Las diputadas del Partido Popular y la Violencia de Género


 

EconoNuestra La manifestación del 7N, su organización, su celebración, ha ocurrido en mis primeros meses de diputada y portavoz de Podemos en la Comisión de Mujer. Tanto en la Comisión de Mujer, como cada vez que tienen oportunidad, las diputadas del PP expresan su repulsa absoluta por los asesinatos machistas y su decisión de luchar contra esa lacra. No sólo contra la violencia, las mujeres del PP están, decididamente del lado de la igualdad de género, contra la brecha salarial, contra cualquier muestra de machismo, contra la precariedad de las mujeres en el empleo, en la lucha contra la feminización de la pobreza, por una educación igualitaria etc. Algunas de ellas fueron incluso a la manifestación del 7N. Cualquier crítica que yo haga a las políticas de su partido respecto a la igualdad, las enerva muchísimo y levantan la voz para apabullarme y abroncarme por saltarme la cortesía parlamentaria y por atreverme a cuestionar su combate contra el machismo “como si la lucha por la igualdad y contra el machismo fuera únicamente cosa de la izquierda”, me dicen. ¿Cómo me atrevo a cuestionar que ellas también son feministas? ¿Cómo me atrevo a patrimonializar a las víctimas del machismo?

No es mi intención, desde luego, patrimonializar a ninguna víctima. Tampoco quiero poner en cuestión que el dolor de las diputadas del PP sea real y que su deseo de acabar con la violencia machista sea verdadero. Lo que sí pongo en duda es que el Partido Popular tenga una sola posibilidad de acabar con la violencia machista. Porque para acabar con esta violencia hacen falta dos cosas: recursos materiales y un cambio cultural profundo en el sistema de género. Y el Partido Popular no está por apoyar ninguna de las dos cosas.

En la Comisión de Mujer de la Asamblea de Madrid la estrategia del Partido Popular, tanto de las diputadas que forman parte de la misma, como de los altos cargos que comparecen para explicar cuestiones relativas a las políticas de Igualdad, es siempre la misma: despolitizar la desigualdad, tratar de romper los vínculos entre desigualdad de género y violencia machista. Porque “Igualdad” es un concepto ya hegemónico e indiscutible y más si se refiere a mujeres y hombres. Todo el mundo (incluso los mismos maltratadores hacen a veces proclamas igualitarias) dice estar a favor de que mujeres y hombres seamos iguales, de que no exista la violencia; todo el mundo entiende que está mal que ganemos menos dinero o que nos maten; que tengamos que trabajar 9 años más para cobrar las mismas pensiones. Pero no todo el mundo está de acuerdo, y en el PP mucha gente está en desacuerdo, en que los niños/as no son cosa de las mujeres en exclusiva, ni los trabajos domésticos tampoco; y que atribuir a las mujeres en exclusiva estas cuestiones y no combatirlas, es una de las causas de la violencia. No todo el mundo está de acuerdo en que las niñas y los niños deben educarse en los principios del feminismo para poder gobernar sus vidas con el horizonte de la igualdad. No todo el mundo está de acuerdo, y las diputadas del PP están claramente en desacuerdo, en que los recortes se han cebado en las mujeres y que estos recortes contribuyen a aumentar la desigualdad. El gobierno del Partido Popular afirma enfáticamente estar contra la violencia machista, pero reduce el presupuesto de lucha contra esta violencia a la mitad. Todo el mundo está por la igualdad, sí, pero no todo el mundo está de acuerdo en que la desigualdad actual es fruto de un sistema de poder económico, simbólico, cultural, sexual…ancestral que hay que combatir en todas sus manifestaciones: sexualidad, roles culturales, subjetividades, violencia, lenguaje…

Las diputadas del PP se indignan cuando cuestionas su compromiso con la igualdad pero cuestionan al mismo tiempo que el género sea una categoría válida de análisis; y cuestionan también que para combatir la violencia de género haya que educar en la igualdad, pero en la igualdad, oh sorpresa, de género. Ellas condenan, sí, los asesinatos pero los tratan como si fueran fenómenos climáticos, obra de locos, y no como resultado de un sistema de desigualdad que requiere, para su erradicación, un cambio social profundo; ya sabemos que los conservadores no son muy partidarios de cambios sociales profundos en ningún sentido.

Por eso, el objetivo de las mujeres del PP, que dicen sentir los asesinatos de mujeres tanto como nosotras, mujeres feministas, es despolitizarlos hasta que, efectivamente, la gente los condene unánimemente pero los contemple como desgracias aisladas, como quien tiene la mala suerte de enfrentarse a una inundación. Si hace unas décadas la violencia machista era considerada algo privado de lo que nadie más que la familia debía ocuparse, y se consideraba también que el marido había actuado movido por los celos, el amor o la maldad de la mujer, ahora parece que hay acuerdo en considerar al asesino no un loco, sino un machista; pero consideramos que el machismo es algo que adquieren algunas personas malvadas y no la manera normal en la que los niños (y las niñas) son socializados si no hay un esfuerzo en sentido contrario. Los asesinos son unos machistas, pero las políticas del Partido Popular dan por hecho que eso no tiene nada que ver la política. Que todos y todas estamos en el mismo lado y con la misma intensidad: las que dejan el presupuesto de lucha contra la violencia a la mitad y las que lo dotan suficientemente; los que se niegan a que el feminismo entre en la escuela y las que lo queremos introducirlo en los planes de estudio; las que exigimos que se haga política con perspectiva de género y los que no saben ni lo que es la perspectiva de género.

La igualdad real entre mujeres y hombres requiere un cambio profundo de valores, y un cambio obviamente también económico. El neoliberalismo es el mayor enemigo de la igualdad de género, como demuestra la feminización de la pobreza. Así que aunque no dudo en absoluto que el dolor que sienten las diputadas del PP por las mujeres asesinadas sea auténtico, seguiré defendiendo en la Comisión y en todas partes que no hay en su partido ningún compromiso real contra la violencia machista, por mucho que se enfaden. Porque la desigualdad de género es política y es con la política con la que la combatimos. Pero con políticas sociales y no neoliberales.

Publicado en: EconoNuestra

 

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