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No es No. También en Málaga

Uno de los mitos más persistentes del patriarcado es aquel que describe la sexualidad masculina como una potente fuerza de la naturaleza, como un torrente que arrolla todo lo que se encuentre a su paso, como una fuerza que una vez puesta en marcha es difícil de detener. Según el mito, si una mujer no quiere mantener relaciones sexuales, lo mejor que puede hacer es no provocar al monstruo; no poner en marcha esa maquinaria, no abrir las compuertas del torrente. Es una sexualidad que algunas feministas han descrito usando la metáfora de “sexualidad hidráulica”. El patriarcado nos presenta a los hombres como a personas que, llegadas a un momento en la excitación sexual, ya no pueden parar. De ahí todos los mitos preventivos de la violación que siguen a la orden del día: no les provoques, no te expongas, no pongas en marcha la maquinaria. Lo que en definitiva quiere decir esto es que como un hombre tenga una erección y como la mujer haya colaborado en provocar esa erección…luego que no se queje. Llega un momento en el que él ya no tiene la culpa. Pero naturalmente que la tiene, la erección es una reacción involuntaria, lo que un hombre haga con su cuerpo es algo de lo que es enteramente responsable, en cualquier momento. Una erección no daña a nadie, es el violador o el abusador el que daña a la víctima.

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Contra la violación lo mejor (no) es esconderse

El Ministerio del Interior ofrece en su web unos consejos antiviolación a las mujeres que deben parecerse mucho a los que se daban a los posibles blancos de ETA para evitar que les mataran: “Cambie de itinerario cada cierto tiempo; cierre las ventanillas de su casa; no pasee de noche por calles solitarias, ni sola ni acompañada; antes de aparcar su coche mire alrededor por si ve personas sospechas…” . Aquel que recomendaba a concejales o políticos vascos que miraran los bajos de su coche antes de subirse al mismo, se parece mucho a este otro: “Antes de subir a su vehículo observe su interior. Podría encontrarse algún intruso agazapado en la parte trasera”. La enorme diferencia entre aquellos consejos y estos es que en el caso de las personas amenazadas por el terrorismo todo el mundo percibía la situación como lo que era y el Ministerio del Interior, además de consejos, perseguía con todos los medios a su alcance al grupo terrorista. Era una amenaza cierta, real, y para salvar la vida las personas amenazadas tenían que renunciar a una parte muy importante de su libertad. Pero, además de estos consejos, todas las instituciones del Estado estaban volcadas en la lucha contra ETA.

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Violencia machista y “perspectiva de familia”

Hace un par de semanas un maltratador habitual degolló a sus dos hijos, uno de los cuales murió. Aún recordamos el caso Bretón y otros casos en los que los niños han sido víctimas de la violencia desatada por un maltratador machista. No estoy totalmente de acuerdo con Miguel Lorente (aunque sí con su argumento fundamental) cuando al defender la vigente ley contra la Violencia de Género asegura que ésta contiene ya suficientes medidas para proteger a los menores y los define como víctimas colaterales de la violencia machista. Es verdad que los maltratadores atacan a los menores para hacer daño a la madre, pero también es verdad que, a diferencia de otros adultos que sí pueden ser víctimas colaterales, los niños y niñas que viven en familias en las que existe un maltratador son siempre víctimas de ese maltrato; es decir, no hay manera de que no lo sean, incluso aunque el maltratador no les toque un pelo; aunque no les quiera usar para hacer daño a la madre. Eso introduce una diferencia muy importante respecto a otras posibles víctimas.

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Mujeres y violencia

Al leer este título, la mayoría de la gente habrá pensado en la violencia que sufren las mujeres, que es mucha. Sin embargo, yo quiero referirme a la violencia que éstas ejercen o, más bien, a la que podrían ejercer en su propia defensa, una violencia casi inexistente, tanto la organizada, en grupos, como la ejercida de manera individual. La pregunta que siempre me hago es: ¿Por qué las mujeres no ejercen casi nunca violencia contra un sistema patriarcal que es tan violento contra ellas?

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Cosas que a lo mejor no has pensado sobre el caso Woody Allen

El abuso sexual contra niños y niñas es un crimen mucho más extendido de lo que parece. Posiblemente nos quedaríamos pasmados si supiéramos cuántas mujeres de las que conocemos tienen recuerdos bloqueados o dolorosamente conscientes de un padre, un abuelo, un hermano o un amigo de la familia que la daba besos un poco más cerca de la boca de lo normal, de una mano que se posaba descuidadamente en el muslo y desde ahí subía mucho más de lo que ella encontraba normal, o de episodios directa, brutal y claramente sexuales. O quizá no se produciría ese pasmo que supongo; quizá se sepa y no importe, porque lo cierto es que el secreto ayuda a ignorarlo y a no convertirlo en una preocupación social, tampoco personal. Mientras siga siendo un secreto seguirá estando, naturalmente, muy extendido.

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Una violación, qué gracia

Durante al menos dos días al abrir twitter he visto como el hastag #YoviolabaA era TT. Las personas que denunciaban este hastag eran acusadas invariablemente de ser feministas sin sentido del humor, lo que ya sabemos que para los machistas es una tautología. Violar es un delito muy grave en la mayoría de los códigos penales así que, en teoría, ese hastag es una barbaridad que rozaría lo delictivo se sea feminista o no. Ahora hagamos el mismo ejercicio de siempre: pensemos en un hastag como #matarpolicias o #violarniños y que se convirtieran en Trendic Topic. ¿Sería lo mismo? Es muy fácil ver que no; que nadie acusaría de falta de sentido del humor a las personas que protestaran. Seguramente también los policías que fueran a casa del twittero no se andarían con muchas bromas. La comparación de esta situación con el hastag machista, y la facilidad para escribirlo y mantenerlo sin que nadie se inmute, es obvia.

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Prostitución y violencia de género

Hace unas semanas dos prostitutas fueron asesinadas en Bilbao. Nadie dudaría que estas dos mujeres han sido víctimas de un asesinato machista y, sin embargo, no se las contabilizará como víctimas de violencia de género, no se las considerará como tales y por tanto al asesino tampoco se le considerará autor de un delito castigado con una pena agravada. A partir de la aprobación de la ley integral contra la violencia de género se ha producido la perversión de considerar que sólo es violencia de género la que se produce en el ámbito familiar, y no toda. La realidad es que, según los datos de http://www.feminicidio.net, única organización que contabiliza como feminicidio los asesinatos de prostitutas, entre 2010 y 2012 fueron asesinadas 19 mujeres que se dedicaban a la prostitución, aunque podrían ser más dada la invisibilización que sufren estas personas.

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Violencia machista, violencia patriarcal

Hemos vivido una semana negra en la que la violencia machista ha asesinado a cuatro mujeres. Sabemos que la lucha contra esta violencia no forma parte de las preocupaciones del PP, que seguramente cree que no merece la pena dedicar dinero a esto. Cuando la ministra llamó a estos asesinatos “violencia doméstica”, estaba formulando toda una declaración de principios y marcando el camino a seguir: es una violencia que debe volver a formar parte de lo privado y como tal dejar de ser objeto del debate y la preocupación pública. En el mismo sentido va el anteproyecto de reforma del Código Penal diseñado por el ministro de Justicia, que parece que elimina el concepto de violencia de género.

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Mujeres que mueren…

“Hay mujeres que siguen muriendo por violencia de género”. Es la sorprendente frase con la que comienza la declaración institucional del Congreso de los Diputados ante las cuatro mujeres asesinadas en los últimos días a manos de hombres con los tuvieron una relación sexual y/o sentimental. “Hay mujeres que siguen muriendo por violencia de género…”, dice el comunicado,  como si a estas mujeres les hubiera dado un ataque fulminante de violencia de género y se hubieran muerto de repente. En toda la declaración no se menciona ni una vez a los hombres, a los asesinos. Tampoco se menciona una sola vez la causa de que “sigan muriendo”, como si les diera por ahí, por morirse. Y al final esa solidaridad del Congreso con las familias esperamos al menos que no sea con la parte de la familia que ha contribuido a que las mujeres “sigan muriendo”.”

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Violencia que no es de género

¿Tenemos que ser las activistas lesbianas las que visibilicemos la violencia que se pueda dar –esporádicamente- en las parejas formadas por mujeres? Yo creo que no y, por eso, que no cuenten conmigo para dar pábulo a estas cuestiones.

Cada cierto tiempo el asunto de la violencia en las parejas de lesbianas se discute o bien en los medios generalistas o bien también –y especialmente- en el ámbito del propio activismo lesbiano. Tengo que reconocer que a veces ese tipo de estudios o de discusiones me sacan de quicio hasta el punto de que yo misma tengo que preguntarme por qué me gusta tan poco que se discuta de eso o se dé visibilidad a la violencia que existe en algunas parejas de lesbianas. Creo que hay dos razones de que el tema me guste tan poco. La primera y más importante tiene que ver con el uso que el neomachismo pretende hacer de cualquier tipo de violencia intrafamiliar para deslegitimar y desdibujar la lucha contra la violencia de género como un tipo de violencia sistémica particular y anclada en el patriarcado. Si todo es violencia y, sobre todo, si todo es el mismo tipo de violencia, entonces no hay razones para establecer medidas concretas de lucha contra la violencia machista. Naturalmente que esa es la manera tradicional de negar e invisibilizar que la violencia machista es diferente a cualquier otra porque se produce en un contexto de desigualdad de poder estructural (desigualdad real y simbólica) en el que los hombres creen tener derechos de propiedad sobre “sus” mujeres.

Entrada completa: Píkara Magazine