Familias homoparentales


En relativamente poco tiempo hemos asistido en occidente a la desaparición del concepto de familia que se ha estado manejando durante siglos.  Este concepto de familia ya no responde a la realidad pero sin embargo observamos como el reconocimiento de este cambio no se ha producido en la misma medida. Al contrario, observamos como algunas instituciones y sectores sociales han depositado en el no reconocimiento de las nuevas familias “las esencias” de una determinada ideología. Han hecho de este reconocimiento una especie de tabú. Algo que nos demuestra que es mucho lo que se está jugando en este tema. Es cierto que algunas familias no tradicionales van poco a poco incorporándose a lo que se entiende por familia, pero a pesar de esta lenta incorporación a la nueva definición la familia oficial continúa siendo una. Que se está jugando mucho lo podemos ver claramente en el debate que se está produciendo acerca del matrimonio homosexual y de la adopción de niños por parte de las parejas gays y lesbianas. Vemos que lo que se debate no es sólo la extensión de unos determinados derechos, que quizá podrían conseguirse por otra vía, sino que fundamentalmente nos encontramos debatiendo la propiedad del término familia, qué significa, a quién pertenece, quién y cómo se va a usar.

La estrategia que siguen los conservadores es la de invisibilizar. Ocultar la realidad para conseguir su fin que no es otro que el de imponer su visión de la familia, la idea de que un modelo familiar es mejor que otros, la idea de que familia es una cosa y lo demás serán otras cosas, pero no familias. Y aquí se produce un círculo vicioso porque al invisibilizar la realidad, la necesidad de regular legalmente no aparece como perentoria, esa falta de regulación sume a esas familias en una vulnerabilidad social y económica que las invisibiliza. Y se completa el círculo, porque seguramente si estas familias se hicieran visibles en las mismas condiciones que las familias tradicionales, su regulación se vería como imprescindible y obvia, porque tanto su número como su extensión social haría imposible permitir que, desde una perspectiva democrática, continuaran viviendo en esa especie de limbo jurídico en el que ahora se encuentran.

En el debate sobre adopciones es clara la estrategia de la invisibilidad. El debate suscitado es falso, la realidad no se hace presente. Tenemos que resituar el debate y ponerlo en un punto de partida que permita comenzar a discutir desde premisas reales.

Las premisas de las que el debate parte es que:

1-Estamos discutiendo si a los gays y a las lesbianas se les permite adoptar niños. Si no se nos permite adoptar no vamos a ser padres ni madres. Es decir, la ausencia de una legislación al respecto elimina el problema.

2-Cuando ya más o menos no saben qué argumentar para impedir las adopciones entonces se habla de los derechos de los niños. En una sociedad para quien los derechos de los niños son sagrados, esta sola mención hace parecer que la familia tradicional es la única en la que estos derechos son respetados. Y aquí ya todo el mundo está de acuerdo, hay que respetar los derechos de los niños y esto parece implicar que no tenemos derecho a adoptar..

3-Como lo más importante es el bienestar de los niños, hay que estar seguro. No hay bastantes estudios, hay que hacer más estudios.

Ante esto, nosotros tenemos que decir lo siguiente:

1-El debate no puede plantearse sobre si a gays y a lesbianas se nos permite adoptar o no niños porque y se nos permite adoptar niños.  Ese es un derecho ganado en su día y que no está en discusión. El debate es sí podemos adoptar como parejas. Como solteros podemos hacerlo y lo estamos haciendo. Por tanto hay ya miles de niñas y niños creciendo en familias compuestas por dos madres o dos padres. El debate suscitado ahora sobre los derechos de los niños, la necesidad de una figura paterna/materna, etc. no se planteó cuando se decidió que los solteros pudiesen adoptar o no, probablemente porque no se sustenta científicamente. A lo largo de la historia, los niños siempre se han criado sin padre, el padre que ejerce de tal es una invención moderna. Todo esto parte de la confusión, sorprendente, y alimentada en parte por los políticos entre ser gay o lesbiana y ser estéril. Podemos tener hijos y los estamos teniendo y los hemos tenido y los hemos educado. Ahora y hace mucho. Se puede tener una relación heterosexual esporádica con el objetivo de tener un hijo. Muchos gays y lesbianas (sobre todo lesbianas) han estado casados o han mantenido relaciones heterosexuales estables. Hasta un 20% de los gays y un 30% de las lesbianas.  Y, además, en España existe la posibilidad de acudir a la fecundación asistida. Es fácil y es legal. Así que lo cierto es que gays y lesbianas tenemos hijos, vamos a tener más y ese y no otro tiene que ser el debate. Esperamos poder coadoptar legalmente para regularizar situaciones que ya existen. Es decir que se trata de los derechos de nuestros hijos.

2- ¿Y el interés de los niños? Eso es precisamente lo que se está conculcando cuando se nos impide acceder a la adopción legal como parejas. Porque lo que se está conculcando son los derechos de los niños. Si reconocemos que madres y padres lesbianas y gays hay que decir que los derechos de los niños se protegen reconociendo y protegiendo sus familias, a las familias de las que estos niños forman parte. Hay que decir que la falta de reconocimiento cultural, social, de protección legal, lo que hace es privar a esos niños de parte de sus derechos: de derechos jurídicos, económicos, emocionales…en fin de la seguridad de la que otros niños disfrutan, lo que genera una importante discriminación de estos niños con respecto a otros niños. Cuando se alega el mejor interés del menor para no dejarnos adoptar se está olvidando el interés de nuestros hijos e hijas.

En EEUU la adopción por parte de parejas homosexuales es una realidad absolutamente legal. Como no hay legislación sobre el tema. cuando una co-madre o co-padre quiere adoptar o reclamar derechos sobre hijos no biológicos que ha criado en familia y como suyos, tiene que hacerlo pidiéndolo a un juez que dicta una sentencia que es la que crea legislación. Curiosamente, cuando los jueces americanos han tenido que pronunciarse sobre el tema, lo han hecho siempre a favor de la coadopción. Sólo en el estado de Florida está prohibida la adopción por parte de parejas homosexuales. Cuando los jueces tienen que sentenciar sobre un caso concreto, a la vista de las pruebas, a la vista de los informes periciales, a la vista de la situación del menor, en todos los casos los jueces se han decantado por sentenciar a favor de la coadopción, de la corresponsabilidad y de los derechos compartidos. Y siempre se invoca el mejor interés del menor. Porque el mejor interés del menor es que los lazos emocionales que ha creado con la pareja de su padre o madre sean protegidos; porque es mejor que haya dos adultos responsables que uno; porque está más protegido si la pareja en caso de separación tiene que pasar pensión de alimentos; porque está más protegido si muere su madre o padre biológico; porque tiene derecho a pensiones, a seguros sanitarios, de vida, por accidente, herencias etc. Recogemos un extracto de una sentencia de un juez de Massachusets que creemos que es muy significativa: “Es sin duda en el mejor interés del menor, y del estado, facilitar adopciones en estas circunstancias para que derechos legales y responsabilidades puedan ser determinadas ahora, y cualquier problema que surja después pueda ser resuelto en el marco de las leyes de familia. No estamos aquí para aprobar o desaprobar las relaciones que mantienen las demandantes. Las aprobemos o no, el hecho es que la demandante (la co-madre que pide la adopción) ha actuado como madre de estos dos niños desde su nacimiento. Denegar protección legal a esta relación es inconsistente tanto desde el punto de vista legal como desde el punto de vista del mejor interés de los niños”.

3- Estudios sobre el bienestar de los niños.

Hay que hacer estudios dicen los políticos. Ante esto sólo se podría pensar que los políticos tienen o mala fe o mucha ignorancia. Así que habrá que concluir que tienen mala fe y que intentan desvirtuar el debate, porque estudios hay decenas. Y los hay que estudian todos los aspectos imaginables: por edades de los hijos, por edades de los padres, por sexo (si son padres o madres), si son adoptados o paridos, cómo van en el colegio, cómo se llevan con la familia, como influye la orientación sexual de los padres en la de los hijos…Y los resultados coinciden en que no hay diferencias apreciables de estos niños con respecto a los demás niños.

Llegados a este punto del debate, hay que cambiar la orientación del mismo y, en lugar de estudiar las consecuencias en los niños de que sus padres o madres sean homosexuales, habrá que estudiar las consecuencias de la falta de regulación legal, de cobertura social, de reconocimiento cultural…y en qué medida los derechos de estos niños ya nacidos son conculcados por ser obligados a vivir en familias que no existen legal o socialmente; habrá que estudiar cómo afecta la homofobia a su bienestar, a su autoestima.

Publicado en la revista Meridian

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