Antipolítica


Papandreu propuso un referéndum para preguntar a la ciudadanía griega cuestiones que les afectaban de manera fundamental y Bruselas despidió a Papandreu; varios países dijeron “no” a la Constitución Europea… y se aprobó un tratado igual que el que habían rechazado; otros dijeron “no”, pero tuvieron que repetir la votación hasta que salió que “si”. En Grecia… parecía posible que Syriza ganara y entonces se presionó, mintió, amenazó…hasta que ganó quien quería Bruselas.

Ahora, en Italia, se ha hecho todo lo posible para convencer a los italianos de que tenían que votar a Monti o, en su defecto, a Bersani. Finalmente los italianos han votado lo que les ha dado la gana y eso me da esperanzas. No creo que haya ganado la antipolítica, como dicen sino una política que no gusta al establishment político; a los que pretenden encarnar la única política posible.  Los italianos han dado la espalda al empleado de Bruselas, Mario Monti. A su vez, el otro candidato serio, un político profesional de los de siempre, de “centro-izquierda”, tampoco ha conseguido la victoria que  buscaba. Berlusconi, como siempre, tiene su público y más aún cuando promete hacer todo lo contrario de lo que manda Bruselas;  luego está Beppe Grillo, el antipolítico.

Lo primero bueno es que la ciudadanía no ha dado la espalda a las urnas, a pesar de lo poco que las urnas parecen ofrecernos. No hay desafección de la política, la ciudadanía vota y ha querido demostrar que puede cambiar la política votando. A pesar de una caída de 5 puntos con respecto a las anteriores elecciones, ha votado más del 75 % del censo. Lo segundo reseñable, por supuesto, son los más de 8 millones de votos que ha conseguido Beppe Grillo sin ir a la televisión, sin conceder entrevistas y sin ser él mismo candidato. Es decir, dinamitando “la industria” electoral, desafiando todo lo que los expertos afirman respecto a las elecciones: que hace falta tener el apoyo de los medios, que hace falta un candidato conocido o con “gancho”, que hace falta dinero. Aquí se ha demostrado que lo único que hace falta es decir algo que ilusione a la gente. Y al contrario: que todos los demás, con su dinero, sus televisiones y sus apoyos internacionales, no convencen ni ilusionan. Aunque sólo sea por eso, me parece que las elecciones italianas son una lección de la que hay que aprender. La gente ha pasado por encima de todo y ha votado contra los recortes, contra Bruselas y Berlín, contra todo lo conocido, contra todas las amenazas y contra toda la “información”. Y eso no es antipolítico  sino que es una clarísima demanda por una nueva política.

Berlusconi es la camorra pura y dura pero, en ausencia de todo, en ausencia de un estado protector y solidario, en ausencia de reglas justas y verdaderamente democráticas, la camorra se ocupa de los suyos. Berlusconi anda como El Padrino prometiendo todo lo que se le ocurre y, visto lo visto, mucha gente pretende arrimarse a este árbol, a ver si cae algo. Berlusconi es un mafioso que no lo oculta, pero, a decir verdad, no veo una enorme diferencia entre sus chanchullos y los chanchullos de aquí, aunque la mafia de aquí sea más elegante. Llamemos a las cosas por su nombre y dejémonos de finezas. Lo que se está haciendo aquí es robar lo que es de todos (desde la sanidad hasta los montes, desde las playas hasta la educación) para regalárselo a amigos o familiares y hacer negocio. Además, el Partido Popular lleva años en los que parece que ha estado violando leyes, repartiendo sobres con dinero a sus altos cargos y adjudicando contratos públicos entre aquellas empresas que les han dado “donativos”, es decir, lo que en otras partes se llama “mordida” (todo esto de manera presunta, no me vaya a caer a mí la querella que no le ponen a Bárcenas).  Durante años, en nuestras instituciones, en ayuntamientos, autonomías, parlamentos, diputaciones…, se ha producido un visible tráfago de sobornos, donativos, informes que no informan pero cuestan, consultorías que cuestan más aun, recalificaciones fraudulentas, construcciones faraónicas en las que se sepulta dinero… público regalado a yernos, sobrinos, amigos, consuegros, secretarios o infantas, arquitectos famosos o constructores… que ya querría la mafia. Y todo esto aderezado con un cuento de espías en el que todo el mundo espiaba a todo el mundo: desde concejales a diputadas, pasando por futbolistas. Y a todo esto le venimos llamando política.

Y mientras la ciudadanía asiste atónita a este espectáculo, y el país se descompone de corrupción, los partidos no han tomado una sola medida en serio y se dedican a acusarse unos a otros a ver quién la ha hecho más gorda y, por supuesto jamás dimite nadie, nadie es despedido (ni siquiera Bárcenas), ni nadie va a la cárcel tampoco. Nadie explica nada, nadie ofrece cuentas (las que demuestran que la sanidad privada es más barata, por ejemplo) nadie paga por gestiones desastrosas, nadie habla claro; simplemente nos desprecian porque consideran que da (damos) igual. Mentir no es algo que les preocupe. Las supuestas explicaciones de Cospedal, son como el gag de la empanadilla de Martes y 13, pero en trágico. Y no es la única,  porque hay dentro del PP otros modelos de explicación igual de chulos e idiotas, como las explicaciones de Floriano o de González Pons.  ¿Verdaderamente alguien puede sostener que lo que dicen estos señores y señoras es mucho más serio que lo que dice Beppe Grillo? ¿Es más creíble? ¿Es más confiable? ¿Por qué Grillo es antipolítica y todos estos farsantes son políticos? Sólo porque eso es lo que se llaman a sí mismos y porque han llegado a convencernos de ello.  Sostener en serio que los programas políticos son más fiables que el programa de Bepp Grillo no resiste un análisis. Los programas políticos de los partidos tradicionales no son más que folletos publicitarios para captar el voto. En ningún caso pueden contar la verdad porque si lo hicieran, si los partidos desgranaran sus verdaderas intenciones una vez que gobiernen, posiblemente no ganarían. Funcionar así  ¿no es antipolítica?

Monti y Bersani son considerados serios y fiables, buenos políticos que gustan a quien manda en Europa; no cantan en público, no dicen cosas estrambóticas, no andan a calzón quitado detrás de las azafatas televisivas, ni montan orgías,  no gritan. Son buenos empleados de sus partidos y de Bruselas, se mueven con facilidad de la política a la empresa y de la empresa a la política, y en ésta se mueven de una idea a la que siguiente, lo mismo privatizan cuando gobiernan que se convierten en los más firmes defensores de lo público cuando están en la oposición, sus programas electorales los confían a buenos publicistas y salen todo el tiempo en la televisión. Nunca dicen todo lo que pretenden hacer, pero lo que dicen lo dicen siempre con gesto serio, la corbata en su sitio y las palabras justas;  por eso, lo que hacen es política, buena política.

Sobre Beppe Grillo, no tengo una opinión formada porque todo lo que leo me confunde. Los medios tradicionales, casi todos, llevan semanas diciendo que lo suyo es “antipolítica”, es decir, el caos. Quizá eso sea lo que ha animado a muchos a votarle. Algunos otros comentaristas alternativos destacan que Grillo es un activista que lleva en esto de la política más de 20 años y que su programa tiene algunas cosas interesantes. De lo que he podido leer hay cosas de su programa que me gustan, otras que no me gustan y algunas que me dan miedo. Pero sus propuestas son, como poco, igual de políticas que las de los otros políticos que nos hunden en la miseria y en la desigualdad. Hay propuestas en el programa de Grillo capaces de hacer temblar esos edificios de Bruselas en los que una casta de funcionarios llamados políticos serios se esconde de la ciudadanía indignada. La verdad es que yo no hubiera votado a Beppe Grillo. Yo prefiero la política tradicional de izquierdas, (no de centro-izquierda) la que habla sin tapujos de redistribución de la riqueza, de igualdad, de justicia social, de democracia participativa y de derechos sociales y está dispuesta a hacer lo necesario para que esto sea verdad y no mentira. Pero si ningún partido habla de eso, sino que todos nos hablan de control del déficit, de austeridad, de sacrificios y de recortes “dolorosos pero necesarios”, nos mienten y nos insultan,  francamente, prefiero el caos a ver qué pasa, aunque solo sea para que todos esos otros entiendan que están despedidos. Sí, despedidos del todo, nada de simulación de despido, ni de finiquitos aplazados. Despedidos, que vengan otros.

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