Matrimonio: Historia de una lucha


En los últimos meses, desde que la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo salió definitivamente del Congreso de los Diputados he participado en muchos cursos y conferencias en las que se me ha pedido qué explique, en mi calidad de Presidenta de la FELGT cual ha sido el proceso que ha llevado a España ha conseguir una de las leyes más avanzadas del mundo en este terreno. En estos cursos he coincidido con otros activistas, con políticos de diversos partidos, profesores de derecho, profesionales de los medios de comunicación, líderes de la comunidad LGTB etc., que han ido dando cada uno su propia visión de la realidad. Con el tiempo se corre el peligro de que la realidad se desdibuje y que cualquiera pueda apropiársela. Lo cierto es que la historia ha sido como ha sido y, aunque el resultado nos pertenece a todos, la lucha la han encabezado sólo alguno@s. Por eso creo que, en espera de que se escriba una historia que hable con los protagonistas, los que estuvimos allí tenemos el deber de escribirlo para que no lo hagan otros por nosotros.

La importancia de esta ley es enorme y no me gusta cuando se minimiza su importancia.  Es tan importante que sólo dos países en el mundo antes que nosotros lo han conseguido. Sólo dos países pequeños, muy poco importantes desde el punto de vista geopolítico han concedido a sus ciudadanos lesbianas y gays el derecho de ciudadanía plena. Y ahora lo consigue España. Y España es más importante que Bélgica o que Holanda. En primer lugar por su posición geopolítica en Europa, pero también porque España es el punto de mira de toda Iberoamérica. Y la homofobia en América Latina es asesina, provoca decenas de muertos cada año, y el saber que aquí hemos conseguido la igualdad legal va a ser sin duda muy importante. España es también histórica y culturalmente puente con los países del Magreb y con parte del mundo árabe.

Por supuesto que ha habido muchos factores que han coadyuvado a que esta éxito fuera posible, factores que el Movimiento LGTB no controla en absoluto, como la torpeza del gobierno de Aznar, su manifiesta homofobia o la victoria del PSOE en las últimos elecciones generales. Todo eso y muchas otras cosas han venido a sumarse a nuestro esfuerzo, hemos tenido suerte en el momento en que había que tenerla, pero es cierto que de no haber sido ahora, hubiera sido dentro de poco. Llevábamos mucho tiempo trabajando para que una ley de matrimonio entre personas del mismo sexo terminara por ser realidad en España. Y tengo que decir que, además de los factores antes mencionados, esta es una ley que se debe al buen trabajo que hemos desarrollado l@s activistas desde el Movimiento LGTB y concretamente desde la Federación Estatal de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales.

Ha sido el trabajo de una movimiento social, lo que demuestra la viveza y al efectividad de la sociedad civil en la democracia. Ahora, los políticos de los partidos afirman que han sido ellos, los militantes de los partidos se arrogan el protagonismo. Pero lo cierto es que, sin quitar protagonismo a ningún partido, alguno de los cuales nos ha apoyado hace mucho, sin un Movimiento asociativo fuerte que liderara la lucha el éxito no hubiera sido posible. El éxito se cimentó cambiando la percepción social que la sociedad española tenía no sólo sobre la homosexualidad, sino especialmente sobre la institución matrimonial entre personas del mismo sexo y la adopción. La victoria es la ley, pero no sólo la ley. El trabajo fundamental que cuando gobernara la izquierda existiera ya una mayoritaria aceptación social que la posibilitara. La ley de matrimonio ha sido aprobada en España con más aceptación que la que había en Holanda al aprobarse la misma ley. Hemos llegado convenciendo, que es la única manera de que las victorias no sean efímeras.

Antes de abordar el asunto me gustaría llamar la atención sobre algunos hechos históricos que la mayoría de la gente desconoce. Nuestra historia está por escribir y hay hechos de la misma que pueden resultar curiosos a muchas personas que ignoran lo dura que ha sido esta lucha y todo lo que hemos tenido en contra. Hay que tener en cuenta que partíamos de las catacumbas.  El movimiento gay desde la muerte de Franco tiene como objetivo fundamental la despenalización de la homosexualidad y la legalización de los grupos de homosexuales, cosa que no se consiguió hasta 1980. Ese fue su primer gran logro y no fue pequeño. Ved que estamos hablando de 1988 y Franco murió en el 75. Hasta 1988 podían detenerte amparándose en lo de escándalo público. A partir de esa fecha, el movimiento se concentra en conseguir una legislación antidiscriminatoria, lo que se consigue en 1995 con la aprobación del nuevo Código Penal, que incluye los artículos 510, 511 y 512 que protegen especialmente la orientación sexual y que consideran agravante la homofobia. En medio, desde los años 80 las asociaciones tienen que abandonar cualquier lucha ideológica y política y ponerse a trabajar con la pandemia de sida que no sólo se lleva por delante a toda una generación e activistas, sino que estigmatiza a gays y lesbianas y que les hace retroceder otra vez veinte años. Y cuando el sida remite un poco o, por lo menos se consigue la implicación del estado en esa lucha, es cuando las asociaciones se plantean conseguir que sus relaciones afectivas, de vida, de compromiso, que no sexuales, reciban los mismos derechos que reciben los matrimonios heterosexuales. Eso ocurre a partir de 1995.

En ese momento, los grupos no piden matrimonio por dos razones, una desde la izquierda considera que exigir el matrimonio suponía reproducir los esquemas patriarcales de opresión y otra línea, más conservadora, que opina que el matrimonio es el objetivo final pero que es mejor pedir una ley de parejas como paso previo porque la sociedad española no está preparada para una legislación tan progresista, que no se ha conseguido, por entonces en ningún lugar del mundo. Tras muchos debates, el movimiento opta por comenzar a trabajar por su tercer gran objetivo que es una ley de parejas de hecho. En estos años se van creando registro en Ayuntamientos, Comunidades autónomas, así como algunas leyes van reconociendo derechos a las parejas no casadas independientemente de su orientación sexual.  También van cambiando las cosas en Europa con muchos países consiguiendo leyes e incluso Holanda y Bélgica matrimonio. El 8 de febrero el Parlamento Europeo dicta la resolución 28/1994 en la que se recomendaba que se pusiera fin “a la prohibición de contraer matrimonio o de acceder a regímenes jurídicos equivalentes a las parejas de lesbianas y gays, garantizando a dichas uniones los plenos derechos y beneficios del matrimonio”. Esta directiva marca un punto de inflexión fundamental en la estrategia que hasta ese momento se desarrollaba en la lucha por la igualdad.

La revitalización de la FELGT en el año 2000 marca un punto de inflexión en el debate que a la larga será definitivo. En la FELGT consideramos (también lo hace el grupo asturiano Xega en ese momento fuera de la FELGT) que es fundamental reivindicar el matrimonio y no una ley de parejas. Sin lugar a dudas creo que ha sido esa reivindicación la que nos ha llevado a esta ley, no te dan matrimonio si no lo pides. Hasta el último momento, la FELGT ha sido la única organización que se ha opuesto a que la ley elegida para regular la convivencia de las parejas homosexuales fuera una ley de parejas, y eso por varias razones. No me voy a adentrar aquí en las múltiples reuniones con los políticos, en los informes escritos, en la convivencia cercana que hemos tenido con los partidos políticos, con muchas personas de los partidos que se han convertido, en muchas ocasiones, en amigos y amigas de muchos de nosotros. Me voy a detener en el debate ideológico que nos llevó a comprender que era el matrimonio y no otra cosa lo que teníamos que exigir.

Se nos ha dicho que entrar en la institución matrimonial es una cuestión simbólica, que lo importante son los derechos. ¿Pero quién ha decidido que lo simbólico no tiene importancia? Es lo más importante, es ahí donde reside la igualdad. Lo cierto es que en las sociedades democráticas avanzadas el derecho familiar es cada vez más restringido y cede el paso a los derechos individuales; es el individuo el que es titular de derechos en tanto que ciudadano y no en tanto que miembro de una familia. Además, muchos de esos derechos sehabían ido ganando en los tribunales y, aunque aun no se habían hecho efectivos por culpa de la cerrazón de Aznar, la batalla de los derechos estaba amortizada en la opinión pública. La prueba está en que, en cuanto ganó el PSOE, ya nadie nos discutía el derecho a tener derechos. Por tanto, lo que quedaba era el paso simbólico.

En España, además, la peculiar configuración del Estado de las autonomías había hecho posible que fueran surgiendo multitud de leyes de pareja de todo tipo y no sólo leyes, también registros que se iban abriendo en prácticamente cualquier administración: municipal o autonómica. Puestas así las cosas, en la FELGT pensamos que era un paso atrás reivindicar una ley de parejas que muchos ciudadanos ya tenían y cuya aceptación social era más que evidente. Por tanto hablamos de matrimonio. Y hubo que cambiar entonces los términos del debate y del discurso. Pasar de hacer un discurso de los derechos para gays y lesbianas a un discurso universalista al que pudieran adherirse prácticamente todos los demócratas. Lo más importante que hemos hecho en estos años fue construir un discurso político alejado de los derechos sexuales (damos por hecho que estos derechos están garantizados en la constitución), alejado también de los puros derechos sociales y económicos (aun sabiendo que estos derechos son muy importantes para las vidas de las personas) para hacer un discurso político de la modernidad, basado en la igualdad y el derecho de ciudadanía. Este discurso fue muy efectivo políticamente hablando pues nos permitía por una parte entroncar con los discursos políticos de otros grupos otros grupos a los que en su día se les negó el matrimonio precisamente para impedirles el acceso a la ciudadanía, como los negros en EE.UU. o los judíos en Europa. Nos permitió también buscar amparo en todos los textos constitucionales, que tienen en la Igualdad la base sobre la que se asientan los estados democráticos. Y comenzamos también a hablar de Dignidad democrática, de nosotr@s mism@s como sujetos de la misma dignidad democrática que los demás ciudadanos y ciudadanas. Y resultó un discurso tremendamente efectivo a la laga, porque resulta muy difícil en democracia oponerse racionalmente a él.

La fuerza política que adquirió la FELGT desde el año 2000 resultó a la larga un factor indispensable en este proceso. La FELGT literalmente se “comió” el espacio político, se convirtió en el interlocutor político único lo que permitió que el Movimiento LGTB ofreciera un frente unido que hablaba con una sola voz. Este es uno de los factores determinantes que no se han dado en otros países. Si hubieran existido otros grupos con capacidad de interlocución política, el matrimonio no se habría conseguido. La unidad del Movimiento LGTB es uno de los factores fundamentales en cualquier movimiento social porque los partidos políticos suelen escoger como interlocutores a aquellos grupos o asociaciones cercanos a sus postulados. Los políticos van a preferir siempre como interlocutores a grupos más conservadores o menos radicales en sus planteamientos. En España el éxito se debe, entre otras cosas, a que la FELGT consiguió que si algún partido quería hablar con el Movimiento LGTB, tenía que hacerlo con la FELGT, que a su vez sólo hablaba de matrimonio.

Otro aspecto fundamental fue la independencia radical respecto a los partidos políticos. El discurso y la práctica de la FELGT respecto a los partidos ha sido doble: independencia radical y, al mismo tiempo, colaboración total con todos. Eso se ha hecho introduciendo a militantes en los partidos, pero nunca al revés. Tradicionalmente, en las organizoaciones sociales se desconfía de los partidos y se opta por tenerlos cuanto más lejos mejor. Pero son los partidos los que cambian las leyes y tiene que ser la presión de las organizaciones sociales la que configure la agenda de los partidos. La FELGT no tuvo inconveniente en que nuestros militantes, formados como activistas y cuya principal lealtad era el movimiento entraran en los partidos, en todos. Ellos y ellas han hecho una labor fundamental para que los partidos asumieran en sus agendas que nuestra prioridad era le matrimonio, y no una ley de parejas. Este movimiento, del activismo al partido y no al revés, generó en su día tensiones y desconfianzas internas, pero sin la confianza depositada en que aquellos de nuestros activistas que militaban en los partidos políticos iban a hacer un buen trabajo, el éxito no hubiera sido posible. Fue difícil asumir que podemos tener militantes y activistas afines a partidos de derechas, pero demostramos que es posible y que es necesario. Nos ha dado legitimidad social, demostrando y ha contribuido de manera fundamental ha dejar sin argumentos a la derecha, que no ha podido decir en esta ocasión que éramos una asociación de este o aquel partido de izquierdas.  Creo que una de las razones de nuestro éxito ha estado en la labor que han hecho militantes de la FELGT,  como Boti G. Rodrigo en IU, Pedro Zerolo O Miguel Ángel Fernández en el  PSOE o Javier Gómez en el PP por nombrar sólo a los más destacados. Demostramos, además, que podíamos unirnos para conseguir un objetivo común. Como feminista intenté aplicar al Movimiento LGTB lo que en los países nórdicos se llamó “pactos entre mujeres”, cuando mujeres de todos los partidos se unieron para impulsar derechos fundamentales como el aborto por encima de lo que pensaran sus partidos. Tengo que reconocer que la convivencia en paz de militantes de todo el espectro ideológico, la convivencia fructífera e ilusionante ha sido difícil de conseguir en un país donde los colores partidarios lo impregnan todo. Sin embargo, lo conseguimos. Que ahora ellos hagan carrera política dentro de sus respectivos partidos, ahora sí como militantes de partido, es un éxito y un orgullo. Pero no fueron el PSOE, ni IU ni desde luego el PP los que pensaron en la igualdad, fueron personas concretas los que siguiendo un objetivo común trabajaron en las estructuras partidarias para introducir nuestras reivindicaciones en los programas. Cuando ahora se dice que sin el talante de Zapatero esta ley no se hubiera conseguido, tengo que recordar que somos la única organización LGTB que se ha reunido con Zapatero y que hemos escrito informes y propuestas que han llegado hasta la ejecutiva del PSOE y que personas muy cercanas a él han tenido con la FELGT un contacto más que fluido, permanente.

Importante fue también ser capaces de dejar en suspenso las diferencias ideológicas internas, y no refiero sólo a las políticas, sino a las propias de nuestro modelo. Siempre se ha dicho que la FELGT defendía un modelo identitario, pero yo siempre he dicho que esa aseveración se nos hace desde fuera por aquellos que necesitan distanciarse para crearse un espacio. En todos los años que llevo en el Movimiento no recuerdo haber dedicado ni un minuto a discutir esa cuestión ni otra parecida.¿Fomentar las diferencias o atenuarlas? Ser esencialistas o construccionistas, identitarios, igualitaristas, comunitaristas?… ¿Somos como una etnia o como quien tiene los ojos azules? Esa no es una discusión que nos importara como activistas. Es una cuestión puramente académica sobre la que dentro de nuestra Federación siempre ha habido opiniones encontradas. No es que consideremos que esos asuntos no tienen importancia, es que decidimos posponer esa discusión para más Nosotros estábamos en el debate de la Igualdad, mucho más comprensible para todos. A la opinión pública, a los políticos o a los medios de comunicación no les importa si somos comunitaristas, esencialistas, biologicistas, indentitarios o queer, ese no es nuestro debate. Nuestra obligación era fijarnos objetivos políticos claros, no tanto ideológicos, en los que todos pudiéramos coincidir.  Ha supuesto importantes renuncias para algun@s, pero con generosidad las hemos resuelto. En otros países en los que no se ha dado ese paso, aun siguen enredados en debates ideológicos ciertamente estériles. Hemos sido pragmáticos, pero al mismo tiempo hemos soñado con volar muy alto, y hemos volado.

Otro aspecto en el que nos empeñamos fue en hacer de la manifestación del Orgullo de Madrid una  nuestras herramientas principales en la acción política. Tengo que recordar también con tristeza, como ha habido organizaciones que criticaron esta manifestación para acabar sumándose a ella cuando era un éxito de resonancia europea. Jordi Petit siempre dice que sin la manifestación del Orgullo el Partido Popular en los años más duros de Aznar nos hubiera barrido. Conseguir organizar una de las manifestaciones más multitudinarias de las que se celebran en este país supuso también un trabajo interno. Supuso aparcar también la eterna discusión ideológica acerca de su carácter; si debían participar los empresarios o no, si debía haber carrozas o no, disfraces o no. Todos cedimos en pro del objetivo que era cuanta más gente, cuantos más políticos, asociaciones y sindicatos, mejor. Tuvimos que deshacernos de prejuicios, limar posiciones, ceder de nuevo y conseguimos sacar a medio millón de personas. Centrando también la manifestación en los derechos ciudadanos y en los derechos humanos, conseguimos que a la cabeza de la misma se pusieran los principales líderes políticos, sindicales y sociales de este país, lo que visibilizó los derechos de gays y lesbianas como derechos de todos.  La cabecera de nuestra manifestación era de tal importancia que los principales líderes políticos, sindicales o sociales han estado a nuestro lado. Así, era muy difícil ignorarnos del todo.

Desde la FELGT asumimos también que era muy importante nuestra presencia en todos los foros en los que ha sido posible. Nos hemos multiplicado para formar parte de asociaciones familiares, de infancia, de padres y madres, sindicales, religiosas…porque somos parte de esta sociedad esta sociedad tenía que conocernos. Porque formamos parte del tejido social hemos estado en la manifestación del 1 de mayo, en las manifestaciones contra la guerra, en las de protesta por el Prestige, asumiendo siempre el riesgo de que se nos considerara demasiado politizados, pero considerando que no se puede estar demasiado politizado porque el tejido social de un país está compuesto de ciudadanos y ciudadanas politizados.

Finalmente quiero añadir que a lo largo de estos años he tenido que enfrentarme muchas veces a voces que  desde la izquierda han criticado la lucha por el matrimonio por considerarla una reivindicación conservadora. Bastaría ver la resistencia que han mostrado los verdaderos conservadores, la derecha y la Iglesia, para comprender que algo muy importante se les quita de las manos. Me voy a remitir a lo que dice la socialista Hennessy en su libro Profit and Pleasure, una dura crítica del poscapitalismo desde la óptica del feminismo lesbiano. Dice Hennesy, y es algo evidente para cualquiera, que la heterosexualidad, y su principal herramienta: el matrimonio, ha sido utilizado por el capitalismo como vehículo para legitimar y naturalizar la división sexual del trabajo al establecer una ecuación “natural” entre sexo y género y política del deseo. Es cierto que el matrimonio ha sido históricamente la más importante institución heterosexista, la herramienta ideológica del heterosexismo por antonomasia. De ahí la resistencia a quedarse sin esa herramienta privilegiada. El matrimonio homosexual rompe con el paradigma que legitima la heterosexualidad y, según Hennessy, rompe con otros paradigmas que, aunque tocados, están aun vigentes como son la identificación del hombre como sujeto, activo y de la mujer como sujeto pasivo, así como objeto de la relación sexual. Rompe también con el sistema de dos géneros y finalmente visibiliza la prioridad de las instituciones civiles sobre las religiosas. El matrimonio homosexual visibiliza que la Iglesia no tiene nada que decir sobre una ley civil, que es el Estado el que decide quién se casa. El matrimonio entre personas del mismo sexo, como me dijo hace poco una concejala feminista, convierte al matrimonio por primera vez en su historia en un contrato de verdad entre iguales, donde se rompe la dicotomía de géneros y sexos. Un contrato en el que los roles sexuales, la división del trabajo y de la intimidad, las relaciones con los niños, con los mayores y las personas dependientes van a ser repartidos dependiendo de los gustos o de las habilidades de cada uno y no según el sexo, lo que implica una revolución de tal calibre en nuestra organización social que es lógico que haya despertado la oposición que ha despertado. No es por tanto una lucha conservadora, no lo ha sido nunca, sino profundamente transformadora. Sólo los ciegos no lo verían.

“Matrimonio civil en España. Historia de una lucha” en Primera Plana. Herrero Brasas (comp..) Egales, 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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