La sanidad no se vende


La justicia en lucha, la educación en lucha, la dependencia en lucha, la sanidad en lucha, el transporte público, y también las personas que no pueden pagar sus hipotecas ni acceder a una vivienda. En todo caso: sanidad, educación, justicia, transporte, dependencia, vivienda, pensiones, trabajo… Todo. Y dentro de cada uno de estos sectores todo el mundo está contra las medidas del Partido Popular. El PP ha conseguido lo que parecía inimaginable, ponerse en contra a todo el personal sanitario, a todo el personal de Justicia: jueces, fiscales, secretarios judiciales, a las asociaciones conservadoras y progresistas; a toda la comunidad educativa: profesorado, padres y madres, conservadores y progresistas. Esto no es un gobierno democrático sino un régimen comandado por un gobierno deudor de otros poderes ocupado no en procurar el bienestar de una ciudadanía que les ha elegido, sino en llevar a cabo un estricto programa de medidas no propuestas nunca, no debatidas ni en la calle ni en el parlamento, no compartidas por la sociedad (ni siquiera por una mínima parte de ella) y no votadas. El objetivo no es luchar contra la crisis, sino cambiar el sistema; vender todo, repartírselo todo.

Todos los frentes están abiertos, y aunque todos son igual de importantes, la lucha que está manteniendo el personal sanitario de la Comunidad de Madrid es de una dignidad y una ejemplaridad máxima. Las movilizaciones de la sanidad madrileña son por salvar la sanidad de todos, por defender el derecho a la salud; esta es una huelga ética, como han declarado los médicos. Y aquí se ha unido todo el personal sanitario, votantes de todos los partidos y afiliados o no a los sindicatos. Muchas de las personas que están haciendo huelga son votantes del PP, toda la ciudadanía tenemos que apoyarles votemos lo que votemos o aunque no votemos. Lo que está en juego es demasiado importante.

No hay ningún afán de ahorro en el cambio de modelo sanitario. Suponiendo que algo como la salud pudiera medirse con criterios estrictamente mercantiles, que no es el caso, los sistemas sanitarios privados son más caros e ineficientes. Tenemos ejemplos de sobra. El más evidente es el del sistema sanitario de EE.UU que ofrece una sanidad privada, de muy mala calidad, que deja desatendida a gran parte de la población y que es muchísimo más cara que la española. Este ejemplo debería ser suficiente para saber el camino que no hay que recorrer en caso de que de verdad fuera el ahorro el motivo del cambio. Pero ese no es el motivo y por eso mienten, falsean los datos e intoxican. Detrás del supuesto ahorro en la sanidad no hay más que intereses empresariales; venta de un bien público a gente afín, a poderes económicos de los que los mismos que gobiernan forman parte de una manera u otra. Están vendiendo nuestra salud y nuestras vidas para poder hacer con ellas un gran negocio. Como decía esta semana en una entrevista el especialista en salud pública Juan Gervás, refiriéndose al desmantelamiento de la sanidad pública madrileña: “No hay ningún ejemplo en el mundo de esta brutalidad”. Por eso tenemos que sumarnos a esta movilización ética. Es nuestra salud la que pretenden poner en venta.

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