El lunes pasado se publicó un artículo de Peter Singer a favor de la prostitución. El artículo iba de eso, de estar a favor de la prostitución, aunque, como ocurre tantas veces, dicho estar a favor de la prostitución se enmascarase en estar a favor de que las trabajadoras sexuales tengan más derechos, ¿quién puede estar en contra? Y como pasa siempre también, se puede decir cualquier cosa acerca de la prostitución, aunque sean mentiras, medias verdades o tonterías, que pasarán por ser cosas muy sesudas y pensadas a las que ese progresismo proprostitución se adherirá sin pensar; encantados ellos de que se pueda estar a favor de la prostitución y seguir pensándose como feminista o de izquierdas.
Autor: Beatriz Gimeno
Nací en Madrid y dedico lo más importante de mi tiempo al activismo feminista y social. Del 2015 al 2020 fui diputada en la Asamblea de Madrid y después Directora del Instituto de la Mujer. Sigo prefiriendo Facebook a cualquier otra red. Será la edad. Tuve la inmensa suerte de ser la presidenta de la FELGTB en el periodo en que se aprobó el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género. He dado lo mejor de mí al activismo, pero el activismo me lo ha devuelto con creces.
Estudié algo muy práctico, filología bíblica, así que me mido bien con la Iglesia Católica en su propio terreno, cosa que me ocurre muy a menudo porque soy atea y milito en la causa del laicismo.
El tiempo que no milito en nada lo dedico a escribir. He publicado libros de relatos, novelas, ensayos y poemarios. He escrito en varios medios, hoy escribo en Infolibre. Además colaboro en la revista feminista www.pikaramagazine.com, así como en otros medios. Doy algunas clases de género, conferencias por aquí y por allá, cursos…Escribo libros y sueño con un mundo sin machismo y sin desigualdad social. Mi lema vital es uno de Samuel Beckett: “Lo intentaste. Fracasaste. No importa. Inténtalo de nuevo. Fracasa otra vez. Fracasa mejor” Hago lo que puedo y, total, para morir un día.
He escrito bastante últimamente sobre la necesidad de cambiar el marco ideológico en el que todas nos movemos respecto a la violencia machista porque me preocupa que esa retahíla de mujeres asesinadas, termine provocando dos cosas: cierta impotencia del movimiento feminista al centrarse en un asunto que no va a desaparecer si no se produce un cambio en las condiciones que la provocan; y, por otra parte, la asunción generalizada, pero acrítica, de que “la violencia machista es mala” por parte de actores políticos que declarando que es mala o que “todos estamos contra la violencia”, se liberan así de tener que tomar medida real alguna dirigida a combatir, precisamente, las causas que provocan esa misma violencia que es tan mala.
El feminismo como pilar político
Las feministas no nos hacemos ilusiones sobre lo que el feminismo significa para la mayoría de los políticos. Algo de lo que hacer uso en campaña o cuando se está en fase expansiva, de ganar votos, de construirse una buena imagen y algo de lo que, al mismo tiempo, se deshacen en cuanto llega el momento. Incluso los partidos en los que se supone que el feminismo es algo consolidado cuando llega la hora de la verdad, resulta que no lo era tanto.
¿Cómo nos quiere el patriarcado?
Hace unos días que la cara sonriente, feliz, ilusionada, de la adolescente Lucía Pérez me ronda por la cabeza. Hubiera preferido no ver su cara, ni su sonrisa. Hubiera preferido no poder imaginarla, no poder imaginar que estuvo viva, que sonreía, que era feliz (a ratos, supongo) y que le quedaba toda la vida por delante. Hubiera preferido no encarnar ese dolor, no ponerle cara, ni sonrisa al horror. Pero el horror nos llegó con la sonrisa de Lucía y ahora a mí me es imposible quitármela de la cabeza. Un hombre y su hijastro la raptaron, la drogaron, la violaron anal y vaginalmente y finalmente le metieron un palo por el ano. Ella murió de un paro cardíaco producido por el dolor y el miedo.
¿Que hacemos con la violencia machista?
No solo continuamos con la cadencia imperturbable de asesinatos machistas, semana tras semana, sino que ahora se suma la certeza de que las agresiones sexuales, las violaciones, son mucho más frecuentes de lo que quizá algunxs pensaban. En las fiestas de los pueblos, parece que la cosa se agrava por las razones conocidas: la pandilla, el alcohol, la ocupación del espacio público por parte de las mujeres, los controles sociales se relajan, etc. Cada pocos días hay un asesinato machista y cuando eso ocurre tiembla todo en el mundo feminista. Lo condenamos, nos movilizamos, sacamos un comunicado que es igual que el anterior y en el que sólo hemos cambiado el nombre de la asesinada; las instituciones guardan minutos de silencio; todas inundamos las redes con nuestra inmensa rabia. Pero habrá otro asesinato, y otro, quizá mañana mismo, a mucho tardar.
En los últimos años leemos noticias que nos espantan en relación a la vida de las mujeres. Desde las matanzas indiscriminadas y extremadamente crueles de las que Ciudad Juárez es un ejemplo, hasta la imposición de 50 años de cárcel a mujeres que han sufrido abortos (incluso involuntarios) en El Salvador o Guatemala.
El burkini y la complejidad
El debate del burkini no debería haberse producido tal como lo ha hecho por varias razones: creo que una forma muy extendida de racismo, de desprecio por culturas diferentes, es confundir todo lo que nos parece raro: todo es taparse, todo es lo mismo. Y así, lo mismo es el Hiyab (pañuelo o velo) que el burka, todo es «velo». El hiyab no tiene que ver con el el burka, sino que es un pañuelo que cubre la cabeza y con el que se puede hacer una vida completamente normal. Que las mujeres adultas tienen derecho a llevar hiyab, está fuera de dudas.
Nos queda la poesia
Reproduzco aquí un texto que me han publicado en el contexto de un debate en Público sobre «Intelectuales, medios y política»
No he sido capaz de recordar el nombre de un intelectual español de prestigio claro que esté vivo o que no sea muy mayor. Me refiero a un intelectual influyente, cuya obra sea respetada dentro y fuera de España, dentro y fuera de la Academia y por los medios de comunicación y cuya producción intelectual esté más allá de cualquier duda acerca de su calidad. Tuvimos esa clase de intelectuales, pero la gloria nos duró poco. Supongo que tiene que ver con nuestra historia. En la modernidad, España pasó de ser un país pobre e inculto, de dueños y campesinos en el siglo XIX, a encarar una lucha titánica por la cultura durante la República; lucha que, como sabemos, se perdió. Y la derrota de la inteligencia supuso exactamente eso. Aun así, hubo durante el franquismo intelectuales renombrados que crearon y pensaron, pero lo que entonces no había era país que les encumbrara a la categoría de grandes conformadores de la opinión pública.
Otra reflexión
La confluencia no ha funcionado como pensábamos. Pero si ahora lo pensamos con detenimiento, como no ha habido verdadera confluencia hay factores para explicar que no haya funcionado del todo bien. Ha habido una unión electoral hecha desde arriba, y sin participación real de las bases en un proceso de debate y discusión (aunque hubo votación) No ha habido mítines comunes, carteles comunes y nos hemos mirado desde lejos y con la lógica desconfianza de quienes ayer competíamos y ahora viajamos juntos pero aun no hemos podido ni hablar con detenimiento. Pensar que la fórmula iba a dar resultados perfectos, inmediatos y automáticos fue un error. No creo que la confluencia haya restado mucho, no obstante. Y creo que debe ser irrenunciable para el futuro. Pero si la confluencia hubiera restado tanto como algunos dicen, eso se hubiera visto en las encuestas previas, que sí reflejaron un momento real, que se dio, como explica aquí muy bien el fundador de Gallup en España.
