La marca España


A estas alturas ya hemos leído todos el libro No pienses en un elefante de George Lakoff. En dicho libro se explica, de manera muy simple de entender, que a la izquierda no le basta con ganar las elecciones, sino que antes de eso  -o precisamente por eso- hay que ganar las batallas ideológicas, o cualquier victoria será efímera. Y ya no recuerdo si el libro lo dice, pero es bastante evidente que esta crisis y la incapacidad manifiesta de todos los políticos para salir de ella o para, siquiera, ofrecer algún relato alternativo, se debe precisamente a que la derecha ha ganado, y por goleada, la batalla ideológica. Y mientras no seamos capaces de revertir esa victoria no hay nada que hacer. De manera que el principal éxito del capitalismo es, precisamente, que no sea posible pensar en una salida al propio capitalismo, en un escenario no capitalista.

La derecha, mientras hace sus políticas, le da una enorme importancia a la necesidad de cambiar nuestros marcos cognitivos de manera que, poco a poco, la gente ya no pueda pensar en una realidad fuera del ámbito del neoliberalismo. En este momento prácticamente ya no hay un discurso de izquierdas reconocible en ningún partido político de ningún país europeo. ¿Es posible mayor victoria que esa?  En esto la derecha es muy diligente, mucho más que la izquierda. La izquierda a veces parece pensar que estas cosas no tienen importancia y que lo que cuenta no es cómo se llame a las cosas, sino que las cosas se hagan de una determinada manera, olvidando que el nombre de las cosas forma parte de la cosa misma, que el nombre –a veces- es determinante, que la realidad se construye también con el lenguaje. La izquierda olvida muy a menudo que las palabras tienen carga moral. El resultado de ese ir asumiendo primero términos, después marcos interpretativos, luego discursos, es que al final, de manera inconsciente, las estructuras mentales que se activan son inevitablemente de derechas.

O la izquierda asume como tarea fundamental pelear por cada palmo de terreno de los valores – de los nombres que denotan esos valores-  o no tenemos salida.  No basta con incluir en el programa electoral políticas que se suponen de izquierdas, hay que defender, explicar y extender entre la población valores, principios y directrices también de izquierdas; y los valores de izquierdas no caben en términos de derechas, es así de simple. Primero hay que tener claro el marco mental, el marco lingüístico, el marco ético y será de ahí de donde puedan nacer políticas de izquierdas y no al contrario. He pensado en esto mientras leía la sentencia europea que declaraba abusiva nuestra ley hipotecaria. Aun cuando la sentencia es una alegría me “rechinó” que se refiriera en todo momento a los derechos de los consumidores y no de los ciudadanos y ciudadanas. No hay mayor prueba que esta sentencia de que ya sólo tenemos derechos en tanto consumidores y no en tanto que ciudadanía.

Por la misma razón, en cuento Esperanza Aguirre “ganó” (es un decir) las elecciones a la presidencia de la Comunidad de Madrid, los viajeros o usuarios del metro pasamos a ser “clientes”, y desde entonces somos clientes a todos los efectos: por la megafonía, en las hojas de reclamaciones, en la publicidad…Clientes somos también los antaño viajeros que nos subíamos a un tren y clientes somos los usuarios de cualquier servicio público. Hace poco he ido a hacer una gestión médica y me he encontrado con que los hospitales madrileños no tienen pacientes sino clientes.

Y ahora todos los políticos hablan de la marca España. ¿Qué es eso exactamente? Pues que incluso el estado ha dejado de serlo para convertirse (para que lo conviertan) en un territorio gestionado como una empresa, con sus consumidores, sus gerentes, su logo, sus ventas, su marketing etc. Quieren que sólo podamos pensarnos como consumidores, clientes, trabajadores precarizados…. Los estados han dejado de serlo, son empresas y la ciudadanía ha dejado de existir para convertirse en una masa de consumidores. Por eso sólo cuentan los que, efectivamente, pueden consumir. Los que han sido excluidos  -despedidos- de la empresa y no tienen capacidad de gasto, esos que se vayan muriendo en las esquinas.  Hora es que nos rebelemos contra todas estas imposiciones que son mucho más que lingüísticas, que son ideológicas. Exijamos que nos traten como ciudadanos, que nos devuelvan los derechos que la ciudadanía lleva aparejados, y exijamos también a los políticos de izquierdas que no acepten ese lenguaje, que dejen de repetir lo de la marca España como loros. Yo soy ciudadana de un estado y no clienta de una marca. Soy una ciudadana que tiene un horizonte vital que no pasa por el consumo, gracias.

Publicado en: El Plural

3 comentarios

  1. Gracias por la aclaración de los motivos. Buena exposición.

  2. Los paises competimos unos entre otros y solo por ello debemos gestinar su activo intangible de alguna manera para estar a la altura y ser competitivos. España no lo ha hecho jamás mientras que otros paises nos llevan mucha ventaja.

    de que arbol se ha caido esta piva?? se ha comido el libro del elefante y ha empezado a bomitar diciendo ideas inconexas que carecen de sentido. Por favor simplifique y sea clara, no se limite a cumplir con sacar un articulo vacio que contente a sus audiencias por el hecho de ser no se que de una asociación!!

    1. Vomitar es con “v”.

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