lo menos ahora se habla de ello y encuentra espacio en los medios. Por primera vez, aunque aun de manera difusa, la situación de las mujeres aparece como un indicador de la situación general de un país.
La productividad del Consejero
Disiento un poco de algunas de las interpretaciones que se han hecho a raíz del supuesto error del consejero de transportes de la Comunidad de Madrid, Ignacio Echeverría. Siempre me han parecido un poco demagógicas esas preguntas que se les hacen a los políticos con la intención de saber si conectan o no con el “hombre de la calle”. Es normal que Zapatero no sepa cuánto cuesta un café en un bar si hace años que no toma uno; tampoco sabrá cuánto cuesta un kilo de arroz ni qué línea hay que coger para ir a Tribunal. Por lo mismo me parece que lo peor de que Echeverría no supiera que existe el Metrobús no es el hecho de que se demuestre que este señor no coge el metro, lo que entra dentro de lo normal. Lo peor, en mi opinión, son otras dos cosas:
Multando la lucha por los derechos humanos
Con la que está cayendo se podrá pensar que no tiene importancia, pero según leo en Público, cuatro ciudadanos españoles que denunciaban públicamente trato discriminatorio a extranjeros por parte de la policía han sido multados con 301 euros cada uno. Los multados forman parte de las Brigadas Vecinales de Observación de los Derechos Humanos, un organización que desde hace un año y medio trata de “visibilizar y documentar de forma pacífica” los controles policiales de identificación y detención de inmigrantes sin papeles. Supongo que el objetivo de la multa es que dejen de denunciar algo que por mucho que Rubalcaba lo niegue, está documentado por dos circulares de la propia Policía que se filtraron a la opinión pública en 2009 y 2010. En una de ellas se establecía un cupo de 35 sin papeles detenidos por semana para una comisaría madrileña, además de promover la detención de “marroquíes”. El Ministerio lo niega y se acabó.
