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Rubiales y la muralla patriarcal

Lo que  ha ocurrido en la selección femenina de fútbol puede compararse a lo que ocurrió con Plácido Domingo. Las cantantes de ópera que pretendían trabajar con él tenían que pagar un peaje por hacerlo. Callaron durante muchísimo tiempo sabiendo que nadie las iba a creer. Cuando llegó el MeToo algunas se animaron a denunciar. Es verdad que Domingo perdió contratos, pero también lo es que muchísima gente le defendió y recibió enormes ovaciones allí donde ha seguido actuando. Es lo mismo que ha ocurrido entre las actrices con Harry Weinstein y con tantas mujeres que pretenden tener una carrera profesional en ámbitos dominados por los hombres (casi todos por otra parte). Ocurre en todos los sectores, no es nada nuevo.

Lo de las futbolistas era conocido. Lo han confirmado las futbolistas de otros países, y teníamos las denuncias de las 15, a las que nadie hizo caso. Lo que finalmente ha hecho la diferencia es que Rubiales estaba tan seguro y se sentía tan impune que ha actuado en público y todas lo hemos visto. Pero ellos, la mayoría, al parecer, no han visto nada. A la mayoría de los periodistas deportivos la cosa les ha parecido graciosa hasta que la reacción se hizo demasiado grande. Es imposible olvidar a Manolo Lamas diciendo que las que se han enfadado es porque a ellas no las han besado. Una respuesta que, además de evidentemente muy machista, podría ser habitual hace 50 años, pero que ahora suena absolutamente extemporánea. Y sin embargo…lo ha dicho.

Lo que ahora tendríamos que preguntarnos todas y todos no es si hemos visto lo que hemos visto, sino por los niveles de violencia sexual que han tenido que aguantar estas mujeres para poder jugar al fútbol. Y preguntarnos a renglón seguido por qué ningún hombre futbolista ha creído conveniente solidarizarse o decir nada, por qué ningún club de los que tiene equipo femenino apoya a sus jugadoras, por qué sólo las feministas y los aliados estamos protestando. Y la respuesta es, naturalmente, que el pacto patriarcal apenas está resquebrajado, que tenemos leyes y derechos pero que tenemos enfrente una muralla que a veces parece demasiado alta. Y a veces también estamos nos descubrimos cansadas. No hay un «desvelamiento general» del machismo, vamos paso a paso, sector a sector, machista a machista. Vamos demasiado despacio.

Es muy importante que ahora caiga Rubiales, Vilda y los directivos y técnicos que han apoyado u ocultado los comportamientos machistas de esos individuos, porque todo lo que no sea avanzar es, en estos momentos, retroceder. No nos lo podemos permitir. Nos va en ello conseguir hacer otra muesca más en la maldita muralla patriarcal.

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Que les echen de una vez.

Como aficionada al futbol, como forofa casi, he disfrutado del Mundial y me he emocionado con la victoria de la Roja. Me he emocionado, como me ocurre siempre que veo futbol, y como feminista un poco más porque el futbol femenino es más que futbol, y lo será por un tiempo. Porque, como decía Ana Requena en este artículo el futbol ha sido durante demasiado tiempo un reducto del machismo más casposo y de comportamientos que no son ya admisibles en ningún otro ámbito. El futbol es eso a lo que juegan prácticamente todos los niños del planeta en los colegios. Y esa unanimidad sirve al mismo tiempo para excluir y señalar a otros niños que no cumplen con los estándares de la masculinidad y, por supuesto, a las niñas. Es difícil que si un niño juega bien al futbol sea señalado y acosado, y es muy fácil que lo sea si falla en esa prueba. Pero las niñas son siempre previamente excluidas de ese espacio, aunque deseen estar dentro, aunque quieran jugar e incluso aunque jueguen. Y cuando las mujeres se acercan al fútbol desde otros lugares, ya sea como aficionadas, como técnicas o como árbitras, por ejemplo, van a sufrir discriminación, bromas, acoso o insultos. El futbol es la prueba del algodón del machismo.

Seguir leyendo: El obrero

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Gestación comercial y derechos fundamentales de las mujeres

RESUMEN

El presente artículo pretende poner de manifiesto que la crítica a la gestación comercial no puede hacerse sin una crítica radical al sistema económico neoliberal, ya que esta práctica se inserta de forma coherente en la manera en que el neoliberalismo construye sus relaciones sociales, tanto desde el punto de vista del género como de la clase. Y en segundo lugar que, aunque la crítica a la gestación comercial tiene ya varias décadas en el feminismo (especialmente en el feminismo anglosajón) es necesario, como ha hecho el feminismo con otras cuestiones, que dicha crítica se vaya depurando y especializando. En ese sentido este articulo estudia la manera en que la normalización acrítica de la gestación comercial puede afectar a la consideración social de la maternidad o al derecho al aborto.

Artículo completo en: Revista Atlánticas

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¿Qué puede hacer un comunista?

La semana pasada en una entrevista radiofónica se le preguntaba a un viejo comunista por qué ganaba la extrema derecha y no la extrema izquierda y la respuesta fue: “porque…¿qué puede hacer un comunista?” (o una comunista, añadiría yo)

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Meditar con Proust

Este es un texto largo que es parte de un capítulo de un libro que se supone que estoy escribiendo (o quizá no) sobre mi depresión y mis años en política.

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Ayuso no es sólo Trump.

            Nos reímos de las cosas que dice Ayuso como nos reíamos de Esperanza Aguirre y como nos reíamos de Trump pero todos ellos ganaron en sus respectivas elecciones. Y no sólo ganaron en votos, sino que están ganando en cuanto a lo verdaderamente importante: imponiendo un sentido común devastador para la izquierda y para la democracia.  Cuando Aguirre dijo que había que “acabar con la superioridad moral de la izquierda”, estaba expresando la necesidad que la derecha tiene de superar el principal escollo para que arrasen definitivamente. Cuando Ayuso ha dicho que “la justicia social es una tontería de la izquierda”, va en el mismo sentido. Su exhibición desacomplejada de falta de empatía tiene que ver con la batalla principal de la derecha: la normalización de la crueldad social.

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Lo que voy a votar

Hace un par de meses, me contactaron desde un Círculo para que fuera a dar una charla sobre feminismo. Cualquiera que haya estado en Podemos sabe lo que es una charla normal en un Círculo de barrio: militantes ya convencidos, poca gente, un acto muy interno y que sólo se hace por militancia (la cual es una magnífica razón) Con el acto convocado y los carteles diseñados, un dirigente del partido en Madrid, un imbécil, obligó al Circulo a desconvocarlo. Vetó mi presencia, sin otra razón que, supongo, no percibirme como “de las suyas” aunque lo cierto es que nunca he dicho públicamente nada acerca de lo que pienso de la escasa capacidad intelectual de este dirigente en cuestión o de su tipo de liderazgo, que consiste en romper cualquier cosa que considere un obstáculo. Preocuparse de prohibir mi presencia en un acto minúsculo implica una perseverancia en el mal propia de los más tontos, de los que en un comic aparecen siempre cavando en dirección contraria a la que se necesita. Pero cierto es que ese día, me sentí expulsada del partido.  

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¿Qué nos pasa con la pederastia?

Esta es una pregunta pertinente. La semana pasada comenzaba en el Parlamento de Cataluña la primera comisión de investigación parlamentaria celebrada en España sobre la pederastia en la Iglesia católica. La sensación fue desoladora. Los diputados del PP (y Vox) no asistieron. Hace años que se conocen los miles de casos de pederastia que se han producido dentro de la iglesia y lo que sabemos a estas alturas es que esta institución no va a asumir su culpa y que tampoco va a hacer nada para reparar en lo posible el daño a las víctimas. En la comisión celebrada el otro día las victimas que comparecieron se dolieron de su permanente revictimización y de la absoluta falta de interés que los diputados y diputadas presentes en la sala mostraban por el asunto. De hecho, una de las víctimas les reprochó que mientras ellos narraban experiencias terribles de violación, los representantes públicos estaban mirando el móvil. Los políticos  tampoco se sienten cómodos con esta cuestión, es evidente. Del mismo modo que la sociedad en general se resiste a asumir la verdadera dimensión de la pederastia en el seno de la iglesia.

Seguir leyendo: Pikara Magazine

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Desde el día 9 de marzo. De las divisiones del feminismo

He escuchado en estos días a algunas históricas del PSOE decir que el Ministerio de Igualdad ha dividido al feminismo. En realidad, lo que quieren decir es que ha dividido al feminismo institucional. Y, para ser exactas, no lo ha dividido, sólo es que ha aparecido otro feminismo. Cualquiera con cierta edad que mire hacia atrás sabe que el feminismo siempre ha sido muy diverso y que lo atraviesan olas, momentos históricos, ciclos. La palabra “feminismos” no es que sea adecuada, es que es la única posible.  La mayoría de los debates intrafeministas siempre han estado ahí. lo que ocurría es que el único feminismo que estaba en las instituciones era el feminismo del PSOE. Estaba también, siempre ha estado, el movimiento feminista no institucionalizado, con su enorme pluralidad, la misma de ahora, y sus olas, y sus ciclos y sus momentos. Ambas esferas, la institucional y la no institucional, se miraban de reojo, compartían consensos básicos y poco más. Tampoco se agredían, coexistían. Pero llegó Podemos a las instituciones y con ello la posibilidad de hacer, desde un ministerio, otro feminismo; uno más ligado al afuera de las instituciones, al menos a muchas de sus reivindicaciones, de sus temas, de su carácter, de su lenguaje.

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Mi semana del 8M.

En esta semana anterior a este 8 de marzo,  he estado inmersa en tres artículos/libros/experiencias que por separado me crearon cierta inquietud (inquietud en el sentido de no saber dónde poner los pies) pero que juntos hicieron que las piezas encajaran. Estuve en el encuentro Internacional feminista de hace un par de semanas. Yo, señora de 60 años, asistí con la curiosidad de alguien de 20, porque muchas cosas eran nuevas y algunas me generan inquietud. Es normal. Pero, en realidad, encontrar que el feminismo es capaz de “aggiornarse” al mundo que viene, que ya ha nacido, que está aquí y que nos plantea cuestiones bien diferentes a las que eran las de antes de ayer, es la muestra de que el feminismo está bien vivo.

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