En relativamente poco tiempo hemos asistido en occidente a la desaparición del concepto de familia que se ha estado manejando durante siglos. Este concepto de familia ya no responde a la realidad pero sin embargo observamos como el reconocimiento de este cambio no se ha producido en la misma medida. Al contrario, observamos como algunas instituciones y sectores sociales han depositado en el no reconocimiento de las nuevas familias “las esencias” de una determinada ideología. Han hecho de este reconocimiento una especie de tabú. Algo que nos demuestra que es mucho lo que se está jugando en este tema. Es cierto que algunas familias no tradicionales van poco a poco incorporándose a lo que se entiende por familia, pero a pesar de esta lenta incorporación a la nueva definición la familia oficial continúa siendo una. Que se está jugando mucho lo podemos ver claramente en el debate que se está produciendo acerca del matrimonio homosexual y de la adopción de niños por parte de las parejas gays y lesbianas. Vemos que lo que se debate no es sólo la extensión de unos determinados derechos, que quizá podrían conseguirse por otra vía, sino que fundamentalmente nos encontramos debatiendo la propiedad del término familia, qué significa, a quién pertenece, quién y cómo se va a usar.
