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¡Abajo los obedientes!

El otro día veía yo por televisión cómo “prometían” sus cargos todos los ministros del nuevo gobierno. Y lo hacían sobre una Constitución que, al parecer, afirma que este es un estado aconfesional. Eso mientras en la misma mesa un gran crucifijo y una Biblia estaban allí para demostrar que somos aconfesionales pero un poco menos.

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¿Hay alguien ahí?

A veces resulta un tanto surrealista comprobar hasta qué punto el divorcio entre lo que dice la jerarquía de la Iglesia Católica y lo que piensan los fieles se manifiesta. Resulta que expulsan a una cofrade por lesbiana y por casarse con otra mujer. Y ella no sólo se extraña, sino que otros cofrades la apoyan y se solidarizan. Yo comprendo su estupor y me alegro de que esto resulte un pequeño escándalo pero… ¿es que ninguno de ellos, ni ella tampoco, ha escuchado lo que dicen los jerarcas de gays y lesbianas? ¿Lo que han venido diciendo del matrimonio entre personas del mismo sexo? ¿No han visto/escuchado a los obispos subidos a un estrado en la Plaza de Colón clamando contra la destrucción de la familia?

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Como en los viejos tiempos

Parece que como en los viejos tiempos del aborto, la Iglesia llenará autobuses con los adolescentes a los que adoctrina en sus colegios confesionales que junto con sus madres y padres, acompados de curas y monjas, de incógnito o no, todos  provistos de guitarras, que hace moderno, saldrán a la calle a protestar para impedir que a lesbianas y gays  se les permita acceder al matrimonio. Recuerdo que cuando en España se libraba la batalla del divorcio, yo me sentía personalmente implicada porque mis padres estaban separados, así que eran de aquellos que esperaban beneficiarse de la nueva ley. Por eso yo seguía con temor aquellas manifestaciones porque temía que fueran efectivas y terminaran impidiendo que mis padres pudieran ser felices rehaciendo sus vidas con sus nuevas parejas. Recuerdo a aquellos adolescentes, la mayoría niñas, cantando junto con sus monjas, venidas de colegios de toda España, de pueblos en los que era imposible  pensar en divorciarse y en donde el sexo era algo sucio de lo que jamás se hablaba.