Reevangelizando España y parte del extranjero


La verdad es que la manifestación prolaicismo y aconfesionalidad a la que asistí el miércoles pasado me hizo plenamente consciente de algo que me resistía a creer. El PP ha ganado y no nos lo han dicho, o sí, pero no nos lo habíamos querido creer. Quizá no es que el PP haya ganado en las urnas, parece que todavía no, pero desde luego ya han ocupado todos los espacios habidos y por haber: los económicos, los ideológicos, los culturales, los de las libertades, el orden público…Vamos, que ya sólo queda la puntilla de las urnas. Yo estuve en la manifestación del miércoles, no hace falta que me la cuenten.

Esta manifestación era legal, con un recorrido conocido y autorizado por la Delegación del gobierno (del PSOE) y por los responsables policiales, dependientes de Interior, también por ahora del PSOE. El objetivo de la manifestación era exigir la profundización en preceptos constitucionales que no se cumplen y con los que el PSOE dijo un día estar comprometido y de acuerdo: la laicidad del estado y su necesaria aconfesionalidad. Objetivos no radicales ni revolucionarios (quizá ahora sí), sino, como digo, plenamente constitucionales. Aquí se podría recordar la inconstitucionalidad de los acuerdos con El Vaticano o los sucesivos incumplimientos de la exigencia de autofinanciación de la iglesia católica pero eso ahora parece fuera de toda posibilidad. Eso hablando en general, sin meternos en detalles como los gastos de este viaje a un país sangrado por la crisis, como la intromisión en política de un líder religioso etc. cosas por las que algunos demócratas, católicos y no católicos, quisimos protestar. ¡A quién se le ocurre!

A lo difícil que fue que autorizaran esta manifestación, al parecer antisistema; a las provocaciones e insultos que padecimos aquellos que discrepamos de estos fastos, se unió finalmente el discurrir de la manifestación misma. Cuando una manifestación legal es obstruida por grupos de provocadores (entendamos por provocadores cualquier grupo de personas que intentan que una manifestación legal no pueda desarrollarse en paz) normalmente la policía se pone de parte de quienes están haciendo uso de su libertad de expresión, manifestación y reunión legalmente, no fue el caso. Los provocadores de la JMJ estaban en Sol esperándonos sin que nadie les hubiera identificado ni les hubiera puesto ninguna traba para entrar y para quedarse allí concentrados esperando a las miles de personas de la manifestación laica y legal. En ningún momento se vio siquiera por parte de la policía la intención de expulsarles cuando en realidad, no se les debería haberles dejado concentrarse allí.

Cuando la manifestación legal y laica y los provocadores de la JMJ se enfrentaron a gritos, que no agresiones, demostrando mucha mayor sensatez que la policía, ésta comenzó a ponerse nerviosa pero sus nervios, qué curioso, se dirigían sólo contra los manifestantes legales y no contra los provocadores. Lo que yo vi allí no lo había visto nunca, la verdad pero me da idea de lo que se nos viene encima. Un puñado de locos medievales, que no cristianos o católicos comprometidos, porque esos estaban en la manifestación por la laicidad. Una monja empeñada en bendecirme, unos chicos de rodillas en el suelo aferrados a sus rosarios rezando por nuestros pecados, un grupo de fans que gritaban “viva el Papa” como hubieran podido gritar “Viva Elvis” y algunos monjes medievales que daban miedo y que parecían salidos directamente de la novela El nombre de la rosa.

Aun así nadie pegó a nadie hasta que, finalmente, la policía decidió que los manifestantes legales no despejaban Sol lo bastante deprisa, (los otros, los provocadores iban y venían a su antojo). Entonces se pusieron a identificar, empujar y detener a los manifestantes laicos, muchos periodistas incluidos. Cerró de nuevo la Puerta del Sol, símbolo desde luego de la defensa de la democracia y de las libertades que nos hurtan; cerró el metro, cosa que se está poniendo de moda cuando queremos concentrarnos pacíficamente,  y con los manifestantes dentro, como en una ratonera, invitó a los católicos a salir tranquilamente y a los demás les trató como a los delincuentes que desde el principio estaba claro que éramos.

Mientras, por si no nos hubiéramos dado cuenta, la TVE pública y con un gobierno que creo que todavía es del PSOE, apenas daba información sobre la manifestación, convertía los telediarios en un especial no sobre la llegada del Papa, sino sobre la alegre  vida del peregrino, ponía en La 2 (la de minorías, la película La hermana San Sulpicio) y finalmente prácticamente venía a decir que los manifestantes laicos habían agredido a unos simpáticos peregrinos que se pasan el día cantando. Por cierto que mis amigos latinoamericanos me cuentan que la TVE internacional, que creo que es pública ¿todavía? dedica toda su programación a la visita del Papa contribuyendo así a este reevangelización ya no sólo española, sino también latinoamericana, que no se diga.

Publicado en: El Plural

3 comentarios

  1. Tienes razón, estoy desesperada, he comprendido que estamos sentados sobre el nido de la serpiente. Nunca nos libramos del nacional-catolicismo.
    Las imágenes, los hechos, las actitudes me han plantado ese pasado en la frente.
    Gracias por tu artículo

  2. Yo no salgo de casa desde el miercoles. Estoy horrorizada.

  3. Así es …nos hemos dejado avasallar y se lo han puesto en bandeja.

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