El burkini y la complejidad


El debate del burkini no debería haberse producido tal como lo ha hecho por varias razones: creo que una forma muy extendida de racismo, de desprecio por culturas diferentes, es confundir todo lo que nos parece raro: todo es taparse, todo es lo mismo. Y así, lo mismo es el Hiyab (pañuelo o velo) que el burka, todo es “velo”. El hiyab no tiene que ver con el el burka, sino que es un pañuelo que cubre la cabeza y con el que se puede hacer una vida completamente normal. Que las mujeres adultas tienen derecho a llevar hiyab, está fuera de dudas.

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2 comentarios

  1. El artículo de usted es más sutil que el de la propia autora del burkini: Aheda Zanetti, australiana, criada en una democracia moderna (y una familia moderna y liberal), con la libertad para practicar su religión. La libertad para ponerse y quitarse cualquier tipo de velo cuando quiera.

    En su reciente artículo, Zanetti afirma que “burka” no es más que una palabra sin significado para ella, algo que sólo ha visto de lejos, por la tele. No es de extrañar que la use de forma tan frívola. Ella dice:

    “The burqa doesn’t symbolise anything here, and it’s not mentioned in the Qur’an and our religion does not ask us to cover our faces, it’s the wearer’s choice to do so.”

    Es como una cristiana moderna que se escandaliza cuando se le citan ciertas bulas papales o cosas como la quema de brujas (que por cierto no aparece en la biblia, y sin embargo es parte indiscutible del legado del cristianismo). Qué diferencia con alguien con perspectiva y experiencia propia como Taslima Nasrin.

  2. Efectivamente,

    “El Estado, así, tiene que moverse entre la complicada defensa de la libertad religiosa y la defensa de la igualdad de género”.

    Y se pueden buscar criterios no-excluyentes, armonizando tradición y diversidad.

    Tomemos un ejemplo tonto: aunque la tradición diga que las mujeres llevemos el pelo largo y los hombres corto, no podemos excluir (o presionar) a las mujeres que elijan cortárselo, y viceversa. Es decir, aceptamos diversidad de peinados porque hemos decidido ponerle un límite a la tradición.

    Sin embargo, aún me pregunto por qué en las Fuerzas del Orden y el Ejército las mujeres pueden llevar el pelo largo y pendientes en el ejercicio de sus funciones y los hombres no. A ningún hombre con costumbre de llevar el pelo largo y pendientes le he oído protestar por ello, aunque sigo oyendo comentarios negativos sobre el hecho de que haya mujeres en la Guardia Civil o en Infantería. ¿Será que la igualdad de género claudica -selectivamente, por cierto- ante la tradición cuando se trata de representar al Estado?

    Si somos capaces de tolerar diferencias y aceptar ciertas incongruencias en nuestro sistema de igualdad de género, ¿a qué viene escandalizarse por un atuendo como el burkini? ¿Será que nuestras tradiciones, aunque no siempre lógicas, sólo aceptan diversidad cuando se ajustan a nuestra falta de lógica?

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