La política se ha convertido en casi la única manera que tiene una persona normal, no nacida en una familia rica, de hacerse rica o de tener acceso a bienes que serían inalcanzables desde el origen social de la mayor parte de los políticos. Hacer política se ha convertido en una de las pocas maneras de escalar socialmente al alcance de personas normales, provenientes de familias normales y con estudios, carreras, currículums e inteligencias normales. Es así de claro. A pesar de toda la palabrería neoliberal sobre la meritocracia lo cierto es que nadie se hace rico estudiando, ni opositando ni trabajando mucho. Es más, haciendo bien cualquiera de esas cosas puedes estar en el paro o ganar lo justo para vivir. La verdad que suelen ocultar debajo de una inmunda palabrería que la riqueza se transmite, que los privilegios pasan de padres a hijos, que los ricos provienen de familias ricas. Pero ahora, desde hace unas décadas, la política se ha convertido es una vía abierta para entrar en el mundo de las élites financieras, empresariales, económicas. No debería ser así, claro, pero es así y nadie le ha puesto coto.
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La familia, como cualquier otra cosa, será lo que nos esforcemos en que sea. La familia es la encargada de transmitir valores heteronormativos y patriarcales, claro, pero también es la que puede ofrecer un refugio seguro frente a una sociedad heteropatriarcal que puede acosarnos desde todos los ángulos posibles. La familia puede ser un lugar violento y lleno de odio, pero también puede ofrecernos amor incondicional, solidaridad a prueba de bombas y apoyo en los peores momentos.
El patetismo de la Iglesia Católica
No tengo especial simpatía por ninguna iglesia y mucho menos por la Iglesia católica que, por ser la que me toca más de cerca, es la que sufro. A pesar de eso, todas las personas que hemos estudiado una carrera de letras sabemos que durante muchos siglos la iglesia fue el reducto del saber humano en occidente y de gran parte del arte también. Especialmente reseñable es que la contribución de las mujeres al pensamiento occidental, desde Hildegarda de Bingen a Teresa de Jesús o a Sor Juana Inés de la Cruz, se ha hecho durante muchos siglos desde conventos y monasterios europeos. En todo caso, gran parte del pensamiento occidental proviene de hombres y mujeres de la Iglesia Católica.
Que sea feliz el 2013
Ahora que se acaba el año y es momento de hacer recuento me gustaría dar las gracias a quienes en este año han luchado contra el rodillo implacable e injusto del Partido Popular por la dignidad y los derechos de todos. Dar las gracias a los profesionales sanitarios que han luchado ejemplarmente por el derecho a la salud de todos los madrileños y que han arriesgado mucho para defender la calidad de un sistema sanitario que era un ejemplo antes de que el Partido Popular lo desmantelase para regalarlo a sus amigos y familiares. Doy las gracias también a los maestros, profesores y profesoras de la escuela pública por defender también el derecho a la educación de los chicos y chicas que tienen menos y por esforzarse cada día en ofrecerles una oportunidad de futuro que este gobierno quiere arrebatarles; por creer en el derecho a la educación y defenderlo contra quienes quieren que los que no tienen recursos no se eduquen. Quiero dar las gracias a los trabajadores y trabajadoras de las cadenas autonómicas de televisión porque, no sólo ahora sino mucho tiempo antes de la amenaza de despido, han venido denunciando y exigiendo una televisión pública al servicio de la ciudadanía y no del Partido Popular.
¿De parte de quién están?
En Grecia se están dando todas las condiciones que hemos leído en los libros de historia sobre el ascenso del nazismo en los años 30. Una población extenuada, empobrecida, que día a día vive cada reunión parlamentaria o de gobierno sabiendo que de sus instituciones democráticas sólo pueden salir medidas dirigidas directamente contra ella. Una población que vive la situación con la sensación de estar siendo sometida a una terrible injusticia, a un robo sistemático; que ve a sus gobernantes como lo que son: tecnócratas bien pagados al servicio de sus jefes y que hacen su trabajo de manera fría, indiferentes al sufrimiento de las personas sobre las que recaen las medidas que aprueban. Unos gobernantes que exhiben un desprecio absoluto por cualquier valor ético y que no tienen pudor alguno en traicionar promesas, en votar lo contrario de lo que decían, en pactar con los supuestos enemigos porque, en realidad, no eran enemigos, sólo escenificaban falsas diferencias. La mayoría de diputados y diputadas del parlamento griego (excepto Syriza y los comunistas) todos los que permiten que salgan adelante las votaciones que permiten seguir apretando más y más no hacen otra cosa que garantizarse un buen sueldo en medio de la miseria.
La sanidad no se vende
La justicia en lucha, la educación en lucha, la dependencia en lucha, la sanidad en lucha, el transporte público, y también las personas que no pueden pagar sus hipotecas ni acceder a una vivienda. En todo caso: sanidad, educación, justicia, transporte, dependencia, vivienda, pensiones, trabajo… Todo. Y dentro de cada uno de estos sectores todo el mundo está contra las medidas del Partido Popular. El PP ha conseguido lo que parecía inimaginable, ponerse en contra a todo el personal sanitario, a todo el personal de Justicia: jueces, fiscales, secretarios judiciales, a las asociaciones conservadoras y progresistas; a toda la comunidad educativa: profesorado, padres y madres, conservadores y progresistas. Esto no es un gobierno democrático sino un régimen comandado por un gobierno deudor de otros poderes ocupado no en procurar el bienestar de una ciudadanía que les ha elegido, sino en llevar a cabo un estricto programa de medidas no propuestas nunca, no debatidas ni en la calle ni en el parlamento, no compartidas por la sociedad (ni siquiera por una mínima parte de ella) y no votadas. El objetivo no es luchar contra la crisis, sino cambiar el sistema; vender todo, repartírselo todo.
Diaz Ferrán y los negocios
Las informaciones publicadas estos días insisten en que Gerardo Díaz Ferrán fracasó en los negocios, y que esa es la razón última de que se pasara “al otro lado de la ley” y finalmente acabara en los calabozos. Yo, en cambio, leyendo lo que estoy leyendo en estos días tengo otra manera de verlo. Más bien creo que Díaz Ferrán tuvo muchísimo éxito en sus negocios. Millones de euros en efectivo y en cuentas en Suiza, y “una cantidad ingente de casas, apartamentos, locales, terrenos rústicos y un yate”… no me parecen a mí las consecuencias de un fracaso. Creo más bien que hundir empresas y quedarse con el dinero correspondiente era, precisamente, el gran negocio de Díaz Ferrán y ahí ha tenido un éxito considerable. ¿Para qué invertir en mejorar la empresa o en mantenerla? ¿Para qué pagar a los trabajadores o a los acreedores? ¿Para qué pagar impuestos o proporcionar a los clientes el servicio que éstos han comprado? ¡Menudo gasto, cuando puedes, simplemente, quedártelo todo! Claro que no es fácil, claro que requiere una planificación rigurosa, un plan detallado, incluso puede que una inversión previa, pero los buenos sinvergüenzas lo consiguen; como dicen los neoliberales, el que se esfuerza, trabaja y tiene iniciativa, lo consigue. Díaz Ferrán es una muestra.
A ver qué hacemos
La frase “Quieren acabar con todo” resultó absolutamente profética. Nadie hubiera imaginado hasta que punto “todo” era todo, Quieren acabar con todo y con tanta rapidez que casi resulta imposible centrarse en un asunto. Destruyen la sanidad pública y universal y la convierten en un privilegio para ricos; poco a poco, la gente va dejando de verla como un derecho básico y, por tanto, no dependiente de lo que se aporte o se deje de aportar o de lo que se tenga: inmigrantes, parados…fuera; la sanidad pública es para pobres, vivirán menos, se curarán peor. Devalúan la educación pública en sus primeros ciclos de manera que pronto será de tan mala calidad que se habrá convertido en un reducto para aquellos a los que no se les deja aspirar a nada más que a la pobreza; la educación universitaria se encarece insoportablemente y no hay apenas becas. La gente es expulsada de sus casas y no pueden ni soñar en comprarse o alquilar una; se instaura una justicia para ricos de manera que sólo puedan acceder a ella los que tengan dinero. Así que la gente corriente no podrá ya denunciar a los poderosos, a las empresas, al estado. Al mismo tiempo, las escasas medidas paliativas que se aprueban se destinan únicamente para una entidad llamada “familia con niños”. Los ricos siempre muestran mucha preocupación por los niños, pero que más del 27% de ellos estén ya por debajo del umbral de la pobreza deben considerarlo daños colaterales inevitables.
Una noticia pequeña
En medio de la que está cayendo voy a detenerme hoy en una pequeña noticia que pasó desapercibida este miércoles. Ese día, una estudiante universitaria se hizo sus necesidades en clase al no disponer de personal de apoyo que la pudiera ayudar. Se fue a su casa llorando, no sabemos si volverá, si sus circunstancias no cambian será difícil. Hasta el curso pasado, las siete personas con gran discapacidad que estudian en la Universidad Complutense disponían de personal especializado que ahora les ha sido retirado por los recortes. ¿Igualdad?
