Por qué es peligrosa la polémica sobre la participación de las trans en espacios feministas


Una conocidísima feminista de los años 70, una de las pioneras, mantenía en aquel tiempo que la irrupción de las lesbianas en el movimiento feminista se debía a una conspiración de la CIA para acabar con dicho movimiento. Esta historia me ha venido a la cabeza estos días pensando en la cuestión de la disputa entre la Plataforma Antipatriarcado y algunas personas trans y lo que de allí derivó. Cuando comenzó esta polémica se cumplía precisamente el primer aniversario de la muerte de Lohana Berkins, activista feminista, abolicionista, transexual, comunista. Una mujer que murió hace un año, a la que tuve la oportunidad de conocer y que me ayudó a entender muchas cosas que antes entendía mal o desconocía. Un ejemplo de lucha y de dignidad, un referente, para mí, de la lucha feminista y de lucha trans. Una persona cuya existencia fue muy importante para mi propio feminismo y a quien he recordado mucho estos días.

Tengo que decir que nunca estoy a favor de cerrar páginas, de prohibir libros o músicas. Creo que esta deriva prohibicionista se llevará la libertad de expresión por delante y ya lo estamos viendo y no nos estamos asustando bastante de ver que es posible ser condenado a tres años de cárcel por un tuit. Esta opinión la he mantenido desde siempre y para cualquier tema. Creo que la libertad de expresión incluye la posibilidad de ser racista, machista, o simplemente imbécil. La libertad de expresión consiste en aceptar que existe el derecho a decir aquello que nos parece equivocado, estúpido o incluso nocivo socialmente. Así que yo no hubiera pedido el cierre de ninguna página cuyo contenido no fuera directamente delictivo; pero más allá de esto, la cuestión con la Plataforma Antipatriarcado y la “cuestión” trans derivó enseguida en una especie de bronca en la que se dirimían otras cuestiones como si las trans son feministas, si son antifeministas, si lo que late debajo de esto es la regulación o prohibición de la prostitución o, simplemente, la relación de la lucha trans y la lucha feminista.

Empecemos por el principio. Leí el post de la discordia en la Plataforma Antipatriarcado antes de que la cosa se incendiara y sí, me pareció transfóbico. Así pues, entiendo que muchas personas trans se sintieran indignadas. Igual que nosotras cuando leemos comentarios antifeministas. Es verdad que la Plataforma tiene también artículos en los que condena la violencia que sufren las personas trans (sólo faltaba) y es verdad que luego pidió disculpas. Su post transfóbico me pareció más bien fruto de la ignorancia y el prejuicio, como la feminista que dijo aquello de las lesbianas, pero si se tiene una página feminista, lo menos que se puede hacer es informarse antes de dejar por escrito opiniones que resultaban hirientes para muchas personas. En todo caso, lo interesante de la cuestión vino en el debate que se abrió en las redes a raíz de esto.

Una parte del feminismo tiene muchos prejuicios contra las personas trans. Por mucho que nadie lo reconozca, claro, pero yo lo vivo cotidianamente. He discutido muchas veces a propósito de opiniones transfóbicas que no le parecían transfóbicas a quien las emitía. Algunas feministas suelen sostener que las mujeres trans tienen opiniones antifeministas sobre algunas cuestiones y eso lo he leído mucho estos días. Y es que el principal prejuicio es ese: pensar que las mujeres trans tienen una determinada opinión común; es decir, convertir a todas ellas en lo mismo. Las mujeres trans tienen opiniones tan diferentes sobre todas las cosas como cualquier otro grupo grande de personas. Es prejuicioso decir que las personas trans son esto o lo otro. Las personas trans son como cualquiera y tienen opiniones políticas tan diversas como las de cualquiera. Y etiquetarlas de esa manera, sin escucharlas, sin leerlas, es cosificarlas. En ese sentido, es un puro prejuicio afirmar que las mujeres trans piensan esto o lo otro del feminismo porque hay mujeres trans muy feministas y otras antifeministas. Y hay mujeres transexuales que se dicen feministas y que a mí no me lo parecen. Pero eso me pasa también con mujeres cis que se dicen feministas y, en todo caso, también hay mujeres trans que creo que son compañeras de lucha imprescindibles y que son tan feministas como la que más.

Pretender que el problema de fondo (lo he leído varias veces también estos días) es si las mujeres violadas tienen derecho a no ver penes en sus espacios… no debería ni entrar a comentarlo; de hecho lo comento pero con cierta vergüenza. Ese argumento sí que me parece escandaloso. Verdaderamente no sé cuantos penes de personas trans se ponen a la vista de mujeres violadas. No sé cuántos espacios mixtos en los que los penes estén a la vista conocemos, no sé cuántas mujeres trans utilizan sus penes para violar a otras mujeres. Lo que sí sé es que el 99% de los penes violadores pertenecen a hombres y las feministas no hemos planteado que se les impida salir a la calle por la noche o entrar en espacios en los que hay muchas mujeres. La verdad es que no he visto protestas por la cuestión de los cada vez más frecuentes baños mixtos en locales o en lugares de trabajo. No violan los penes ni los hombres, violan los violadores. A mí me parece que hablar de violaciones de personas trans en la situación de absoluta vulnerabilidad en la que que estas personas están (la esperanza de vida de las mujeres trans en Latinoamérica es de 35 años, por ejemplo) viene a ser como hablar de mujeres maltratadoras.

La transexualidad es un desafío que interpela prejuicios, creencias o certezas que tenemos acerca del cuerpo, el sexo y el género. En todo caso la manera en la que las mujeres trans se enfrentan a ese desafío es igual que la de cualquiera. Es decir, tienen todo tipo de opiniones sobre lo que es ser mujer, sobre lo que hace que una persona sea mujer, sobre cómo se construye el género. Hay mujeres trans que creen que la transexualidad tiene que ver con la biología y hay otras que no. Hay algunas que cuestionan el género igual que muchas feministas y hay otras que son esencialistas del género, lo contrario de lo que soy yo. Vamos, son como todo el mundo y hay de todo. Yo soy admiradora de Miquel Misse y suelo estar de acuerdo con él en todo. En relación con esto también me parece importante no pensar que podemos exigir a las personas que desafíen el género de una manera en la que nosotras mismas no lo hacemos. No tienen por qué hacerlo. Si hay mujeres trans que se manifiestan reafirmando el género tienen tanto derecho a hacerlo como cualquiera. Las feministas combatimos el género, sí, pero también lo reafirmamos cada día con nuestro comportamiento, nuestro aspecto e incluso nuestra propia subjetividad, inevitablemente traspasada por éste. Desafiar el género es una elección, no puede ser una obligación para nadie.

Hay una lucha específica trans, sí: por ser consideradas seres humanos en igualdad de dignidad y de derechos, y por poder llevar una vida libre de violencia. Esa es la base de su lucha como es la base de casi cualquier lucha emancipatoria. No todas las luchas trans nos incumben a todas las feministas de la misma manera, igual que el feminismo también mantiene diferencias importantes en ciertos temas e igual que no todas las feministas nos sentimos interpeladas de igual forma por todo lo que se engloba bajo el término “lucha feminista”. Discrepo de muchos planteamientos de los movimientos trans y estoy muy de acuerdo con otras. Pero me parece obvio que hay una parte de esa lucha trans que está muy relacionada con el feminismo en cuanto que tiene que ver con cosas que nos afectan especialmente, como la construcción del género, del sexo , del cuerpo, la violencia patriarcal, la prostitución, etc. Hay muchas trans que son feministas y que militan en ambas luchas. La lucha de las lesbianas no siempre ha sido la lucha de todas las feministas, recordemos. Aquí habría que ver desde que “nosotras” hablamos y quienes son “ellas”.

La Plataforma Antipatriarcado es abolicionista, sí. Yo también. Pero eso no quiere decir que comparta todo lo que dicen las abolicionistas. Hay un abolicionismo con el que yo no comparto casi nada y en todo caso, las mujeres transexuales son víctimas del sistema prostitucional en muy alto grado. Y muchas son abolicionistas también (otras no). La lucha por la abolición de la prostitución tiene en América Latina a muchas organizaciones de trans y travestís como protagonistas. Muchas de ellas se dejan la vida en la prostitución y también en la lucha por combatirla.

Finalmente, tengo la impresión de que muchas feministas que estos días se han puesto a escribir sobre lo que piensan las mujeres trans o no conocen a ninguna o no han leído nada acerca de lo mucho que hay escrito, desde todas las perspectivas posibles, acerca de la transexualidad. El lenguaje utilizado para hablar de las personas trans por algunas (que no todas) de estas feministas dolía también. Si queremos que se use con las feministas un lenguaje inclusivo, adecuado y feminista, lo menos que podemos hacer cuando hablamos de otro colectivo es nombrarlas como quieren ser nombradas y no hablar de “ellas” como si no estuvieran presentes.

Publicado en: Píkara Magazine

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