Hace un tiempo que una parte de la izquierda ha decidido reivindicar el obrerismo enfrentado a una caricatura de las guerras culturales. En su neolaboralismo (no vamos a llamarle “nuevo laborismo”) la necesidad de asegurar vidas mejores frente a la continua desposesión capitalista, vidas más seguras y menos precarias, aparece enfrentada a las reivindicaciones feministas, lgtb o antirracistas. Supongo que dan por hecho que las personas feministas, lgtbi o racializadas no tienen derecho a vidas mejores ni a definir qué tipo de vida es mejor para ellos y ellas.
